Fruto

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Fruto
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Reino:Plantae
Hábitat:Natural
Fruto. Es el órgano procedente de la flor, o de partes de ella, que contiene a las semillas hasta que estas maduran y luego contribuye a diseminarlas.

Contenido

Generalidades

El fruto es otra de las adaptaciones, conjuntamente con las flores, que ha contribuido al éxito evolutivo de las angiospermas. Así como las flores atraen insectos para que transporten polen, también muchos frutos tratan de atraer animales para que dispersen sus semillas.

Si un animal come un fruto, muchas de las semillas que éste contiene recorren el tracto digestivo del animal sin sufrir daño, para después caer en un lugar idóneo para su germinación. Sin embargo, no todos los frutos dependen de ser comestibles para dispersarse.

Otros, como los abrojos, se dispersan aferrándose al pelaje de los animales. Algunos forman estructuras aladas para poder dispersarse con el viento, como los arces. La variedad de tipos de frutos que han desarrollado las angiospermas a través de su evolución les ha permitido invadir y conquistar todos los hábitats terrestres posibles.

En las plantas gimnospermas y plantas sin flores no hay verdaderos frutos, aunque a ciertas estructuras reproductivas como los conos de los pinos, comúnmente se les tome por frutos. Muchas plantas se cultivan porque dan ciertos frutos comestibles y a menudo fragantes, sabrosos y jugosos llamadas frutas.

Formación del fruto

Origen del fruto
Origen del fruto
Cuando el ovario es súpero normalmente es solo éste el que participa en la formación del fruto. Sin embargo, cuando es ínfero, suele haber otras estructuras florales que se desarrollan conjuntamente con el ovario y forman parte del fruto.

En el caso de los frutos derivados de un ovario ínfero, la porción extracarpelar recibe el nombre de clamidocarpo.

Una vez fecundada la flor, en el interior del ovario, el óvulo se convierte en semilla, mientras que los carpelos u hojas modificadas que forman el gineceo van transformándose para dar origen al fruto.

Cuando éste madura, el producto de estas modificaciones se denomina pericarpio.

A veces, otras piezas florales sufren cambios para integrar el fruto, como el receptáculo, las brácteas o los tubos florales.

Si se observa desde adentro hacia fuera el corte longitudinal de cualquier fruto carnoso muestra, en la parte más profunda, la semilla que contiene el embrión, rodeada del pericarpio, que consta de tres capas: endocarpio, que envuelve la semilla y es conocido como hueso o carozo; mesocarpio o pulpa, y epicarpio o cáscara.

Partes del fruto

En sentido estricto, el pericarpo es la pared del ovario que queda trás la fecundación; en sentido amplio puede abarcar también los tejidos extracarpelares asociados. Para salvar esa diferencia Katherine Esau acuñó la expresión «pared del fruto».

Con sentido descriptivo, y sin relación con la ontogenia, la pared del fruto comprende tres capas: exocarpo, mesocarpo y endocarpo. El exocarpo o epicarpo es la parte externa del fruto; corresponde a la cara abaxial del carpelo y comprende la epidermis solamente, o la epidermis y los tejidos subyacentes.

La superficie del Exocarpo puede tener aspectos muy distintos. Puede ser lisa como en el morrón o pimiento (Capsicum annuum) o la cereza (Prunus avium); Pruinosa (con ceras) como en la uva (Vitis vinifera) y la ciruela (Prunus domestica) o pubescente como en el durazno (Prunus persica).

En los frutos con dispersión zoocora se pueden desarrollar pelos ganchudos o una cubierta pegajosa, como los pelos o espinas con forma de gancho de Desmodium y Melilotus y las espinas del chamico (Datura ferox).

El mesocarpo es la parte media y corresponde al parénquima del mesófilo del carpelo. Puede ser delgado y seco como en el caso del maíz (Zea mays), o abundante y carnoso como en el durazno o la berenjena (Solanum melongena). En este último caso, el gran desarrollo que alcanza el mesocarpo se debe a la multiplicación de las células parenquimáticas del mesófilo del carpelo.

