El avión de los cadetes argentinos (Costa Rica, 1965)

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Desaparición del Avión Argentino TC-48
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El avión de los Cadetes. Hace 44 años, el 3 de noviembre de 1965 desapareció en la selva de Talamanca, en Costa Rica, el avión argentino TC-48 con 68 personas a bordo entre cadetes, oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina. Nunca se los encontró, y el misterio se convirtió en leyenda en Costa Rica. En Argentina la posición oficial fue de encubrir errores y olvidar el incidente a pesar del dolor y reclamos de sus familiares.

Origen de la tragedia

Momentos antes de iniciarse el vuelo, mientras el Capitán realizaba el chequeo exterior de la aeronave, recibió el parte que indicaba la cantidad de combustible cargado. En el se indicaba que habían sido completado los ocho depósitos del avión con un total de 12.900 litros de combustible; o sea a su capacidad máxima. Tal informe llamó la atención de Viberti puesto que durante la confección del plan de vuelo se había fijado una cantidad muy inferior -casi la mitad- y al estar prevista la escala técnica en El Salvador resultaba innecesario despegar con la máxima capacidad de combustible, ya que el peso de la aeronave sería mucho mayor no solamente durante el despegue sino durante toda la operación. Antes de ordenar la descarga de la mitad de combustible, realizó la consulta de rigor con el Comodoro José Fonseca -parte de la tripulación-, generándose una discusión observada por varios testigos. La misma finalizó abruptamente cuando Fonseca respondió que se estaban cumpliendo órdenes superiores y que si quería realizar algún tipo de objeción al respecto, debería hacerlo a su regreso en Córdoba. Tal como declararon algunos testigos, Viberti respondió: “en éstas condiciones, dudo que regresemos”.

Transcurso del suceso

Esa mañana de noviembre, la aeronave perteneciente a la Fuerza Aérea Argentina identificada como TC-48 despegó desde la base aérea Howard en Panamá, con destino al aeropuerto de Ciudad de México, con escala intermedia en el aeropuerto El Salvador. El objetivo de dicho vuelo era completar el 10mo Viaje de Instrucción Final de los cadetes de la Fuerza Aérea pertenecientes a la Promoción XXI; el cual se había iniciado en la ciudad de Mendoza, con escalas programadas en Perú, Ecuador, Panamá, El Salvador, México y destino final Estados Unidos. La ruta seleccionada era de navegación directa, con rumbo constante Noroeste (NW) sobrevolando el Mar Caribe, cruce de territorio nicaragüense por el Sur e ingreso posterior al El Salvador. Al mando de la nave se encontraba el capitán Esteban Viberti, asistido por una tripulación de siete miembros, entre navegador, operador de radio, mecánico y operadores de carga. El pasaje estaba integrado por 54 cadetes argentinos, un cadete peruano y cinco oficiales más. Los registros sobre la hora de despegue del TC-48 son contradictorios tal confusión seguramente se deba a los diferentes husos horarios de la zona.

Transcurridos entre 30 y 40 minutos de vuelo, el TC-48 ya se encontraba con curso NW sobrevolando el Mar Caribe cuando el motor número 4 se incendió. Los pilotos cumplieron el procedimiento de apagado, cortando el combustible y colocando la hélice en posición “de bandera” con el fin de que la misma no generase resistencia al avance. La potencia del resto de motores fue ajustada para contrarrestar el arrastre del motor apagado y compensar el empuje asimétrico resultante. El capitán Viberti procedió entonces a comunicar por radio de su situación, declarándose en emergencia. Tal comunicación fue recibida por el TC-43 y por otra aeronave comercial de la empresa LACSA de Costa Rica. Se estima que en ése momento el TC-48 se encontraba a unas 60 millas de la costa oriental de Panamá. En posteriores comunicaciones, Viberti refiere "que ha cambiado su curso hacia el Oeste", dirigiéndose hacia la costa, a la zona conocida como Bocas del Toro y que volaba a baja altitud presentando fuego abordo y problemas eléctricos. Estas comunicaciones fueron interceptadas por los aeropuertos de Managua (Nicaragua) y Tegucigalpa (Honduras). El piloto del vuelo de LACSA –comandante Alvaro Protti- dio instrucciones a Viberti para que se dirigiera al aeropuerto más cercano, que era Puerto Limón en Costa Rica. En el último contacto radial mencionó nuevamente problemas eléctricos que le estaban haciendo perder hasta la señal de radio. Luego se perdió todo contacto con el TC-48.

