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Serguéi Prokófiev

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Serguéi Serguéievich Prokófiev
Información sobre la plantilla
Sergei Prokofiev.jpg
El compositor soviético Serguéi Prokófiev.
NombreSerguéi Serguéievich Prokófiev,
Серге́й Серге́евич Проко́фьев (en ruso).
Nacimiento23 de abril de 1891
villa de Sóntzovka,
óblast de Donetsk,
región de Ucrania,
Imperio ruso Bandera del Imperio Ruso
Fallecimiento5 de marzo de 1953 (61 años)
ciudad de Moscú,
Unión Soviética Bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
Ocupacióncompositor y pianista
CónyugeLina Llubera
Obras destacadasRomeo y Julieta, La ópera, Guerra y paz y Pedro y el lobo

Serguéi Serguéievich Prokófiev (Sóntsovka, 23 de abril de 1891 - Moscú, 5 de marzo de 1953), conocido como Serguéi Prokófiev o Sergei Prokofiev, fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso.[1]

Junto a Dimitri Shostakovich, Prokófiev fue el mejor representante de la escuela de composición soviética, y su obra ha dejado profunda huella en el estilo de sus compatriotas más jóvenes, como Aram Jachaturián o Dimitri Kabalevski. Es, además, uno de los grandes clásicos del siglo XX, autor de una música en la que tradición y modernidad se conjugan de manera ejemplar.

Aunque la mayor parte de la música del compositor ruso Prokófiev es desconocida para mucha gente, sus creaciones fueron muy importantes en la evolución musical del siglo XX. Pedro y el lobo es una obra para narrador y orquesta que ha fascinado a millones de niños.

Síntesis biográfica

Serguéi Serguéievich Prokófiev nació el 23 de abril de 1891, en Sontzovka, una pequeña localidad rusa que hoy día pertenece a Ucrania. Fue hijo único. Su madre era pianista y su padre ingeniero agrónomo relativamente acomodado.

Prokófiev demostró a temprana edad, dotes musicales poco usuales. Niño prodigio, recibió sus primeras lecciones musicales de su madre, pianista aficionada, con tan buen resultado que ya a los nueve años dio a conocer en una versión doméstica su primera ópera, El gigante, a la que siguieron inmediatamente tres más, la última de ellas, El festín de la peste, escrita bajo las indicaciones del compositor Reinhold Glière. En 1902, cuando empezó a recibir lecciones particulares de composición, ya había escrito algunas piezas. En cuanto dispuso de las herramientas teóricas necesarias, se puso a experimentar, sentando las bases del que sería su propio estilo musical.

Sus estudios

En 1904 ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo, donde tuvo como maestros, entre otros, a Nicolás Cherepnin (dirección orquestal) y los compositores Anatol Liadov y Nikolái Rimski-Kórsakov. Como estudiante no le interesaban demasiado las asignaturas que le tocaron. Ya desde joven tenía en mente un tipo de música distinta a la que le enseñaban. Empezó a interesarse por las corrientes más avanzadas de su tiempo.

Durante estos primeros años sorprendió con la fuerza, el ritmo y la dificultad de obras como la Toccata op. 11 para piano, o el Concierto n.º 2 para piano y orquesta.

Entre 1918 y 1923, residió en Estados Unidos dando conciertos de sus obras, como las primeras sonatas o los conciertos para piano. En 1923 se casó con la cantante de origen español Lina Llubera.

Entre 1930 y 1933 vivió en París (Francia), desde donde realizó giras por casi toda Europa. En 1933 regresó a su país.

Durante esta época también compuso numerosas piezas; por ejemplo, el ballet El paso de acero, la ópera El amor de las tres naranjas o la Sinfonía clásica, que era una mezcla entre la música de su tiempo y la que se solía hacer en el siglo XVIII.

Regreso a Rusia

A partir de 1936, ya de vuelta en su país natal, Prokófiev continuó componiendo, siempre que pudo, según sus propias ideas musicales.

Muerte

Falleció el 5 de marzo de 1953 en Moscú, precisamente el mismo día que moría Stalin.

Fotografía de Serguéi Prokófiev.

Obras

Evolución artística

En los recitales que ofrecía Prokófiev (de obras suyas en la mayor parte) se aprecia la evolución del compositor, desde las obras de su primer estilo —algunas deliberadamente agresivas y poco inteligibles, como Sugestión diabólica—hasta esas dos sobrias composiciones de música pura: Chose en soi, que tienen una forma adecuada a su enorme densidad sonora. Entre estos dos estilos, la Sonata en La Menor, de forma perfectamente clásica, Visiones fugitivas y Cuentos de la Abuela muestran a un Prokófiev a ratos enternecido, a ratos melancólico, lleno de humor caprichoso y fantástico.

