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Monte Albán

Para otros usos de este término, véase Albán (desambiguación).
Monte Albán
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Monte Albán oxaca.jpg
Ubicación Geográfica:Oaxaca, México
Monte Albán. Sitio arqueológico que se encuentra a 10 km de la ciudad de Oaxaca, al sur de México, y que fuera la capital indígena más importante de la región del Valle de Oaxaca durante el llamado periodo clásico (400–800 ), cuando fue habitada por la cultura zapoteca. Fue nombrado por los zapotecos como “Dani Baá” o Montaña Sagrada y, posteriormente, “Yucucui” o Cerro Verde, por los indígenas mixtecos que la habitaron hacia el siglo XII.

Hacia el año 500 a.n.e. Monte Albán se convirtió en el centro espiritual, comercial y político de la cultura surgida en esta región. Sus terraplenes, diques, canales, pirámides y montículos artificiales fueron literalmente excavados en la montaña y son símbolos de una topografía sagrada. Debido al escenario en que se encuentra y a sus excepcionales monumentos, se piensa que habría argumentos suficientes para considerar Monte Albán el lugar arqueológico más impresionante de Mesoamérica.

La zona arqueológica de Monte Albán fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en 1987, junto al Centro Histórico de Oaxaca, excelente muestra del urbanismo colonial español.

Origen, florecimiento y decadencia

Como sucedió con varias metrópolis prehispánicas, Monte Albán fue habitada por más de una cultura. El origen de los primeros habitantes es motivo de debate, ya que los arqueólogos no han podido precisarlo. Posteriormente, la ciudad fue habitada por los zapotecos y, finalmente, por la cultura mixteca. Además, estudiando la arquitectura, los especialistas encontraron que Monte Albán tuvo contacto con otras culturas, principalmente con los habitantes de la poderosa Teotihuacán, en el centro de México.

Restos arqueológicos indican que el Valle de Oaxaca estuvo ocupado, como mínimo, desde el séptimo milenio a.n.e. La fertilidad de los suelos y el clima relativamente benigno, atrajeron a primitivos grupos humanos procedentes de tierras más al norte. El favorable entorno físico permitió a las primitivas agrupaciones de cazadores-recolectores transformarse progresivamente en comunidades sedentarias organizadas en poblaciones estables, donde desarrollaron sofisticados sistemas de riego y cultivaron maíz, pimientos picantes y calabazas. Este modo de vida estaba ya firmemente establecido en el siglo XIII a.n.e. y su centro se encontraba casi con absoluta seguridad en San Jorge Mogote.

El valle y las colinas de sus alrededores proporcionaban abundante caza, principalmente conejos, ciervos, pécaris o tortugas, especies todas ellas que constituían una parte fundamental de la dieta de sus habitantes. Las arcillas del suelo facilitaban el material para la cerámica y la construcción de casas. Las montañas proporcionaban una inagotable cantera de piedra para levantar y adornar edificios, así como de materiales más exóticos, como la obsidiana utilizada en la fabricación de utensilios o la magnetita empleada en los espejos.

A pesar de la fuerte influencia de la civilización olmeca, ejercida sobre la emergente civilización del Valle como resultado del comercio y las incursiones armadas, Monte Albán fue esencialmente creada por los zapotecas. Con el ocaso de la cultura olmeca, acaecido durante la segunda mitad del primer milenio a.n.e., Monte Albán se convirtió en un centro de poder. Con el ascenso de los imperios Maya y Teotihuacán entre los años 500 a. C. y 200 d. C., se desarrollaron fuertes lazos comerciales y culturales con Monte Albán, mientras que su topografía, rodeada de grandes montañas le aseguró un largo período de coexistencia pacífica con sus vecinos.

Sin embargo, el período de inestabilidad que comenzó con la desaparición del imperio de Teotihuacán, en el siglo séptimo , significó el final de la hegemonía de Monte Albán en el Valle de Oaxaca. El desmoronamiento del estado zapoteca y la consiguiente decadencia de sus grandes centros urbanos, les dejó, en principio, bajo el dominio del vecino pueblo mixteca, para quienes sus urbes pasaron a ser centros de enterramientos, y finalmente, bajo la influencia de los poderosos aztecas del norte. El papel de centro político del Valle pasó entonces a Mitla, situada a unos 40 kilómetros de distancia.

