Saltar a: navegación, buscar

Rafael Simón Morales y González

(Redirigido desde «Rafael Morales y Gonzáles»)
Rafael Morales
Información sobre la plantilla
Rafael-moral..jpg
NombreRafael Simón Morales y González
Nacimiento28 de octubre de 1848
San Juan y Martínez,Pinar del Río, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento15 de septiembre de 1872
Sierra Maestra, Santiago de Cuba,Bandera de Cuba Cuba
PadresRafael Morales y Ponce de León y Rafaela González de la Cruz

Rafael Simón Morales y González. Fue una de esas figuras legendarias conocidas en la historiografía cubana como "Hombres del 68", de una vida breve pero fecunda al servicio de la patria. Reconforta más aún saber que es un fruto de la provincia pinareña, donde nació un 28 de octubre de 1848 en San Juan y Martínez, reconocida ya por entonces por la calidad del tabaco que en sus vegas se producía.

Síntesis biográfica

Nació el 28 de octubre de 1848, en el barrio Río Seco, finca Santa Isabel, en San Juan y Martínez, Pinar del Río, Cuba, fueron sus padres Rafael Morales y Ponce de León y Rafaela González de la Cruz.

Quedó huérfano de padre durante su infancia, lo que obligó a su madre a trasladarse a La Habana en busca de ayuda familiar llevando consigo a sus tres hijos, era Rafael el único varón, pero carecía de edad para afrontar obligaciones materiales.

Se formó debido a sus propios esfuerzos y a su energía llevando una vida de sacrificio, fue profesor de Enseñanza Elemental, dio clases de Psicología a niños de 8 a 10 años, logrando magníficos resultados, y obteniendo varios premios en la universidad.

Se empeñó en levantar el nivel cultural de sus contemporáneos menos afortunados entregándose con pasión absoluta y fundar escuelas nocturnas para alfabetizar a artesanos y obreros;lo cual habla por si solo de los valores eticos y morales de esta personalidad.

Renovador de la enseñanza de su época

En esos años de la adolescencia y juventud de Moralitos que coincidieron con la mitad de la decimonovena centuria, se expandían en Cuba y particularmente en La Habana las doctrinas renovadoras de grandes personalidades, ideólogos de la pedagogía revolucionaria capitalista.

Dichas doctrinas habían sido introducidas y enriquecidas por un grupo de adelantados cubanos, dentro de los que sobresalían: José Agustín Caballero, Félix Varela Morales, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte, Rafael María de Mendive, entre otros. Uno de aquellos ideólogos de mayor arraigo en Cuba fue el suizo Juan Enrique Pestalozzi, quien había desarrollado la teoría de la enseñanza objetiva. Moralitos estudió y aplicó creadoramente dicha teoría durante su estancia en Santo Tomás.

Al respecto el destacado intelectual cubano Vidal Morales y Morales señala: "Morales sabía su éxito prodigioso. Despertaba su natural curiosidad y cuando se mostraba ávido de conocer y hacía al maestro frecuentes interrogaciones que revelaban sus deseos de investigarlo todo, entonces era cuando la acción educadora empezaba a producir el codiciado fruto".

El método que él observaba era el inductivo, yendo siempre de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complejo, de lo relativo a lo absoluto. La labor renovadora de Moralitos durante los años en que permaneció en el Colegio Santo Tomás fue resaltada por diversas personalidades de la época, así como por la prensa escrita, sobre todo por el periódico "El Siglo".

La junta Superior de Instrucción Bíblica también elogió a Moralitos por medio de su vocal el ilustre médico y pensador doctor Ramón Zambrana.

Moralitos se nutrió de la teoría pedagógica más revolucionaria de su tiempo, pero la asimiló ajustándola a las nuevas necesidades de los años 50 y 60 del Siglo XIX, sentó cátedra con su accionar pedagógico y estuvo a la vanguardia del pensamiento y acción educativo, en una época en que cualquier idea nueva podía ser catalogada de subversiva, ya que la pedagogía oficial todavía se sustentaba en el rancio escolasticismo y la contradicción colonia-metrópoli era cada vez más profunda.

A pesar del efímero período que permaneció su familia en la región vueltabajera, después de su nacimiento, pues quedó huérfano de padre a los dos años y su madre, desamparada económicamente, se trasladó a La Habana, siempre se ha reconocido por los biógrafos e historiadores como un insigne pinareño. Radicados en La Habana, el pequeño Rafael recibe gratuitamente la instrucción primaria elemental en la escuela de don José Fors, situada en la calzada de San Juan Lázaro.

Intensa actividad socio-educativa y política

Un joven como Moralitos, impregnado de ideas transformadoras, no podía quedarse al margen de la realidad política de su patria, por ello si en el plano pedagógico y educativo fue un revolucionario, no menos lo fue en el terreno político y social, por eso desde muy temprano abrazó la causa independentista y cada vez más ésta se fue convirtiendo en el centro de su actividad.

