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Si bien hubo inmigrantes procedentes del archipiélago canario en el hinterland del puerto desde mucho antes del momento fundacional del poblado de San Fulgencio de Gibara, en [[1817]];  es ya bien entrado el siglo XIX cuando se incrementó notablemente el arribo de estos a la zona.  
 
Si bien hubo inmigrantes procedentes del archipiélago canario en el hinterland del puerto desde mucho antes del momento fundacional del poblado de San Fulgencio de Gibara, en [[1817]];  es ya bien entrado el siglo XIX cuando se incrementó notablemente el arribo de estos a la zona.  
  
La cercanía del puerto actuó siempre como un poderoso imán sobre los  inmigrantes de aquellas islas, muy dedicados a la agricultura. El canario, al menos en Gibara, se vinculó siempre a los mercados con las producciones de sus predios. El cultivo del tabaco los relacionó con el mercado mundial, y otros productos agrícolas los enlazaron con los mercados local e insular. Hacia la medianía del siglo XIX, luego de establecerse las líneas regulares de barcos que transportaban pasajeros y cargas por las costas de Cuba varios productos agrícolas gibareños encontraron espacio económico estable en el mercado habanero.  En los terrenos inmediatos a la villa vivían y trabajaban numerosos labriegos canarios que lograban una alta producción agrícola en sus pequeñas fincas.  
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La cercanía del puerto actuó siempre como un poderoso imán sobre los  inmigrantes de aquellas islas, muy dedicados a la agricultura. El canario, al menos en Gibara, se vinculó siempre a los mercados con las producciones de sus predios. El cultivo del tabaco los relacionó con el mercado mundial, y otros productos agrícolas los enlazaron con los mercados local e insular. Hacia la medianía del siglo XIX, luego de establecerse las líneas regulares de barcos que transportaban pasajeros y cargas por las costas de Cuba varios productos agrícolas gibareños encontraron espacio económico estable en el mercado habanero.  En los terrenos inmediatos a la villa vivían y trabajaban numerosos labriegos canarios que lograban una alta producción agrícola en sus pequeñas fincas. El historiador  Herminio Leyva escribió en 1894:
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{{Sistema:Cita|En los egidos del poblado se encuentran 124 estancias  o sean (sic)  sitios de labor,  que surten abundantemente al mercado gibareño de viandas, aves, frutas, leche, huevos, maíz, forraje, &. &.  y  en tal cantidad que sobra frecuentemente para exportar como sucede con los plátanos y el maíz, cuyos productos se solicitan en la plaza de La Habana por su bondad excepcional<ref>Leyva Aguilera, Herminio: Gibara y su jurisdicción. Establecimiento Tipográfico de Martín Bim. Gibara, 1894. Página 254</ref>.}}
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Revisión del 11:16 4 mar 2020

Canarios en Gibara en el siglo XIX
Información sobre la plantilla
Fecha:Siglo XIX
Lugar:Villa de Gibara,Gibara
País(es) involucrado(s)
Cuba

Presencia de canarios en Gibara. Gibara está situada frente al Océano Atlántico, en la costa norte del oriente cubano. Su población cabecera se asienta junto a la bahía y puerto de igual nombre. En tiempos coloniales centenares de inmigrantes canarios arribaron a este territorio y se avecindaron en las inmediaciones del puerto, que fue durante el siglo XIX el principal enclave comercial del nororiente de la Isla.

Llegada de los primeros canarios

Los primeros canarios que llegaron a este espacio geográfico para establecerse procedían de Bayamo, donde se habían asentado previamente[1]. La inmigración hacia esta zona de ellos y sus descendientes comenzó desde los siglos XVII y XVIII coincidiendo con los momentos fundacionales de las haciendas situadas entre el hato de Holguín y la costa del norte. Entre estos se contó Juan Francisco de la Cruz Prada quien adquirió la posesión de Yareniquén en 1681[2]. Luego sus hijos y nietos, nacidos en Cuba, se asentaron en Guayacán, Auras, Yabazón y Arroyo Blanco. Una de sus nietas, María Felipa de la Cruz Moreno, residente en Auras, contrajo matrimonio con Salvador Hernández y Manzano, natural de Canarias[3] con quien fundó una larga familia. Felipe Pérez de Espinosa, paisano de Hernández, recibió del cabildo bayamés la posesión de Managuaco en 1683.

