El cófrade de San Miguel

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El cófrade de San Miguel (Cuadro)
Información sobre la plantilla
Cofrade san miguel de Saturnino Herran.jpg
Cuadro del pintor Saturnino Herrán donde muestra la formación de la nueva identidad nacional del pueblo Mexicano.
Datos Generales
Autor(es):Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard
Año:1917
País:México

El cófrade de San Miguel, es una obra que pertenece al pintor Saturnino Herrán realizada en 1917, muestra nuevamente la figura de la vejez, pero ahora reflejando una paz en su rostro.

Historia

Cuenta la historia que la génesis de esta cofradía bien podría estar en las postrimerías de la Edad Media o en el inicio de la Edad Moderna, pero desgraciadamente se ha perdido parte de la documentación, y los primeros libros que se conservan son del siglo XVIII, en el mes de mayo el Obispo de León, Joseph de Lupia y Roger, realizaba una visita pastoral a la iglesia parroquial de Navatejera, tras revisar los óleos, la pila bautismal, los altares, el ara, se detuvo en los libros de cofradías, decía que los mismo fueran custodiados por personas de confianza de la iglesia por la gran importancia que tenían para el pueblo.

Esta cofradía, como la mayoría desde la Edad Media, se dedicaba a socorrer a los más necesitados del pueblo y a los sepelios; para ello acostumbraban a arrendar los bueyes y novillos que tuviera en propiedad, el acto tenía lugar el 29 de septiembre, coincidiendo con la festividad de San Miguel Arcángel, emolumento que debía hacerse efectivo el día de Nuestra Señora el 8 Septiembre sin embargo no era hasta el 8 de mayo, que se haría efectivo por la festividad del Arcángel San Miguel.

La cofradía de San Miguel Arcángel entraba en una nueva era. Atrás quedaban los días en que su principal misión era el arriendo de ganado para dar primacía a los entierros de los socios de ambos pueblos.

La pintura y sus personajes

No se conoce mucho de la creación de la pintura sin embargo es una pintura muy importante del autor en el cual refle un cofrade de la Iglesia de San Miguel.

El cofrade de San Miguel pintado en el año 1917, muestran la figura de la vejez, pero ahora reflejando una paz en su rostro, además de una profunda espiritualidad de las culturas milenarias mexicanas.

Síntesis biográfica

Saturnino Herrán nació en la ciudad de Aguascalientes, el 9 de julio de 1887. Sus padres fueron José Herrán y Bolado y Josefa Guinchard Medina, su padre fue un hombre polifacético, quien fungió como tesorero general del estado de Aguascalientes, pero al mismo tiempo era profesor de teneduría de libros en el Instituto de Ciencias de Aguascalientes.

Sin embargo la madre de Saturnino, Josefa Guinchard Medina, de ascendencia franco-helvética, provenía de una familia de hacendados hidrocalidos, de los cuales Miguel Guinchard llegaría a ser gobernador del estado, en el periodo de 1879 a 1881.

El 18 de enero de 1903 fallece su padre, lo cual significó un duro golpe moral, pues contaba solo con quince años de edad. Al quedar en el desamparo, su madre y él intentan recuperar algunas de las patentes, pero no contaban con los materiales que se habían quedado en Europa.

Ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, antes Academia de San Carlos en 1904, en el momento en que la institución había cambiado sus planes de estudio, bajo la dirección en las clases de dibujo y pintura impartidas por Antonio Fabrés.

En 1908 terminó su primera obra de gran rigor estilístico, Labor, la cual desarrolla en su clase de Composición de Pintura. Dos años después realizó dos tableros para la Escuela de Artes y Oficios entre 1910 y 1911, en la que se realzaba el trabajo como sustento del progreso nacional. Para estas obras, Herrán retomó los murales de Frank Brangwyn.

