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Palacio Arenas (Sagua la Grande)

Palacio Arenas Armiñán
Información sobre la plantilla
Obra Arquitectónica  |  (Palacio)
Cuba-SagualagGrandeA.jpg
Fachada de la edificación
Descripción
Tipo:Palacio
Estilo:Ecléctico (Art Nouveau)
Localización:Sagua la Grande, provincia Villa Clara, Bandera de Cuba Cuba
Uso inicial:Vivienda
Uso actual:Hotel
Datos de su construcción
Término:1918
Inauguración:1918

Palacio Arenas Armiñán, - mejor conocido por "Palacio Arenas" o "Castillo Arenas"- , obra considerada una de las siete maravillas arquitectónicas de la provincia cubana de Villa Clara, constituye el más representativo exponente Art Nouveau en la ciudad patrimonial de Sagua la Grande. Con motivo del lanzamiento de la también llamada "Villa del Undoso" como destino turístico internacional en FITCuba 2018, sería sometido a un proceso de restauración capital para convertile, con 11 habitaciones, en hotel Encanto del Grupo Cubanacán. Actualmente se negocia su administración con la empresa francesa Louvre Hotels.

Palacio Arenas la víspera de su reapertura como hotel Encanto (4 de mayo de 2018)
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Características arquitectónicas

Construido en 1918, el Palacio Arenas Armiñán presenta valores excepcionales caracterizados por la presencia de elementos decorativos procedentes de diferentes estilos arquitectónicos como el Islam, el Barroco y el Art Nouveau, con predominio de este último. La fachada se compone de zócalos de terrazo, lucetas de cristal policromado con presencia de líneas sinuosas, arcos polilobulados de influencia oriental, pretil con balaustradas de hormigón, rejas de hierro fundido, platabandas decoradas, balcones, paredes estucadas y zócalos de escayolas compuestas por líneas que dibujan flores en pisos, mamparas, elementos decorativos, etc. En interiores aparecen pinturas murales, frescos y otros elementos decorativos en entrepisos, paredes y carpintería. Existe una gran diversidad de colores como parte de la majestuosidad de este edificio, que aporta una variedad de contrastes en los interiores al combinarse con el paso de la luz hacia estos. Se integra perfectamente a su entorno a pesar de sus características monumentales respecto a las viviendas vecinas.

En sentido general, la utilización de elementos decorativos profusos y líneas de diseño donde priman la sinuosidad y el rechazo a los elementos clásicos unido al uso de motivos vegetales, otorgan al inmueble una imagen de ensueño muy propia de su estilo.

Desde el punto de vista espacial, la “Casa Arenas”, analizada superficialmente, no es nada exclusiva. El acceso principal se encuentra en Padre Varela a través de un zaguán que vincula la escalera al segundo nivel y con un angosto pasillo que conduce al patio y a un salón del primer piso que tiene entrada por Solís y del cual nace una tira de habitaciones interconectadas entre sí y a través de la galería del pequeño patio central, al fondo se cierra la planta en “C” con la ubicación de una cocina y un baño a los cuales se accede también desde la galería.

El segundo nivel depende de un largo pasillo que constituye la columna vertebral de su funcionamiento pues vincula las habitaciones del fondo (sur) con las habitaciones principales (al norte). Al centro sufre un ensanchamiento para dar lugar a un local que debió servir de comedor y que posee excelentes visuales hacia una terraza que da a la calle Solís. Al frente aparecen cuatro habitaciones, dos de ellas dormitorios, con acceso a sendos salones con balcones hacia Solís. Al fondo un grupo de cuatro habitaciones articuladas por el pasillo, entre ellas un baño y una cocina que conserva su mobiliario original (un fogón con hornillas de carbón y el frente de hierro fundido con alguna decoración, la campana de extracción igualmente decorada). La estrecha escalera que conduce al tercer piso parte del pasillo y pasa por una habitación en forma de “entresuelo” con propósitos de servicio, arriba se encuentran dos habitaciones contiguas y un pequeño baño todos con visuales hacia una amplia azotea.

