Huelga de las Estacas en Banes
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Huelga de las Estacas en Banes. En agosto de 1933 se desarrolló un amplio movimiento huelguístico en numerosos centrales azucareros. Sus participantes se armaron con estacas de madera para enfrentar a la patronal yanqui. En Banes, en el batey del central Boston la huelga alcanzó gran repercusión y contribuyó al derrocamiento de la tiranía de Gerardo Machado.
Sumario
Antecedentes
En el verano de 1933, la crisis general que venía atravesando el país, alcanzó su punto más candente. La corta zafra de ese año, había sido la más pequeña de los últimos 20 años y los salarios habían alcanzado su más bajo nivel, la situación de los obreros se hacía cada vez más difícil. El gobierno de Machado se revelaba enteramente incapaz de hacer frente a una oposición de la cual participaban ya todos los sectores de la sociedad. El gobierno estadounidense estaba convencido de la potencial peligrosidad que la situación revestía para sus intereses.
En ese contexto los movimientos huelguísticos, que durante los meses anteriores habían sacudido las distintas regiones del país, tomaron nuevo ímpetu a finales del mes de julio. La región de Banes y Nipe no fue la excepción. Así, el 28 de julio, una comisión enviada por el Comité de huelga de Antilla, arribó a Banes con el objetivo de recabar la cooperación de los obreros de la localidad.
Pocos días después, el 5 de agosto se conoció que la clandestina Confederación Nacional de Obreros de Cuba, CNOC, había declarado una huelga general en La Habana. Los distintos sectores obreros comenzaron a agitarse; acordándose la celebración de una reunión el día 8, en la que la Unión Obrera decidió decretar la huelga general de 48 horas.
Huelga de las Estacas
Se denominó huelga de las Estacas porque las milicias rojas estaban integradas por más de un centenar de hombres organizados en brigadas o escuadras, pero muy pocos milicianos tenían armas, el resto utilizaba las estacas de guayaba, que daban nombre a la organización.
Los obreros del central Boston se incorporaron activamente al movimiento, dirigido por un Comité de lucha clandestino, que desde un tiempo antes venía actuando en el Ingenio, dirigidos por el Partido Comunista de Cuba.
La dirigencia obrera de la plantación bajo las orientaciones de los líderes comunistas enviados al efecto, como Miguel Ángel Figueroa (Zapata) y Carlos Montenegro, dejaron creadas varias organizaciones obreras para enfrentar la lucha que se avecinaba: un Comité de huelga sería la máxima representación de los trabajadores, una organización sindical de tipo regional para agrupar los distintos sectores laborales de la plantación y la ciudad, así como varias unidades de milicias rojas o Comité de estacas.
Formaban parte del Comité de huelga Argelio Cruz, designado secretario general del recién constituido Sindicato Obrero, Filiberto Fuentes, J. Aguilera, D. Ramírez, Ángel Pinillo, Fello Mejías, Raúl Almenares, entre otros. El responsable del Comité de estacas fue Ramón Pérez Güidi (Mongué), quien comenzaba a destacarse en el movimiento obrero como gran dirigente, pues luego ocupó la dirección de finanzas de dicho comité, y por último la dirección del núcleo de fabricación de azúcar.
El 11 de agosto, la Guardia Rural asaltó el local de la Unión Obrera en Banes, deteniendo a sus principales dirigentes y dictando orden de clausura contra el periódico Voz Obrera que había comenzado a circular en los días anteriores. La huelga de 48 horas que había terminado en ese propio día, fue declarada nuevamente el día 12, o sea que Banes se encontraba totalmente paralizado cuando se conoció la noticia de la fuga del tirano Machado. Aprovechando las nuevas circunstancias, los comités de lucha – ahora de huelga – de los centrales de la United Fruit Company, convocaron a una asamblea general de trabajadores para constituir oficialmente los sindicatos de ambos centros y acordar la confección de un pliego de demandas para ser presentado a la compañía.
El Comité de huelga, convocó a una asamblea general de trabajadores, el 28 de agosto, en la cual se aprobó un pliego de demandas para presentarlo al día siguiente a la compañía yanqui. En la comunicación se exigía la aceptación incondicional de las demandas planteadas, bajo la amenaza de paro general indefinido en todos los sectores de la plantación. Entre las que figuraban: la jornada de trabajo de 8 horas, la restitución de los sueldos y salarios a los niveles del año 1930, abolición del pago del 2 % por concepto de hospital, casa y luz gratis para los obreros, transporte gratis para todos los obreros que salieran del batey a trabajar, cumplimiento de la ley de accidentes, reconocimiento del sindicato.
