Narrativa oral literaria

Narrativa oral literaria
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Proceso comunicativo de la narrativa oral literaria. La narrativa oral literaria es un género literario específico que se caracteriza por compartir rasgos de la narrativa, junto con otros de la obra dramática. El discurso de la narrativa oral literaria es el propio del texto narrativo, pero su actualización implica recursos propios del género dramático, más allá de los aspectos comunes que existen entre todos los géneros literarios. Estamos, por tanto, frente a una peculiar forma literaria que a diferencia del teatro no emplea en su discurso el diálogo de forma exclusiva, y que a diferencia del texto narrativo utiliza recursos espectaculares propios de una representación.

El género literario

El primer paso consistirá en establecer y precisar, con la mayor claridad posible, los límites del objeto de estudio, que se denominar convencionalmente como relato breve tradicional, dentro del amplio campo del folklore literario. Así, el relato breve tradicional, en cuanto especie del género narrativo oral literario, ocupa en la actualidad un espacio teórico que puede ser delimitado claramente con fines operativos frente a otros tipos de literatura oral no narrativa —canciones líricas—, frente a manifestaciones de la narrativa oral no literaria —historia oral—, frente al mito, e incluso frente a otras especies de la narrativa literaria oral —canciones narrativas—.

Las relaciones entre la narrativa oral y la obra dramática han sido apuntadas por diversos autores, aunque sin llegar a ofrecer una caracterización detallada que ponga adecuadamente de relieve los múltiples aspectos que comparten. También se ha destacado la relación existente entre el discurso retórico y la narrativa oral literaria, a partir de la actio, en la medida en que los recursos retóricos desplegados en esta operación retórica, son a su vez de modo más general propios de la comunicación dramática. La actio sirve para caracterizar perfectamente los procedimientos comunicativos de la narración oral, por cuanto todos sus elementos están presentes en la representación retórica, así como todos los elementos de esta última se encuentran en la representación teatral. Estos procesos comunicativos podrían plasmarse gráficamente en tres círculos concéntricos, el exterior correspondería al teatro, el intermedio a la retórica y el interior y de menor diámetro a la narrativa oral literaria.

Igualmente, el relato breve tradicional, más comúnmente denominado cuento —al que se adjetiva de tradicional, folklórico, oral o popular— se puede caracterizar pragmáticamente por su peculiar proceso de comunicación que implica elementos propios de la narración, referidos al discurso, y elementos propios de la representación teatral en su forma de actualización, además de aquellas características que le son propias. Entre estas últimas cabe citar la naturaleza oral que no sólo caracteriza a este género literario, sino que además está en su origen, pues surge como texto oral, frente a la narración e incluso el teatro, que se originan como texto escrito. En el caso del teatro encontramos generalmente un diálogo que está destinado a ser escenificado, puesto que virtualmente incluye una representación; el relato tradicional no incluye virtualmente una representación porque es en sí mismo representación.

La narrativa oral sólo puede desarrollarse en un tiempo rigurosamente presente, como el teatro —aunque el discurso adopte un tiempo pasado—, pero sin límites espaciales ni temporales, ni de construcción imaginaria, como sucede en la novela, al estar el mundo ficcional mediatizado por la figura textual del narrador, en este caso un narrador omnisciente, propio del relato no-focalizado o heterodiegético.

EL Texto Narrativo Oral Literario

El Texto Narrativo Oral Literario es, por definición, un texto oral; como producto humano, es histórico-cultural, de carácter artístico literario y forma parte de un proceso de comunicación. El objeto de la semiología de la literatura oral estaría pues constituido por el Texto Oral. Al igual que en el Texto Dramático, el Texto Oral tiene una doble vertiente, el Texto Literario y el Texto Espectacular, aunque con distintas características.

El Texto Literario está constituido por el discurso narrativo, mientras que el Texto Espectacular está formado por las didascalias implicadas en el discurso y por el paralenguaje, los indéxicos, gestos, movimientos, etc., realizados en una representación. Tanto uno como otro, indisolublemente unidos, están destinados a la representación; en ésta existen diferentes procedimientos de creación de sentido que pueden darse en simultaneidad, gracias a la utilización de signos verbales y no verbales en el proceso de comunicación. La narrativa oral literaria, al igual que el teatro, es un género literario que se dirige a dos sentidos del público en simultaneidad: la vista y el oído.

