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Vicente Rojo Almazán

Vicente Rojo Almazán
Información  sobre la plantilla
Vicente Rojo Almazán.jpg
Datos personales
Nacimiento15 de marzo de 1932
Barcelona, Bandera de España España
Datos artísticos
ÁreaEscultor y Pintor
EducaciónEscuela Elemental del Trabajo en España

Vicente Rojo Almazán:Pintor y escultor mexicano, aunque nacido en Barcelona, España, ciudad en la que hizo sus primeros estudios de escultura y cerámica.

Referencia biográfica

Este gran artista, catalán de origen y mexicano por adopción, nació el 15 de marzo de 1932, en Barcelona, España; donde estudió dibujo, cerámica y escultura en la Escuela Elemental del Trabajo.

En España hace sus primeros estudios de dibujo, cerámica y escultura en 1946 en la Escuela Elemental del Trabajo.

En 1949 llegó a México a petición de su padre, quien ya tenía 10 años de vivir en este país como refugiado político desde el fin de la Guerra Civil Española, ya que un tío de Vicente fue el jefe de las tropas de la Segunda República Española, quienes se opusieron al golpe de estado del General Franco. Y pronto se empezó a involucrar con los grandes exponentes del arte que estaban en su apogeo en México.

Vicente Rojo es sobrino del General Rojo, el más acreditado jefe de las tropas de la Segunda República Española que se opusieron al golpe de estado protagonizado por el General Franco.

Vida y Obra

A partir de 1953 colaboró en el diseño de la revista Artes de México. Trabajó en el suplemento México en la Cultura de la oficina de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes; asimismo colabora con la Revista de la Universidad de la Universidad Nacional Autónoma de México y la revista La cultura en México (1962-1974) de la Revista Siempre!. Obtenida la nacionalidad mexicana, estudia pintura en la escuela de arte La Esmeralda y realiza durante estos más de cuarenta años una amplia obra en pintura, diseño gráfico y en fechas más recientes escultura. Exponiendo en numerosas ocasiones en México y en el extranjero a partir de 1958. En 1991 es galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes, y el Premio México de Diseño, habiendo participado en el diseño gráfico de diversas publicaciones culturales como la Revista de Bellas Artes, la Revista de la Universidad, UNAM, Plural, México en el Arte y el periódico La Jornada, entre otros.

Cofundador en 1960 de la Editorial Era, de la cual forma parte en el consejo editorial y como director de arte. Miembro de la llamada Generación de la Ruptura, es una figura importante y destacada dentro de las artes estéticas de este país y su figura es altamente respetada por colegas y círculos intelectuales en general, siendo considerado uno de los artistas más importantes del abstraccionismo en México. El 16 de noviembre de 1994, fue elegido miembro de El Colegio Nacional, su discurso de ingreso fue “Los sueños compartidos”, el cual fue contestado por Manuel Peimbert Sierra.

Su carrera Artística

A lo largo de su carrera, Vicente Rojo ha llevado a cabo numerosas exposiciones individuales y ha participado en incontables muestras colectivas en todo el mundo. Su pintura se agrupa en cinco series principales: Señales, en la cual trabaja con formas geométricas básicas; Negaciones, surgida de su intención de que cada cuadro negara al anterior y al que le seguiría; Recuerdos, nacida de su intento de abandonar una infancia difícil; México bajo la lluvia, concebida un día que vio llover en Tonantzintla, y Escenarios, compuesta de miniseries y que es un repaso de sus temas anteriores y una suma de los mismos. A partir de 1980 comenzó a alternar la pintura con la escultura, en un intento por enriquecer su trabajo, en cuyo centro alienta la intención de reflejar, “como en un juego de espejos, dos soledades, la del creador y la del posible espectador”.

Su obra se ha mostrado en exposiciones colectivas: En el Museo Universitario de Ciencias y Arte (México, 1973), en la Universidad de Texas (Austin, 1978), en el Museo de Arte Moderno (México, 1981 y 1996), en la Biblioteca Nacional (Madrid, 1985), en el Museo de Arte Carrillo Gil (México, 1990), en el Klingspor Museum(Francfort, 1992), en el Museo Casa de la Moneda (Madrid, 1996), en el Museo Nacional Reina Sofía (Madrid, 1997), en la Tecla Sala (Barcelona, 1997), en el Círculo de Bellas Artes (Madrid, 1997) yen el Museo José Luis Cuevas (México, 1998 y 2001), entre otros.

Le han sido otorgados el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio México de Diseño, y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes (España). En 1992 la Asociación Internacional Icograda le otorgó el premio de Excelencia en Diseño Gráfico, y en 1993 fue designado Creador Emérito por el Sistema Nacional de Creadores de Arte. En 1998 la UNAM le otorgó el doctorado Honoris Causa.