José Romero Medina, natural de Teide, en la isla de Tenerife, adquirió tierras en el valle medio del río Cacoyugüín en el último cuarto del siglo XVIII. Allí llegó a tener… una posesión en Candelaria por el valor de 525 pesos y en este mismo lugar un ingenio con trapiche para moler cañas y fabricar azúcar y aguardiente, casa de purga, 6 yuntas de bueyes, un cafetal con 20 000 matas de café, bestias caballares y mulares y ganado mayor y menor[4]. Tenía también por esa época una vega en la confluencia de los ríos Gibara y Yabazón y propiedades urbanas en la ciudad de Holguín[5]

El historiador Herminio Leyva Aguilera, publicó un listado de los vecinos que se establecieron en el poblado portuario de Gibara desde 1817, su año fundacional, hasta 1845[6]. Entre estos incluyó a dos matrimonios en los que ambos cónyuges eran canarios: el integrado por Mariano Cabrera y Dolores Pomeroles; y el de Francisco Betancourt y Tomasa Domínguez. Relacionó también al canario Agustín Rodríguez Risso, casado con la holguinera María de la Torre, y a Dolores Cáceres, compatriota de Rodríguez, quien tuvo tres hijos con Jaime Claps, este último natural de Ibiza, Islas Baleares. Aunque Leyva no lo recoge en el listado de primitivos vecinos, Juan Zaldívar, alcalde constitucional del primer ayuntamiento de Gibara -que se instituyó en 1823-, había nacido también en Canarias. Si bien hubo inmigrantes procedentes del archipiélago canario en el hinterland del puerto desde mucho antes del momento fundacional del poblado de San Fulgencio de Gibara, en 1817; es ya bien entrado el siglo XIX cuando se incrementó notablemente el arribo de estos a la zona.

La cercanía del puerto actuó siempre como un poderoso imán sobre los inmigrantes de aquellas islas, muy dedicados a la agricultura. El canario, al menos en Gibara, se vinculó siempre a los mercados con las producciones de sus predios. El cultivo del tabaco los relacionó con el mercado mundial, y otros productos agrícolas los enlazaron con los mercados local e insular. Hacia la medianía del siglo XIX, luego de establecerse las líneas regulares de barcos que transportaban pasajeros y cargas por las costas de Cuba varios productos agrícolas gibareños encontraron espacio económico estable en el mercado habanero. En los terrenos inmediatos a la villa vivían y trabajaban numerosos labriegos canarios que lograban una alta producción agrícola en sus pequeñas fincas. El historiador Herminio Leyva escribió en 1894:

En los egidos del poblado se encuentran 124 estancias o sean (sic) sitios de labor, que surten abundantemente al mercado gibareño de viandas, aves, frutas, leche, huevos, maíz, forraje, &. &. y en tal cantidad que sobra frecuentemente para exportar como sucede con los plátanos y el maíz, cuyos productos se solicitan en la plaza de La Habana por su bondad excepcional[7].



Fuente

Doimeadiós Cuenca, Enrique. Historiador de Gibara. Trabajo:Canarios en Gibara en el siglo XIX.

Referencias

  1. La pérdida de gran parte de la información demográfica sobre la región, como consecuencia del incendio de Bayamo en enero de 1869, es un obstáculo que hace difícil seguir la raíz canaria de muchas familias domiciliadas inicialmente allí
  2. Ver Ávila del Monte, Diego de: Origen del hato de San Isidoro de Holguín Imprenta El Oriental, Holguín, 1865, p p 66 y 68
  3. Ver Ávila del Monte, Diego de: Origen del hato de San Isidoro de Holguín Imprenta El Oriental, Holguín, 1865, p p 80
  4. Mireya Durán Delfino, Apuntes sobre la vida de una holguinera ilustre: Doña victoriana de Ávila González de Ribera. En Revista Gibara, Nº 1, Enero Abril de 1999
  5. . En 1798 José Romero contrajo matrimonio con María Victoriana de Ávila y González de Ribera, integrante de una de las familias de más antiguas de Holguín. Él aportó al matrimonio un capital de cinco mil pesos. Llamado por Francisco de Zayas y Armijo, Teniente Gobernador de Holguín, Romero se estableció en el nuevo pueblo de Gibara desde el mismo momento de su fundación. Allí construyó el muelle mejor situado y de mayor valor de uso del puerto, fue fundador de una compañía comercial y atendió también responsabilidades gubernamentales, que le encomendó especialmente el Teniente Gobernador. No en balde José Romero era en el naciente pueblo de Gibara el hombre de confianza de Zayas y el vecino de más carácter y caudales.
  6. Leyva Aguilera, Herminio: Gibara y su Jurisdicción. Establecimiento Tipográfico de Martin Bim, gibara, 1894, página 451
  7. Leyva Aguilera, Herminio: Gibara y su jurisdicción. Establecimiento Tipográfico de Martín Bim. Gibara, 1894. Página 254