No obstante, el estudio del relato tradicional suele centrarse de forma exclusiva en el texto escrito, que apenas contiene alguna indicación sobre la forma en que se llevó a cabo la representación. Al igual que el resto de los géneros literarios, su estudio se puede hacer desde diversos puntos de vista metodológicos; en cambio, apenas existen estudios que se ocupen de la representación, debido a que normalmente el relato tradicional se estudia como un texto narrativo más, que únicamente presenta ciertas peculiaridades derivadas de su autoría colectiva. Además se suele utilizar cualquiera de las versiones de un relato determinado como si se tratase de un texto fijado y estable.

Las dificultades que presenta el estudio de la representación son mayores que las de un texto escrito debido a su situación en un espacio concreto —espacio de representación—, en un tiempo presente, y que, en cualquier caso, no deja de ser una las posibles actualizaciones, dentro de las virtualidades de representación que contiene la obra. Existirán tantas representaciones distintas como narradores —actores- narradores—; de hecho cada representación es en sí misma única, ya que no solamente pueden variar las circunstancias de cada puesta en escena de carácter espectacular, sino que además no debemos olvidar que el texto literario no está fijado de antemano por la escritura y, en consecuencia, la organización del material discursivo no puede hacerse dos veces de la misma manera.

El texto escrito —procedente de una narración oral— no permanece igual en su forma, puesto que no existe una versión definitiva de un relato, sino tantas versiones como transcriptores se hayan ocupado de poner por escrito una actualización determinada llevada a cabo por un actor-narrador determinado.

El signo narrativo oral

El signo es una unidad de manifestación, resultado de un proceso de semiosis por el que un sujeto establece o concreta una relación entre el plano de la expresión y el plano del contenido. Y esto es válido tanto para un signo ya codificado, por ejemplo, un signo lingüístico, como para un formante de signo, es decir, un signo circunstancial, transitorio. Los signos lingüísticos utilizados en el discurso tienen un alto grado de codificación, pero también se hace uso en la literatura oral de formantes de signo, y de signos no verbales. Los formantes de signo son aquellos signos que no se encuentran codificados de manera estable en un sistema y sólo adquieren sentido al ser interpretados dentro de un determinado contexto; si éste cambia lo hace también su significación.

Aunque no se establece una relación estable con el concepto denotado, generalmente existe una relación metonímica entre el formante de signo y el concepto al que denota. Los formantes de signo utilizados en la literatura oral son mucho más limitados que los que se pueden emplear en la obra dramática, y en su interpretación suelen remitir, además de al contexto, al código cultural cotidiano de los integrantes de la comunicación, es decir, a los códigos axiológicos, culturales, éticos, estéticos, etc., de una determinada comunidad, que es, en definitiva, lo que le proporciona la unidad de sentido. El código y las condiciones de emisión del momento se convierten en aspectos de importancia decisiva en manifestaciones teatrales que prescinden de la escritura textual —improvisaciones—, hasta el punto de que si el código se debilita, la escritura se vuelve indispensable. Algo semejante sucede en la narrativa oral, donde la debilitación y modificación del código, y de las condiciones de emisión —como consecuencia de los cambios socio-culturales en un ámbito determinado—, conlleva, en consecuencia, una plasmación por escrito del mensaje que asegure la permanencia de su contenido, aunque en una forma bien distinta.

El uso del proceso ostensivo en el teatro opone la obra dramática a la narrativa, el mostrar frente al contar. En el escenario, los personajes, acciones, objetos, etc., pueden ser enunciados por la palabra y mostrados ostensivamente mediante índices verbales y no verbales.

De hecho, el elemento fundamental para la existencia del teatro es la presencia del actor, y, por tanto, adquieren un papel decisivo los sistemas de signos que le están más íntimamente vinculados —signos lingüísticos, signos paraverbales, signos quinésicos—. El resto de elementos que pueden intervenir en una representación dramática pueden considerarse como meramente accesorios. La narrativa oral literaria, por tanto, comparte con el teatro los códigos dramáticos básicos y necesarios para que pueda hablarse de representación teatral.

Sin duda la obra dramática puede utilizar muchos otros signos que la doten de mayores posibilidades escénicas, pero no por ello de mayor contenido teatral. Creo que, en muchos aspectos, la narrativa oral literaria puede ser asimilada con los principios que definen el teatro pobre de Jerzy Grotowski, por cuanto que, como sostiene este autor, el teatro puede existir sin maquillaje, vestuario especial, escenografía, escenario, iluminación o efectos de sonido; pero en cambio no puede existir sin la relación actor-espectador.

