Bartolomé Gutiérrez Rodríguez

Beato Bartolomé Gutiérrez Rodríguez
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Santo
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Religión o MitologíaCatolicismo
Día celebración2 de septiembre
País o región de origenCiudad de México, México
Venerado enIglesia Católica

Beato Bartolomé Gutiérrez Rodríguez Presbítero y mártir en la Iglesia Católica.

Historia

Bartolomé Gutiérrez Rodríguez fue un fraile agustino que fue beatificado en [1867]. Nació en la ciudad de [México] el [4 de septiembre] de [1580], hijo de Alonso Gutiérrez y Ana Rodríguez. Fue bautizado en la parroquia de [Sagrario Metropolitano]. A los [16] años ingresa a la orden agustina.

Hizo sus estudios en el convento de Yuriria, Michoacán, profesando el [1 de junio] de [1597]. Cuando fue ordenado sacerdote, fue trasladado a [Puebla] al convento de [San Agustín].

Bartolomé tenía deseo de ser misionero y mártir. Sus hermanos de religión se burlaban de él porque era muy gordo y no podría soportar las fatigas del misionero. Pero el respondía con jocosidad: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a [Filipinas] y de allí a [Japón] donde moriré por la Fe de Cristo”. Sus palabras resultaron proféticas.

El [22 de febrero] de [1606] se embarcó en [Acapulco] y llegó a [Filipinas] el [1 de mayo] de [1606]. Allí, los superiores al ver sus cualidades, lo nombraron maestro de novicios, desempeñando este cargo durante un sexenio.

Bartolomé tenía una gran facilidad para los idiomas, era un buen latinista y aprendió pronto el japonés a pesar de las dificultades de esta lengua. En [1612] se embarca a [Japón] y en [1613] es nombrado prior del convento de [Usuki]. Al dominar bien el idioma japonés, se entregó de lleno a la evangelización, teniendo pronto a su cargo una gran comunidad de fieles.

En [1614] hubo un decreto de expulsión para los religiosos y en noviembre de este año el Beato Bartolomé fue capturado y expulsado de [Japón], volviendo a [Filipinas], donde nuevamente fue maestro de novicios. En Japón la persecución se recrudeció a raíz del martirio del Beato Fernando de San José Ayala. Algunas crónicas precisan que se pedía la vuelta del Padre Bartolomé Gutiérrez porque este había dejado un buen recuerdo. Así, volvió a Japón acompañado del Beato Pedro de Zúñiga, regresando ambos a tierra de misión el [12 de agosto] de [1618].

Bartolomé ejerció un ministerio ejemplar entre sus fieles, estimulando por su fervor, sosteniendo a los débiles en la fe, predicando y administrando los sacramentos a escondidas. Venció innumerables peligros para llevar a Cristo a los creyentes y para no ser detenido, vivía en los campos y bosques. Vivió pobremente, padeció las inclemencias del clima y también el hambre. A esto él añadió ayunos, vigilias y tales maceraciones, que aquel joven robusto de [25] años, se convirtió en un hombre enjuto y seco que no parecía tener más que huesos y piel.

Milagros de Dios

De él se platica que Dios lo protegió de manera milagrosa cuando se escondía. En una ocasión escapó de sus perseguidores gracias a que una araña tejió su telaraña en un rincón de la casa donde se escondía. Otra vez salió al encuentro de sus captores tocando un instrumento musical sin ser notado por ello.

También sucedió que una buena mujer lo escondió en su casa, llegaron los guardias y le preguntaron por él, entonces ella sufrió un ataque de nervios y se reía mucho, pensaron los oficiales que quería congraciarse con ellos mientras les señalaba que adentro y lo tomaron a burla y se marcharon sin revisar. Así fue como desarrolló su apostolado.

Traición

En [1629], llegó a [Nagasaki] como gobernador un hombre llamado [Tacanga]. Este fue un cruel perseguidor y redobló las pesquisas y castigos. También respiraba mucho odio contra el Beato Bartolomé y los agustinos porque en el reino de [Bungo] habían fundado el primer convento y para acabar de componerla, el religioso había convertido al cristianismo a varios familiares suyos.