La clorofila, los ácidos orgánicos (ácido málico, oxálico, cítrico) y otras sustancias —como los taninos— que son abundantes al inicio del desarrollo del fruto, van siendo paulatinamente reemplazadas por azúcares (glucosa, levulosa), antocianinas, vitaminas, esencias y, en ciertos casos, almidón. Tales cambios originan frutos de colores vistosos y de sabores generalmente gratos.

El endocarpo es la capa interna y corresponde a la superficie adaxial del carpelo. Rodea directamente a las semillas, sirve a menudo para la protección de éstas, y en algunos casos puede ser muy dura y de consistencia pétrea formando el llamado hueso (pireno) en los frutos de tipo drupa. También puede ser carnoso como en la uva, apergaminado como en las vainas de las arvejas (Pisum), pétreo como en la aceituna (Olea europaea) o con pelos jugosos como en los frutos cítricos.

En algunas especies, tales como los algarrobos (Prosopis), las células del endocarpo producen una pulpa suculenta que rodea las semillas.

La consistencia de la pared del fruto permite categorizar a los frutos en dos grupos básicos: los frutos secos y los carnosos. Los frutos secos son aquellos cuyo pericarpo está formado a la madurez por células muertas y tiene un aspecto mas o menos seco. Pueden ser indehiscentes o dehiscentes, con una sola semilla (unispermados) o con varias semillas.

En el caso de los frutos indehiscentes los tegumentos del óvulo en su mayor parte desaparecen o se funden con el pericarpo. Los frutos carnosos, en cambio, se conservan suculentos hasta la madurez debido al desarrollo de una o más capas del pericarpo o de estructuras extracarpelares, y presentan células que se mantienen vivas. Son filogenéticamente más nuevos. Pueden tener una cáscara (histológicamente diferenciada) como es el caso de la naranja, o no tenerla, como en el tomate.

Formas de dispersión del fruto

Los frutos presentan diferentes estrategias de dispersión. Una de ellas, en el caso de los frutos anemocoros, es aprovechar al viento. Estos frutos suelen ser ligeros y tener estructuras como alas o pelos que les faciliten poder ser llevados por el viento (ejemplo, el fruto del arce).

Otra estrategia, utilizada por los frutos zoocoros, es aprovechar a los animales. Estos pueden dispersar a los frutos de dos modos diferentes. El primero de ellos es sujetándose o enganchándose a las plumas o a los pelos (son los denominados frutos epizoocoros) mediante ganchos o pelos que les facilitan la adherencia al animal; por ejemplo, los arrancamoños (Xanthium). En el segundo modo, los animales comen los frutos (frutos endozoocoros) y con los jugos del aparato digestivo deshacen las cubiertas y expulsan junto con las heces a las semillas listas para germinar. Para atraer a los animales, estos frutos suelen tener colores llamativos, ser carnosos y jugosos.

Algunos frutos de plantas ligadas a hábitats acuáticos se dispersan gracias al agua, como el coco. Son los denominados frutos hidrocoros. Finalmente, otros frutos, denominados frutos autocoros, tienen mecanismos para abrirse y expulsar las semillas, por ejemplo las legumbres.

Existen especies, denominadas «policoras», cuyos frutos son dispersados por más de un agente o vector. También se han descrito algunos casos en los que la planta presenta diversos tipos de frutos (condición denominada «heterocarpia»), como ocurre en los capítulos de algunas compuestas donde se presentan cipselas con distinta morfología, o con presencia o ausencia de vilano, permitiendo de ese modo una dispersión más flexible y eficiente.

Tipos de frutos según la morfología

Por la morfología los frutos pueden clasificarse en carnosos o secos.Los carnosos pueden subdividirse en carnosos verdaderos o falsos; y los secos en dehiscentes o indehiscentes.