En 1909 ya había realizado una obra alegórica con sensibilidad decadentista, Molino de Vidrio, en la que se confronta el tema del progreso asociado al trabajo con el del agobio que representa el trabajo físico de un viejo que opera una rueda de molino.

Desde 1916 la apariencia de Saturnino Herrán era enfermiza, su estado en 1918 empeoró por lo que requería ser hospitalizado. Durante su agonía decía desesperadamente a Rosario que no quería morir porque todavía tenía mucho que pintar. “Al sentir que se paralizaba el brazo derecho, pidió a Rosario papel, lápices y algo qué dibujar; ella le llevó la pequeña mascarita prehispánica.

Fue su último contacto con el lápiz y el papel.” Sería una cirugía mal realizada la que finalmente acabaría con su vida.

Fuentes

De solanch https://www.ecured.cu/La_cosecha_(Cuadro) https://www.ecured.cu/La_ofrenda_(Cuadro) https://www.ecured.cu/Nuestros_dioses_antiguos_(Cuadro) https://www.ecured.cu/Joven_con_Calabaza_(Cuadro)

de yelenis

//////////////////////// Por su parte, en La criolla del mango (1915) presenta otros motivos culturales, como la sasta de corales, flores de cempasúchil en el cabello y un mango que sostiene con la mano. El rebozo de 1916 tiene tanto connotaciones nacionalistas como una sensualidad característica. Herrán coloca diversos elementos, como un sombrero galoneado en el suelo, y el Sagrario Metropolitano al fondo como un símbolo del mestizaje. En la Criolla de la mantilla (1917), se puede apreciar la exaltación de las raíces hispánicas de la cultura mexicana, tanto por la modelo de origen español, la bailarina Tórtola Valencia, así como por los elementos compositivos.[32] El quetzal sería la contraparte a la serie de Las criollas, tanto por la figura masculina, como por el motivo indigenista que, sin embargo, está representado desde un estatuto clásico, mezclando motivos indígenas con mitológicos, al pintarlo a manera de sátiro. Aquí Herrán parecía seguir los lineamientos de Manuel Gamio en su libro Forjando patria (1916) en el que exalta el indigenismo, al “'indianizar' el arte europeo al tiempo que se 'europeizaba' al autóctono.” La obra pictórica que captura el crisol de razas y el “criollismo” de la estética de López Velarde se dará en el friso Nuestros dioses, el cual habría comenzado a idear en 1914 y que tenía como finalidad convertirse en uno de los murales que adornaría el interior del Teatro Nacional, luego Palacio de Bellas Artes. El dibujo Friso de los dioses viejos fue el punto de partida, y en éste se despliega un grupo de indígenas adorando y rindiendo pleitesía a la Coatlicue aun sin entremezclar las divinidades. Ramírez señala que la idea de crear una mezcla entre la figura de Coatlicue con el Cristo crucificado, aunque original de Herrán, tiene reminiscencias de la obra El Cristo de la sangre de Ignacio Zuloaga. Esta solución de la mezcla de tres tableros, la trabajó Saturnino entre 1915 y 1916, creando un dibujo acuarelado de la obra. Más adelante se concentró en el tablero izquierdo que corresponde a los adoradores indios; de esta sección realizó tres estudios parciales de gran tamaño. Asimismo realizó algunos estudios del tablero derecho. Fue lo último que dejó concluido de esta pieza. La idea de la obra significaba para la plástica mexicana una cúspide en el modernismo que representaba la historia nacional plenamente asumida. La soberbia escultura azteca, Coatlicue, al centro del friso, desarrollado éste en el boceto y en un gran dibujo a color, tiene incrustado sobre sí a Cristo y la combinación no puede ser más original ni más grandiosa. Nuestros dioses, Coatlicue y Cristo, como símbolos de nuestro ser; lo demás son los dos mundos, las dos raíces, la indígena y la española, que se desarrollan en sendos frisos a diestra y siniestra de los dioses. El cofrade de San Miguel de Saturnino Herrán, 1917