Identidad nacional

Identidad nacional
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Concepto:Conjunto de rasgos muy significativos para la nación, la historia, el territorio, los símbolos patrios, el idioma, la religión, la arquitectura, las costumbres, la gastronomía, la vestimenta, la cultura (música, danza), y muchos otros elementos. Estos rasgos son los que identifican plenamente a todos los demás países en general, cada pueblo tiene su identidad propia
Identidad nacional. Conjunto de elementos característicos de una nación, con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones, sea esta por haber nacido en tal territorio, por formar parte de una comunidad o por sentir lazos de pertenencia con las costumbres y tradiciones de tal nación.

Etimología

Identidad es una palabra de origen latino (identitas) que permite hacer referencia al conjunto de rasgos propios de un sujeto o de una comunidad. Estas características diferencian a un individuo o a un grupo de los demás. La identidad también está vinculada a la conciencia que una persona tiene sobre sí misma[1].

Antecedentes

Desde un principio que los Seres Humanos sintieron la necesidad de formar grupos para poder obtener Mejores Recursos derivados de sus actividades de la caza, pesca y recolección, llevó al establecimiento de las primitivas Comunidades o Tribus que fueron creciendo constantemente hasta conllevar a la creación de Poblados y Ciudades que posteriormente evolucionaron hasta dar lugar a lo que hoy en día son los Países y Naciones.

De la respectiva Organización Social se comenzó a trabajar en el establecimiento de Normas y Reglamentos que llevaban a mejorar la convivencia y permitían dejar un asentamiento de cómo actuar ante la aparición de un Conflicto Social, y fue así que se comenzaron a constituir las distintas Constituciones y Leyes que abrieron paso a lo que hoy en día son los Estados de Derecho, con sus poderes asignados, sus límites, incumbencias como también los Derechos de los Ciudadanos que lo integren.

El hecho de acatar y aceptar las Leyes y Costumbres que forman parte de un país determinado está estrechamente ligado a la Herencia o Adquisición de un estado de Ciudadanía que es acompañado de lo que es conocido como la Identidad Nacional, en el que un sujeto se considera como parte de una Cultura y Tradición determinadas.

A partir del siglo XVIII, las élites intelectuales de cada país, basándose en los rasgos esenciales del pasado de sus respectivos pueblos, son las especialmente interesadas en imponer un determinado concepto de identidad nacional exclusivo y único que, como bien destaca Benedict Anderson, las diferencie notoriamente del resto de identidades que están formándose al mismo tiempo[2].

De este modo, las clases dominantes no solo se encuentran detrás del proyecto de formación de lo nacional desde sus mismos orígenes, sino que también son plenamente conscientes de que el hecho de identificar la esencia de lo nacional con su/s propio/s perfil/es ideológico/s es aquello que les permitirá alcanzar un mayor poder político y/o control social. En relación a este aspecto, la élite directora de cada país es la primera interesada en conseguir que sus miembros se identifiquen con las figuras o representaciones que ellos prefieren y han diseñado en cada momento. De ahí procede su fuerte y combativa elección selectiva, exaltación, mitificación, modificación e incluso rechazo de aquellos datos del pasado que no concuerdan con sus propias aspiraciones de poder. Esto explica que una de las características esenciales de la identidad nacional sea el cambio continuo en el que los diferentes aspectos que la definen pueden variar dependiendo de cuál sea la orientación ideológica de las minorías dirigentes que lo controlan y manipulan desde arriba.

La idea de nación surgió a mediados del siglo XIX como consecuencia casi directa de los eventos desencadenados por la Revolución Francesa en 1789. Con el avance de Napoleón y la reorganización nacional de muchos estados europeos, la idea de nación comenzó a establecerse como uno de los elementos más importantes no sólo para un Estado o gobierno si no también para un pueblo.

Las minorías intelectuales de cada país, conscientes del papel primordial que la historia y el pasado desempeñan como nexos aglutinadores y definidores de lo nacional, han llevado a cabo una ardua labor que, para unos, se traduce en una profunda exaltación y análisis de lo que representa la parte más exclusiva de la historia y cultura nacionales y, para otros, implica el rechazo y, en ciertos casos, el menosprecio de aquellos aspectos que sus contrarios consideran esenciales en la configuración del mismo pasado.

La nación está representada por el sentimiento de pertenencia que un individuo (y con él todos los que forman parte de su comunidad) puede tener hacia determinadas prácticas, tradiciones, formas de pensar, estructuras culturales y religiosas, etc. La nación se representa también a través de numerosos símbolos que pueden ser bien concretos al mismo tiempo que abstractos (aquellos que se encuentran en el imaginario común de las personas).

Identidad nacional

La identidad nacional es un concepto abstracto que se forma y moldea de manera continua a partir de las creencias, aspiraciones e intereses de la minoría intelectual que lo gestiona; cobra cierta forma y existencia, aunque nunca definitiva, una vez que un conjunto de individuos lo acepta como aquello que representa el verdadero reflejo de la realidad y la historia nacional; y, finalmente, encarna valores comunes como representación directa de la nación a la que todos pertenecen.

El proceso de génesis y formación de las distintas identidades nacionales occidentales, en el que el pasado distintivo de cada sociedad ocupa un lugar primordial, se caracteriza por su elevado subjetivismo al intervenir en su producción factores y condicionantes de índole política y cultural.