Pero la validez de la solución espacial consiste en su repercusión en el volumen y, este a su vez, en el urbanismo. El edificio, a pesar de haberse construido en un entorno caracterizado por el predominio de edificaciones de un solo nivel, fachadas escuetas y parcas, coexiste armónicamente empero de la expresión monumental. Algunas edificaciones aledañas como el templo bautista (1909) y el Colegio del Apostolado (primera década del XX) contribuyen a equilibrar la desproporción entre las viviendas estándares y la excepcional residencia.

La coherencia radica, fundamentalmente, en la monotonía conseguida por el ritmo de los vanos en la fachada del primer nivel –la repetición de los elementos decorativos, las dimensiones y el diseño de la carpintería– que aproxima el frente a las viviendas en tiras, tan comunes en el centro histórico de Sagua. La carencia de movimiento en esta fachada, así como el respeto de las líneas de fachadas de ambas calles contribuyen a la armonía de este sector de la ciudad. El segundo nivel se distingue por el movimiento de la fachada facilitado por la presencia de una terraza con un balcón alargado hacia la calle Solís.

El último piso no se divisa muy fácilmente desde la calle por lo que, desde algunos ángulos fundamentales, no implica discrepancias con el ambiente construido. Es difícil, dada su ubicación y por la estrechez de los planos de perspectiva, llevarse una imagen del edificio en su totalidad, no obstante algunas azoteas y balcones cercanos muestran un cuadro mucho más completo que revela la verdadera magnitud de la obra. Es así como quedan disminuidos los estándares del tema doméstico ante la dimensión desmesurada del “Palacio Arenas” para el escenario urbano de una ciudad mediana como “la Sagua del 1918”.

Del eclecticismo al art nouveau
La saturación del eclecticismo y su esencia, puramente formal, lo habían llevado al cuestionamiento en el ambiente europeo de finales del XIX por lo que, de este período de crisis, surgieron algunos movimientos que constituyeron una reacción hacia el sistema de valores impuestos por la burguesía europea. El art nouveau, liberty, modernismo, jugendstill o sezession (nombres con que se conoció esta tendencia en diferentes naciones del viejo continente) planteaba la ruptura con el historicismo impuesto por los cánones clásicos del neoclasicismo y el eclecticismo o por el medievalismo del neogótico. Formalmente, optó por una imagen artesanal de los elementos compositivos de la obra dando rienda suelta a la creación artística.

Sin embargo, en Cuba, el art nouveau ocurrió dentro de un período en que el eclecticismo tuvo la primacía. De modo que los artistas cubanos de esa época no tuvieron que lidiar con el debate filosófico que había dado lugar al modernismo sino que se limitaron a reproducir las variantes europeas que sufrieron algunas modificaciones generadas por el clima, las urbanizaciones, la idiosincrasia y algunos factores de índole constructivo (materiales, recursos humanos y financieros y desarrollo tecnológico). El art nouveau realizado en Cuba tuvo que competir con el eclecticismo, e incluso, muchas edificaciones diseñadas para ser eclécticas se transformaron en “nouveau” durante la construcción con el solo hecho de alterar el conjunto de elementos decorativos (a veces solo en las fachadas). El modernismo en muchos casos se manifestó solo en la herrería o algunas decoraciones con líneas onduladas y motivos de apariencia vegetal. Así, para algunos, el art nouveau se manifestó como una de las tantas vertientes del eclecticismo aunque se realizaron obras que avalan su legitimidad dentro de este pequeño lapso que abarcó aproximadamente el primer tercio del XX.

La sinuosidad vegetal característica del “Liberty” no se utilizó en la disposición de los muros de la casa de “los Arenas-Armiñan” como tampoco abundó la curva en la volumetría de las fachadas, ¿habrá sido este el precio que pagó el art nouveau para poder integrarse al paisaje urbano? O, sencillamente, no era posible por motivos más tangibles como la conservación de una planta tradicional, la existencia de una parcela sumamente estrecha que dejó pocas opciones a la concepción espacial, o las desventajas tecnológicas y el encarecimiento de la mano de obra y los materiales. En este caso, la manifestación más evidente del estilo surgido en Bélgica radicó en las formas y motivos representados en la decoración; si bien es cierto que el diseño de un buen número de piezas se basó en la figuración de elementos salidos de la naturaleza, otros fueron fruto de la libre creación del artista, llegando a surgir formas que refuerzan el carácter exótico del inmueble.

