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Dos Rosas

Guerra de las Dos Rosas
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Dos Rosas.JPG
Fecha:Siglo XV
Lugar:Inglaterra
País(es) involucrado(s)
Inglaterra
Líderes:
Ricardo de York, Enrique VI de Inglaterra

Guerra de las Dos Rosas, se le conoce con este nombre porque los adversarios tenían en el escudo una rosa, Ricardo de York una rosa blanca, y Enrique VI de Inglaterra una roja. Este conflicto tuvo lugar en el siglo XV en Inglaterra.

Historia

De los Lancaster era el rey que ocupaba el trono en el inicio de las hostilidades, Enrique VI de Inglaterra. Un rey que pronto mostró síntomas de enfermedad mental y ello, junto con problemas económicos del país, principalmente entre comerciantes, fue el detonante que empezó con los problemas. Le secundaba su mujer, Margarita de Anjou, que sería la gran protagonista de su bando, al dirigir al ejército y sus aliados.

Ricardo de York era el Protector del rey, y pronto vio la posibilidad de sucederle e incluso de arrebatarle el trono. Tenía como partidarios a su hijo Eduardo (futuro Eduardo IV de Inglaterra) y al conde de Warwick. Ricardo, ante los achaques del rey, empezó instigando y formando alianzas en conflictos menores. Todo esto fue observado por Margarita, que cesó fulminantemente a Ricardo de su posición.

Primer acto de guerra

En 1450 Ricardo de York se pone la frente de los campesinos insatisfechos, para intentar depurar a los consejeros que llevaban una política contraria a los gustos de él. Tres años más tarde, en 1453, coincidiendo con la derrota final en Francia y la primera crisis de locura de Enrique VI, Ricardo de York toma el poder. En esos momentos, el problema a dilucidar era quién sería el sucesor de Enrique VI, si bien su hijo Eduardo de Westminster (que todavía era menor de edad) o el propio Ricardo de York. Esta situación sería el primer acto de la guerra.

El parlamento decide

El caos pronto se adueñó del país, principalmente por la cuestión económica, y los York retomaron de nuevo la lucha armada. Ricardo de York consiguió llegar a Londres y reclamar finalmente el trono. Esta reclamación venía argumentada por la presunta ilegitimidad de Enrique VI como rey y los derechos de Ricardo como descendiente de linaje real válido (según él). En el Parlamento se llegó a un compromiso mediante el Acta de Acuerdo de 1460, declarándose sucesor definitivamente a Ricardo y desheredando a Eduardo de Westminster, el hijo del rey.

Esta afrenta no fue bien encajada por los Lancaster, que se habían hecho fuertes en el norte de Inglaterra. Allí acudió Ricardo de York, para hacerse imponer. Pero más bien, lo que consiguió fue una estrepitosa derrota y su propia muerte en el campo de batalla. Su hijo Eduardo IV se haría cargo del bando de York en adelante y uniría sus fuerzas con el conde de Warwick.

Coronación del nuevo rey

Eduardo IV protagonizó un agitado reinado marcado por las maniobras del conde de Warwick y por la fragilidad de la victoria de los York. Quedaba por solucionar el problema bélico con los Lancaster y se enfrentaron en la última y más cruenta batalla: la batalla de Towton. La cifra de muertes que se dio en el campo de batalla fue considerada como la más alta en toda la historia de Inglaterra (en un solo día). La victoria correspondió claramente a York.

Enrique VI, Margarita de Anjou y el heredero Eduardo se refugiaron en Francia, de modo que la Guerra de las Dos Rosas acabó convirtiéndose en una prolongación de la Guerra de los Cien años. Eduardo IV se casa con Isabel Woodville, y pronto, la familia de esta dama, empieza a ganar posiciones en la corte, quitando protagonismo al conde de Warwick. El conde de Warwick no estaba dispuesto a asumir el puesto de segundón y desplazado, así que consiguió reunir un ejército y aliados para destronar a Eduardo IV.

Poco después, Eduardo IV, con apoyo borgoñón derrotó a Warwick en Barnety, y a Enrique VI y el príncipe Eduardo en Tewkesbury. Las muertes y la derrota total de los Lancaster dejaron el trono en manos de Eduardo IV.

El retorno de Enrique VI y la recuperación de Eduardo IV

Al ser derrotado Warwick es enviado al exilio, donde se encontró con Margarita de Anjou y planeó la invasión de Inglaterra. Warwick y Margarita consiguieron vencer en esta ocasión a Eduardo IV y repusieron en el trono al antiguo rey Enrique VI.

Eduardo IV se repuso, contando con la ayuda de Carlos el Temerario, dueño de Borgoña (y futuro bisabuelo de Carlos I de España y V de Alemania). Finalmente, tanto Eduardo de Westminster (hijo de Enrique VI) como este último, fueron derrotados y asesinados.

Eduardo IV se las prometía muy felices, repuesto nuevamente en el trono y eliminados su principales rivales. Pero la alegría le duró muy poco, ya que dos años después, falleció dejando como heredero a su hijo Eduardo V de Inglaterra.

Ricardo III

Eduardo V de Inglaterra había caído en la órbita de la familia de los Woodville, lo que provocó un fuerte rechazo por los Warwick, que pronto designaron al hermano de Eduardo IV (tío de Eduardo V) como su tutor, Ricardo (futuro Ricardo III). Este siniestro personaje acusó a sus sobrinos de bastardía, y los encerró en una torre y ordenó asesinarlos para usurpar el trono. Ricardo se hizo valer ante el parlamento como nuevo rey de Inglaterra. Ahora sí, Ricardo III. Con Ricardo III se inicia la crisis final del conflicto dinástico de las Dos Rosas.

Enrique VII

Los Lancaster todavía no habían dicho la última palabra. Eligieron a Enrique Tudor que reclamaba el trono por ser pariente del asesinado Enrique VI. Enrique VII, desembarcó en Gales, derrotó y dio muerte a Ricardo III en la batalla de Bosworth y accedió al trono como primer monarca de la Dinastía Tudor y nuevo rey de Inglaterra.

Fin del conflicto

Enrique VII decidió acabar con todo aquel desbarajuste de bandos, reyes muertos, influencias de condes y unió a las dos casas de Lancaster y de York, casándose con la hija del fallecido Eduardo IV, hermana de Eduardo V, Isabel de York. Con la unión de las dos casas, finaliza este gran conflicto. El emblema resultante no fue ni la rosa roja ni la rosa blanca, sino la rosa Tudor.

Consecuencias

Las consecuencias de la guerra de las Dos Rosas fueron importantes. Arruinó a la aristocracia inglesa en provecho de los reyes; millares de señores perecieron en los campos de batalla, y familias enteras desaparecieron. Las tierras que poseían — casi 14 quinta parte del suelo de Inglaterra — pasaron a ser dominios del rey que por ser entonces dueño de cuantiosos bienes raíces y poseer bastante dinero, apenas tuvo necesidad de recurrir al parlamento. De aquí que los soberanos de la dinastía de los Túdor pudieran gobernar, durante el siglo XVI, casi como los reyes de Francia, sin cuidarse de la opinión dé su pueblo, y casi como monarcas absolutos.

Fuentes