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Surgimiento de las Farmacias

Surgimiento de las Farmacias
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Surgimiento de las Farmacias
Fecha:Primera mitad del siglo XIX
Descripción:
La historia de la farmacia como ciencia independiente es relativamente joven. Los orígenes de la Historiografía farmacéutica se remontan al primer tercio del siglo XIX que es cuando aparecen las primeras historiografías que si bien no toca todos los aspectos de la historia farmacéutica son el punto de partida para el definitivo arranque de esta ciencia.

La historia de la farmacia se encuentra incluida dentro de la disciplina que conforma la historia de la ciencia. Desde la antigüedad las Ciencias médicas y la Farmacopea han estado unidas.

Antecedentes

La visión del hombre primitivo acerca de la enfermedad venia dado por tres interpretaciones. La primera, veía la enfermedad como la penetración en el cuerpo de un objeto extraño. La segunda, la enfermedad era como la pérdida o evasión del alma. Y por último, la enfermedad era una consecuencia inmediata de la acción de espíritus hostiles.

El hombre primitivo intentará combatir la enfermedad por dos vías, el Empirismo y la Magia. La utilización de Remedios terapéuticos tiene su origen en su aplicación con mentalidad mágica. La elección de determinadas sustancias no vendría dictada por el razonamiento o la experiencia, sino por su rareza, aspecto, etc. La actuación es consciente pero no reflexiva.

Debido a la existencia de un pensamiento religioso predominará la utilización sobrenatural de los remedios. Se ampliará notablemente el arsenal terapéutico de plantas, sustancias minerales y de origen animal.

Papiro Ebers
Las enfermedades inician desde hace millones de años y los antepasados utilizaban muchos ritos para lograr la sanación, como existían muchas culturas cada una se distinguía por el modo de asumir cada enfermedad que se presentaba así queAsiria y Babilonia indicaban que los enfermos eran seres poseídos por demonios; para identificarlos formulaban medicamentos amargos a los pacientes, ellos construyeron un sistema medico el cual constaba de 250 plantas, minerales y productos de origen animal.

En Egipto, la farmacia experimenta un progreso notable que se transmitirá posteriormente a Grecia y Roma. Egipto tenía una cultura que creía en la resurrección y por eso dedicaron sus esfuerzos a garantizarse una cómoda existencia después de la muerte.

Se conocen dos papiros sobre la medicina y farmacia: El papiro Edwin Smith, una de las principales fuentes de la Terapéutica egipcia. Y [[El papiro Eber|El
Papiro Smith.
papiro Eber]], donde se describen muchos medicamentos. Estos papiros no solo mencionan los remedios contra las enfermedades, sino que además indican las proporciones que deben guardar sus componentes, el modo de prepararlos y su utilización.

Surgimiento la las ciencias farmacéuticas

Las farmacias, desde su surgimiento, pasaron por cuatro etapas de perfeccionamiento, una primera de gestación, vinculada directamente a los médicos; hacia los Siglos XI y siglo XII se dio una segunda etapa en la cual se separa la labor médica de la Práctica farmacéutica, pero siempre bajo la inspección de los médicos; la tercera etapa corresponde con la plena autonomía de los farmacéuticos, se ordenan en facultades, con sus propios tribunales y legislación; una cuarta etapa está vinculada a la evolución científica de la química y su influencia sobre los preparados medicinales, aparecen los Laboratorios químico-farmacéuticos.

Cuba y su desarrollo farmacéutico

Fue costumbre en Cuba hasta el siglo pasado utilizar preferentemente el término Botica para designar a las farmacias; la raíz griega de la palabra botica significa almacenar, depositar, en nuestra lengua divino adjetivo para denominar al sitio en que se hacen y venden las medicinas o remedios para la curación de las enfermedades; pero también era tienda de mercader, en que se vendían distintos efectos y drogas en general, de ahí el dicho popular “haber de todo como en botica”.

Así fueron nuestras farmacias hasta finales del siglo XIX, en que se fueron despojando dichos establecimientos de otras actividades comerciales no relacionadas con la medicina. Para los tiempos de la conquista de Cuba, la farmacia europea había entrado en contacto con el saber de los árabes, quienes a partir del Siglo VII con la figura de Mussah-Jasaral-Soli (Giber) hasta Ibn al-Baytār en el siglo XIII – el más importante Farmacólogo y botánico árabe - habían incorporado la química, e introdujeron términos como alcohol, alcanfor, jarabe, entre otros.