La decoración en los interiores, múltiple, variada, se convierte en una amalgama de objetos que envuelven las habitaciones desde los pisos hasta los techos. Los pisos de mosaicos se destacan por su variedad: los motivos vegetales –una relación más evidente con el estilo- caracterizados por la policromía y la asistencia de las flores, otras losas con diseños geométricos –conformadas por una retícula cuadrada donde los pequeños espacios interiores se rellenan con colores para obtener una figura-resultan más contrastantes con las curvas predominantes en el resto de los elementos compositivos de la ornamentación, también es de destacar el relieve de las losas en el patio y la terraza que simulan pequeñas piedras incrustadas para lograr la imagen. Los muros están revestidos por un estuco muy pulido; un zócalo de escayolas aparece en las habitaciones fundamentales mientras el ángulo con el techo está rematado por escocias de yeso decoradas y, a veces, polícromas. Uno de los elementos más importantes de la composición es la carpintería, juega un rol fundamental en las atmósferas interiores, no solo por su forma, sino por el cúmulo de colores que se reúnen en los vitrales por donde penetra la luz y se conjugan tonos desde al verde hasta el malva creándose un ambiente exótico distinguido por los colores crepusculares que conjuntamente con la decoración refuerzan la naturaleza onírica del edificio.

No se puede precisar, con la información disponible, como se concibió el “Palacio Arenas”; no existen los planos del proyecto por lo que es posible que el arquitecto no haya diseñado un edificio art nouveau y que, durante el proceso constructivo, la decoración haya cambiado el estilo planeado inicialmente. En todo caso, se reunieron una gran cantidad de elementos del modernismo, algunos de ellos como la forma de los vanos, columnas e, inclusive, el volumen presuponen una previa intención modernista que, dada su coherencia conceptual y formal, debió ser fruto del conocimiento del movimiento o, más aún, de una formación académica por parte de su autor.

La procedencia española del matrimonio Arenas-Armiñan y los estudios de derecho de uno de sus hijos (Valentín) en la Universidad de Deusto favorecieron la aprobación del diseño propuesto por el arquitecto -que una de las últimas hijas que vivió en Cuba identificó con el apellido de Capestani o Caspetani (su grafía exacta y origen se desconocen)- un atrevimiento en medio de la sobriedad del urbanismo sagüero de principios del siglo XX. Tal vez el gusto de la familia formado y refinado por las constantes visitas a la capital y las salidas al extranjero –algunos países europeos considerados en la actualidad como pioneros del art nouveau- pudo influir sobre el concepto del autor, tal vez fue este último quien los convenció de aceptar aquel extravagante proyecto que, para los ojos de los desconocedores, comenzó a ser “el castillo” gracias a la caprichosa imagen de ensueño que se materializó en el edificio. Obsequio, según algunos, del marido a su angustiada esposa Florinda para compensar la pérdida de una hija pequeña. La excepcionalidad, la rareza de una mansión de esta naturaleza; la cercanía a la herencia árabe de la España del Mediterráneo, el medievalismo y la historia, casi trágica, de la familia desperdigada y reducida aún más con el enclaustramiento voluntario después de 1959 han contribuido a intensificar el espíritu romántico del edificio en contraposición con su estilo modernista.

Palacio Arenas antes de su restauración capital entre 2017 y 2018

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Historia

En la imagen aparecen las iglesias de la Purísima Concepción (al fondo) y Bautista (a la izquierda), así como la vivienda anterior a lo que hoy se conoce como Palacio Arenas Armiñán (vivienda antepuesta a la iglesia Bautista).
Inicio del proceso de restauración del Palacio Arenas en 2017