Los frutos carnosos tienen pericarpio de consistencia blanda, rico en jugos. Los carnosos verdaderos están formados por el engrosamiento del ovario. Se los distingue como drupas y bayas.

En una drupa, el epicarpio es una membrana delgada, el mesocarpio es carnoso y el endocarpio, duro. Pertenecen a este tipo la cereza, el durazno, la aceituna, la nuez y la almendra, entre otras. La baya es semejante a la drupa, pero sin endocarpio leñoso; son bayas la uva, el tomate y la berenjena, entre otras.

Los frutos carnosos tienen el pericarpio rico en jugos, por lo general azucarados, sabrosos y nutritivos. Este grupo comprende dos subgrupos: los carnosos verdaderos, que se forman por el engrosamiento del ovario solamente, y los carnosos falsos, que además del ovario poseen otras partes de la flor modificadas. En este tipo de frutos está incluida la mayoría de los comestibles.

El hesperidio es una variación de la baya. Es típico de las plantas cítricas. En este fruto el epicarpio es glanduloso y de color amarillento o anaranjado cuando el fruto está maduro; el mesocarpio es blanco y esponjoso, y el endocarpio, la parte comestible, posee pelos jugosos. Son cítricos la naranja, el limón, la mandarina, la lima y la toronja.

Frutos carnosos falsos son los que se forman no sólo por engrosamiento del ovario, sino también de otras partes de la flor. El pomo es un fruto constituido por el engrosamiento del receptáculo que sostiene a la flor. Dentro de él está el ovario, que se transforma en el corazón y contiene las semillas. La manzana y la pera son los pomos más conocidos.Los frutos secos son los que tienen el pericarpio leñoso o membranoso y con escaso contenido de agua.

Éstos pueden ser cápsulas (dehiscentes) o aquenios (indehiscentes). Reciben el nombre de dehiscentes los que al madurar se abren solos y deja salir las semillas. Las legumbres son frutos típicos de las leguminosas, entre las que se destacan las habas y las arvejas. La silicua es un fruto de forma semejante a la legumbre, pero dividido en dos partes por una delgada lámina que lleva las semillas adheridas.

Asumen esta forma el fruto del repollo y la colza. Las cápsulas están provistas de pequeños orificios que dejan salir las semillas.Los frutos secos son aquéllos que tienen el pericarpio leñoso o membranoso, casi desprovisto de agua. Algunos se abren a la madurez (dehiscentes) y otros quedan cerrados (indehiscentes).

Es el caso de la cebolla y el pensamiento. A veces el fruto se abre en gajos, como en la amapola, el lirio y la violeta.

Los frutos secos indehiscentes son los que no se abren espontáneamente a la madurez. El aquenio posee una semilla que está separada del pericarpio, como en el fruto de la sanguinaria y el cebollón. En el cariopse, el pericarpio está adherido a la semilla: es el caso de la mayoría de las gramíneas, como el trigo y el arroz. La sámara es un aquenio provisto de alas membranosas que facilitan su dispersión, como el fruto del arce o el del fresno. El fruto nuez tiene una capa externa lechosa cubierta por una envoltura, como se observa en la Avellana.

Conviene hacer notar que la nuez del nogal es en realidad una drupa (fruto carnoso), no un fruto seco. La chispéela tiene una sola semilla y es típica de las plantas compuestas, como el girasol y los crisantemos. El esquizocarpo, fruto de las umbelíferas como la zanahoria, tiene varias semillas. A su madurez se fragmenta en trozos uniseminados.

Germinación

Para que la germinación ocurra es necesario que ciertos factores, como temperatura, humedad y maduración de la semilla sean los adecuados para la especie.

En el proceso de la germinación las sustancias de reserva que se hallan dentro de la semilla se consumen para dar paso al crecimiento del embrión. Lo primero que sale es la radícula, que dará origen a la raíz primaria de la planta. Luego surgen el tallo y los cotiledones.

Cuando la plántula ha agotado las reservas almacenadas en la semilla comienza a nutrirse de los minerales del suelo.

Fuentes