A pesar de la declaración de emergencia emitida por el capitán Viberti, ni la tripulación del TC-43 ni el piloto de LACSA solicitaron los servicios de búsqueda y salvamento una vez perdido el contacto radial con la aeronave.

Búsqueda y rescate

Sin ningún tipo de lógica, se incumplió con la norma que establece la declaración de desastre cuando una aeronave se demora más de 30 minutos de la hora estimada de aterrizaje fijada en el plan de vuelo. Se esperó entonces a considerar la hora en la cual –en teoría- el TC-48 se quedaría sin combustible. A partir de entonces y con una demora de casi 8 horas, se realizó la solicitud del inicio de las tareas de búsqueda y rescate.Las operaciones de búsqueda recibieron el apoyo de la fuerza aérea de Estado Unidos con base en Albrook, Panamá, participando en total 55 aeronaves entre aviones y helicópteros, a los que se sumaron otras unidades de Costa Rica y Nicaragua, todas con resultados negativos.

El día 7 de noviembre se localizaron 25 chalecos salvavidas a 40 millas al Oeste de Colón (Panamá). Tres días después, el 10 de noviembre, son dados por desaparecidos los tripulantes y pasajeros del TC-48; y para el 6 de diciembre, se da por concluida la búsqueda. La Fuerza Aérea informó a los familiares que algunos restos menores habían sido localizados en el mar, en las proximidades de la zona Bocas del Toro, al Norte de Panamá, muy cerca de la frontera con Costa Rica. Entre los restos se hallaba una valija, algunas gorras, uniformes de cadetes, chalecos de lana, el documento de uno de los cadetes, camisas, dinero, una cámara fotográfica y un par de binoculares.

Encubrimientos y responsabilidad

El Informe del Departamento de Prevención de Accidentes Aéreos arrojó su teoría sobre lo sucedido al avión, y allí de modo indirecto, se responsabiliza al Capitán Viberti del accidente, al mencionar su posible falta de apreciación de la altura real del avión sobre el mar. Finalmente, en diciembre de 1967, de manera oficial el gobierno argentino y en consecuencia, la Fuerza Aérea, dieron por cerrado el caso. La Fuerza Aérea informó a los familiares que algunos restos menores habían sido localizados en el mar, en las proximidades de la zona Bocas del Toro, al Norte de Panamá, muy cerca de la frontera con Costa Rica. Entre los restos se hallaba una valija, algunas gorras, uniformes de cadetes, chalecos de lana, el documento de uno de los cadetes, camisas, dinero, una cámara fotográfica y un par de binoculares. El aspecto prolijo y cuidado que presentaban las prendas llamó poderosamente la atención de los familiares. Esos elementos no tenían la apariencia de haber permanecido en el mar por espacio de más de diez días; la presunción fue confirmada cuando se realizaron análisis de salinidad a estos objetos; el resultado fue categórico, no había presencia de sal, estos elementos jamás habían estado en contacto con agua de mar. Los salvavidas que llevaba a bordo el TC-48 eran de color verde, los presentados por la Fuerza Aérea a los familiares de los cadetes eran de color anaranjado.

Ante el reclamo de las familias, la Fuerza Aérea se vio en la obligación de reunir más pruebas que sustentaran la versión de que el avión y toda su tripulación habían desaparecido en el mar, y para ello la institución castrense presentó una prueba que por su solidez pareció irrefutable: los documentos, un par de gemelos y U$S 100 pertenecientes al cadete Oscar Vuistaz, que viajaba en el TC-48. Meses más tarde ocurrió algo que desbarataría esa mentira y que reafirmaría la sospecha de que los altos mandos manipulaban la información. La familia Vuistaz recibió una carta anónima escrita por un cadete que viajaba en el otro avión, el TC -43, en ella el joven manifestaba que esas pertenencias les habían sido entregadas por Oscar Vuistaz en Panamá ante el temor de extraviarlos o sufrir algún robo debido al desorden que había a bordo del TC-48, con cadetes hacinados que a falta de espacio viajaban sentados en improvisados banquitos de madera colocados en el pasillo del avión. Después del accidente el cadete anónimo había entregado estas pertenencias al Director de la Escuela de Aviación que viajaba en el TC-43, para que se los hiciera llegar a los familiares de su amigo desaparecido. La Fuerza Aérea no sólo que no entregó los elementos a la familia Vuistaz, sino que los presentó como prueba, asegurando que los habían rescatado del mar.

