Jesús Menéndez Larrondo Conocido como El General de las Cañas, fue un arduo defensor de la clase obrera azucarera, gracias a él se logró, el diferencial azucarero y otras muchas reformas en este sector.
Síntesis biográfica
Primeros años
Nació el 14 de diciembre de 1911 en una pequeña finca en el centro de la isla, un minúsculo sitio llamado La Palma, cerca de Encrucijada, en la hoy provincia de Villa Clara. Dentro de una familia campesina de otros nueve hermanos varones y una hembra. Sus canciones de cuna fueron tonadas Mambisas; sus cuentos infantiles, los relatos del abuelo Doroteo quien se llevo para la manigua esposa e hijos; uno de estos, Carlos, el padre de Jesús, se enroló aún adolescente en la tropa de Antonio Maceo, se fue a Occidente cuando la Invasión y regresó con los grados de capitán.
Jesús a penas aprendió en la escuela las primeras letras y la tabla de multiplicar. Según su hermano Bartolomé, “fue un niño despierto”. Aunque no podía asistir regularmente a la escuela, tenía que ganarse el sustento limpiando zapatos, vendiendo pollos y viandas del sitio del abuelo, participaba en los actos patrióticos que se efectuaban en Encrucijada…Tenia afición por la historia de Cuba, la historia de la revolución francesa y la literatura revolucionaria de la época.
Empezó temprano a buscarse la vida: como machetero, escogedor de tabaco, purgador de azúcar.
“Éramos muchos en la casa para que alcanzaran el pan para todos - confesó el líder de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA) una vez-,- el hambre entre tantos, suma una cifra: desesperación. Y me fui un buen día a vender mi fuerza de trabajo (…) Creo que si me corto las venas, corre por mi sangre un río de guarapo amargo."
Trayectoria revolucionaria
Con sólo 18 años, en 1929, se inició en las luchas sindicales en el central Constancia (hoy Abel Santamaría). Ingresó en el primer Partido Comunista de Cuba en 1931 y adoptó el seudónimo de Junio. Dirigente de base, fue llevado por los trabajadores en 1941 hasta el más alto cargo: Secretario General de la Federación Nacional de Obreros Azucareros (FNOA), que por iniciativa del propio Menéndez se convirtió en FNTA al incluir a los empleados y técnicos de todas la ramas de la industria. No sólo era líder, sino también el educador de toda una generación de dirigentes obreros.
Cuentan que, en cierta ocasión el secretario general del sindicato de una central, tras obtener mejoras salariales para los proletarios, fue sancionado en represalia por la patronal. Ante esta situación, fue a ver a Menéndez en busca de apoyo. Él le dio su opinión tras escucharlo pacientemente.
“Vienes a verme en lugar de convencer a los trabajadores para los que hiciste la reclamación. Ellos tienen que luchar por sus derechos, tienen que imponer tu reposición. Debes convencerlos de que allí tienen que llegar hasta el paro de la fábrica si no te reponen de inmediato.
El dirigente de base regresó al central y citó a los obreros para una asamblea, la cual acordó ir a la huelga si no lo reponían dentro de un plazo fijado. La patronal dejó sin efecto el desplazamiento.
Durante el mandato de Jesús Menéndez como máximo dirigente de la FNTA, los trabajadores del sector lograron hacer realidad alguna de sus demandas históricas más anheladas: el primer convenio colectivo de trabajo, la creación de retiro azucarero, el Decreto 117 sobre el régimen salarial que estableció aumentos de sueldos de un 32%, la participación obrera en las negociaciones de zafra, el Decreto sobre la higienización de los bateyes en los centrales azucareros, la creación de una clínica nacional azucarera (frustrada después del asesinato de Menéndez) y la clausura de garantía que viabilizó el pago del diferencial azucarero.
Jesús resultó electo representante a la Cámara en dos ocasiones: 1940 y 1946. Como parlamentario, solo podía ser detenido por acuerdo del congreso.
Muerte
Dicen los viejos obreros del azúcar que la orden de matar a
Jesús Menéndez había sido impartida mucho antes del
10 de diciembre de
1947, cuando declaró al periódico, “Hoy”:
"No comenzaremos la zafra si no nos ponen el diferencial en la punta de la mocha".
En
Sagua la Grande, sólo la presencia de jefe de la policía de esa ciudad, al lado del líder sindical, frustró el atentado.
Luego, en
Cruces, un capitán de la
Guardia Rural, en tono conciliatorio, sugirió que la concentración obrera no se hiciera en la vía pública sino en un local del sindicato. Cuando ese mismo militar ordeno el traslado a
Santa Clara de Bartolomé, el hermano de Jesús, detenido en Palmira, le confesó al dirigente de los azucareros:
"Aquí yo no lo dejo libre" y añadió en voz baja: "Esto está malo".