Otros autores opinan, igualmente, que la esencia del teatro está en la relación actor-espectador, como Erika Fischer-Lichte, quien sostiene que las condiciones mínimas para que pueda hablarse de teatro serían: una persona A, que representa a X, mientras S es espectador; o Peter Brook, para quien un hombre situado en un espacio mientras otro le observa es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.

El discurso narrativo oral

El discurso de la narrativa oral literaria se presenta como un discurso narrativo, en donde el narrador, como se ha visto en el apartado anterior, organiza todo el material lingüístico, dispone de la voz, de los conocimientos del mundo narrado, establece el orden de los hechos y elige las palabras que considera más adecuadas para contarnos la historia; pero además puede ceder la palabra a los personajes y hacer que éstos establezcan un diálogo entre ellos. Por tanto, narración y diálogo son las características de este tipo de discurso.

Normalmente la repetición se produce tres veces, lo cual debe ser puesto en relación con las leyes épicas —ley de repetición, ley de tres— expuestas por Axel Olrik.

La interacción no verbal que se establece entre el actor y el público en los momentos previos y al comienzo de una representación es denominada por Donald M. Kaplan diálogo primario y se materializa en unas relaciones recíprocas de interés, entusiasmo, placer, juego, temor, agresividad, etc.

La profesora Carmen Bobes no limita esta relación dialógica primaria a los seres animados, sino que la extiende a cualquier sistema de signos que puedan estar en escena al comienzo de la representación, y justifica el carácter agresivo del público en esta relación debido a la falta de un código común entre el actor y el público, lo cual implica una sensación de inseguridad en el espectador que se irá disipando a medida que se desarrolle la obra.

Algunos autores, a propósito del diálogo dramático, destacan la convención por la cual el público presente en la representación, sin el cual ésta no se llevaría a cabo, debe comportarse como si no estuviera presente y los actores actuar como si no existiese público; así, Alexandrescu se refiere a un tercer actante, que no interviene en el diálogo, pero es fundamental para caracterizarlo frente a los diálogos de otros géneros literarios, al que denomina actante englobante, mientras que Bajtín lo llama tercero en el diálogo o superdestinatario.

Las categorías del texto narrativo oral literario

La narrativa oral literaria presenta una historia, hechos y relaciones que cambian: Existen acciones vividas por unos personajes en un tiempo y un espacio determinado, todo ello relatado por un narrador. En su relato podemos distinguir el discurso, es decir la verbalización llevada a cabo por el narrador, el argumento, que daría cuenta del contenido del discurso, pero liberándolo de sus palabras textuales, y la historia, que se correspondería con la ordenación cronológica de los hechos narrados.

Es posible distinguir, en la narrativa oral, acciones, personajes, tiempo y espacio, categorías que tienen unas formas de presentación y distribución —sintaxis—, un valor significativo propio en los límites de la obra —semántica— y pueden ser interpretadas en el ámbito de los sujetos que intervienen en el proceso comunicativo, autor y receptores — pragmática—.

Acciones

Las acciones están presentes en la narrativa oral de la misma forma que en la novela. Su identificación se logra por medio de la segmentación. La novela cuenta una historia ficcional al igual que el relato oral literario, por lo que no existen motivos que impidan llevar a cabo el análisis de ambos textos con el mismo método para identificar las unidades de la narración. La expresión del discurso por medio de un código lingüístico escrito o a través de un código lingüístico oral, referido a la novela y al relato literario oral respectivamente, no invalidan el paralelismo que mantienen estos géneros literarios en lo relativo a la secuencia de acciones de una historia que se manifiesta en ambos casos. La narratología se ocupa de determinar las unidades que desempeñan una función en la trama, y luego precisar las relaciones que hay entre ellas y la disposición en que se han situado. Las acciones por medio de un proceso de abstracción se conceptualizan en funciones, es decir, en esquemas despojados de sus rasgos individualizadores.

Dentro de la metodología narratológica es posible aplicar varios modelos: el modelo funcional de Propp, que señala como unidad mínima la función; el secuencial de Bremond, que parte de la secuencia elemental formada por tres funciones básicas; el jerarquizado de Barthes, que clasifica las funciones en cardinales, o nudos de las acciones, y catálisis, transición entre dos nudos; o las propuestas de Greimas y Todorov, entre otros.

