Nuestos dioses antiguos
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Joven con calabaza es una pintura realizada por Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard, representar al indígena en un ambiente común o costumbrista para dotarlo de una idealización propias de un dios.
Características del cuadro
Cuatro años antes de su muerte en 1914, se le comisionó un gran mural que decoraría el Palacio de Bellas Artes, este encargo constaba de tres grandes paneles, de ellos, solo pudo terminar uno antes de su muerte. Sin embargo, realizó diversos estudios y proyectos para dicho trabajo, Nuestros dioses antiguos de 1916, es uno de ellos.
Para estas escenas Herrán utilizó como modelo a un indígena xochicalca de nombre Saturnino, que en ocasiones posaba para sus clases de dibujo y que en especial utilizó para sus proyectos y el friso de “Nuestros Dioses”.
Esta obra muestra a un Herrán al final de su vida más maduro y sobrio, donde la paleta de color es menos brillante y más en colores tierra. Se nota su destreza en el dibujo fluido y en sus figuras plasma una sensualidad muy característica de su pintura.
Las dos figuras principales tienen una postura serpenteante que le da suavidad a la escena y a los personajes, dotándolos de fluidez.
Francisco Díaz de León, quien fue discípulo de este gran pintor, manifestó que Saturnino Herrán fue el primer brote nacionalista, y esta obra lo confirma. Es importante destacar que él escogió como motivo central y fundamental homenajear a la cultura prehispánica, la estética física de sus pobladores dándoles así su lugar.
En esta obra Herrán deja de representar al indígena en un ambiente común o costumbrista para dotarlo de una idealización propias de un dios, de ahí también desprendiéndose el título de la obra para crear un indígena lleno de erotismo y heroísmo, enalteciéndolo como bellos guerreros llenos de riqueza cultural dignos de un altar de culto.
Datos del autor
Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard nació en Aguascalientes, el 9 de julio de 1887 en la Ciudad de México, falleció el 8 de octubre de 1918, conocido como Saturnino Herrán, fue un destacado pintor mexicano de inicios del siglo XX.
Su obra se enmarca dentro del modernismo pictórico y se considera iniciador del muralismo mexicano. Sus pinturas son reconocidas por abordar mitos prehispánicos así como escenas de clases populares e indígenas.
Aunque solo vivió 31 años, creó algunas de las obras plásticas más reconocidas del arte mexicano, como La leyenda de los volcanes, Tehuana, La criolla del mantón, El cofrade de San Miguel, Nuestros dioses, entre otras.
Desde 1988 su obra se considera Monumento artístico en México.
Saturnino fue un pintor con gran habilidad desde muy joven, por lo que cuando llegó a la academia en la Ciudad de México no se inscribió en los cursos elementales de dibujo, sino que pasó directamente a las clases superiores impartidas por Antonio Fabrés, profesor que tendría a Herrán en alta estima.
De esta época se pueden apreciar algunos dibujos al carbón y en sanguina, los cuales se expusieron en la escuela con los de otros compañeros. El profesor era afecto a una temática anacrónico-exótica, la cual estaba presente en las obras de sus alumnos incluyendo a Herrán, quien la fue abandonando al preferir la iconografía de elementos de la realidad cotidiana.13
De esta época también hay obras como Un desocupado y Un albañil, fechadas en 1904, que denotan las enseñanzas de Fabrés en torno a las costumbres y las escenas cotidianas de la ciudad.
En 1907 pinta Viejo, una pintura de tinte naturalista pero con un modo expresivo y modernista. Si bien, con Fabrés, Herrán trabajó sus dotes en el dibujo, con Germán Gedovius aprendió el oficio de la plástica, la materia pictórica.
Las figuras de trabajadores humildes, que tendrían presencia protagónica en la obra de Herrán, es una de las influencias de Gedovius.