Conquista española

Con la llegada de los conquistadores espaloles en 1521 al mando de Francisco Orozco, la céntrica localización de Monte Albán fue muy apreciada, y los colonizadores establecieron en la cima de la colina un asentamiento al que denominaron Antequera. Once años más tarde aquella población recibió por parte del emperador Carlos V el rango de Ciudad Real, cambiando su nombre por el de Oaxaca, apelativo derivado de la fortaleza construida en ese lugar por los invasores aztecas hacia el año 1486.

Monte Albán

La ciudad antigua se esparce sobre una superficie de 40 kilómetros cuadrados que se reparten entre tres pequeñas colinas, pero el sitio arqueológico se concentra en el centro ceremonial, una plataforma hecha por el hombre que se eleva 400 metros sobre el suelo del Valle. Las investigaciones de campo y las excavaciones exploratorias revelan que los antiguos habitantes vivían en una serie de terrazas que rodeaban las construcciones principales, y se estima que la ciudad tendría unos 30 000 habitantes en su momento de mayor apogeo.

La mayoría de los templos y edificios existentes son pertenecientes a la época en la que la habitaron los zapotecos. Su desarrollo se divide en varias etapas:

  • Monte Albán I (500 a.n.e.-100 a.n.e.): Desde su fundación, el sitio surge como el centro principal de poder político y económico de la región. Durante este período se inició la nivelación de la parte superior del sitio y la plaza central. Este período corresponde a la culminación y decadencia del mundo olmeca.
  • Monte Albán II (100 a.n.e.-250): Sus habitantes continuaron con la nivelación de la plaza; debido a los datos obtenidos de hallazgos arqueológicos, es evidente que tuvieron contacto con grupos mayas de Chiapas y Guatemala, de donde proviene el culto al murciélago. Uno de los edificios más notables de esta época es el conocido como Montículo J, el cual se encuentra en el centro de la plaza mayor.
  • Monte Albán III: Se refiere al periodo Clásico, marcando el apogeo de la cultura del valle, no sólo de la civilización que se asentó en Monte Albán sino que también tiene correspondencia con el desarrollo y apogeo de las culturas mesoamericanas. Este periodo se divide en dos subfases:
    • SubFase1.- Durante la primera (250-650 ) se reciben influencias de Teotihuacán, las cuales se manifiestan en la decoración de edificios, piezas de cerámicas y tumbas.
    • SubFase2.- La segunda es la de mayor florecimiento. Inicia a la caída de Teotihuacán y termina en el año 800 En esta subfase fueron construidos la mayor parte de los edificios que hoy se pueden apreciar, cubriendo a otros de épocas anteriores.
  • Monte Albán IV (800-1325 ): Abarca hasta la caída de los grandes centros urbanos y el surgimiento de señoríos y cacicazgos que poblaron ciudades más pequeñas. La construcción de estructuras monumentales cesó y la población disminuyó.
  • Monte Albán V (1325-1521 ): Es la última fase conocida cuando los mixtecos invadieron el Valle y se asentaron en lugares cercanos como Zaachila y Xoxocotlán. Este último grupo hizo ceremonias y enterramientos en la antigua capital zapoteca.

Construcciones más importantes

  • Gran Plaza: El núcleo central del área ceremonial lo constituye la Gran Plaza, un espacio abierto de 150 por 230 metros para cuya creación fue necesario allanar la cima de la colina. En aquellos puntos en que resultaba excesivamente dificultoso eliminar los afloramientos rocosos, estos se aprovecharon hábilmente para incorporarlos a las estructuras de los edificios.
  • Plataforma Sur: La Gran Plaza está dominada por la Plataforma Sur, una enorme estructura en forma de pirámide trunca a la que se llega a través de un tramo de escalera de unos 40 metros de altura. Como la mayoría de las estructuras de Monte Albán, la Plataforma Sur ha perdido su recubrimiento original de estuco, pero la gran mole maciza da una idea de su imponente aspecto primero.
  • Estelas: Existen en Monte Albán varias estelas que en su superficie contienen textos escritos en forma de jeroglíficos, los cuales no tienen representadas figuras animales ni humanas.