Personajes

La construcción del personaje narrativo, señala la profesora Carmen Bobes, sigue dos principios, el de discrecionalidad y el de unidad, que obligan a la construcción de personajes coherentes. El personaje se presenta como un nombre, que es una etiqueta semántica en blanco, y se construye en el discurso por medio de datos discretos y discontinuos que proceden de tres fuentes: la información que proporciona el narrador, la información que ofrece el personaje por medio de sus palabras, sus acciones y sus relaciones y, en tercer lugar, la información que proporcionan sobre él los otros personajes. Algunos teóricos niegan la existencia del personaje y sólo admiten la dimensión funcional de actante, lo cual implica la negación de las categorías de tiempo y espacio, y en consecuencia el texto quedaría reducido a un esquema de acción producto de un proceso de abstracción sin ningún valor literario.

En la narrativa oral literaria se produce un desdoblamiento en el proceso comunicativo que guarda semejanzas con el proceso comunicativo del teatro y que afecta al personaje. Por un lado, los personajes que aparecen en el discurso tienen las mismas características que el personaje de un relato o de una novela, pero además de estos personajes contamos con la presencia del actor, más concretamente del actor-narrador. De esta forma, podemos establecer las siguientes relaciones: el actor-narrador es la unidad básica de la representación, el personaje es la unidad básica del discurso, mientras que el actante es la unidad básica de la sintaxis de la obra.

Proceso comunicativo de la narrativa oral literaria

Es posible caracterizar pragmáticamente la literatura narrativa oral por medio de su peculiar proceso de comunicación que comporta elementos propios de la narración, referidos al discurso, y elementos propios de la representación teatral en la forma de actualización a la que se puede denominar, por tanto, representación.

La narrativa oral es un medio de comunicación complejo que añade elementos nuevos al esquema comunicativo al tener muchos más emisores que la literatura escrita o incluso que el teatro; estos emisores forman una cadena de transmisión que se prolonga en el tiempo, mediante un permanente e incesante proceso de transducción. El efecto feedback juega un papel más importante que en cualquier otro proceso de comunicación literaria, convirtiendo dicha comunicación en auténticamente interactiva.

Hablamos de más de un emisor porque el receptor se convierte a su vez en el emisor de una nueva comunicación. La presencia del intermediario es un elemento esencial para que exista esta comunicación, debido a que el Texto Oral forma una unidad indisoluble sin que se pueda en ningún caso hablar de Texto Escrito y Texto Representado, como sucede en una obra dramática, en donde cada uno de estos Textos culmina separadamente la función comunicativa.

En la narrativa oral cobra una singular importancia la emisión del mensaje, ya que a diferencia de lo que ocurre en la poesía o la novela el texto no está fijado; incluso en una representación teatral se lleva a cabo una adaptación del texto proporcionado por el autor —de hecho es inevitable en mayor o menor medida—, pero en la oralidad narrativa la emisión se convierte en una recreación, en donde el sujeto emisor tiene absoluta libertad para ordenar el material discursivo y el espectacular, así como para añadir o suprimir aquello que considere oportuno. Además, está impelido a actuar de este modo ante la ausencia de un texto más o menos fijado, como es el caso de la poesía oral que deja mucho menos margen a la actividad de recreación. También el teatro tiene un pequeño margen para la improvisación, por medio del empleo de fórmulas teatrales codificadas por personajes igualmente estereotipados, como sucede en la Comedia.

Fuentes

  • Narrativa Oral
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., págs. 7-8.
  • Lada Ferreras, Ulpiano. La narrativa..., págs. 115-121.
  • Lada Ferreras, Ulpiano. «El relato...», págs. 321-329.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., pág. 87.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., pág. 117.
  • A. Ubersfeld, La escuela..., pág. 25.
  • M.a del C. Bobes Naves, El diálogo..., págs. 131-132.
  • J. Grotowski, Hacia..., págs. 9-13.
  • E. Fischer-Lichte, Semiótica..., pág. 27.
  • P. Brook, El espacio..., pág. 5
  • A. Olrik, Epic..., págs. 87-97.
  • D. M. Kaplan, «La arquitectura...», págs. 19-21.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., pág. 184.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., págs. 186-189.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., pág. 199.
  • Bobes Naves, María del C. La novela, pág. 141.
  • Bobes Naves, María del C. Semiología..., pág. 286.
  • Lada Ferreras, Ulpiano. La narrativa..., págs. 5-6.