Portada de la Tarifa General de Precios de Medicinas (1723), considerado el primer impreso de Cuba
La Farmacopea española tomó del legado árabe el papel social de esta actividad, lo cierto es que los boticarios tuvieron un rol importante en la vida cotidiana de hispanoamérica colonial, pesó a estar bajo la tutela de los médicos, esta profesión en Santiago de Cuba durante los Siglos XVI y XVII, que no fue mejor para el ramo de farmacia.

Parece ser que los médicos que para entonces estaban en Santiago de Cuba, preferían seguir preparando sus medicamentos, pues se le hizo llegar al muy ilustre ayuntamiento un escrito, el cual una vez leído motivó el acuerdo de que en caso que fuera necesario componer algunas medicinas solo esta se debía sacar de la botánica por que su composición dependía del oficio del boticario y así se les hacía saber a los que ejercían la medicina dejando que lo ejecutarse dicho boticario como era de su oficio.

Esto obedeció a que ya se había comenzado a delimitar el radio de acción de cada uno, y era el boticario el individuo por cuya cuenta corría la preparación del medicamento según lo formulado por el médico sin cambiar en nada lo prescrito.

No fue hasta marzo de 1747 que llegó un nuevo maestro boticario, se trató del Dr. Juan José Henríquez, quien procedía de Portobelo, y el Cabildo se encargó se le examinara por dos médicos profesionales, el Dr. Felipe Segura y el bachiller Dr. Juan Saco, dado que el solicitante había dejado su título en Cartagena.

Luego, en 1772, Fray Gerónimo de la Concepción solicitó poner botica en el Hospital que regenteaba la Orden Betlemítica y vender el sobrante a los vecinos. Para instalar una farmacia el interesado debía abrir un expediente en el Ayuntamiento, el cual constaba de la solicitud con los datos del farmacéutico, el título universitario, un plano de la farmacia, el aval del párroco, y un petitorio o lista de todo el instrumental y sustancias de que se contaría.

Cuando el solicitante cumplía los requisitos exigidos de inmediato el alcalde pasaba el expediente al subdelegado de farmacia, quien procedía a la visita del local en compañía dos o tres testigos que debían ser profesores de medicina y cirugía, el subdelegado de veterinaria y el secretario del ayuntamiento; en ocasiones el propio alcalde participaba de la visita. El solicitante pagaba un arancel al subdelegado de farmacia por concepto de la visita de inspección, que solía ser de 12 pesos con 50 centavos.

Posteriormente si el establecimiento reunía las condiciones necesarias de capacidad, aseo y ventilación, se notificaba la aprobación por parte del Secretario del ayuntamiento y se devolvía el título al farmacéutico.

Las farmacias santiagueras eran por lo regular edificaciones de una sola planta, constaban de un salón de venta donde se colocaban uno o dos mostradores y la estantería, otras dependencias eran: un laboratorio, la llamada rebotica que era donde se almacenaban los medicamentos listos para la venta y un almacén o depósito.

Una excepción fue la farmacia que abrió Dr. Antonio de Macias, natural de Madrid y doctor en Farmacia de la Armada, cuyo establecimiento ubicado en la calle de Sagarra
Farmacia.
baja No. 1. Poseía dos plantas, en la superior estaban el almacén, el laboratorio, una biblioteca y el dormitorio del dueño. Por lo regular las farmacias de esta localidad disponían de todo un surtido de sales como acetatos, cloruros, nitratos, oxalatos y sulfatos; ungüentos, aceites (de hígado de bacalao, lino, oliva, ricino, cacao, nuez moscada, alcanforados, etc.), bálsamos (de tolú, belladona, benjuí), extractos (de belladona, cornezuelo de centeno, digital, genciana, opio, quina, ruibarbo, valeriana, zarzaparrilla), flores (de amapola, manzanilla, naranjo, sanguinaria, saúco, tilo, violeta), resinas, hojas (de laurel, beleño, llantén, menta, sen, salvia, etc.), raíces (de altea, árnica, cinoglosa, ipecacuana, jalapa), entre otras sustancias orgánicas, inorgánicas y naturales.


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