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Pedro Ortiz Cabrera

Pedro Ortiz Cabrera
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Combatiente revolucionario cubano
NombrePedro Ortiz Cabrera
Nacimiento22 de febrero de 1953
Chivirico, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento1 de abril de 1980
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
CiudadaníaCubana
OcupaciónMilitar
PadresNemesio y Luisa
Pedro Ortiz Cabrera. Combatiente revolucionario cubano, miembro de la Policía Nacional Revolucionaria víctima de los sucesos ocurridos en la sede de la embajada de Perú en La Habana en 1980.

Síntesis biográfica

Nació el 22 de febrero de 1953 en el poblado de Chivirico, hijo de Nemesio y Luisa, de familia campesina. Creció en el seno de una numerosa familia, por lo que desde sus primeros años de vida conoció el rigor con que vivía el campesino cubano antes del triunfo revolucionario.

Inició sus estudios a la edad de siete años, pues la escuela más cercana a su casa le quedaba aproximadamente a 3 km y tenía que atravesar numerosos ríos para poder llegar hasta ella.

En 1960 se incorporó a la escuela primaria “Antonio Guiteras” en Río Grande, donde residía. En este centro cursó desde el primero hasta el sexto grado. Siempre obtuvo resultados docentes satisfactorios.

Al concluir sus estudios primarios, pasó al internado de montaña “Antonio Rojas”, en la región de Uvero; allí cursó el séptimo grado. El octavo grado lo realizó en el internado de montaña de Chivirico.

Pedro fue un joven alegre, jovial, que gustaba de la música y el baile.

En 1969 comenzó a trabajar y se incorporó a la recogida de café en su región natal. En 1970 participa, como machetero, de forma permanente y destacada en la Zafra del Pueblo, en el central azucarero “Paquito Rosales”.

En 1971, al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), ingresó en la Columna Juvenil del Centenario (CJC), donde cumplió el Servicio Militar General (SMG). Su actitud ejemplar lo hizo acreedor del honor de ser admitido como militante de la UJC, en cuyas filas permaneció hasta su muerte y en las que se destacó por ser exigente, sumamente abnegado, muy preocupado por su porte y aspecto y por el cuidado del armamento a él asignado. Sobresalió por ser muy crítico y por su gran madurez política, por lo que sus intervenciones siempre fueron muy acertadas. Todo esto lo hizo merecer las diferentes distinciones y reconocimientos otorgados en la emulación juvenil.

Labor en el MININT

Teniendo en cuenta su trayectoria revolucionaria fue seleccionado en 1973 para ingresar en el Ministerio del Interior y pasar la escuela de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) “Rigoberto Batista Chapman” en Daiquirí, Santiago de Cuba. Allí alcanzó el noveno grado, nivel que poseía al morir. Al terminar la escuela, fue designado a prestar servicios en el Regimiento de Protección a Sedes Diplomáticas que cuidaba la integridad territorial de las misiones diplomáticas acreditadas en Cuba.

Como miembro de la PNR se destacó en el cumplimiento de las misiones encomendadas a él. Siempre estuvo atento y vigilante a toda manifestación delictiva, tanto en las áreas de las sedes diplomáticas a las cuales brindaba seguridad, como en cualquier lugar en que se encontrara.

A pesar de ser un compañero cordial y afable, poseía un carácter maduro, lleno de sabiduría, cuestiones que supo transmitir al colectivo de compañeros que lo rodeaban en las diferentes misiones que le fueron asignadas.

Siempre preocupado por el trabajo, por las misiones, por la superación técnica, política y cultural, y al mismo tiempo era el más jaranero y tenía la última broma. Por su destacada participación en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, recibió el reconocimiento del alto mando del Ministerio del Interior.

Pedro, sumamente estricto en sus funciones, siempre llegaba 30 ó 40 minutos antes de la hora indicada y exigía a quien relevaba una detallada información acerca de las incidencias de su turno y el estado del sector, lo, que le ganó el respeto y la confianza del mando, que lo situaban siempre en las postas de mayor responsabilidad.