Ross Poole indica en su ensayo Nation and identity que en el proceso de formación de la identidad nacional interviene un gran número de factores culturales, políticos, económicos y sociales que son imperativos para la formación y existencia de la nación porque:

"«la identidad nacional es [....] la movilización de recursos culturales lingüísticos para crear [....] una concepción de nosotros mismos de como pertenecer a una nación especial»"[3]

Autores como Jesús Pérez Magallón consideran la identidad nacional «como una construcción maleable y resbaladiza, provisional y heterogénea, que depende, por encima de todo, de la posición y el contexto de quien habla» debido a que cada ideología «impone la supresión o represión de todo lo que no cuadra con ella»[4]. Cada grupo ideológico es plenamente consciente de que sus objetivos pueden alcanzarse de manera fácil si toda la comunidad siente el mismo apego, cercanía sentimental e identificación ideológica hacia la idea de nación que ellos mismos han elaborado y manipulado a conciencia. En determinados momentos, la lucha por el poder llega a convertirse en una disputa voraz y despiadada, porque todos son conscientes de que una vez que el fin se alcance, siquiera sea provisionalmente, una vez que la batalla ideológica se gane, la facción triunfadora podrá imponer al resto su hegemonía sobre la identidad nacional. Aunque en la mayoría de los casos las circunstancias políticas ayudan a que un determinado modelo de identidad nacional termine estableciéndose como dominante y representativo de una sociedad, la lucha por el poder no termina ahí porque el grupo de adversarios se mantiene en la oposición para tratar de invalidarlo y tratar de imponer también su propio modelo.

La lucha se establece además con el fin de que la sociedad se identifique con un conjunto de referentes recuperados intencionadamente del pasado que, de alguna manera, despierten y activen en ella la deseada respuesta de apego sentimental a la nación. Tales referentes son normalmente personajes (reyes, héroes legendarios, escritores de cierto renombre, etc.) o sucesos de la historia (guerras, cruzadas, conquistas, etc.) mitificados como consecuencia de la divulgación de una imagen estereotipada de ellos mismos que contiene y representa los valores de la ideología que se quiere imponer a toda la sociedad.

David Miller menciona que inevitablemente «there is an inevitable element of myth in the stories which nations tell themselves»[5], puesto que la defensa y creencia de la sociedad en ciertos símbolos recuperados intencionadamente del pasado contribuye a reforzar los sentimientos relacionados con la nación y su identidad nacional. Por esta razón, los valores que la clase dominante intenta imponer varían de un país a otro y de una ideología a otra, alimentando la formación de múltiples identidades nacionales cuyos principales elementos constitutivos dependen de la situación e intereses políticos y/o culturales dominantes en cada momento. No obstante, nótese que, aunque existe una gran diversidad de identidades nacionales con distintas peculiaridades y diferencias en términos ideológicos y aunque, tal y como indica Handler, «nationalists believe profoundly in the uniqueness of their cultural identity»[6], el/los proceso/s de formación de la/s identidad/es nacional/es para cada país comparte/n los mismos elementos formativos y atraviesa/n por las mismas etapas que las del resto de países.

La nacionalidad es un concepto cercano a la identidad nacional. Sin embargo, el aspecto más simbólico de la nación puede variar en cada caso.

Una persona que nace en un país A (tiene nacionalidad A) y a los cinco años de edad se marcha al exterior, puede perder o descuidar, con el paso del tiempo, su identidad nacional. Si dicho sujeto, después de pasar sus primeros cinco años de vida en el país A, vive los cuarenta años siguientes en el país B, sin regresar nunca a su tierra natal, es probable que mantenga su nacionalidad desde el punto de vista jurídico, pero no su identidad social o cultural.

Uno de los matices fundamentales de la identidad es la visión que una persona tiene sobre sus propias características, cómo cree que los demás la perciben cuando la ven, cuando la escuchan, cuando tratan con ella. Es justamente este aspecto tan personal, tan privado, el que afecta de manera incuestionable la rigidez de la identidad nacional; ni siquiera es necesario haber vivido en un país para sentirse parte del mismo, aunque esto no se dé muy frecuentemente.

La identidad nacional es una condición social, cultural y espacial. Se trata de rasgos que tienen una relación con un entorno político ya que, por lo general, las naciones están asociadas a un Estado (aunque no siempre sea así). Es un conjunto de rasgos muy significativos para la nación, la historia, el territorio, los símbolos patrios, el idioma, la religión, la arquitectura, las costumbres, la gastronomía, la vestimenta, la cultura (música, danza), y muchos otros elementos. Estos rasgos son los que identifican plenamente a todos los demás países en general, cada pueblo tiene su identidad propia

Es la unidad de lo diferente. Se forma, a través de los años, mediante un proceso de asimilación y rechazo, en el cual lo asimilado, en su forma original o transformada, se sedimenta, dándole cuerpo a la misma. Es un proceso continuo, que pasa de generación en generación, y que hace que la identidad sea un elemento vivo, siempre en enriquecimiento. Cada país posee la suya propia, la cual lo hace diferente de los restantes.

Lo más importante de este término radica en que la persona cuenta con un Sentido de Pertenencia y se siente plenamente identificado con la impronta y las cualidades que tiene un determinado Grupo Social a la hora de percibir el mundo que lo rodea, desenvolverse o bien difundir su Cultura Nacional de generación en generación.

Referencias

Fuentes

  • Identidad nacional. Disponible en:Definiciones ABC. Consultado el 15 de septiembre de 2014.
  • Identidad nacional. Disponible en:Rincón del vago. Consultado el 15 de septiembre de 2014.
  • Identidad nacional. Disponible en:Iberoamericana.net. Consultado el 15 de septiembre de 2014.
  • Importancia de la Identidad nacional. Disponible en:Importancia.org. Consultado el 15 de septiembre de 2014.