Leyenda de Orfeo y Eurídice

De EcuRed
Leyenda de Orfeo y Eurídice
Información sobre la plantilla
Leyenda
Es originaria de:Mitología griega
Orfeo y Eurídice. Orfeo, héroe de la mitología griega, músico e hijo del dios Apolo, baja a los infiernos para rescatar a su esposa muerta, Eurídice. Orfeo es hijo de Apolo, dios de la música y las artes, y de Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia, de quienes hereda de ellos el don de la música y la poesía. Si Apolo era el mejor músico entre los dioses, Orfeo era el mejor músico entre los mortales. Capaz de apaciguar a los animales y monstruos con su lira, su talento fue vital en aventuras como la de los argonautas, donde con su música desvió la atención de sus compañeros del canto de las sirenas y durmió a la serpiente que nunca dormía.

Contenido

Leyenda

Después de haber vivido todas esas aventuras, Orfeo se refugia en Tracia. Allí conoce a la dríade o ninfa del bosque. Eurídice, se enamora de ella y se casan. Pese a vivir en la corte, Eurídice sigue visitando el bosque y a sus compañeras ninfas.

En una de esas visitas, Eurídice se encuentra con un cazador, que persigue un cervatillo. Eurídice se niega a indicarle el camino por el que ha huido el cervatillo y el cazador se enfurece con ella, revela ser Aristeo, el dios de los cazadores y pide un beso de Eurídice para sentirse menos agraviado. Ella se niega y huye de él. Aristeo la persigue y, en la persecución, Eurídice es mordida por una serpiente. En el palacio, Orfeo se preocupa por la tardanza de su esposa, manda a unos soldados que la busquen y ellos traen su cadáver de vuelta a casa. En las orillas del río Estrimón, Orfeo se lamentaba amargamente por la pérdida de Eurídice. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes y cantó tan lastimeramente, que todas las ninfas y dioses lloraron y le aconsejaron que descendiera al inframundo en busca de Eurídice. Orfeo, inconsolable, no acepta la muerte de su esposa y decide hacer algo al respecto: irá a buscarla al infierno, el Hades, para traerla de vuelta a la vida.

Viaje al Hades

Orfeo bordea el mar Jonio hasta llegar al río Estigia, donde Caronte y su barca esperan para llevar a los muertos al otro lado, es decir, al infierno. Orfeo, que en su viaje sólo lleva su lira, toca el instrumento. Caronte, conmovido por la música, acepta llevar a Orfeo en su barca. Al otro lado está el can Cerberos, un perro de tres cabezas que también sucumbe a la música de la lira de Orfeo.

Finalmente, el héroe llega hasta la reina del infierno, la esposa de Hades, Perséfone. Ella decide permitir a Eurídice que vuelva al mundo de los vivos, pero con una condición: si Orfeo se vuelve a mirar a su esposa antes de salir por completo del inframundo y llegar a la luz del día, Eurídice volverá al Hades, y para siempre.

Orfeo acepta y se reúne con Eurídice. Los dos afrontan su camino de salida del Hades, a través del lago Estigia y después un estrecho pasadizo que los lleva de nuevo a la tierra. Orfeo siente varias veces la tentación de girarse para comprobar si Eurídice le sigue o si Perséfone le ha engañado y quien va detrás de él es un demonio. Sin embargo, resiste, y cuando él ya está fuera del Hades, se gira a mirar a su esposa, pero a ella todavía le faltaba un paso para salir del inframundo y llegar a la luz del sol, y se desvanece ante el desesperado Orfeo.

Orfeo y Eurídice
Orfeo y Eurídice

Final

Solo, desolado, como si dejase en las sombras la mitad de si mismo, Orfeo vuelve a la superficie de la tierra. Ya nada podrá hacerlo sonreír. Su canto se hace triste para siempre, de una tristeza infinita, como si el poeta estuviera sólo esperando el momento de la muerte para volver a ver a su amada.

Dicen que mucho después, tras haber errado por toda Tracia para liberarse de su desesperación, y después de haber fundado su religión, Orfeo perdió la vida de manera extraña. Las Bacantes enamoradas del poeta intentaron seducirlo. Y él, negándose a ellas en nombre del recuerdo de Eurídice, trató de escapar por el bosque. Pero las mujeres tracias lo siguieron y consiguieron atraparlo. Furiosas, le despedazaron las ropas y le rasgaron la carne. Su cabeza, sin embargo, erró por las aguas dejando todavía oír su voz, y donde se posó se erigió un santuario.

Hecho pedazos el cuerpo del poeta, su alma al fin libre pudo partir a los Infiernos. Y allí unido a Eurídice, deambula por las melancólicas praderas y bosquecillos del reino de Plutón, cantando al amor, más y más grande que la muerte.

Fuentes