Población aborigen en Gibara

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Población aborigen en Gibara
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Fecha:6000 años AP hasta posterior a 1492.
Lugar:Gibara
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba


Población aborigen en Gibara. Las primeras descripciones histórico-geográficas del territorio gibareño las ofrece Cristóbal Colón al arribar aquel 29 de octubre de 1492 a estas tierras, a las que llamó Río de Mares. Sin embargo, mucho había andado ya el hombre americano por ellas. El actual municipio de Gibara muestra un multicolor mosaico de culturas precolombinas, que va desde los grupos más arcaicos, cazadores (paleolíticos) con una antigüedad que se estima alrededor de 6000 años AP, hasta sitios que presentan evidencias de contacto indo-hispánico. Las huellas de estas culturas, han ido saliendo a la luz gracias al interés de muchos pobladores y al esfuerzo de no pocos estudiosos de la arqueología, tanto profesional como aficionada. El arqueólogo Irving Rouse reconoció al territorio gibareño como reservorio de los primitivos habitantes cubanos, al detectar en la zona del Catuco las evidencias de un ajuar en el que, según él, no aparecía burén. Así mismo, José García Castañeda, en: “Los ocupantes precolombinos del término Holguín” y el “El Siboney Holguinero” (cuaderno 5 – notas del Museo García Feria de Holguín, 1947, inédito), también aportó importantes valoraciones sobre el poblamiento aborigen en la zona.

En una nueva época, después de la creación de la Academía de Ciencias de Cuba, fue significativo el aporte de los especialistas de los Departamentos de Arqueología de Occidente y Centro-Oriental. Las expediciones realizadas y los informes y materiales bibliográficos elaborados al respecto, propiciaron el conocimiento científico del potencial arqueológico gibareño y que de manera alternativa, venían realizando algunos grupos de jóvenes aficionados en la localidad. Un ejemplo de esa labor es el grupo espeleoarqueológico Felipe Poey, de la Sociedad Espeleológica de Cuba, constituido en 1982, quienes con sus modestos aportes han contribuido al conocimiento de la presencia aborigen en Gibara.

Ubicación geográfica de Gibara

Gibara se encuentra ubicada a los 21º 6´128” de latitud Norte y los 75º 3´45” de longitud Oeste. El perfil costero de la península gibareña se levanta a una altura de 8m, en la costa Norte de la actual provincia de Holguín. En la Orografía la Silla de Gibara internacionalmente se reconoce como símbolo distintivo de la localidad, así como también se destaca el grupo Cupeycillo-Candelaria y en el, el Cerro de Abelardo. Los principales ríos gibareños son el Cacoyugüín y el Gibara, nutridos por una red de afluentes que cubren la parte Sur-Este y Sur-Oeste del municipio.


El desarrollo de un ecosistema costero, la presencia de elevaciones y formaciones cársicas con abundantes cuevas y abrigos rocosos, así como la red de avenamiento fluvial y de fuentes subterráneas que afloran en esos territorios favorecieron la presencia aborigen en diferentes épocas, quienes lograron distintas proyecciones en su desarrollo sociocultural y económico.

Etapa de economía de apropiación

Comunidades en la fase CAZADORES

La Cueva de la Masanga se encuentra muy próxima a la desembocadura del río Cacoyugüín. Fue estudiada en 1983 por el Grupo Felipe Poey, que reportó el hallazgo de artefactos aborígenes asociados a restos de megafauna. Esto fue corrobororado por los especialistas del Dpto. Occidental de Arqueología Miltón Pino y Nilecta Castellanos en 1985, quienes localizaron una zona sin alteración estratigráfica,[1] donde quedó atrapado un complejo tecnotipológico basado en la talla del sílex, útiles para cazar la megafauna y también animales de menor tamaño.[2] En ese contexto se encontraron además huesos cortados y huesos quemados, lo cual revela que sabían preparar sus alimentos y usar el fuego.