Hay compositores modernos en quienes las disonancias y los atrevimientos armónicos son accesorios, como resultado de una moda o de una tendencia de escuela; músicos que aun teniendo mucho que decir, preferirían expresarlo en un lenguaje más próximo a Beethoven que de Hindemith. En ellos, la técnica es una máscara, detrás de la cual se oculta muchas veces un romántico. Pero la música de Prokófiev es toda sinceridad: su concepción plástica, sus planos cortados, sus líneas escuetas como aristas de prismas perfectos sirven un pensamiento creador audaz y hasta temerario.

Crítica

En 1930 actuó en La Habana, invitado por la Sociedad Pro-Arte Musical; sobre sus presentaciones expresó María Muñoz de Quevedo:

No es frecuente encontrar ejemplos en la música contemporánea de personalidades tan bien definidas como la de Prokófiev.

De esta última etapa son algunas de sus obras más conocidas, entre ellas el ballet Romeo y Julieta, la ópera Guerra y paz y la famosa Pedro y el lobo, para narrador y diversos instrumentos, en la que, a través de un cuento, muestra cómo suenan los distintos instrumentos de la orquesta.

Su música

La música de Prokófiev suele ser muy rítmica, de sonidos ásperos y bastante difíciles de interpretar. Compuso numerosas obras orquestales, como las siete Sinfonías o la cantata Alejandro Nevski (que es la banda sonora de una película del director soviético Serguéi Eisenstein).

También compuso cinco conciertos para piano y orquesta. Uno de ellos lo escribió exclusivamente para la mano izquierda, y estaba dedicado a un pianista que se había quedado manco.

El propio Prokófiev fue un gran pianista, y compuso muchas obras para este instrumento, entre ellas nueve sonatas. También le gustaba componer piezas cortas y agruparlas en colecciones, a las que ponía nombres curiosos, como Visiones fugitivas, Sarcasmos o Los cuentos de la abuela.

La música de Prokófiev puede despertar entusiasmo o repulsiones (o lo uno y lo otro), pero nunca pretende engañar fingiendo expresiones que no responden a su contenido: virtud extremadamente rara. Prokófiev fue también un pianista notable; su técnica se adaptaba a las composiciones y nunca pretendió ser otra cosa que un vehículo de estas.

Pero el pianista que fue capaz de tocar Cuadros de una exposición (de Modest Mussorgsky) con la precisión, claridad, dinamismo y colorido con que él lo hizo demuestra que cuando quería podía abordar las obras del virtuosismo tradicional. Prokófiev no las tocaba porque no se presentó como pianista sino como compositor.

Cualidades de la música de Prokófiev

Si se quisiera bosquejarla a grandes rasgos, habría que enumerarla así:

  • Profundidad y concentración
  • Sin medios tonos ni sombras
  • Música pura tejida con temas breves y acusados
  • Ritmos incisivos, llenos de vigor
  • Marcada tendencia mecánica y constructivista
  • Espontaneidad y lirismo
  • Ternura ingenua y fantástica
  • Apego a los bocetos de juventud, incorporando en ellos nuevas técnicas y nuevas experiencias (Sonatas para piano, especialmente la tercera y la cuarta, que llevan la indicación siguiente:
    • D’apres les vieux cahiers,
    • Chout, op. 21 (empezada en 1915 y reorquestada en 1920),
    • El jugador, op. 24 (compuesta en 1916 y modificada en 1927),
    • Sinfonietta (1909-1929).
  • Humorismo con tendencia satírica, a veces grotescas.
    • El amor de las tres naranjas,
    • Cuatro danzas, op. 12.
  • Sequedad y dureza de las armonías hasta límites feroces
    • Sarcasmos.
  • Empleo sistemático de la disonancia y de la politonalidad como cualidades inherentes a su propio lenguaje
  • Concepción objetiva de la música, nutrida de su propia sustancia sonora, cuyo fin está en sí misma y que desdeña todo propósito sentimental.
    • Chose en soi, op. 45.

Aunque Prokófiev ha mostrado estas características en sus primeras obras y las mantiene en las últimas producciones, nadie puede predecir qué línea definitiva seguirá el compositor; sin embargo, a través de sus obras podemos observar que esta toma una marcada tendencia diatónica a medida que avanza su número de composición, que sus melodías adquieren contornos más precisos y destacados, siempre dentro de esa modalidad abstrusa y en cierto modo geométrica que forma su estilo.

Notas

  1. Serguéi Prokófiev no era ucraniano sino ruso porque en aquel momento, Donetsk (su pueblo natal) no formaba parte de Ucrania.

Fuentes