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República Neocolonial

República Neocolonial
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Neocolonia.jpg
Fecha:1902-1958
Lugar:Bandera de Cuba Cuba
País(es) involucrado(s)
Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos, Bandera de Cuba Cuba
Ejecutores o responsables del hecho:
Estados Unidos

La República Neocolonial (1902-1958). La ocupación militar, legalizada por el Tratado de París del 10 de diciembre de 1898, constituyó el marco efectivo para la aplicación de la política futura de Estados Unidos con respecto a Cuba. Esta antigua ambición se concretó el 1 de enero de 1899, cuando quedó oficialmente constituido el primer gobierno de ocupación estadounidense en Cuba que se extendería hasta el 20 de mayo de 1902 cuando se establecería la República Neocolonial.

En los primeros 40 años de República Neocolonial ocurren importantes cambios en el orden político, económico y social. En primer lugar, Cuba dejó de ser una colonia para convertirse en una República organizada según el modelo burgués. Por otra parte, se caracterizó por la dependencia económica y la subordinación política.

Cambios que se producen

En este período Cuba adquiere un nuevo status: pasa de ser una colonia de España a ser Neocolonia de Estados Unidos. Se trataba ahora de definir su futuro. Para esto, el gobierno de Washington consideraba conveniente la desaparición de las instituciones representativas del movimiento libertador cubano [1]. En adelante se iniciarían los gobiernos de la Oligarquía que iban a tener su sede en Washington.

Atrás quedaba latente la inmensa frustración del pueblo cubano por la independencia del país. Pues aunque el Pacto del Zanjón derrumbó ese sueño, los cubanos no olvidarían los ideales, los preceptos revolucionarios y por ellos se seguiría batallando.

La situación de la población en la Isla era bien difícil. Los estudios demográficos refieren que la frustrada independencia pagó el alto precio de 400 000 vidas humanas [2]. El dinámico proceso de reconstrucción detuvo el desastre que amenazaba a la población civil; abrió nuevas fuentes de empleo en la agricultura y la construcción; y aceleró la organización del sistema educacional según las concepciones norteamericanas, desestimando la participación cubana en la toma de decisiones cruciales.

La aparente generosidad del gobierno de los Estados Unidos para ayudar al pueblo de Cuba, tenía realmente el objetivo de obtener el control económico, político y cultural de la República en gestación.

Las primeras dos décadas del siglo transcurrieron sin que se hiciera perceptible la necesidad de un cambio revolucionario para lograr, lo que en la práctica, le había sido robado a Cuba. Se propagaba un escepticismo emanado, no tanto de la penetración extranjera, como de los mecanismos corruptores que empezaban a hacer de la política cubana un lodazal.

Ninguno de los proyectos del gobierno norteamericano tenían como objetivo transformar las arruinadas estructuras de la ex-colonia española en su tránsito hacia la independencia, sino a crear las condiciones para el fomento de un "mercado de tierra" que facilitara el traspaso de las propiedades a manos de políticos, magnates y propietarios norteños. Mientras tanto, la escasez de capitales y de créditos colocaba a los hacendados cubanos en una situación desventajosa para el re-establecimiento de sus negocios, sobre todo lo relacionado con el importante renglón azucarero, agravado por la guerra [3].

Tratados

Para formalizar los vínculos de dependencia con Estados Unidos, se firmó un conjunto de tratados que incluirían el de Reciprocidad Comercial, que aseguraba a Estados Unidos el control del mercado cubano y consolidaba la estructura mono-productora de la economía cubana; el Tratado Permanente, que daba forma jurídica a las estipulaciones de la Enmienda Platt, con la que el gobierno de Estados Unidos se otorgaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de la Isla cuando lo entendiera conveniente; y el destinado a definir el emplazamiento de las estaciones navales norteamericanas.

Esto trajo como consecuencia la agudización de las deformaciones estructurales de la República que promovieron un clima de malestar social entre los distintos sectores de la sociedad. Los bajos salarios, las prolongadas jornadas laborales y la discriminación hacia el trabajador, fueron las principales demandas del incipiente movimiento obrero que protagonizó importantes huelgas. Pues según el criterio de Ramiro Guerra (1952), “… una abrumadora mayoría de cubanos no está dispuesta a abdicar su independencia y soberanía…” [4]

Situación en la que se encontraba el país

Económica

Durante este período la dependencia de la economía cubana a los intereses del capital monopolista norteamericano y la penetración en la cultura cubana, se acrecienta.

La dominación económica se va especializar en el sector azucarero, lo que originó el estrangulamiento del desarrollo económico independiente de Cuba, y deformó la economía, quedando Cuba como abastecedora de materia prima a un solo mercado.