=== Fase PESCADORES-RECOLECTORES ===[3]

El sitio El Jobal fue reportado por el campesino Emilio Gómez, quien a finales del año 1969 descubrió allí material arqueológico. Miembros del Grupo Felipe Poey colectaron bolas líticas, percutores, lascas de sílex, gubias de concha y abundantes restos de cangrejos terrestres y restos óseos humanos. En 1975 este residuario fue visitado por el Grupo de Trabajo del Dpto. de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba, Delegación Territorial Holguín-Las Tunas. El licenciado Pedro Pérez,[4] jefe de la expedición, opinó que se trataba de un sitio de habitación, posiblemente Siboney Cayo Redondo (Guanahacabibes).[5]

Investigadores pertenecientes al Dpto. de Arqueología de Occidente, junto al grupo Felipe Poey, también recorrieron el lugar el día 19 de marzo de 1983 en una expedición dirigida por el Arqueólogo Miltón Pino. En la exploración se encontraron algunos fragmentos óseos humanos, restos de dieta, una gubia de concha y pequeñas lascas de sílex, muy abundantes. En 1984 el Doctor Manuel Rivero de la Calle, en compañía de los miembros del Grupo Felipe Poey colectaron algunos restos humanos, una gubia de sílex y dieta.[6] Los investigadores Jorge Ulloa y Roberto Valcárcel, pertenecientes al Dpto. Centro Oriental de Arqueología en el año 2002 encontraron también restos de dieta, láminas de sílex y otros materiales.

Las visitas efectuadas corroboraron que el sitio cubrió un área de unos 100 m, en el residuario mayor, mientras muy próximo a éste se localizan evidencias diseminadas en unos 20 a 30 m, a consecuencia de la fuerte alteración antrópica ocasionada por la plantación de diferentes cultivos.

En la llanura costera el Grupo Felipe Poey encontró reservorios enclavados en un contexto territorial natural muy parecido, y cercanos entre sí. Los sitios en cuestión se localizan en la zona de Laguna Blanca, y para identificarlos se asumieron los nombres que los campesinos le otorgaban, así trabajaron en las parcelas: El Pocito, La Guajaquita, La Cebolla, Aguada de Nicio.

Estos sitios también mostraban un complejo tecnotipológico con grandes similitudes, compuesto por una industria micro lítica,</ref>Herramientas pequeñas, menores de 3cm.</ref> así catalogada por los especialistas del Dpto. de Arqueología de Occidente, industria, que según ellos, tenía una tradición de mayor antigüedad que la elaborada por los habitantes del reservorio del Jobal, ubicado en la zona montañosa. Próximo a estos sitios el grupo Felipe Poey localizó el reservorio Tanque azul, denominado así por encontrarse muy próximo a las cuevas inundadas que con ese nombre se conocen en el poblado de Caletones. En ese lugar se encontraron unos montículos, dañados parcialmente por los carboneros -al sacar tierra para tapar sus hornos- y donde afloró una buena cantidad de artefactos elaborados a partir de sílex y conchas, los cuales fueron llevados al Dpto. de Arqueología de Holguín para su catalogación.

El poblado de Caletones, aparece reportado por José Agustín García Castañeda como un sitio de habitación, pero esto no pudo ser constatado cuando en 1964 el grupo de Ciencias Sociales de Oriente exploró la zona. Años más tarde, alertados por vecinos que encontraron dos hachas petaloides en la costa, el grupo Felipe Poey, detectó un gran conchal y algunas herramientas como martillos, picos de mano y majaderos, los cuales fueron entregados al Museo Municipal de Gibara.

El residuario conocido por La Arena, dadas sus características y las descripciones hechas por el arqueólogo norteamericano Irving Rouse, probablemente sea el llamado por él Caletones.[7] También pudiera tratarse del mismo que Martínez Arango F. en 1982 llamara El Arenal, pero estas relaciones solo se establecen a partir de cotejar reportes hechos por los mencionados especialistas y las evidencias que en el presente fueron colectadas. La Arenera se encuentra al Noreste y a 6 Km del Jobal, pero dada la aproximación en rumbo y distancia se presupone que se trata del mismo residuario.