Estas se ubican fuera de los edificios y se cree que tienen una influencia notablemente maya; corresponden primordialmente a un calendario en el cual se logra distinguir la representación de los días, meses o años.

Muchos de los jeroglíficos esculpidos representan números los cuales permiten demostrar que los habitantes de la región ya poseían un gran conocimiento matemático y astronómico del cual se conoce muy poco.

Una de las estelas, la mayor de Monte Albán, mide aproximadamente seis metros de altura y está orientada astronómicamente, alineada perfectamente en dirección norte con la estrella polar.

Una de las estelas que permanece in situ representa a un jaguar cubierto por el tocado de Cocijo, el Dios de la Lluvia, llevando una lanza decorada. A su alrededor se ven glifos zapotecas que todavía no han sido descifrados.

  • Plataforma Norte: Se eleva a su vez sobre una gran plataforma de 200 por 250 metros. Es ligeramente más baja que su equivalente meridional, pero se accede a ella igualmente por un tramo de monumentales escalones. La escalinata queda flanqueada a cada lado por una cámara de culto decorada con figuras y glifos. Inicialmente estaba coronada por un templo de proporciones gigantes del que únicamente quedan en hileras las bases de las sólidas columnas, de dos metros de grosor, cuya función era soportar el techo de la estructura.
  • Juego de Pelota: Hay una amplia gama de edificios cerrando el lado oriental de la Gran Plaza. El más interesante de todos ellos es el Juego de Pelota, un magnífico ejemplar de esta estructura, al que sólo le faltan los aros de piedra, tan característica de la arquitectura mesoamericana y que desempeñaba un importante papel en las ceremonias y rituales. Otro campo de juego menos importante se encuentra fuera del centro ceremonial principal.

En el juego se utilizaba una pelota muy dura de goma que sólo podía tocarse con el codo, la rodilla o la cadera. Los dos equipos contendientes se situaban a ambos lados del campo separados por una línea central y ganaba aquel grupo que consiguiera introducir la pelota a través de uno de los aros de piedra situados a cierta altura sobre las paredes del campo. No se conoce todavía con total exactitud el significado ritual del juego, pero no hay dudas de la importancia que se le concedía, ya que estos lugares sagrados eran objeto de cuidados especiales y frecuentemente era reformados o reconstruidos.

Varios templos y construcciones religiosas forman parte del área ceremonial. Uno de estos edificios, con forma de pirámide, contiene un tramo interior de escalones mediante los cuales se llega a su parte superior. Desde ese punto, un túnel subterráneo pasa bajo la Gran Plaza hacia el grupo central de edificios, lo que permitía a los sacerdotes llegar a ellos sin ser vistos.

  • Palacio: El edificio más importante es el denominado Palacio, nombre recibido más por su aspecto que por su función seguramente religiosa. Al parecer, se utilizó como residencia para los sacerdotes de mayor rango, aunque según otras interpretaciones, podría haber sido aprovechado como casa de huéspedes para los visitantes nobles. Esta construcción tiene la forma de una plataforma baja a la que se llega mediante una ancha escalinata. El acceso a su interior se realiza mediante un arco monolítico que da paso a un estrecho pasaje que impide la visión desde el exterior y asegura la privacidad de sus ocupantes. El interior consiste en un gran patio rodeado por una serie de pequeñas habitaciones.
  • Montículo J: En el centro de la Gran Plaza se eleva un grupo de tres edificios contiguos que tenían la función de templos. Un edificio central más amplio, al que se llega mediante una estrecha escalinata, está constituido por dos templos gemelos situados uno al lado del otro. Esta estructura principal se encuentra además flanqueada a cada lado por un templo menor. Un cuarto edificio destaca en este grupo por ser de forma algo diferente al resto y por tener una orientación distinta. Se conoce como Montículo J y es el único que muestra un ángulo de 45 grados respecto al eje principal del sitio. Su planta recuerda una punta de flecha, con los escalones formando el lado romo. En su parte central hay un arco abovedado que cruza la estructura y conduce a la parte superior. Se conocen túneles similares en otros lugares arqueológicos mesoamericanos y parece que su función era la de observatorio astronómico. Sin embargo, este no puede ser el caso del montículo J en su fase final, dado que resulta imposible ver el cielo desde el túnel. Puede que se hubiera cerrado en una parte posterior de su evolución arquitectónica, puesto que hay signos evidentes de que el edificio fue modificado en varias ocasiones, como en realidad ocurrió con todas las estructuras del Monte Albán a lo largo de su historia. Sus paredes están cubiertas de relieves que recuerdan conquistas de ciudades.
  • Montículo M, Edificio K y Edificio de los Danzantes: Hay tres grandes complejos en el lado occidental de la Gran Plaza. El Montículo M, adyacente a la Plataforma Sur, consiste en dos construcciones separadas por un patio con un pequeño altar al que se llega mediante la acostumbrada escalinata monumental. En el extremo septentrional de la fila se encuentra el edificio K, otro complejo de templo sobre una base piramidal, que muestra evidencias claras de una serie de ampliaciones y reconstrucciones a lo largo de un dilatado período, a diferencia de otras estructuras en las que la reconstrucción final enmascara las anteriores modificaciones.