El central Senado (hoy Noel Fernández) estaba paralizado por una huelga de sus trabajadores. Al dueño le avisaron de una posible agresión allí a Menéndez.
"No consiento que le suceda algo -advirtió el hacendado-, el vino aquí de acuerdo conmigo."
En la mañana del
20 de enero de
1948, Jesús salió para
Santiago de Cuba. Tuvo, en la ciudad de
Maceo, una reunión con el ejecutivo de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA). Dos días más tarde, partió para
Bayamo. En el central Mabay (hoy Arquímedes Colina), el ejército intimidaba a los obreros para que abandonaran el paro. Junto con el entonces alcalde de la Ciudad Monumento, el ortodoxo Beto Saumell, quien quería resolver el conflicto, se entrevistó en el ingenio con el administrador.
"Menéndez no estaba armado, vestía una guayabera blanca y se le hubiera visto el arma", confesó Saumell años después.
El alcalde regresó su ciudad mientras el dirigente sindical continuó hacia
Bartolomé Masó. Entretanto, Castillas Lumpuy, "el capitán del odio", como lo bautizara el poeta
Nicolás Guillén, viajó hacia Mabay, pero cuando llegó, Menéndez ya se había marchado. El sicario tomó nuevamente el tren y en la estación de
Yara se topó con el líder azucarero y el también parlamentario
Paquito Rosales. Conversaron en tono mesurado y cuando el tren llegaba a
Manzanillo, el militar conmino a Jesús:
“Tiene que acompañarme al cuartel.”
Este respondió:
"Parece que usted no se da cuenta de que soy representante a la cámara y que no puedo ser detenido".
Faltaban unos minutos para las 8.30 de la noche. El sicario quiso sujetarlo por el brazo pero Menéndez se zafó.
"Lo siento capitán, pero ya le dije que no puedo acompañarle."
Caminó unos pasos por el andén. El criminal se recostó en la escalerilla, sacó su pistola y disparó.
"Te dije que ibas vivo o muerto, Menéndez", vociferaba.
El líder sindical recibió los impactos por la espalda. Cayó al suelo. El capitán del odio siguió disparando.
Dos anécdotas
Cuentan también que a la hija de un militante comunista le diagnosticaron una grave enfermedad. Los médicos le comunicaron al padre que sólo un antibiótico novedoso, que aún no estaba en el mercado, podía salvar a la niña. Jesús fue localizado en las oficinas de la FNTA, en
La Habana:
“dile al padre que haré cuantas gestiones haya que realizar para conseguir la medicina. Si no la hay en
Cuba y sí en los
Estados Unidos utilizaré nuestras relaciones con los sindicatos de allá para obtenerla.”
Movió cielo y tierra, pero localizó el antibiótico esa misma noche. Envió a un compañero vía aérea a
Santa Clara para llevárselo a la niña. La enferma sanó y pudo ver, años después, el
Triunfo de la Revolución en
1959 y participar activamente en la construcción de la nueva sociedad.
Solía relatar Jacinto Torras, su compañero de luchas, que Menéndez siempre estaba alerta ante las reacciones del enemigo. Cuando se discutía la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano, devino líder de la representación cubana y fue el factor clave para llegar a un acuerdo en las negociaciones. Al concluir estas, el Secretario de la Agricultura de los Estados Unidos, al hacer uso de la palabra, se deshizo en elogios para los cubanos. Ante tantas alabanzas del yanqui, Menéndez, muy preocupado, le susurró a Torras:
“¿Habremos metido la pata en algo?”
Vigencia
Blas Roca, Secretario General del primer
Partido Comunista de Cuba de
1934 a
1961, expresó:
“Jesús Menéndez fue ante todo un hombre de partido. Fue un gran líder sindical. Tenía condiciones personales de inteligencia, sagacidad, coraje, decisión y ejecutividad para ello. Sabía convencer y entusiasmar, impulsar y dirigir a las masas”.
En el aniversario 15 de su muerte, el hoy general de ejército
Raúl Castro afirmó:
“Los que mataron a Jesús Menéndez, quisieron matar en él la lucha de los trabajadores, el espíritu de clase de los obreros, su protesta contra la opresión yanqui que ahogaba la Patria, su rebeldía contra unas condiciones de vida que cada día se hacían más intolerables”.
Un año más tarde, el comandante de la revolución
Juan Almeida señaló:
“El ejemplo supremo de fidelidad abnegada a la revolución de Jesús Menéndez y la propaganda revolucionaria dirigida al pueblo que hizo sin descanso a lo largo de su vida, son parte de la siembra cuyos frutos cosechamos con la victoria de la revolución y la construcción del socialismo en nuestra Patria”.
Fuentes