Acerca del lugar
La primera plaza de Sagua la Grande había evolucionado durante el XIX y tomado a su vez diferentes nombres, a veces supeditados a su función (Plaza de Armas, Plaza de la Iglesia, Plaza del Mercado, Parque “Independencia” y algunos más). Fue el crecimiento de Sagua hacia el oeste –determinado por su ubicación con respecto al río- lo que provocó la pérdida de importancia de este espacio, que quedó definitivamente sentenciado con la inauguración de la nueva iglesia en 1860 en un solar que llamaban en esa época “Panteón de Doña Inés” y trajo consigo un buen número de edificios de carácter público a este sitio que estaba llamado a convertirse en el nuevo centro cívico de la villa. Unos años más tarde Don Eugenio Moré, Conde de Casa-Moré y fundador del ferrocarril de Sagua, construiría en una de las esquinas de la futura plaza su magnifica morada y luego (1880) el alcalde González Osma convertiría el placer en el parque que se conoció con el nombre de su artífice hasta 1902 en que comenzó a llamarse Parque “La Libertad”.
A finales del siglo XIX y en los primeros años del XX la calle La Cruz (actualmente Padre Varela) se había convertido en una de las principales vías de la ciudad -cumplía la función de enlazar la Plaza “Independencia” y el Parque “La Libertad” y, por tanto, a un buen número de establecimientos e instituciones que se conservaban aún próximos a dichos espacios- por eso allí se fueron levantando en este lapso algunas magníficas viviendas y edificaciones de carácter civil-público o religioso que aún existen.

La historia
El marqués de San Felipe y Santiago era propietario de algunos terrenos de Sagua la Grande en la década de 1880, dos viviendas arrimadas en las parcelas con los números 25 y 27 de la esquina sureste de las calles Intendente Ramírez (Solís hoy) y la calle de La Cruz. Edificios con acceso a través de La Cruz con características neoclásicas aunque con una decoración de fachada muy elemental que pudiera, incluso, encajar dentro de las tipologías tradicionales del XIX (de los dos se conserva uno de ellos, en la actualidad con el número 25 de Padre Varela). Producto de varias hipotecas las fincas urbanas fueron a parar a Don Tomás Ribalta y Serrat, padre de Carmen Ribalta. En 1902 la casa marcada con el 27 era propiedad de Teresa Santos Lamadrid y Ribalta quien la vendió a Valentín Arenas Miranda. En la década de 1910, el señor Arenas era propietario de varias pequeñas industrias y una gran cantidad de terrenos que fueron urbanizados con el crecimiento de la ciudad durante este período –motivo de incremento notable en su fortuna. En 1918 construyó en este lote el monumental edificio art nouveau que se conoce en la actualidad como “Palacio Arenas” por su apariencia impresionante, marcada por la volumetría y la singularidad de su decoración. Una inscripción colocada en una lápida que forma parte del pretil señala su año de construcción.

El primer tercio del siglo XX fue fructífero para el desarrollo económico de Cuba, para Sagua la Grande significó un impulso sin precedentes soportado por el desarrollo de la industria azucarera y el comercio con los Estados Unidos a través de su puerto. En esta etapa se construye un gran número de valiosas edificaciones de estilo ecléctico amparadas por la industria de la ornamentación para fachadas e interiores desarrollada por el escultor Aurelio Cruz Bello, la ciudad perdió durante este período su carácter neoclásico producto de la sustitución de muchas de sus edificaciones coloniales o, en otros casos, por la remodelación de las fachadas. Así la imagen arquitectónica novecentista fue sustituida por otra más acorde al panorama del XX y se fue desarrollando un eclecticismo sobrio que dejó pocos espacios a las variantes más populares basadas en motivos decorativos salidos de la interpretación de sus creadores (habitualmente sin formación académica).

En este escenario ecléctico se concibió el Palacio Arenas, dentro de una estética aparentemente abierta pero sobre un basamento dogmático. La mezcla, y su utilización en la búsqueda de la originalidad habían dado paso a múltiples variantes que, en el centro histórico de Sagua, se manifestaron formalmente sobre la base de una funcionalidad similar, sobre todo en el tema doméstico, a lo construido durante el siglo XIX. Las dimensiones de las habitaciones y la posición de las cocinas y baños, esto último determinado por los avances tecnológicos llegados a Cuba con el “cambio de metrópoli” (España por los Estados Unidos) fueron básicamente los más frecuentes cambios en el orden espacial. Las dimensiones de las parcelas (de proporciones oblongas) marcó la prevalencia de las plantas en forma de “L” o martillo y las plantas en forma de “C”. Los puntales continuaron similares al resto de los estilos coexistentes lográndose una imagen homogénea capaz de fundir coherentemente las tipologías. Es característico de esta época la aparición de varios edificios altos (hasta 5 niveles) en otros temas de carácter público, a veces con viviendas en las plantas altas.

