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Tomy nació en [[1949]], en [[Barajagua]]. El mayor de siete hermanos, Tomás Rodríguez Zayas, creció en su ciudad natal, en lo que más tarde sería entronque de las carreteras a Holguín, [[Santiago de Cuba]] y [[Mayarí]], en el corazón mismo del campo y de una familia montuna.
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Desde los tres o cuatro años ya le gustaba dibujar. La maestra que le enseñó a leer lo regañaba constantemente porque durante toda la clase no paraba, lápiz en mano, de inventar líneas y curvas sobre el papel. Nadie sabía de donde le venía esa inclinación, por no decir persistente interés y hasta vocación, aunque la madre diseñaba ella misma los manteles y otras piezas que tejía o bordaba. En ese entonces, un primo varios años mayor que él lo retó a ver quien dibujaba mejor y Tomy fue el vencedor. Ya no conforme, se propuso darle color a los dibujos, pero no contaba con los medios para hacerlo.
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Así, se dio a la búsqueda de elementos cromáticos y empezó a probar con las plantas: el mataperro le daba una tinta violeta; en el cardo santo encontró cierta savia amarilla que al aplicarla se tornaba carmelita; la salvia le ofrecía el verde; de las hojas brotaba el jugo. De una semillita sacaba el rojo. A pesar de que la gama no era muy amplia pudo hacerse de varios colores. Lo más revelador de aquellas búsquedas era que el secreto de los tintes no se lo enseñó nadie, lo aprendió solo. El negro lo fabricaba con carbón que pulverizaba y después probaba las mezclas con los tintes de las plantas. Por lo visto, ya desde la niñez le atraía la experimentación.
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Cuando empezó, a los cinco o seis años, en la escuelita rural situada a tres kilómetros de su casa, que andaba y desandaba cada día, le fueron a enseñar dibujo y resultó que ya sabía hacerlo mejor que sus condiscípulos.
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Después tendría la suerte de que a la escuela llegara un maestro rural con experiencia en la enseñanza a los niños campesinos; era alguien interesado en propagar otros conocimientos, más allá del aprendizaje de la lectura y la escritura.
  
 
==Fuente==
 
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Revisión del 14:32 15 nov 2010


Tomás Rodríguez Zayas más conocido por Tomy, es uno de los más relevantes humoristas gráficos, era agrónomo de formación, y desde el año 1968 dedicó su talento a la prensa. Sus caricaturas, que mucho hicieron reír y reflexionar, quedan ya como patrimonio de la gráfica humorística.

Fue miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Unión de Periodistas de Cuba, que le otorgó el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez y la Distinción Félix Elmuza. Se desempeñó como presidente de la Asociación de Humoristas de Cuba y director artístico del suplemento Dedeté, del periódico Juventud Rebelde.

Biografía

Vida familiar

Tomy nació en 1949, en Barajagua. El mayor de siete hermanos, Tomás Rodríguez Zayas, creció en su ciudad natal, en lo que más tarde sería entronque de las carreteras a Holguín, Santiago de Cuba y Mayarí, en el corazón mismo del campo y de una familia montuna.

En la parcela, de media caballería de extensión, el padre cultivaba maíz para alimentar algunos machos y gallinas, plátano vianda, boniato, yuca y, además, frutas para la subsistencia de la familia. No daba para más, por ello también cortaba caña en cada zafra. Así podría, tal vez, comprarle ropa a los hijos y satisfacer otras necesidades mínimas.

Inicios en el dibujo

Desde los tres o cuatro años ya le gustaba dibujar. La maestra que le enseñó a leer lo regañaba constantemente porque durante toda la clase no paraba, lápiz en mano, de inventar líneas y curvas sobre el papel. Nadie sabía de donde le venía esa inclinación, por no decir persistente interés y hasta vocación, aunque la madre diseñaba ella misma los manteles y otras piezas que tejía o bordaba. En ese entonces, un primo varios años mayor que él lo retó a ver quien dibujaba mejor y Tomy fue el vencedor. Ya no conforme, se propuso darle color a los dibujos, pero no contaba con los medios para hacerlo.

Así, se dio a la búsqueda de elementos cromáticos y empezó a probar con las plantas: el mataperro le daba una tinta violeta; en el cardo santo encontró cierta savia amarilla que al aplicarla se tornaba carmelita; la salvia le ofrecía el verde; de las hojas brotaba el jugo. De una semillita sacaba el rojo. A pesar de que la gama no era muy amplia pudo hacerse de varios colores. Lo más revelador de aquellas búsquedas era que el secreto de los tintes no se lo enseñó nadie, lo aprendió solo. El negro lo fabricaba con carbón que pulverizaba y después probaba las mezclas con los tintes de las plantas. Por lo visto, ya desde la niñez le atraía la experimentación.

Cuando empezó, a los cinco o seis años, en la escuelita rural situada a tres kilómetros de su casa, que andaba y desandaba cada día, le fueron a enseñar dibujo y resultó que ya sabía hacerlo mejor que sus condiscípulos.

Después tendría la suerte de que a la escuela llegara un maestro rural con experiencia en la enseñanza a los niños campesinos; era alguien interesado en propagar otros conocimientos, más allá del aprendizaje de la lectura y la escritura.

Fuente

Tomy: Descifrar las incógnitas de la caricatura