Entre otros muchos reconocimientos, en 1991 fue galardonado con el Premio Nacional de Arte y el Premio México de Diseño por haber participado en el diseño gráfico de importantes publicaciones culturales como la Revista de Bellas Artes, la Revista de la Universidad, México en el Arte y el periódico La Jornada.

Vicente Rojo es miembro de El Colegio Nacional desde el 16 de noviembre de 1994. “Los sueños compartidos”, su discurso de ingreso, fue contestado por el doctor Manuel Peimbert Sierra.

Fuera de México ha mostrado su obra en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1985; el Klingspor Museum, Frankfurt, Alemania, en 1992; en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid en 1997 y en el Círculo de Bellas Artes, en España (1997).

Publicación sobre el artista

Vicente Roja desde el Mirador

Aunque es una persona modesta y a, Rojo posee una capacidad para mirar las cosas desde lo alto. Deslumbrado a su llegada por la luz del valle de México, tan celebrada por Humboldt, y acaso sin saberlo entonces, Rojo volvía sobre los pasos del explorador que privilegiaba las “vistas altas” en sus estudios naturalistas, vistas que lograba desde los picos de los volcanes. Humboldt consideraba que situarse en lo alto era la clave de todo conocimiento. Vicente Rojo, a propósito de aquella foto en Teotihuacán, apunta que su formación cultural comenzaba entonces como la de “un joven mexicano ávido de aprender”. Sucede comúnmente entre los inmigrantes que, para adaptarse a un nuevo medio, y dadas las dificultades que impone el comenzar “desde abajo”, buscan situarse en una meseta espiritual. Entre los exiliados españoles, mesetas así eran, entre otras, las revistas y las mesas de café. Vicente Rojo halló en la pintura un mirador.

Si algunos de sus primeros cuadros son paisajes urbanos que captan alturas, ya sea la azotea de Vecindad, 1952, o los techos en Estudio (París), 1954, la verdadera visión desde la altura le habría llegado a principios de los años cincuenta en el valle de Cholula, cuando Rojo contempló la lluvia desde la loma de Tonantzintla: “estaba formada por dos cortinas de agua que caían separadas, cada una a un extremo del inmenso valle. Era una imagen poderosa y al mismo tiempo delicada, visión insólita que me persiguió durante muchos años.” Este fue el abismado origen de la serie México bajo la lluvia. Intuyo que Rojo tuvo en Tonantzintla por primera vez una visión completa de México.

En varias de sus series pictóricas ha perseguido y logrado esa visión. Está en algunas de sus Pirámides, y en algunos de sus Escenarios, Códices, Volcanes y Cráteres. Nutrido con la porfía de ir más y más allá, su trabajo serial indaga en formas y bloques dentro de planos cuadrados, afianzándose por lo general en el concretismo y en el arte matérico. Si vivió una suerte de epifanía en el paisaje cholulteca, Rojo se desprende del paisajismo pictórico nada menos que tocándolo, valga la contradicción: no sublima el paisaje sino que lo amasa; su México es para las manos. Como en ciertos momentos del paisajismo de José María Velasco, las pirámides y los volcanes son, en algunas de las esculturas y cuadros de Rojo, más que análogos, consustanciales. La dignificación de la ruina parece predecir una erupción.

Quisiera señalar una obra única, en que considero que Rojo ha asentado y ofrecido como legado esa visión completa de México: País de volcanes, 2003, la fuente escultórica de piedra roja que se halla en la Plaza Juárez, frente al acceso del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Se trata de una fuente cuya avenida de agua desciende suavemente de lo alto por una cañada inclinada, ondulada en su lecho como tallador de lavado, que desemboca en un espejo de agua medianamente alto que a su vez desagua en un gran depósito no muy profundo donde se alinean centenares de cuerpos piramidales de tamaño uniforme cuyas cumbres despuntan sobre el ras del agua. Este depósito está ligeramente debajo del nivel del piso de la plaza, por lo que el paseante aprehende de inmediato la “vista alta” de una geografía volcánica pero también hecha de pirámides e historia. Las diagonales recortadas por la plétora de cuerpos piramidales, tanto en su coordenada vertical como horizontal, no dejan de evocar los cuadros de México bajo la lluvia, conformados también por ritmos diagonales establecidos en ristras de pequeños triángulos. La cañada del agua en plano inclinado, que juega a ser cascada o lluvia en diagonal, fortalece la impronta de quien fue el muchacho que miró llover cortinas en Tonantzintla. La visión desde lo alto, reivindicada por los románticos y que caracteriza ciertamente el paisajismo en la pintura mexicana del siglo XIX, no fue adoptada en su época solo como perspectiva geográfica y geopolítica (desde luego que los pintores naturalistas europeos, que tanto exploraron las vistas altas de México, hacían levantamientos de relieve y recursos de acuerdo a intereses estratégicos de sus naciones de origen), sino también militar. Ni el paisaje pictórico era solo arte, ni el mapa ha sido jamás puro conocimiento geográfico.