Gradualmente aumentaba el malestar político y social con causas muy profundas. La economía cubana había crecido rápidamente durante las dos primeras décadas del siglo, estimulada por la reciprocidad comercial con Estados Unidos y la favorable coyuntura creada por la reciente guerra mundial.

Sin embargo, ese crecimiento era extremadamente unilateral, basado de modo casi exclusivo en el azúcar y en las relaciones mercantiles con Estados Unidos. Por otra parte, los capitales norteamericanos, que habían afluido a la Isla con ritmo ascendente, eran los principales beneficiarios del crecimiento, puesto que controlaban el 70% de la producción azucarera además de su infraestructura y los negocios colaterales. El “bienestar económico” derivado de este proceso, además de su distribución desigual, revelaría una extraordinaria fragilidad. [5]

Ello se puso de manifiesto en 1920, cuando una brusca caída en el precio del azúcar provocó un crac bancario que dio al traste con las instituciones financieras cubanas. Poco después, cuando la producción azucarera del país alcanzaba los 5 millones de toneladas, se hizo evidente la saturación de los mercados, claro indicio de que la economía cubana no podía continuar creciendo sobre la base exclusiva del azúcar. La opción era el estancamiento o la diversificación productiva, pero esta última alternativa no era posible, pues no lo permitían la monopolización latifundiaria de la tierra y la dependencia comercial de Estados Unidos.

Social

Por otro lado, los problemas sociales, lejos de resolverse, se iban agravando. El fenómeno del latifundio recaía con el proceso inversionista en la industria azucarera. Las grandes extensiones de tierra habían pasado a manos de empresas norteamericanas. La acumulación de estos y otros problemas darían lugar a luchas sociales.

Política

El gobierno de Washington, preocupado por los frecuentes trastornos políticos y sociales de su Neocolonia, había diseñado una política de verdadero tutelaje, la llamada “diplomacia preventiva”, que alcanzó su punto culminante con la designación del general Enoch Crowder en funciones de virtual procónsul, para supervisar y fiscalizar al gobierno de Alfredo Zayas (1921-1925), cuya administración sería escenario de trascendentales movimientos políticos.

El movimiento estudiantil manifestaba un marcado radicalismo que, vertebrado en el propósito de una reforma universitaria, rebasaría rápidamente el marco en el que había surgido para asumir francas proyecciones revolucionarias bajo la dirección de Julio Antonio Mella. El siguiente juicio del Dr. Raúl Roa lo corrobora: “… la reforma universitaria no agotó su contenido ni su alcance en la transformación docente, académica y administrativa de la universidad. Fue siempre mucho más lejos. (…) De ahí su batallar contra las dictaduras, su acento antiimperialista, su vinculación al movimiento obrero, su solidaridad con los pueblos oprimidos.”[6]

La intelectualidad cubana, heredera de una cultura y una conciencia nacional forjada en el siglo pasado, desplegó una gran labor en la literatura y en la prensa para expresar el sentir de aquel momento.

Por otra parte, el desarrollo ideológico y organizativo del proletariado, influenciado por la Revolución de Octubre en Rusia, se materializaría en la constitución de una central obrera nacional en 1925. Coincidentemente, y como expresión de la conjunción de las corrientes políticas más radicales del movimiento personificadas en Mella y Carlos Baliño, se constituiría en La Habana el primer Partido Comunista. [7]

El ascenso de Gerardo Machado a la presidencia en ese mismo año representa la alternativa de la Oligarquía frente a la crisis latente. El nuevo régimen intenta conciliar en su programa económico los intereses de los distintos sectores de la burguesía y el capital norteamericano, ofrece garantías de estabilidad a las capas medias y nuevos empleos a las clases populares, todo ello combinado con una selectiva pero feroz represión contra adversarios políticos y movimientos opositores.

Pero, tras ese halo de eficacia administrativa, el gobierno intentó ponerle fin a los conflictos entre los partidos, asegurándoles el disfrute del presupuesto estatal mediante la fórmula del cooperativismo. Con el consenso que logró, Machado decidió reformar la constitución para perpetuarse en el poder.

A pesar de las “mejoras” alcanzadas durante los primeros años de mandato, Machado no consiguió acallar la disidencia de los políticos excluidos, y mucho menos destruir el movimiento popular. Acosadas por los excesos cometidos por el régimen y el rápido deterioro de la situación económica bajo los efectos de la crisis mundial de 1929, estas fuerzas mostraron creciente hostilidad.

Fue en los inicios de la década del 30 cuando empezaron a crearse las condiciones propicias para lo que sería el estallido revolucionario.