Estos dos edificios flanquean la que en muchos aspectos es la principal estructura de Monte Albán, el Edificio de los Danzantes. Se pueden observar tres fases en su construcción, la primera de ellas, que se remonta a los primeros tiempos de Monte Albán, consistiría en una sencilla plataforma de piedra cubierta de tierra. Tenía un muro de terraza de tres metros de altura decorado con losas de piedra grabadas, que son las que han dotado de su nombre al edificio. Las figuras humanas masculinas que aparecen en ellas representadas han sido interpretadas como danzantes rituales. Inicialmente se disponían en filas superpuestas, siguiendo una secuencia que ya no existe por la posterior reutilización de las losas en otras construcciones. Las figuras de los bajorrelieves muestran en el más puro estilo olmeca, hombres en posiciones grotescas con sus extremidades retorcidas y mostrando sus genitales mutilados o afilados. Algunos especialistas piensan que no se trata de danzantes, sino de individuos deformes, considerados en el período prehispánico como hombres sagrados y dotados de poderes sobrenaturales. Una teoría, basada en el hecho de que cada uno aparece acompañado por inscripciones de glifos aún sin traducir, supone que en realidad muestran una serie de eventos míticos o reales de la historia del pueblo zapoteca de Monte Albán.

A causa de los efectos del clima, las losas que se pueden ver en la actualidad son copias de los originales que pueden visitarse en el museo del lugar.

  • Tumbas: La tumba 104 es la más importante, fechada alrededor del año 500 de nuestra era. Sobre la elaborada fachada se sitúa un nicho que contiene una urna de arcilla en forma de hombre sentado con el tocado de Cocijo, el Dios de la Lluvia. Pasada la antesala se llega a la cámara de enterramiento, cerrada por una losa de piedra decorada con inscripciones jeroglíficas. Las tres paredes de la cámara están decoradas con hermosos frescos coloreados que representan las deidades zapotecas y mixtecas.

En la tumba 7 se encontró el mayor depósito de obras de orfebrería mesoamericana de oro que se haya descubierto hasta la fecha.

La tumba 105 impresiona por su puerta y murales.

Patrimonio Mundial

El Monte Albán fue declarado Patrimonio Mundial, junto a su histórica ciudad vecina de Oaxaca de Juarez, bajo las menciones de que ¨el centro ceremonial… creó un grandioso paisaje arquitectónico que… representa un logro artístico único¨, ¨durante más de un milenio… ejerció una considerable influencia en todo el área cultural de Oaxaca¨, ¨con su juego de pelota, sus magníficos templos, tumbas y bajorrelieves con inscripciones jeroglíficas… representa un testimonio único de las sucesivas civilizaciones que ocuparon la región durante los períodos Clásico y Preclásico¨.

Fuentes

  • Cleere, Henry. Monte Albán, la primera ciudad de México. En Revista del Patrimonio Mundial No. 28 2002.

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