Los miradores en los caminos y en las cimas, que hoy son pasables atractivos turísticos en edificios o a la vera de las carreteras sobre bosques y valles, fueron originalmente concebidos, en el paisaje campestre o urbano, como construcciones militares. Y traigo esto a cuento por una razón histórica y familiar: Vicente Rojo es sobrino del general Vicente Rojo Lluch (1894-1996), quien fue jefe del Estado Mayor Central de la Fuerzas Armadas de la República española y jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra durante la Guerra Civil, nada menos que el principal rival militar de Francisco Franco. Nuestro pintor, quien se ha referido siempre a su tío con absoluta admiración, padeció en su infancia barcelonesa penurias por ser pariente cercano de uno de los grandes derrotados de la guerra. Al arribar a México –Vicente lo ha dicho y lo ha pintado de todas formas–, halló por fin su libertad, que ha ejercido con vistas altas y manos empeñosas.

Si de niño Vicente Rojo Almazán vivió los bombardeos de la aviación fascista sobre Barcelona, y ancla ahí otra versión de su visión desde lo alto, aunque con terrible lluvia mortífera –por ejemplo en Paseo de San Juan (Vuelo nocturno 1), 1989, cuadro referido a esa experiencia, con el candor perdido del niño que no tenía juguetes pero escuchaba avioncitos surcar el cielo–, las vistas altas que ha conocido y desarrollado en México, en todos los planos de su actividad como artista, como diseñador gráfico, como editor y formador de editores gráficos, surgen de una posición ética y estratégica que seguramente le deben algo a la figura consanguínea y trágica del general Rojo, comandante de los republicanos en la prolongadísima batalla del Ebro, la definitiva de la guerra española. La visión del general desde las lomas sobre el valle del Ebro y la visión de su sobrino desde la loma de Tonantzintla se tocan. El pintor la toca cada día sobre el pliego en la mesa de trabajo o el lienzo tendido sobre el suelo. Pienso en el nombre Vicente Rojo, y acude un término: lealtad. Un leal del país que atisbó entre la lluvia.

En Resumen sobre: Almazán

Pintor y grabador español, exiliado y nacionalizado mexicano. Destaca tanto por la obra pictórica, como por la gráfica que maneja en todas sus posibilidades. Su obra se sitúa dentro del grupo de los ópticos mexicanos. Nacido en Barcelona en 1932, realizó estudios de escultura en la Escuela Elemental del Trabajo. En 1949 llega a México e inicia estudios en la Escuela de Pintura y Escultura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en el taller de A. Souto, compaginando su vocación artística con el trabajo editorial. A lo largo de su vida fundó y dirigió varias revistas: Artes, México en la Cultura, La Cultura en México. Su nombre ha alcanzado gran fama en el diseño gráfico para las revistas Plural, Artes Visuales y Discos Visuales. Sobre cualquier soporte y técnica la obra de Rojo posee un indudable interés, pero en la especialidad gráfica es un virtuoso en todos sus dominios: aguafuertes, aguatintas, litografías, serigrafías y collages. Pintura y obra gráfica discurren en paralelo, siendo no obstante lo mismo. Evoluciona desde una opción expresionista al geometrismo de círculos, cuadrados, hexágonos con una visión frontal. Como pintor hay que destacar sus series: Señales, Negaciones y México bajo la lluvia.

Este gran artista ha contribuido a la cultura mexicana como artista plástico, pintor, escultor, diseñador gráfico y promotor cultural. En 1960, fue cofundador de la Editorial Era, de la que aún continúa siendo miembro del consejo editorial y director artístico. Ha colaborado, además, en la fundación de editoriales, suplementos culturales y otras publicaciones.

Influyó de manera muy importante al colaborar en la oficina de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Revista de la Universidad de México y el suplemento La Cultura en México de la Revista Siempre.

Rojo pertenece al grupo de artistas denominados de ruptura, que rompió con la tradición de los grandes muralistas (Siqueiros, Orozco y Rivera), fue una figura muy importante para el desarrollo de las artes estéticas del país, participando en los círculos y aunque él considera que es más bien de continuidad; renovador de la forma y del color, hace variantes de un mismo tema y logra que toda su obra sea igual al mismo tiempo que diferente; como editor contribuyó a la calidad de la industria editorial mexicana y creó con sus discípulos la más original generación de diseñadores.

Vicente Rojo explica su pasión por contribuir con México desde que arribó en 1949. "Cuando yo llegué a México, lo que más me deslumbró fue su luz, su sol y su aire de libertad, yo tenía apenas 17 años cuando llegué y venía arrastrando toda la oscuridad y la crueldad que una guerra civil encarna, así que desde el primer momento en que pisé México me enamoró y lo sigue haciendo hasta ahora."

Fuentes