El generalizado repudio a la injerencia norteamericana y la corrupción gubernamental dieron lugar a diversas corrientes de expresión de las reivindicaciones nacionalistas y democráticas. [8]

Los estudiantes, intelectuales y el proletariado, puntales fundamentales de la oposición machadista, desencadenaron una interminable sucesión de huelgas, atentados y sabotajes como la de los Aprendices en 1902 y la de la Moneda en 1907, la Protesta de los Trece (1923), la Liga Antiimperialista (1923) entre otras, que más tarde llegaron a constituir una verdadera oleada insurreccional. Todo esto contribuyó al alza de una conciencia nacional que años atrás se venía formando y que más tarde tendría su punto culminante en la Generación del Centenario.

La dictadura respondió con un aumento de la represión, que llegó a niveles intolerables. En 1933, el régimen de Machado estuvo a punto de dar paso a una revolución.

A tal punto, que alarmado por la situación en la Isla, el presidente Franklin Delano Roosevelt designó embajador en La Habana a B. Summer Welles. Su misión era encontrar una salida a la crisis dentro de los mecanismos tradicionales de dominación neocolonial. Pero la mediación de Welles se vio superada por los acontecimientos: el 12 de agosto, Machado huía del país, derrocado por una huelga general.

El gobierno provisional que crearon los sectores derechistas de la oposición bajo los auspicios del embajador norteamericano se extendería apenas un mes. Un levantamiento de las clases y soldados del ejército junto con el Directorio Estudiantil Universitario y otros grupos insurreccionales llevó al poder un gobierno revolucionario presidido por Ramón Grau San Martín.

Este gobierno, aprobó y puso en práctica diversas medidas de beneficio popular, principalmente por iniciativa de Antonio Guiteras, Secretario de Gobernación. Pero, sólo pudo sostenerse unos meses en el poder, debido a la hostilidad de Estados Unidos y víctima en parte de sus propias contradicciones internas. Además, el ex sargento y coronel jefe de ejército Fulgencio Batista, había jugado un importante papel en la caída de este gobierno, expandiendo su influencia negativa en el proceso político.

Los partidos restaurados en el poder, a pesar del irrestricto apoyo norteamericano expresado en la abrogación de la Enmienda Platt, y las medidas de estabilización económica, mostraron una franca ineptitud en el ejercicio del gobierno.

Con la aprobación de una nueva Carta Magna para la República en 1940, el pueblo cubano puso sus esperanzas en los cambios socioeconómicos y políticos que prometía, sin embargo muchas de las medidas requerían para su ejecución práctica de una legislación complementaria y los gobiernos posteriores al 40 bloquearon esas leyes para salvaguardar los intereses de las clases explotadoras.

Con esta nueva Carta Magna, que recogía importantes reivindicaciones populares, se abrió un nuevo período de legalidad institucional. Pero la realidad cubana se mantuvo igual.

Referencias

  1. Gallo González, Gisela et all: “Historia de Cuba”. Ed. Pueblo y Educación, 2000, Pág. 38.
  2. Anuario de Estudios Cubanos: "Los recursos humanos de Cuba al comenzar el siglo: inmigración, economía y nacionalidad (1899-1906) en La República Neocolonial”. La Habana, 1973. T. I, Pág. 11.
  3. Gandarilla, Julio C: “Contra el yanqui”. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1973, Pág 61.
  4. Guerra, Ramiro: “Historia de la nación cubana”. Ed. de la Nación Cubana, S.A, La Habana, 1952, T. VIII, Pág 9.
  5. Instituto de Historia de Cuba: “La Neocolonia. Organización y crisis. Desde 1899 hasta 1940". La Habana, 1998, Pág. 15.
  6. Pichardo, Hortensia: Ob. Cit. T. III, Pág. 206.
  7. Pichardo, Hortensia: Ob. Cit. T. III, Pág. 117.
  8. Ibídem.

Bibliografía

  • Villasante K y Padrón I.” Descubriendo el municipio Diez de Octubre (1900-1940): Un acercamiento a los medios impresos y la radio local” en Facultad de Comunicación Social. La Habana, 2008.
  • Román Portas, Mercedes. “Males y vicios de Cuba republicana. Sus causas y remedios”. Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana, 1961.
  • Pérez de la Riva, Juan (et al): “La Republica Neocolonial”. Anuario de Estudio Históricos. Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Pichardo, Hortensia: Ob. Cit, 2002.T.III.
  • Le Riverend, Julio: “La República. Dependencia y Revolución”, Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1975.
  • Colectivo de autores. Instituto de Historia de Cuba: “La Neocolonia”. Ed. Política. La Habana, 1998.
  • Instituto de Historia de Cuba: “La Neocolonia. Organización y crisis. Desde 1899 hasta 1940". La Habana, 1998.