La administración monopolista, maniobrando para ganar tiempo y sin una noción precisa del curso que seguirían los acontecimientos políticos en el país, adoptó una actitud cautelosa y condescendiente. Aceptó parcialmente algunas de las más importantes demandas, como: las 8 horas de trabajo, pago doble de horas extras, jornal mínimo de 70 centavos para obreros no especializados. Al mismo tiempo solicitaba 15 días para estudiar el reglamento del sindicato, e informar a la directiva de Boston en los Estados Unidos.
La concesión de estas demandas estaba condicionada al cese del movimiento de huelga y la reanudación inmediata de las labores paralizadas en la plantación.
Ante la negativa de la administración estadounidense a satisfacer enteramente las demandas planteadas, el comité de huelga no aceptó esta alternativa y llamó a los trabajadores a desfilar en manifestación, el día 29, por las calles de la ciudad, y concentrarse en asamblea general en el parque Cárdenas para ratificar el pliego completo de demandas. El movimiento tomó de inmediato grandes proporciones y fue significativo el amplio apoyo que recibió la asamblea de los distintos sectores de la población, y el carácter auténticamente democrático de su desarrollo, pues en el acto al margen de la dirigencia obrera habló todo el que quiso.
Prueba del alcance ampliamente popular del movimiento lo constituye la participación de la empleomanía burocrática de la Compañía, que se sumó a la huelga. En la asamblea, según recoge el diario local El Pueblo: “habló el guardajurado Paco Vivar, que dijo que antes de guardajurado de la Compañía era del pueblo, y que éste tenía toda la razón y debía exigirla”.[1]
Todas las propiedades de la United Fruit Company fueron tomadas por los obreros, los cuales controlaban estrechamente los movimientos de los funcionarios de la Empresa. En los documentos confidenciales de Mr. Walker, él mismo reconocía que durante la huelga todo su personal estaba confinado prácticamente a la casa y la oficina y no se les permitió utilizar carros ferroviarios, no tenían sirvientes y no podían obtener abastecimientos para sus casas, si no lo iban a buscar ellos mismos.
En otro momento el periódico El Pueblo señala:
Durante los días que duró la huelga, la reacción no dejó de prepararse para recobrar el control de la situación. A las 48 horas del paro, llegó al Boston, procedente de Holguín, un pelotón de soldados bajo el mando de un Comandante de apellido Acosta. Este oficial, de inmediato propició la negociación entre los líderes obreros y la administración monopolista.
El 5 de septiembre, después de llegar a un acuerdo con el Comité de huelga la United Fruit Company hizo circular profundamente en Banes una proclama, según la cual la Empresa decía aceptar las demandas fundamentales que el sindicato había planteado.
Terminada la huelga y reincorporados los obreros a sus labores, el Comité de huelga y otras organizaciones obreras se mantuvieron en función durante varios meses más, pues la tregua entre la Compañía y sus trabajadores se mantuvo en forma bastante precaria ya que frecuentemente se producían conflictos en los diversos departamentos, decretando breves huelgas parciales que mantenían el trabajo a un ritmo poco estable.
Repercusión de la huelga de las Estacas
La huelga de las Estacas fue en primer lugar la contribución de los banenses al derrocamiento de la tiranía de Machado. En segundo lugar se demostró la existencia de un movimiento obrero organizado y sólido en la lucha por sus demandas.
Pero lamentablemente, en el mes de noviembre comenzó la represión, a Banes llegó el célebre sargento Chamizo, al mando de varios pelotones de la guardia y comenzó una cacería de comunistas y líderes obreros, que se prolongó hasta fines de febrero de 1934. Como en muchos otros centrales, la soldadesca cantaba una desagradable tonada que decía: “Comunista: escopeta va a cantá y tu madre va a llorá”[3].
La guardia rural llevó a cabo el desalojo masivo para cientos de familias obreras, sobre todo aquellas que durante la huelga habían tomado un papel dirigente. Fueron deportadas a decenas de kilómetros fuera de los límites de la plantación, para esta salvaje acción la rural utilizando el plan de machete, llenó los carros de línea, puestos a su disposición por la Compañía.
Los miembros de las familias deportadas no pudieron conseguir trabajo más nunca en los centrales azucareros propiedad de la United Fruit Company.
Referencias bibliográficas
Fuentes
- Fuente: Dr. C. Yurisay Pérez Nakao. Historiadora de Banes.
- James Figarola, Ariel: Banes: Imperialismo y nación en una plantación azucarera. La Habana. Editorial Ciencias Sociales, 1976.
- Pérez Nakao, Yurisay: Una semilla escondida. (Inédito).
- _________: Síntesis histórica del municipio Banes. (Inédito).
- zanetti Lecuona, Oscar (et al): UFCo. : Un caso de dominio imperialista en Cuba. La Habana. Editorial Ciencias Sociales, 1976.
- Colección periódico El Pueblo. Desde 1915 hasta 1958
- Entrevista a Ramón Pérez Güidi.