Fue custodio de la embajada de Venezuela en los días convulsos en que el imperialismo yanqui, alentando a elementos antisociales, pretendieron crear un clima de inseguridad diplomática en Cuba. En el desarrollo de sus funciones en esta embajada, le correspondió repeler el ataque del grupo de lumpen que tomó un camión y lo proyectó contra la cerca de dicha misión, pero no lograron sus propósitos por la decidida actuación de sus custodios, entre los cuales se destacó Pedro Ortiz Cabrera.

Precisamente esta compleja situación operativa determinó el reforzamiento de la custodia de la embajada del Perú. El gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez, sumándose el complot elucubrado por el Imperialismo yanqui, otorgó “Asilo político” a los elementos antisociales que allí penetraron por la fuerza.

Pedro Ortiz prestaba servicios en las inmediaciones de la cancillería peruana en 5ta Avenida y 7ma, Miramar, desde el 29 de marzo de 1980. Al ocupar su puesto, horas antes de morir, comenta con sus compañeros: “Es más grave de lo que pensábamos, es un plan contra el prestigio de la Revolución.”

Analítico y observador, también advirtió a sus compañeros acerca de algunos chóferes que transitaban por 5ta Avenida en actitud sospechosa, sentenciando: “Solo pasando sobre mi cadáver, podrán franquear mi posta.”

De firme y valeroso carácter, dejó profundas huellas en sus compañeros, los que al referirse, a él expresan: “Sus opiniones e iniciativas fortalecían nuestro trabajo aportaba, ideas útiles al colectivo. En la formación expresaba opiniones de mucho interés; se fijaba incluso en cualquier chofer que pasase en actitud sospechosa por el objetivo de su custodia. Al mismo tiempo criticaba sin reservas las deficiencias y asimilaba las críticas".

Su muerte

El martes 1 de abril de 1980 se efectuó, como habitualmente se hacía, el relevo de los custodios de la embajada del Perú a las 12:00 horas del día. Pedro cubrió una de las postas principales. Estaba tranquilo e intercambió una broma con el compañero que hasta ese momento cubría dicha posta también.

A las 15:38 horas, el expedidor de la terminal de ómnibus de Lawton, dio salida al carro No. 5054 de la ruta 79, matrícula HW 5872, conducido por un individuo de pésima conducta social. A las 16:53 horas, una vez concluido el recorrido de Lawton a las llamadas playas de Marianao, el delincuente que lo conducía se comunicó telefónicamente con la terminal y reportó que el carro estaba ponchado, por lo cual fue autorizado a regresar vacío. Al reiniciar la marcha el ómnibus lleva en su interior a seis elementos antisociales.

A las 17:00 horas Pedro vió desde su puesto de custodio como un ómnibus con seis individuos arremetió a toda velocidad contra él en busca de la sede diplomática. A pesar de la sorpresa, logró manipular su fusil en unos segundos y respondió a los agresores y a pesar de su grave estado, logró herir a dos de ellos. Otro compañero que se encontraba cerca, reaccionó de inmediato.

Varios compañeros del regimiento acudieron rápidamente al lugar, atraídos por los disparos. El ómnibus permaneció con su parte delantera incrustada en la cerca de alambre de la embajada y muy próximo, sobre la calle, el cuerpo ensangrentado de Pedro Ortiz Cabrera. De inmediato fue conducido al Hospital "Carlos J. Finlay". En el trayecto al hospital los compañeros trataron de quitarle el cinturón militar, Pedro no pudo hablar por la extrema gravedad de sus heridas, pero no permitió, a pesar de ello, que le quitaran las armas.

Solo aceptó que lo hicieran al reconocer, ya en la agonía, la voz de uno de sus compañeros. Unos minutos después, en el salón de operaciones, a las 17:20 horas, dejaba de existir un soldado valioso, que al precio de su propia vida defendió el territorio de una embajada que se transformó no sólo en guarida de los culpables de su muerte, sino en punto de concentración de los elementos antisociales que no se adaptaron a la sociedad socialista.

En homenaje a su memoria se desencadena la más popular y masiva repulsa a tan vil hecho y al intento imperialista de convertir a este grupo de asesinos y delincuentes en héroes.

Fuente

  • Mártires del MININT. Semblanzas biográficas, t. I, Editora Política, La Habana, 1990