La Arenera, tal como se conoce en la geografía gibareña, fue visitada por miembros del Dpto. de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba el día 29 de enero de 1984 acompañados por el campesino Alfredo Gómez y miembros del grupo Felipe Poey. En esa oportunidad se encontraron[8] percutores, majaderos, morteros, una bola lítica, así como gran cantidad de conchas de Strombus sp, según las catalogaciones realizadas por los especialistas del Dpto. de Arqueología de la Academia de Ciencias de Cuba quienes establecieron una filiación cultural Preagroalfarera[9] para el reservorio.

Las características del lugar, cubierto por “diente de perro” (Lapies), con vegetación xerofítica, lejos de ríos y sin fuentes de agua potable cercana, bien pudo ser un paradero, al cual acudieron diferentes grupos en distintos momentos cuando necesitaban aprovisionarse de los recursos propios del litoral, pero este “cadáver arqueológico” ya no permite mayores estudios.

El sitio Punta Rasa fue reportado por el museólogo Francisco Cuesta, en el año 1999. En la exploración localizaron un área costera que pudo ser un sitio de aprovisionamiento, dada la abundancia y dispersión del material de concha y herramientas como gubias y picos confeccionados a partir de strombus.

En la Cueva Anduriña reportada por el Grupo Felipe Poey, que se abre en la ladera norte de la Sierra de Cupeycillo a 4 Km de Gibara, fueron encontradas láminas y puntas de sílex, un mortero, huesos de jutías y de aves. Se considera que pudo ser un paradero para grupos que se aprovisionaron en el litoral.

El Grupo realizó otros hallazgos en la zona, localizados en: Los Altos, donde fueron colectados material lítico y de concha, láminas de sílex y Gubias. En Los Hoyos aparecieron láminas de sílex, raederas, buriles y restos de taller, una bola lítica y un pendiente, que los conserva el campesino que ofreció el reporte. Estos sitios,[10] muy cercanos entre sí, y por la similitud que presentan en su ajuar, parecen tener relación con el reservorio del Jobal y con los sitios localizados próximos a Laguna Blanca, los ya nombrados El Posito, La Guajaquita, Aguada de Nicio y la Cebolla.

El sitio La Yaya fue descubierto en el año 2001, por Francisco Cuesta. Se ubica a 11 Km de la costa y se levanta unos 149 m sobre el nivel del mar. Es el sitio de mayor altura registrado en la zona. En la colecta de superficie recuperaron un ajuar compuesto por 36 piezas de sílex, láminas, buriles, raederas y cuchillos, todos de factura micro lítica. Punto intermedio entre el Jobal y Bocas, el sitio resulta clave para desentrañar los misterios de la habitación aborigen y sus desplazamientos por el territorio.

El residuario de Bocas fue reportado por el licenciado Frank Torres,[11] profesor de Historia de la ESBU de esa localidad. En Octubre de 1989, los investigadores Nury de los Ángeles Valcárcel Leyva, José Corella y Francisco Cuesta, junto a los jóvenes aficionados Joaquín Cuesta y Miguel Leal recorrieron la zona y encontraron evidencias arqueológicas desminadas en un área de aproximadamente 1 km2 de extensión. En esa oportunidad colectaron artefactos de piedra en volumen, material de sílex y de conchas, así como majaderos de bordes discoidales que, por su tipología, se asemejan a los reportados en Santa Úrsula y Playa Los Cocos, clasificadas por el Doctor José Manuel Guarch. En Noviembre del propio año, siguiendo las orientaciones de la Doctora Lourdes Domínguez fueron realizados tres cateos de 30 cm2, obteniendo percutores ovoides y discoidales, majaderos, morteros, artefactos para desbastar,[12] buril y material de concha.[13]

El análisis comparativo del ajuar y dadas las características del complejo territorial natural de la zona llevó, en un primer momento, a considerarlo en la etapa de apropiación, presumiblemente de la fase Guacanayabo, por la ausencia de restos ceramios. Sin embargo, en una posterior incursión, fueron encontrados varios fragmentos de cerámica con decoración y burén. La alteración antrópica impide la probatura científica de la superposición cultural,[14] pero la típica factura de los artefactos y la presencia de ceramios refieren que el sitio fue ocupado en diferentes momentos históricos tanto por grupos pertenecientes a la etapa de apropiación como por comunidades de la etapa productiva.

