Ocasionalismo
| ||||||
Sumario
Sentidos diferentes de ocasionalismo
En dos diferentes sentidos puede entenderse el ocasionalismo. De manera estricta como el conjunto de las teorías que varios pensadores cartesianos o filósofos influidos por Descartes propusieron con el designio de resolver el problema de la interacción entre las sustancias, la pensante y la extensa. En otro sentido más lato como una serie de tesis que diferentes escuelas, y diferentes filósofos y teólogos, de la antigüedad o de la época moderna, presentaron y sostuvieron para dar una solución al problema del conflicto existente entre el determinismo, la providencia o predestinación divina, y el libre albedrío humano.
Ocasionalismo en sentido estricto
El primero de los sentidos o sentido estricto apareció de modo definido con el dualismo cartesiano. En cuanto éste era admitido, se presentaban varias soluciones.
- Entender que debe haber, al mismo tiempo, una sustancia pensante y extensa. Esta concepción fue, justamente, la sostenida por el mismo Descartes, mediante la tesis singular de que el alma tiene su sede en la llamada glándula pineal.
- Considerar que las dos sustancias, la pensante y la extensa no son otra cosa que dos atributos correspondientes a una única y singular sustancia que es la divinidad, o Dios. En tal posición se encuenra la filosofía de Baruch Spinoza.
- Admitir que las dos sustancias, extensa y pensante, han sido como predeterminadas ab initio por Dios, de tal manera que pueden asemejarse al funcionamiento de dos relojes que marchan simultánea y sincrónicamente, no por azar, ni por ninguna otra razón, sino por "una armonía preestablecida". Tal ha sido la solución de Geulincx y Leibniz.
- Concebir que en cada "ocasión" en que se produce un movimiento anímico, Dios interviene para provocar el correspondiente movimiento en el cuerpo. O al revés. Esta es la solución estrictamente denominada "ocasionalista". Posición de Malebranche.
Puede advertirse, de este modo, que el ocasionalismo sustituye el concepto de causa o causalidad, por el de ocasión. Esto sostiene la implicación de que toda causa está circunscrita a una situación, ocasional.
Algunos pensadores que representan esta doctrina entienden que Dios ha intervenido, de una vez para siempre, con el propósito de determinar de modo adecuado la relación entre las dos sustancias.
Pero también han estado los que sostuvieron -o sostienen- que hay una intervención continua y persistente en el tiempo, de Dios.
Así pues, el ocasionalismo se presenta como una reacción y una alternativa crítica a la gnoseología con raíces aristotélicas, aquel realismo antropológico cognoscitivo que tanto había influido en la formación de una perspectiva filosófica cristiana durante la época medieval.
Teorías de Nicolás de Malebranche
Uno de los científicos que más éxito tuvo en sistematizar el ocasionalismo fue el filósofo y teólogo Malebranche; este, como máximo representante del ocasionalismo, influyó mucho en los ambientes filosóficos católicos, pero fue mal visto por la autoridad magisterial de la Iglesia y por los ambientes filosóficos y religiosos de la época.
Para Malebranche no existe ninguna posibilidad de influencia entre las realidades físicas y las espirituales, ni una autonomía de las realidades y de los sujetos finitos. La única causa de todo es Dios, que de manera directa actúa en la realidad y en los sujetos. Lo único posible es saber que la mente humana puede percibir las ideas. Las sensaciones y las pasiones humanas no dan el conocimiento, sino que provocan una visión distorsionada de la realidad, ya que las ideas no tienen origen ni en los sujetos ni en los objetos, ni pueden por otra parte decirse innatas: sólo están presentes en la mente de Dios y, por tanto, el conocimiento de las ideas sólo tiene lugar cuando el hombre entra en relación participativa con la mente divina.
Por consiguiente, ninguna realidad puede ser conocida como verdaderamente es en sí misma. Concepción mística en el terreno del conocimiento, el ocasionalismo lo es también en el plano moral: la libertad del hombre se percibe sólo como un misterio. En efecto, ni Dios ni el hombre pueden ser conocidos de manera lúcida, sino sólo a nivel intuitivo, y esto incluso cuando Dios, por ejemplo, es el objeto por excelencia del pensamiento. Sólo es válido el sendero religioso de la participación en el conocimiento de Dios y esto vale para los mismos conocimientos racionales y matemáticos que se conciben en sentido místico, en cuanto que muestran a Dios actuando en el mundo de los objetos físicos, mientras que les da leyes estables, universales, inmutables.
Fuentes
- Rosental, M.&Iudin, P. (1973). Diccionario Filosófico. Editora Política. La Habana.1973
- La Filosofía en el Bachillerato
- Ocasionalismo


