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Historia de los Testigos de Jehová en Cuba

Neocolonia

Los primeros Estudiantes de la Biblia (en 1931 Testigos de Jehová) llegaron a la isla en 1910.[1] A tan sólo tres años del arribo de la doctrina ruselita el propio C. T. Russell pronunció un discurso en Cuba. [1] Finalizando el gobierno de Gerardo Machado, en 1932, el segundo presidente del organismo rector de los Testigos habló por la radio en La Habana. Sin embargo, por el arraigo del analfabetismo no hallaron muchos seguidores en este país.

En el transcuros del año 1934, año convulso en la isla, se comprometieron varios cubanos con esta religión mediante un bautismo simbólico en agua. Poco fue el aumento en esos años, a tal punto que, en 1936 sólo existían 40 predicadores de casa en casa. Esta cifra se multiplicó en los años posteriores, llegando a alcanzar las 950 personas en 1940. En ese mismo año, empezaron a emplear un método nuevo de proselitismo al emitir programas de radio diariamente.

En 1943, en el útimo año del primer mandato de Fulgencio Batista[2], en plena guerra mundial, la Sociedad Watch Tower, envió a Cuba 12 misioneros[3] que procedían de la escuela misionera de Galaad, inagurada en ese mismo año en Nueva York, Estados Unidos.[4] El salario mensual que recibían era de solo 25 dólares para todos los gastos.[5] Su propósito era el de aumentar la cantidad de miembros de su religión.

A principio de 1944, visita el país por 10 días el tercer presidente de los Testigos, Nathan Homer Knorr, junto con una delegación que incluía el sucesor de Nathan. La delegación estaba compuesta por: Frederick William Franz, W. E. Van Amburgh y Milton G. Henschel que participaron en una asamblea que se celebró en La Habana.[6]

En 1945, después de seis meses que Ramón Grau San Martín llegara a ser presidente de Cuba, los Testigos de Jehová ya contaban con una comunidad que ascendía a los 1 894 miembros. [6] Solo en la Habana contaban con tres congregaciones (iglesias) para reunirse y enseñar su doctrina. [7] Cinco años después, esa cifra se triplicó alcanzando los 7 000 miembros.[5]


SERVICIO MISIONAL Finalmente, el 12 de abril de 1945, mi esposa y yo abordarnos un avión en Miami, Florida, y dimos un breve salto de unos trescientos kilómetros hasta La Habana, Cuba. Entonces realmente comencé la vida de misionero. Al comienzo fue ardua. No sabía español, pero aprendí de memoria un breve testimonio; y el día después de llegar comencé de casa en casa usando un fonógrafo portátil, como era la costumbre entonces. Al presentar la literatura, la gente se reía conmigo y de mí, pero no me importaba porque cada día aprendía un poco. Coloque algo de literatura, y luego comencé a hacer revisitas e inicié algunos estudios. Cuando comencé a predicar allí llevaba un pequeño diccionario Inglés-Español. Cuando alguien decía algo o yo deseaba decir algo y no conocía las palabras, decía “Un momento,” y sacaba el diccionario para buscar lo que quería decir, o lo que me decían. Mi esposa y yo no tenemos hijos, pero una hermana de más de setenta años de edad nos llama abuelo y abuela. Ahora, esto puede parecer extraño, pero sucedió así: en el otoño de 1945 fui a hacer una revisita a una señora que había tomado el libro “La verdad os hará libres.” Estudiamos con ella algunos meses, y luego en 1946, justamente antes de la visita del hermano Knorr, comenzó a salir al servicio con nosotros. Concurrió a la asamblea internacional de Cleveland, Ohío, en 1946, y comenzó a predicar más y más hasta llegar a ser precursora; y ha ayudado a muchos más a aprender la verdad. Por esto, desde el punto de vista de que recibieron la verdad mediante uno a quien nosotros habíamos llevado el mensaje de vida, ellos nos consideran a mi esposa y a mí como el “abuelo” y la “abuela.” Esto me recuerda lo que Jesús dice en Marcos 10:29, 30 de que nadie ha dejado a madre o padre o hijos por su causa que no haya de recibir un céntuplo ahora en este tiempo. He tenido el privilegio de servir como superintendente de varias congregaciones que han crecido y se han dividido para formar nuevas congregaciones. Había solo tres congregaciones en la zona metropolitana de La Habana en 1945, pero ahora hay más de treinta. Hay más publicadores en la zona de La Habana ahora que los que había en toda Cuba en 1945. En la congregación donde ahora sirvo como superintendente comencé un estudio con un hombre sincero que declaró entonces que jamás podría aprender las verdades de la Biblia ni cómo hallar los textos en los varios libros de la Biblia. Sin embargo, después de menos de un año sabía cómo usar la Biblia, comenzó a servir a Jehová, fue bautizado y ahora sirve como uno de los siervos auxiliares en una nueva congregación que se organizó debido al crecimiento de nuestra congregación. La voluntad de Jehová es que los de corazón humilde oigan, y feliz es la porción de los que hacen del servicio a Jehová su propósito en la vida. Es cierto que cuando primero vine a Cuba el idioma y las costumbres me fueron extrañas, y si no hubiese estado cabalmente convencido en cuanto a mi propósito de venir aquí, pudiera haber decidido que no quería permanecer y haber regresado a los Estados Unidos. Pero quería predicar y tener una pequeña parte en hacer discípulos de las naciones; de modo que estaba determinado a familiarizarme todo lo posible con las distintas costumbres y el idioma. Esa determinación me ayudó a permanecer, y he sido grandemente bendecido. Como testigo de Jehová, sé que los individuos no son lo importante, sino que si una persona puede servir debe hacerlo. SERVICIO DE BETEL En mi tercer año en una asignación extranjera, en abril de 1948, mi esposa y yo fuimos asignados a trabajar en la oficina de la sucursal cubana. Luego en 1949 fui asignado a rendir servicio en algunos de los circuitos como siervo de distrito, saliendo de Betel el jueves para este servicio de fin de semana. Ha sido un privilegio maravilloso servir a mis hermanos y a la gente aquí en Cuba durante los pasados dieciséis años y ver el número de los alabadores de Jehová crecer de 1,400 a más de 13,000. ¿Puede usted pensar en un privilegio mayor o una carrera que brinde más gozo que el de servir a Jehová Dios como testigo de él?