Con extraordinarios esfuerzos económicos, acudiendo a la enseñanza preceptora de hijos de familia adineradas, pudo Moralitos, en septiembre de 1860, matricular en la Facultad de Filosofía de la Universidad de la Habana; su motivación máxima era hacerse abogado, lo cual no pudo concretar nunca.

Los estudios en la Universidad los alternaba con un grupo de actividades sociales y políticas que cada vez le absorbían más tiempo, a su vez mantenía su labor en el Colegio Santo Tomás.

En la Universidad sobresalió a planos fuera de lo común; su inteligencia y poder de análisis hicieron que propusiera reformas a algunas materias de enseñanza, lo cual era reconocido por los catedráticos que los impartían.

Su oratoria era tan atrayente y convincente que se granjeaba el apoyo de profesores y estudiantes; en aquellos años le impusieron el apodo de "Pico de Oro". El Aula Magna de la Universidad fue tribuna permanente donde resonó el verbo implacable de este patriota, codeándose con la juventud más prominente de la época, de donde surgieron destacados intelectuales y legendarias figuras de la patria. Fue muy intensa su actividad socio educativa y política en los primeros años de la Década de los 60.

Por la gran demanda de que era objeto por parte de ricas familias de La Habana, pudo Moralitos dedicarse únicamente a la labor de preceptor, sin embargo prefirió poner todo su talento al servicio de la enseñanza de los obreros y planeó la apertura de aulas nocturnas.

El proyecto se materializó al abrir un local en el Colegio El Progreso que dirigía José María Castro y Aguiar; de igual manera propone establecer uno de estos centros en cada barrio de La Habana donde residieran obreros necesitados de aprender. La reacción de las autoridades del gobierno y la prensa servil, no se hizo esperar.

El Secretario del Gobierno Superior Político expresó: "Eso que usted solicita es imposible, atenta contra la paz y el bienestar del país." Por otra parte, en uno de aquellos periódicos reaccionarios aparecían escritos como este: "El tabaquero, el sastre, y sucesivamente los demás artesanos no deben saber otra cosa que lo que puramente le roza con sus respectivos oficios.

" Pero Moralitos no cejaba en su empeño y al ver bloqueadas sus iniciativas en La Habana, se traslada a Santiago de las Vegas, donde viajaba con frecuencia para visitar a su pariente Antonio José Taglé; éste poseía una escuela de enseñanza elemental y con el apoyo de otros entusiastas patriotas planeaban un gran proyecto socio-educativo. Este proyecto incluía: apertura de aulas nocturnas gratuitas para adultos, una biblioteca pública, un periódico que sería el portavoz de todos los adelantos de las ramas del saber, tertulias literarias, etc.

En la festividad organizada en el poblado de Santiago de las Vegas, en ocasión de celebrase al patrón de dicha ciudad, se dio a conocer públicamente el proyecto, el cual fue acogido con gran entusiasmo por la población. Pero nuevamente las fuerzas coloniales, en este caso representadas por la primera autoridad local, frustraron las brillantes iniciativas y el proyecto quedó truncado.

Ante esta situación Moralitos retorna a La Habana, continúa sus estudios y redobla su actividad política, dirige ardorosas tertulias y ofrece sustanciosos discursos en reuniones patrióticas. Corre el año 1968, la efervescencia revolucionaria crece por día, en la capital se producen continuos sucesos que revelan un ambiente caldeado entre las fuerzas reaccionarias coloniales y los representantes del pensamiento revolucionario patriótico.

Las convicciones independentistas de Moralitos han madurado al ver fracasados sus intentos reformistas. En Oriente y en Camagüey el movimiento independentista ha llegado a su clímax y se produce el glorioso Grito de Yara del 10 de octubre de 1868.

Soldado, legislador y maestro

A poco de haber cumplido los 23 años de edad, sin haber logrado su sueño de hacerse abogado, lo cual estaba a punto de alcanzar, y con el reclamo del tierno amor de su novia, parte Moralitos, entre los primeros que lo hacen de la región occidental, hacia los campos insurrectos de la región camagüeyana, allí se entrega en cuerpo y alma a la lucha armada y a la lucha de ideas ya que fue soldado y legislador, a la par de su nunca abandonada actividad magisterial.

Con esta viril actitud demostraba, que todas sus ideas y todos sus proyectos revolucionarios no eran el fruto de una vida agitada en la capital de la Isla, por tratar de buscar acomodos circunstanciales, sino, firmes convicciones con la aspiración de un cambio profundo, radical.

Así, al defender el derecho del negro a su libertad y crear la Asociación del Vientre Libre en La Habana, unos meses antes, sentaba las bases para, ahora, en la manigua, demostrar que compartía con ellos por igual y que junto con ellos legaba su sangre por la patria. Sus méritos y dotes intelectuales le permitieron ocupar importantes responsabilidades; fue Secretario del Interior de la Cámara de Representantes de la República en Armas.

A pesar de su juventud demostró una madurez política a toda prueba, defendiendo sus ideas con una fuerza moral que lo llevó a acaloradas discusiones hasta con los más encumbrados dirigentes de la lucha insurreccional. Muchas de sus iniciativas y radicales propuestas, que en ocasiones fueron incomprendidas, a la larga eran aprobadas.

