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Sola (Sierra de Cubitas)

Sola
Información sobre la plantilla
Localidad de Cuba
EntidadLocalidad
 • PaísBandera de Cuba Cuba
 • ProvinciaCamagüey
 • MunicipioSierra de Cubitas
 • Fundación28 de septiembre de 1920
Sola.jpg
Sola

Sola, conocida como “la patria del corazón” Cubiteño, está ubicada al norte de la provincia de Camagüey. Es el poblado cabecero del municipio Sierra de Cubitas y colinda al este con el poblado de Las Guásimas, al norte con el poblado de La Gloria, al oeste con el poblado de Saimí y al sur con el poblado de La Tumba.

Historia

La fecha escogida como día de la fundación del poblado, cuyo argumento central lo inspira una comunicación oficial del alcalde de La Gloria y dirigida a su homólogo en el municipio Camagüey, donde el primero informa “…que se está fomentando un poblado en la estación de ferrocarril de la costa norte de Cuba que lleva el nombre de Sola y dista de este poblado a unos cuantos kilómetros”.

La fecha en que se expedita el documento (28 de septiembre de 1920) fue tomada como día de su fundación, por tratarse en ese momento de la referencia documental más conveniente y distante de las encontradas sobre la existencia del asentamiento y sus orígenes como poblado.

Sin embargo, son muchas las razones para sugerir ahora que tal afirmación constituye sólo un obvio punto de partida para la investigación histórica más exhaustiva e inconforme. Por el mismo multi-sentido del término – concepto “fundar”, las circunstancias de génesis, desarrollo y consolides de este poblado, el momento en que empezaron a llamarlo únicamente por esta voz (la de Sola).

Es prudente observar no obstante, que el acta no se expresa en los términos: “poblado de Sola menciona con claridad una estación de ferrocarril de la costa norte de Cuba que lleva el nombre de Sola, comenta sumaria y generalmente determinada idea, que nos permite suponer cierto grado de proceso constructivo expansivo a su alrededor.

Son varias las razones que se presienten de este aparente descuido sin trascendencia, pero importantísima omisión histórica. “La Compañía” que entonces se llamó también Sola, y no al caserío del costado sur de la línea norte que ya existía, levantado con posterioridad a junio de 1917 y cuyas actividades económicas principales fueron la tumba de monte y el apoyo a la construcción del mismo ferrocarril del norte de Cuba; luego se dedicaron también a la siembra de caña en estas tierras que iban quedando limpias de malezas y listas para su cultivo.

El cítrico, renglón agrícola exclusivo a inicios del Siglo XX de colonos norteamericanos, también se desarrolló aunque localizadamente. A la otra área del poblado se le llamaba La Chambelona y en ella radicaron los verdaderos pioneros del asentamiento original; un grupo importante de ellos (al igual que esta zona y por causas diversas), estuvieron vinculados a los sucesos de febrero de 1917.

Desarrollo socioeconómico

“La Compañía o Sola”, estaba conformada inicialmente por una decena de casas (no superó esa cifra) revestidas con madera machihembrada y techos de tejas francesas a distintas aguas, con el piso generalmente de madera sobre pilotes, las construcciones incluían desde viviendas hasta oficinas de correo y otras dependencias públicas y administrativas.

En esta área radicaría todo el personal administrativo que requería el central azucarero que proyectaba construirse en el lugar. Al frente de esta empresa se encontraba el convocado señor Sola, a quien con seguridad debemos el nombre.

La fábrica de azúcar era – según algunos testimonios contradictorios y sin comprobación riguroso todavía - una pequeña industria ubicada en la antigua provincia de oriente, la que trasladarían por partes hasta este sitio o el proyecto de un central para el que ya “…habían llegado las piezas del norte…” Su nueva identificación sería la de Central Sixto en reconocimiento al hijo de Francisco de Sola de igual nombre.

La ilusión perdida en muchas personas, al saberse la decisión de los propietarios de no continuar el proyecto del central iniciado oficialmente cinco años antes, fin esperanzador por el que habían venido, se recobró posiblemente de algún modo al conocerse que se mantendrían las colonias de caña creadas para abastecer el “desafortunado plan”.