w61 619-20; Siguiendo tras mi propósito en la vida. Según lo relató W. J. Simpkins


después del 59 12 de octubre de 1963Poco tiempo después de la dedicación llegaron Harry y Paquita Duffield, los últimos misioneros que habían sido expulsados de Cuba. yb15 129; Los testigos de Jehová no piensan marcharse

• En septiembre de 1994 se estableció una imprenta en el Hogar Betel de La Habana.

    • w99 15/5 pág. 8 Una isla se regocija tras una visita histórica ***

• permiso para utilizarla (1994): km 10/95 2


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• Aunque los libros y las Biblias que necesitan los hermanos de Cuba se imprimen en Italia, las ediciones en blanco y negro de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! se producen en el país con la ayuda de dos mimeógrafos. Publicar todas las revistas que se requieren exige de los hermanos largas horas de trabajo manual reiterativo en incómodas habitaciones.


Del 1 al 7 de diciembre de 1998, Lloyd Barry, John Barr y Gerrit Lösch visitaron el Hogar Betel de La Habana, y asistieron a algunas de las asambleas de distrito “Andemos en el camino de Dios” que se celebraron en Cuba. Se alegraron mucho de conversar con algunos ancianos viajantes y de conocer mejor a los funcionarios públicos cubanos. “Tanto para mi esposa como para mí, fue una experiencia teocrática inolvidable —dijo John Barr—. Nuestros queridos hermanos y hermanas de Cuba rebosan de celo por la verdad. Me di cuenta de que nuestra hermandad internacional es sumamente valiosa.” Lloyd Barry añadió: “Esta semana memorable me ha ayudado a comprender mucho mejor la situación de nuestros hermanos”.

Uno de nuestros hermanos recordaba la última visita a Cuba de un miembro del Cuerpo Gobernante, Milton Henschel, en 1961. La familia Betel se compone de 48 trabajadores voluntarios fijos y dieciocho ayudantes temporales. El hermano Barry agradeció sinceramente el buen trato que las autoridades cubanas habían dispensado a la delegación extranjera. Los Testigos celebran asimismo reuniones regulares en pequeños grupos por toda la isla. A veces también tienen el privilegio de celebrar asambleas mayores en grupos de unos ciento cincuenta asistentes. w99 15/5 Una isla se regocija tras una visita histórica pag 9

Referencias

  1. 1,0 1,1 La Atalaya 2014 15/12, "Escuchemos para entender el significado", pag 9, parr 13.
  2. Radio Baraguá
  3. Proclamadores, Capítulo 23, "Los misioneros fomentan el aumento mundial", pág 460, 528. Editado por Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania, 1993.
  4. La Atalaya, 1961, pág 619-20
  5. 5,0 5,1 La Atalaya, 1 de noviembre de 1997, pág 21. "He visto al pequeño convertirse en una nación poderosa, Relatado Por William Dingman".
  6. 6,0 6,1 Proclamadores, Capítulo 22, "Testigos hasta la parte más distante de la Tierra", pág 459. Editado por Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania, 1993.
  7. La Atalaya 1961, pág 619-20; "Siguiendo tras mi propósito en la vida". Según lo relató W. J. Simpkins