Especulaciones

Desde sus inicios este caso estuvo rodeado de un halo de misterio y secretismo, luego surgieron una serie de especulaciones y contradicciones sobre lo ocurrido con el avión y el destino de sus 68 pasajeros. Comenzaron a tejerse infinidad de historias que fueron respaldadas por algunos medios periodísticos, que echaron mano de videntes y adivinos. Estos aseguraban que en trance podían ver a un grupo de jóvenes viviendo en la selva.

En 1967 el Dr. Carlos María Bachini, un odontólogo jubilado, afirmó haber dado con el lugar del impacto. Bachini fundamentó su trabajo en el uso de un péndulo, mapas y fotografías de los desaparecidos que le indicaban que el avión estaba en la selva, al sur de Puerto Limón, en Costa Rica. Una carta escrita por la maestra rural Talía Rojas que aseguraba haber ayudado y curado a algunos sobrevivientes del accidente aéreo. Esta mujer afirmaba también que el avión se había estrellado contra el cerro Chirripó, pero no aportó datos más precisos por temor a los aborígenes, que dijo habían saqueado los restos del avión y asesinado tiempo más tarde a unos pocos sobrevivientes. La versión de la maestra que trabajaba en una escuelita del pueblito de Corona, coincidió con la de un niño que fue llevado a un hospital de San José de Costa Rica. Encontrándose muy grave el pequeño de ocho años llamado Rafael, afirmó haber visto un avión en la selva y que los "hombres blancos" eran sus amigos. Una semana después Rafael murió llevándose para siempre la ubicación exacta y la oportunidad de encontrar el lugar de la caída.

En las últimas cuatro décadas se han realizado casi un centenar de expediciones, y algunos integrantes de aquellas aseguraron haber visto a aborígenes en la zona del cerro Chirripo, hoy convertido en parque nacional, luciendo relojes, gorras, anillos y prendas que sin dudas pertenecían a los cadetes, pero éstos se negaron a informar de dónde las habían obtenido. La superstición y el temor a un cacique de la Tribu Bribri entorpeció las investigaciones, ya que según rumores, éste habría ordenado el saqueo y la muerte de los sobrevivientes. Ni bajo tortura, ni a cambio de fuertes sumas de dinero, los aborígenes informaron sobre el paradero de los restos del avión. Fueron muchos los testigos,especialmente trabajadores rurales de fincas productoras de frutas, que en la mañana del 3 de noviembre de 1965 vieron a un avión gris de cuatro motores volando a muy baja altura y esquivando cerros. El avión, dijeron, dejaba una estela de humo negro en medio de una violenta tormenta.La incertidumbre de tener un hermano o hijo en ese avión, y no saber cómo, dónde o cuándo murió, debió haber sido terrible para esas familias. Muchos padres murieron sin saber nunca el paradero de sus hijos y sin poder repatriar sus cuerpos.

"Esperanza IV"

En el año se realizó la expedición "Esperanza IV" en la que participan familiares de las víctimas con ayuda del gobierno argentino y costarricense y se adentró a las montañas de Talamanca. En medio de la expedición, a finales de septiembre pasado ocurrió un suceso muy curioso, ya que buscando rastros de la nave siniestrada hace 44 años, accidentalmente encontraron los restos de un cementerio aborígen de más de mil años de antigüedad, que aunque indudablemente es un hecho que hizo sonreír a la comunidad científica, no fue algo reconfortante para los familiares que ya desde hace tres décadas, montaron un monumento en la selva para recordar a sus víctimas.Pese al fracaso de esta última misión, se lanzó otra búsqueda en marzo de 2010, siempre financiada por la Fuerza Aérea, que espera poder cerrar este triste capítulo de la aviación argentina y dar paz a los familiares de los desaparecidos en el accidente.

Fuentes