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Guardia Rural

Guardia Rural
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Propaganda de la Guardia Rural.
Activa1898 - 1958
PaísBandera de Cuba Cuba

Guardia Rural. Fuerza pública que contrastaba en objetivos con el instrumento armado de la Revolución contra el colonialismo español, por lo que no representaba el interés nacional liberador de los mambises.

Maniobra colonial

No fue creada por un gobierno nacional, ni bajo él, sino en medio de una ocupación extranjera que garantizaba, además, su diseño y el fortalecimiento de sus misiones estratégicas, el mantenimiento del orden que permitiera la ejecución completa y sin mayores dificultades de su política Los norteamericanos ignoraban y subestimaban la capacidad organizativa y gubernamental del Ejército Libertador de Cuba, del Gobierno de Cuba en Armas y del propio pueblo cubano.

Pensaron que esos factores afectarían sus empeños anexionistas y crearon una institución armada que dividía a las fuerzas revolucionarias participantes en las guerras independentistas. Escudriñaron la opinión reinante sobre prestigiosos patriotas mambises y buscaron apoyo de los autonomistas o de los simpatizantes de la anexión. Pretendían buscar adeptos, seleccionar cubanos que reclamaban la permanencia norteamericana en Cuba, y dar una imagen diferente, ante la opinión pública nacional y extranjera, de sus propósitos humanitarios.

Con la evacuación de las tropas españolas luego de su rendición total, dejaron de existir los cuerpos de orden público, la Guardia Civil y la Policía Municipal hispana, y los campos quedaron a merced de los bandoleros. No pueden olvidarse la ruina y las penurias que trajeron las hostilidades bélicas, el bloqueo de Estados Unidos, la terrible política de la Reconcentración criminal de Valeriano Weyler, el aumento de la delincuencia y el auge del bandolerismo. Esto obligó a la creación rápida de cuerpos de protección rural muy conocedores de los campos cubanos.

Al servicio de los hacendados

Los principales dueños de tierras y negocios aportaron facilidades y tierras para maniobras y ejercicios, parcelas para pastos, permisos para construir caminos y el establecimiento de las necesarias comunicaciones. En Cienfuegos ofrecieron comunicaciones telefónicas entre centrales azucareros, la Guardia Rural y sus jefaturas y puestos provinciales. Muchas propiedades del campo se utilizaron para esa Guardia Rural, algo insólito en el ámbito latinoamericano.

En todas las ciudades y pueblos se cedieron inmuebles para cuarteles y puestos de mando y se alquilaron casas con tales fines como en la calle General Miró No.1 y El Cristo, en Santiago de Cuba; locales en las fincas Ojo de Agua, en Sancti Spíritus; en El Indio y Alejandría, en Matanzas; en el Ingenio Toledo, en Pinar del Río; en el Central Constancia, en Abreus y Veguitas, en Holguín.

En este último territorio el hacendado Enrique Dumois dio numerosos caballos, un buen volumen de alimentos y diferentes locales. «De 56 cuarteles de la Guardia Rural solo 11 eran propiedad del Estado y del Ayuntamiento, mientras que 45 pertenecían a particulares. Los hacendados brindaban este servicio con un doble objetivo: cuidar sus bienes del acoso de los bandoleros y viabilizar la oportuna expulsión de los pequeños propietarios y campesinos de sus tierras que entorpecían la expansión de sus riquezas.

Acciones que desarrollaban

De esa manera la Guardia Rural pasó a cumplir la función de Policía o guardianes del orden público, una obra colosal de inteligencia neocolonialista encubierta bajo el manto de ayuda humanitaria. Sembró el temor entre la población y mucho más en aquellos que no pagaban impuestos. Se escondían en los cafetales cuando la veían pasar.

Presumían de ser guardias. Cuando sospechaban de alguien lo torturaban, le sacaban las uñas, daban plan de machete, le pasaban el cepillo de caballos por el cuerpo, y desaparecían personas. Los campesinos sufrían de los desalojos, eran lanzados al camino real

Viejo truco imperial

Los yanquis crearon aquella guardia rural de 1898, aprovechándose de los humildes mambises. El propio presidente Mckinley en la Casa Blanca, en octubre de 1898, aprobó el plan de reclutar a veteranos cubanos para formar un cuerpo de guardias y emplear en el control del orden a los que estaban desempleados, para dar cínicamente la impresión de que se ayudaba a los mambises.

Fue una estrategia clara en la estrategia de la ocupación militar, sobre todo al escoger a aquellos elementos no anexionistas, pero que no se resistían a la presencia y el accionar de los nuevos ocupantes extranjeros. El gobierno interventor necesitaba esos hombres para gobernar el país, instaurar el orden y desarrollar sin contratiempos las actividades de ocupación en la Isla. Además, de esa forma los norteamericanos se mantenían discretamente aislados de los campos y concentrados en las cabeceras de las provincias».

La Guardia Rural fue suplantando gradualmente las funciones policíacas en todos los pueblos. Aunque el gobierno interventor era militar y los efectivos norteamericanos suficientes, la nueva institución armada preservó el orden y controló los territorios evacuados por las antiguas unidades militares españolas. Estas formaciones armadas no protegían ni defendían la soberanía, ni la independencia nacional. Se limitaban al orden interior y se organizaron según los dictados de Washington. Muchos de los servicios impuestos a la Guardia Rural eran contrarios a los deseos de algunos oficiales y clases, sus inclinaciones y su propia conciencia.

Los norteamericanos no podían mantener el orden porque estaban en territorio desconocido, no hablaban el español, ignoraban los hábitos y la idiosincrasia del pueblo, y no querían exponer a sus soldados a la fiebre amarilla, el paludismo, le disentería, el tétano, entre otras enfermedades. Resultó ser una táctica oportunista de los yanquis para dejar en manos cubanas la represión, evitaron así a Estados Unidos el enfrentamiento con la población hostil del territorio ocupado por ellos y dieron la imagen de dadivosos que pagaban esos servicios, cuando en verdad eran mucho más baratos que si emplearan a sus tropas.

Véase también

Fuente