A pesar de los cambios esenciales en la estructura de la familia sufridos con la llegada del XX, los Arenas-Armiñan, tal vez motivados por su fuerte vocación católica, optaron por la construcción de una vivienda donde pudieran convivir varias generaciones. El edificio tiene 11 habitaciones que, por sus dimensiones y disposición, deben haber sido concebidas para dormitorios; sin embargo con el transcurso de los años algunos hijos abandonaron la mansión, la ciudad incluso, y el empeoramiento en la situación económica de Sagua y de la familia hicieron a los descendientes buscar alternativas para mantener su estatus.

Por eso, hacia 1930, quizás desde antes, el mayor de los hijos, Valentín Arenas Armiñan, que se había graduado de derecho, estableció su bufete en el primer nivel del edificio. Aunque, a juzgar por el mobiliario que se conservó allí hasta hace algunos años, cabe la posibilidad de que también haya rentado algunas habitaciones a otros abogados o notarios después de su partida hacia la capital y tal vez con este objetivo hayan sido subdivididos el patio y la galería, utilizándose los accesos a través de la calle Solís para esta función e independizándose el acceso al segundo y tercer nivel, que conservaron su uso doméstico, por el zaguán en la calle Padre Varela.

Algunas Impresiones

Algunas fuentes hablan de la supuesta ruina de la familia al terminar la construcción, otras difieren en cuanto a este tema. La presencia de un cúmulo de hipotecas sobre la obra apenas terminada –ya en 1922 y hasta los 50´s- constituye en elemento a tener en cuenta pero se contradice al considerar la propia vida del más sobresaliente de la prole, Valentín Arenas Armiñan, quien validó su título en Derecho en varias universidades y realizó recorridos por varios países europeos. Se estableció como notario en Sagua, aquí fundó la Asociación de Caballeros Católicos y cooperó con algunas empresas de carácter benéfico. Más tarde se trasladó a La Habana donde desempeñó altos cargos al frente del Banco Gelats e integró algunas delegaciones cubanas a eventos internacionales de la iglesia católica.

Algunos miembros de la familia abandonaron la ciudad en los años posteriores. Con el triunfo de la Revolución varios de ellos abandonaron el país quedando en el inmueble 3 hermanos solteros y sin descendencia que se marginaron de la sociedad cubana de esos años.

El Palacio Arenas ha estado rodeado a lo largo de su historia de hechos e incógnitas que además de acentuar su espíritu romántico han provocado la curiosidad de varias generaciones de sagüeros. El misterio del edificio y de la familia y su introversión, las puertas y ventanas totalmente cerradas sin la más mínima grieta para comprobar la vida interior y el velo que se levantaba noche tras noche al salir de las ventanas del último piso un misterioso haz de luz multicolor a través de los vitrales ayudaron a la gente a tejer historias oscuras alrededor de la mansión y los vestigios de la familia.

A lo anterior se suma el que Carmen Arenas, de la otrora opulenta familia, vagó loca por la ciudad siendo objeto de crueles burlas por su cría de gatos, su ropa sucia y vieja, y los trastornados discursos acerca de su vida; con ella, los comentarios sobre su turbulento pasado. Murió en la década de 1990 en medio de la pobreza y el delirio. Por esta época murió también la última de las Arenas-Armiñan que habitara la casa. Algunos años después el edificio pasó a manos del Estado.

Restauración
En el año 2005 se comenzaría la restauración del edificio mediante un proyecto de colaboración internacional con el Gobierno Autónomo Canario para habilitarlo como institución para la enseñanza, promoción y divulgación de las artes plásticas y la música. Dicho proyecto, no obstante, no llegaría a materializarse dadas las condiciones económicas por las que atravesaba el país en ese entonces, siendo el Ministerio de Turismo de Cuba (MINTUR) el que se encargaría en 2017 de devolverle su antiguo esplendor, convirtiéndolo en el hotel Encanto Palacio Arena del Grupo Cubanacán con motivo del lanzamiento de Sagua la Grande como destino turístico internacional en el marco de FITCuba 2018.

Palacio Arenas-Armiñán una vez restaurado

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Fuente

  • Expediente de declaratoria a monumento local .Oficina de Monumentos de Sagua la Grande.
  • Blog Sagua Viva:[1]
  • Blog Sagua Viva:[2]