Víctima de una traición, el Beato Bartolomé fue sorprendido y arrestado el [10 de noviembre] de [1629], junto con el catequista y ahora Beato [Juan Shozaburo] y otros tres auxiliares con los que fue enviado a la cárcel de [Nagasaki]. Allí se reunieron pronto con él los religiosos agustinos [Francisco de Jesús Terrero] y [Vicente de San Antonio Carvalho].

Desde [1618] él había sido el sostén y promotor de la comunidad cristiana local, ahora ya detenido, el tirano Tacanga se alegró porque iba a escarmentarlo para infundir miedo en el reino. Luego fue trasladado a la cárcel de [Omuro], por considerarse que era un lugar más cruel.

En su traslado fue notoria su tranquilidad y resignación así como la alegría con que cantaba himnos a Dios en acción de gracias. Aquí languideció durante dos años. En [1630] tuvo la oportunidad de escribir al provincial: “por estar al presente por horas y momentos esperando la muerte” dando noticias no menos interesantes sobre sus compañeros y circunstancias de su prisión.

Torturas y muerte

En [1631] vuelve a [Nagasaki] en compañía de sus hermanos de hábito [Francisco de Jesús] y [Vicente de San Antonio] así como el Jesuita [Antonio Ixda], encontrando en la prisión al hermano franciscano [Gabriel de la Magdalena]. Los hicieron sufrir la tortura del agua sulfurosa en el [Monte Unge], fueron llevados al lago de [Arima], de aguas hirvientes, con las que eran bañadas sus carnes hasta escaldarlos y desollarlos creyendo que así renegarían de la fe. Esta dolorosísima prueba, de la que muchos salían apostatando, fue ganada por los mártires. Los suplicios fueron verdaderamente espantosos y se prolongaron por un mes, repitiéndose el castigo por lo menos dos veces al día, lo que tuvieron que padecer, todo el cuerpo hecho una llaga, no es fácil de imaginar.

Al ver que no se lograba ningún retroceso, fueron devueltos a Nagasaki, donde se les condenó a morir en la hoguera. Todavía la víspera, Tacanga les ofreció la libertad si apostataban, pero permanecieron firmes en la fe. La sentencia se llevó a cabo el [3 de septiembre] de [1632].

Al llegar al lugar del suplicio, entonaron, como era la costumbre entre quienes eran sacrificados, el salmo 116 “Laudate Dominum omnes gentes”, luego los ataron con lazos muy frágiles, para que se pudieran romper si decidían renegar. La leña era verde y llena de lodo para que ardiera con dificultad. Al ser encendido el fuego, el Beato Vicente Carvalho sacó su crucifijo y levantándolo en alto exclamo “¡Adelante valerosos soldados de Jesucristo! ¡Viva nuestra fe y por ella valerosamente moriremos!”.

Tras ser torturado y sumergido en aguas hirvientes, fue quemado vivo el [3 de septiembre] de [1632] junto con otros misioneros. Su cuerpo quedó reducido a cenizas, las que fueron recogidas y arrojadas al mar.

El Beato Bartolomé Gutiérrez formó parte del grupo de [205] mártires del Japón encabezados por el también Beato Alfonso Navarrete. Ellos fueron elevados a los altares el [7 de julio] de [1867] por el [Papa] [Pio IX].

Escritos y celebración

El Beato [Bartolomé Gutiérrez] dejo varios escritos: Explicación de la doctrina cristiana, la Relación del suceso de la prisión y el dichoso fin de los bienaventurados mártires [Pedro de Zúñiga] y [Luis Flores] y la relación del martirio que padecieron otros religiosos en el Japón en el mes de septiembre de [1622]. Este grupo de misioneros cierra el elenco de los mártires encabezados por el Beato [Alfonso de Navarrete].

Cada [2 de septiembre] la Iglesia recuerda al Beato Bartolomé Gutiérrez, sacerdote agustino del siglo [XVI], nacido en [México] y quien fuera llamado a la presencia de Dios a través del martirio, siendo misionero en [Japón].

Fray Bartolomé Gutiérrez, mártir, blanco de burlas por su sobrepeso fue beatificado el [7 de julio] de [1867] por el Papa [Pío IX].

En México la fecha para su conmemoración es el [2 de septiembre], con el rango de memoria opcional. Ese día, las oraciones de la misa y la liturgia de las horas están dedicadas a él.

Fuentes