Cerca del área de marismas se localiza la Cueva de la Campana, o Cueva del Catuco como la llamara irving Rouse[15] y en la cual dijo haber encontrado conchas marinas y pedazos de sílex, pero ningún objeto ceramio, por lo cual se consideró como un sitio de habitación pescadores-recolectores. En 1963, Miltón Pino y Ramonín Fernández, por esa época miembros de la Asociación de Jóvenes Arqueólogos Aficionados de Holguín, en una cala practicada en el saloncito de la entrada, encontraron lascas de sílex muy pequeñas, restos dietarios, ceniza compactada y carbón, calificando el sitio como Preagroalfarero Cayo Redondo, fase Guacanayabo.[16]

En el trabajo sobre la Actualización arqueológica de la zona de Gibara, publicado por la Editorial Oriente en 1980, se hace referencia a que miembros del grupo de Jóvenes Arqueólogos Aficionados hallaron restos dietarios y pequeños fragmentos de cerámica, por lo cual consideró que no fue un sitio de habitación Siboney como supuso Rouse. En el año de 1968 el grupo espeleológico Cavernícola halló, en un montículo de arcilla, próximo a las márgenes del lago freático de la referida cueva restos óseos (un fémur, una tibia y restos de cráneo), los cuales estaban acompañados por algunas cuentas de collar, material que se extravió y no pudo corroborarse el reporte.

En 1983, el grupo Felipe Poey descubrió bajo el piso de sinter[17] un entierro secundario,[18] acompañado de ofrendas, dos bolas líticas o esferolitas, y dieta. Cerca del entierro apareció también una daga lítica. En colecta de superficie realizada en la entrada y los alrededores de la cueva se encontraron caracoles marinos, pinzas de cangrejos y pequeñas lascas de sílex, pero no se localizó cerámica. En este contexto se hallaron además, huesos de manatíes fósiles, de la especie Trichechus Manatus, materiales todos que fueron llevados al Museo Municipal de Gibara.

En esa cueva de la Curva, desde 1973 el Grupo detectó una figura ubicada próxima al hallazgo funerario, la cual se sospechaba que fuera una pictografía. Los especialistas del Dpto. Centro-Oriental de Arqueología y la investigadora Nilecta Castellanos, del Dpto. Occidental de Arqueología, confirmaron la veracidad del reporte.

El motivo se encuentra en la pared Oeste del salón que conduce al lago y a unos 60 m del mismo. La pictografía, expresada en su único motivo, representa un rombo de 25cm de largo por 12cm de ancho, y se realizó utilizando la técnica del carbón, su trazo oscila entre los 1,5 y 2 cm. de grueso. En esa área de la espelunca no se encontró residuario artefactual. El hallazgo pictográfico también fue corroborado por miembros del Dpto. Oriental de Arqueología.

Cercano a dicha cueva de la Curva se encuentra el río Cacoyugüín, en cuyas proximidades el Grupo Felipe Poey reportó la presencia de reservorios aborígenes, nominados en serie de acuerdo con el orden en que fueron excavados.[19]

El que se ha dado en llamar Abra del Cacoyugüín II, se localizó en la parte alta, en la margen SSW. La construcción de un campamento pioneril en el lugar sacó a la luz las primeras evidencias, restos de dieta, fragmentos de percutores y lascas de sílex. En marzo de 1983 el Doctor Guarch Delmonte y su grupo de trabajo colectaron lascas de sílex, percutores y dieta en un área de unos 30m de largo y 20m de ancho; el espesor de la capa arqueológica no rebasó los 0.30 cm. No se localizó cerámica.

En Cacoyugűín III un campesino reportó un entierro, el cual sepultó nuevamente y quizás por temor luego dijo no recordar donde. Al recorrer el área se encontró en superficie un lotecito arqueológico compuesto mayormente por piedra lasqueada (sílex) muy similar a los sitios Cacoyugűín I y II y re

Referencias bibliográficas

Fuente

  • Fuente: Dr. C. Nury de los Ángeles Valcárcel Leyva, José Corella (Espeleólogo) y Francisco Cuesta (Museólogo)
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