Fiel a la Constitución de Güáimaro aportó trascendentales leyes que dejaron su impronta en la historia insurreccional, entre ellas: la división territorial, la organización judicial, el régimen administrativo, la provisión de los cargos públicos y la Ley de Instrucción Pública que significó un instrumento de progreso de extremada luz futura. El proyecto de ley de instrucción primaria expresa, en síntesis, dentro de sus artículos:

1ro- La República proporcionará gratuitamente la instrucción primaria a todos los ciudadanos de ella, varones o hembras, niños o adultos.

2do- La primera enseñanza se reduce a las clases de lectura, escritura, aritmética y deberes y derechos del hombre. Puede además extenderse a la gramática, geografía e historia de Cuba.

3ro- Los gobernadores de cada Estado establecerán, oyendo a los prefectos, los profesores ambulantes y escuelas que fuere posible.

4to- Habrá escuelas anexas a los talleres del Estado. El contenido de estos artículos reflejan el alma del legislador y maestro de gran talla que fuera Moralitos. Algunos de sus preceptos lo sitúan como precursor de conceptos desarrollados plenamente por Martí años más tarde y que hoy son conquistas del proceso revolucionario cubano.

Entre ellos sobresalen: la educación proporcionada por el Estado y con carácter gratuito, la enseñanza de la historia y la geografía de la patria, los maestros ambulantes (germen de los alfabetizadores), las escuelas extendidas por todo el territorio nacional y las escuelas para los obreros que él había practicado en sus años de ingente actividad en la capital del país.

Siendo consecuente con su prédica legislativa, funda una escuela en la manigua, donde impartía clases a los soldados analfabetos en los propios campamentos; enseñaba a leer por medio de una cartilla creada por él donde introdujo el método silábico.

Los resultados de su labor eran alto elocuentes, pues según testimonios de protagonistas de aquella epopeya, los iletrados soldados aprendían a leer en un lapso aproximado de dos meses.

En el período comprendido entre finales del año 1868 y mediados de 1872, Moralitos en su condición de mambí y maestro, desarrolló en los campos de Cuba libre una actividad pródiga en obras de creación educativa, legislativa y periodística, pues tuvo tiempo, también, de fundar La Estrella Solitaria, periódico que puso al servicio de todo patriota que quisiera enarbolar sus ideas sin limitación de expresión, en unos años de funestas contradicciones en el seno de las filas insurrectas.

Durante estos años fructificó una inquebrantable amistad con los más sobresalientes patriotas, pero sobre todo con Ignacio Agramonte, a quien consideraba, según sus propias palabras, "el hombre superior de esta guerra".

Se apaga un destello, nace un sol

En los campos camagüeyanos, peleando por Cuba libre como soldado de fila, recibe Moralitos una herida mortal en el rostro, el 26 de noviembre de 1871.

Los meses sucesivos fueron angustiosos, con tratamientos quirúrgicos en plena manigua, sin los recursos suficientes; finalmente la dirección de la revolución decide que parta al extranjero para que se restablezca, pero los preparativos de la salida son estropeados por el enemigo y en espera de nuevos recursos para el viaje, vencido por las graves secuelas del funesto incidente, fallece el 15 de septiembre de 1872 el pequeño gran maestro y mambí Rafael Morales y González (Moralitos) en un lugar de la Sierra Maestra conocido como Piedra Blanca, cuando aún no había cumplido los 27 años de edad.

Su inmaculada trayectoria fue el fruto de su manifiesta convicción de que: "Estar al lado de la Patria en sus días de felicidad no vale nada; acompañarla en sus dolores, ahí está el mérito."

Los que le conocieron en todos los contextos donde actuó lo amaron profundamente, incluso aquellos que fueron objeto de sus implacables críticas.

Muchos son los testimonios dejados por insignes cubanos, que pertenecieron como él a los Hombres del 68, sobre este legendario maestro y mambí, traemos a colación algunos de los más autorizados, para dejar constancia de la valía de aquel joven que fue arcilla fundamental de la obra de la Revolución Cubana en su aurora.

"... le conocí en aquella cruenta epopeya del 68. Siempre fue digno y puro, y como Martí, pensó, habló y ejecutó." Máximo Gómez

"... Parece mentira que un cuerpo tan pequeño encerrara un alma tan agradable, que sólo una cosa parecía ignorar: lo que él valía." Antonio Maceo

"De viril etiqueta, empinado y vivaz, verboso de pensamiento y todo acero y fulgor, como tallado en una espada." José Martí

Fuentes

  • Morales y Morales, Vidal. Hombres del 68, Rafael Morales y González. Editorial  Ciencias Sociales,La Habana, 1972, p. 76.
  • Instituto Cubano del Libro. Maestros. Imprenta Federico Engels, Mined, La Habana,1972, p. 451.
  • Morales y Morales, Vidal. Hombres del 68, Rafael Morales y González. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1972, p. 350.
  • Ob. Cit., p, 457.

Enlaces Externos