Aunque la malogración del central fue un revés insuperable para el naciente y vital desarrollo del nuevo poblado, sus expectativas le dieron un irreversible impulso a la aparición, consolidación y continuidad del mismo, prosperidad asociada también al cruce del ferrocarril norte y a un grupo de actividades económicas: madera, caña y cítricos.

En 1925 el núcleo del poblado de Sola ocupaba, además de la barriada del lado norte del ferrocarril, dos cuadras del camino real habitadas a ambos lados y otra frente a la línea, por su lado sur. Existían también algunas casas aisladas entre sí y situadas en la periferia.

El “pueblecito” disponía entonces de cuatro hoteles, una planta de luz, que trabajaba de seis de la tarde a doce de la noche, un telégrafo, una farmacia y varias tiendas; pero sobre todo la perspectiva de seguir expandiéndose, de condicionar su crecimiento y prosperidad en los años que vendrían. Una campaña desplegada por los cosecheros de cítricos de Sola, permanecería las más altas esferas del gobierno y lograría que se iniciara la construcción de una carretera entre el poblado de Minas y Sola.

Para los promotores del parque de turismo en Cubitas la construcción de esta carretera era una posibilidad efectiva y fácil de comunicar a Camagüey con la zona que intentaban desarrollar, por lo que propusieron una acción conjunta para que de la carretera Minas-Sola se hiciera un ramal de 4 a 5 kilómetros que comunicara a esta zona.

Según el plan, cada año, se haría un decreto para aprobar la construcción de tramos de a diez kilómetros hasta la culminación del proyecto. El Estado debería aportar el 70 % y los vecinos o las organizaciones cívicas el resto. Se hizo el camino que cruzaba la sierra por el Paso de Lesca y llegó hasta la costa.

El último tramo estuvo terminado en diciembre de 1955, habiendo llegado los caminos hasta el Paso de las Trincheras, en la Cueva del Indio. Pero el gobierno no podía seguir prestando atención a un proyecto tan costoso cuando la situación política en el país se tornaba muy difícil. No fue hasta después del triunfo revolucionario que se resolvieron los problemas

Tradiciones

Cuenta el mito que una pobre lugareña a la que algún descuidado egoísta negó el agua y que por privársele del elemento que sofoca tanto la llama de la sed como la llama literal devoradora del incendio, maldijo y condenó al pueblo a padecer tres veces la furia del fuego fatídico.

Un 4 de septiembre del año 1946 se incendia el poblado en su centro comercial ubicado en medio del poblado. Diez años por medio entre uno y otro cuando aquel 18 de septiembre estalló el segundo y, como si fuera poco por obra de una centella caída de lo alto. Bajo aquella piromaniaca condenación que lo aniquilaría todo sin remedio, los habitantes de Sola se erizaron de espanto.

Deporte

Son los tiempos en que Ricardo Vante, Teófilo Pérez y Orlando Lugo (tres jóvenes del poblado) se realizan como atletas de alto rendimiento y es el momento en que las motos MZ traídas de la ex R.D.A. por trabajadores cubanos en ese país nos muestra una dinámica social distinta y novedosa en comparación a décadas anteriores.

Sin lugar a dudas en Sola por sus características de pueblo pequeño y donde las opciones culturales de discusión intelectual son mínimas La esquina caliente se convertía en una zona de recreación donde el tema del deporte era el preferido, pero no el único.

En los años 1987 y 1988 “La esquina caliente” llega a tener su momento de oro por varias razones: los frondosos pinos localizados frente a la antigua carnicería, que años atrás fuera lugar de recreación televisiva y cinematográfica, proporcionaban una sombra deliciosa y lista para entablar las apasionadas discusiones, (el zapatero) Maecelo Meléndrez (conocidísimo por el nombrete de “Mingo”),

Quien en su diaria faena en el lugar la recreaba con chistes que van desde las raíces gallegas hasta las más criollas fuentes, sin obviar las ofertas de varios productos alimenticios y líquidos como Cubanitos y guarapos que junto al servicio de comida fuerte del merendero “Las palmas” propiciaban en ese sitio las condiciones deseadas para los debates, que en ocasiones no pasaban de las trivialidades y la cotidianidad local, pero sin dejar de mirar al mundo.

Fuentes

Orlando Castillo. Maritza Villar (Historiadores de la ciudad)