Diferencia entre revisiones de «Villanueva de Oscos»

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Revisión del 14:59 18 nov 2017

Villanueva de Oscos
Información sobre la plantilla
 de España
Población (2015) 
 • Total1, 669 hab.
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Ciudad de Villanueva de Oscos

Villanueva de Oscos Concejo asturiano situado en la zona suroccidental de la región y que se encuentra enmarcado dentro de la comarca de los Oscos junto con los concejos de Santa Eulalia y San Martín.

Localización

Limita por el norte con los concejos de Vegadeo, Castropol y Boal, al sur con los de San Martín y Santa Eulalia, al este con los de Illano y San Martín otra vez, y por su parte occidental con Taramundi. Su superficie abarca una extensión de 72,70 km2.

Capital

La Capital del concejo corresponde a la villa que da nombre a su vez a todo el municipio. Situada a unos 658 metros de altitud, su vida permanece directamente ligada a la del antiguo monasterio de Santa María, antiguo centro de poder de toda la zona, y que perdió tal condición en el año 1827, en el que la jurisdicción pasó a ser municipal. Cuenta un bonito patrimonio etnográfico con viviendas perfectamente integradas en el paisaje local, donde predomina el uso de los materiales hallados en su medio físico.

Historia

La historia de Villanueva sigue los mismos caminos que la de sus concejos vecinos de San Martín y Santa Eulalia, durante las etapas prehistóricas, la edad antigua y la edad media hasta 1137, fecha en la que pasa a ser coto abadengo. Los primeros restos hallados que demuestran la presencia humana en el concejo pertenecen a la etapa neolítica, como así lo demuestran los campos tumulares descubiertos en las estribaciones de la sierra de Pumarín, destacando de entre todos ellos el de A Chaira das Grallas.

Dentro de la cultura castreña, también Villanueva ofrece diversas muestras de estos singulares asentamientos, destacando los localizados en La Pena del Castro en Morlongo y El Castelo en Villanueva. La etapa colonizadora romana, también se deja notar en todo el territorio, estando adscrito el territorio dentro del “conventus lucenssis”. Varios son los vestigios encontrados de dicha época, como los crisoles de piedra y conos de escorias, relacionados con trabajos de fundición. Como es de suponer la presencia de minerales como el hierro fue una de las causas que atrajo a los asentamientos romanos hacia la comarca de los Oscos.

En 1137 la historia de Villanueva toma camino diferente a San Martín y Santa Eulalia, con el establecimiento de una orden Benedictina en la zona de As Tremoras gracias a la donación efectuada a su favor por el rey Alfonso VII, mediante la cual cedía todo el territorio del municipio a los monjes. Varias son las donaciones realizadas durante este siglo al monasterio por particulares, en la cual se recibían terrenos de toda la comarca occidental, como la efectuada por Honega Ramírez en la cual otorga sus posesiones en Gío y Villar de Piantón, o la de Gutierre Alfonso mediante la cual ceden haciendas de Nonide, Grandas y El Franco. En el año 1162 se produce la llegada al monasterio de los Cistercienses, reactivando la vida en el monasterio gracias a la labor agropecuaria, al que se unió el trabajo del hierro en ferrerías artesanas ya por el siglo XVII. En 1182 el monarca Fernando II concede un privilegio al coto mediante el cual toda la jurisdicción iba a pertenecer al monasterio, teniendo sus gentes que cumplir las deudas y los deberes ante el abad, sin que se produzca ninguna intromisión real. Esta exención sería refrendada por los sucesivos reinados que dirigieron las riendas del territorio Español, desde Alfonso IX a Felipe V. Aunque la mayor parte de la superficie de Villanueva pertenecía al coto de Santa María, había una pequeña porción de terreno exenta de los dominios eclesiásticos, la cual estuvo representada en la Junta General del Principado tomando parte del partido de Castropol, siendo los representantes del municipio en 1693 para el repartimiento de alcabalas Domingo López Bermúdez y Antonio de Soto. El poder ejercido por los monjes durante siglos empieza a desquebrajarse en 1721, fecha en la cual las gentes del concejo expresan su descontento por la enorme servidumbre a la que se les sometía. Así, en el año 1792 el abad, queriendo conservar la integridad del territorio y amansar al pueblo, acepta reducir algunas tasas e impuestos, circunstancia que no logra parar el descontento, llegándose al año 1827, fecha en la cual el monasterio deja de tener jurisdicción sobre toda la zona, alcanzando de este modo la deseada condición municipal. Una vez perdido todo el poder, los monjes fueron expulsados en 1836, debido a la desamortización de Mendizábal, y todos los bienes del monasterio fueron puestos a la venta. Los tiempos actuales discurren entre una situación de incertidumbre creada por el continuo despoblamiento de la zona, aunque se espera que la situación empiece a invertirse, dadas las condiciones naturales que ofrece Villanueva para la vida humana.

Arte

La principal muestra artística del concejo la representa el antiguo monasterio de Santa María de Villanueva, declarado monumento histórico artístico. Fue fundado en el siglo XII por una orden Benedictina gracias a una donación de Alfonso VII y su esposa Berenguela, y fue regido durante mucho tiempo por los Cistercienses. La iglesia del convento, actual templo parroquial, es la edificación más antigua, siendo de estilo románico, con presencia de tres ábsides cubiertos con bóveda de medio cañón. En su interior guarda un importante sepulcro cubierto por arco de medio punto que presenta múltiples trabajos escultóricos de piedra. El resto de las dependencias monacales corresponden a edificaciones y reformas efectuadas en los siglos XVII y XVIII, teniendo un estado de conservación no del todo bueno.

Las demás construcciones religiosas repartidas por el municipio como las de San Cristóbal, San Juan, o la capilla de Regodeseves, son claros ejemplos de la arquitectura religiosa rural de la zona. Dentro de su arquitectura popular podemos encontrar por todos los pueblos de Villanueva edificios muy bien integrados en el paisaje, con un uso predominante de los materiales que se hallan en su suelo como las pizarras, cuarcitas y la madera, tanto para las viviendas principales, como para las anexas ligadas a la actividad agropecuaria. Así dentro de estas últimas son de destacar los hórreos localizados en Morlongo que presentan una cubierta totalmente vegetal, y los cortines de San Cristóbal, que eran recintos amurallados en cuyo interior se ponían colmenas de miel para protegerlas de los ataques de animales.

De la misma manera hay que destacar la presencia de diversos campos tumulares hallados en la sierra de Pumarín, así como los recintos castreños de La Pena del Castro y El Castelo, directamente relacionado con las labores mineras realizadas por la invasión romana durante su colonización del terreno.

Fuentes