Población indígena de Brasil

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Población indígena de Brasil
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La Población indígena de Brasil

El Censo Demográfico 2022 de Brasil mostró que 1.693.535 personas se declaran indígenas en todo el país, lo que equivale al 0,83% de la población, distribuida en 4.832 municipios. Los datos del Censo 2022 fueron divulgados el lunes (7) por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) Existen dos tesis que explican el poblamiento humano del continente americano. Una de ellas sostiene que la mayoría de los nativos americanos descienden de tribus migratorias provenientes de Siberia, en el norte asiático, las que cruzaron por el Puente de Beringia y luego se separaron en distintas direcciones. En Brasil, particularmente, la mayoría de las tribus nativas que habitaban el territorio hacia el año 1500 se piensa que descienden de la primera oleada de inmigrantes, quienes habrían llegado a América hacia el año 9000 a. C. durante la última era glacial, alcanzando la cuenca del Amazonas alrededor del 6000 a. C., tras haber pasado el istmo de Panamá. Una segunda hipótesis se apoya en descubrimientos recientes, tales como el esqueleto de Luzia en Lagoa Santa (Minas Gerais) han evidenciado la diferenciación morfológica entre el genotipo asiático y el aborigen americano, más similar al de los indígenas de África y Australia. Estos primeros habitantes posteriormente habrían sido desplazados por los inmigrantes siberianos, siendo los nativos de la Patagonia y la Tierra del Fuego los últimos representantes de estos pueblos aborígenes.

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Con respecto a los asentamientos en Brasil, en el Parque nacional de Serra da Capivara se han encontrado indicios no solo de una cultura, sino de varias culturas ordenadas por edades geológicas que comprueban la existencia de diversos grupos con organizaciones sociales sofisticadas, siendo la evidencia de ello el hallazgo de piezas de cerámica, vasos, esculturas, y otros accesorios domésticos junto a esqueletos de gigantescos animales prehistóricos. Brasil, arqueológicamente hablando, fue habitado, desde aproximadamente 11.500 años, con su cosmogonía y mundo simbólico, que dejó fósiles y objetos de arte, como testimonios de su pasado. En el Pleistoceno, Brasil estaba caracterizado por una gran inestabilidad ambiental. El clima era más seco y las temperaturas sensiblemente más bajas, había pocas manchas de bosques y gran parte de Brasil estaba cubierto por vegetación baja (cerrados y caatingas). Aun nada se sabe sobre sus poblaciones, ya que sus vestigios son escasos y difíciles de encontrar, se corresponden a los primeros bandos nómades de cazadores que comenzaron a recorrer el país, muy lentamente.

Los restos de sus ocupaciones están enterrados en grandes profundidades y pocos sobrevivieron al paso del tiempo. En las excavaciones, generalmente, se encuentran apenas leves rastros de antiguas hogueras y unos cuantos fragmentos de piedra, probablemente lascas. 

Pero es a través del arte rupestre donde más datos sobre la cotidianeidad de estos pueblos pueden ser encontrados. Las imágenes de los cazadores brasileños del Pleistoceno muestra figuras en movimiento, revelando diversas escenas de su vida diaria. La lucha, caza, danzas rituales y sexo ilustran diferentes paneles. Las figuras humanas se ven portando bastones y disparadores como armas, cargando cestas con alimentos recolectados, o bailando alrededor de un árbol.

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En un inicio, llegaban a Brasil pocas mujeres portuguesas, lo que provocó un gran mestizaje, formándose matrimonios interraciales (portugueses-indias). Una segunda generación, sus hijos mamelucos, conocían la lengua nativa y tenían otras facilidades de relacionarse con los aborígenes. Algunos se convirtieron en famosos bandeirantes como Francisco Dias Velho. Algunos historiadores afirman que a partir de 1516 es cuando se inicia realmente la colonización, con la orden de Manuel I de distribuir, gratuitamente, oficios a los portugueses dispuestos a poblar Brasil. En 1518, sin embargo, los indios exterminarían la colonia de Porto Seguro, atacando la iglesia y una feitoria. Otros historiadores sitúan el inicio de la colonización cerca de 1530, cuando comenzó la cultura de la caña de azúcar y la instalación de engenhos para la fabricación de azúcar. Durante el siglo XVI, las poblaciones colonizadoras se concentraban en el litoral, ya que los colonos le tenían miedo al bosque y a los indios. Tal cosa comenzó a cambiar cuando los jesuitas empezaron a fundar misiones en el interior. Sacerdotes jesuitas llegaron con el primer Gobernador General como asistentes clericales de los colonos, con la intención de convertir a los indígenas al catolicismo.

Modo de vida

Todos los grupos indígenas tenían como características comunes la ausencia del concepto de propiedad material, pues no se interesaban por la acumulación personal de riqueza; se agrupaban en naciones, tribus y aldeas, donde vivían en malocas; el conjunto de varias malocas formaba una aldea, y el conjunto de aldeas una nación. El trabajo era dividido según sexo y edad. La familia podía ser monogámica o poligámica. Legaron una fuerte herencia cultural en los alimentos, enseñando a los europeos a comer mandioca, maíz, guaraná, palmitos; en los objetos, sus redes, canoas, trampas para caza y pesca; en el vocabulario: en topónimos como Curitiba, Piauí, etc.; en nombres de frutas nativas o de animales: cajú, yacaré, abacaxi, tatú. Enseñaron algunas técnicas como el trabajo en cerámica y la preparación de harina, y dejaron hábitos como el uso del tabaco, o la costumbre de bañarse a diario.

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La población indígena de Brasil aumentó 89% entre 2010 y 2022, a casi 1,7 millones de personas, un crecimiento mucho más rápido que la población nacional, según los resultados del censo publicados este lunes. Los indígenas representan el 0,83% de los 203 millones de habitantes del mayor país sudamericano, frente al 0,47% registrado en el censo anterior, de acuerdo con el instituto nacional de estadística, IBGE. Sin embargo, el IBGE dijo que la comparación de las cifras de 2010 y 2022 era “limitada”, porque para el último estudio envió censistas a más reservas indígenas y utilizó una nueva metodología, preguntando a las personas de todas las comunidades nativas si se autoidentificaban como indígenas. La población general de Brasil creció un 6,5% entre 2010 y 2022, a 203,1 millones. Las más de 700 reservas indígenas del país albergan a 689.000 personas, dijo el IBGE. La mayor, la reserva Yanomami en la selva amazónica, tiene 27.000 habitantes. Las cifras surgen en medio de un debate clave en Brasil sobre las tierras indígenas. La Corte Suprema está tramitando actualmente el llamado “juicio del siglo” que decidirá si es o no constitucional considerar reservas indígenas, tierras donde las comunidades nativas no estaban presentes en 1988, cuando se ratificó la Constitución actual de Brasil. La cámara baja del Congreso aprobó un proyecto de ley en mayo para establecer ese límite a la homologación de tierras. Pero los activistas dicen que esa regla viola los derechos de los pueblos indígenas, dado que muchos fueron expulsados de sus tierras ancestrales, especialmente bajo la última dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985.

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El número de indígenas en Brasil creció un 88,82 % en una década y llegó a 1,69 millones de personas en 2022, lo que supone el 0,83 % de la población, según datos del censo divulgados este lunes. Cerca de la mitad de los indígenas, el 51,25 %, residen en los estados que integran la región amazónica, según los datos presentados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El fuerte aumento de la población indígena, que contrasta con el crecimiento general del 6,5 % de la población brasileña, se debe en gran medida a los cambios de metodología del censo.


Fuentes