Obsolescencia programada
Obsolescencia programada. Es la programación del fin de la vida útil de un producto o servicio, de modo que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.[1]
Sumario
Definición
La obsolescencia programada consiste en planificar el ciclo de vida de un producto para que falle, quede desactualizado o pierda atractivo antes de lo esperado. Su objetivo es estimular el consumo y garantizar la continuidad de las ventas.[2]
Origen
El primer caso documentado se remonta a 1924 con el cártel Phoebus, un consorcio internacional de fabricantes de bombillas que acordó limitar la duración de las lámparas a 1 000 horas.[3] En 1932, el economista estadounidense Bernard London publicó el ensayo Ending the Depression Through Planned Obsolescence, donde proponía incluso legalizar esta práctica como medida para superar la Gran Depresión. El término se popularizó en 1954, cuando el diseñador industrial Brook Stevens lo utilizó en una conferencia sobre publicidad, refiriéndose a "instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario".[4]
Tipos de obsolescencia
- Funcional (o de calidad): el producto deja de funcionar tras cierto tiempo por un mal funcionamiento programado.[5]
- Tecnológica (o de función): nuevas versiones o actualizaciones hacen obsoletas las anteriores.
- Psicológica (o por moda): cambios de diseño, moda o publicidad inducen al reemplazo.
- Percibida: el consumidor cree que el producto ya no es útil aunque lo siga siendo.
Ejemplos
- Bombillas incandescentes con vida útil limitada por el cártel Phoebus.[6]
- Electrodomésticos con piezas no reemplazables o de difícil reparación.
- Teléfonos móviles que dejan de recibir actualizaciones de software o con baterías selladas.[7]
- Impresoras con chips de bloqueo tras cierto número de páginas impresas.
- Prendas de moda rápida que se deterioran tras pocos lavados.
Impacto y Riesgos
La obsolescencia programada genera beneficios económicos para las empresas, pero también graves consecuencias negativas:
- Ambientales: Aumento masivo de residuos electrónicos (e-waste) y textiles. Se generan más de 50 millones de toneladas de e-waste al año según la ONU, lo que supone una sobreexplotación de recursos naturales y energía.[8][9][10]
- Sociales y Económicos: Afecta al bolsillo del consumidor, que se ve obligado a comprar repetidamente.
- Éticos: Cuestiona la legitimidad de inducir al desperdicio de manera planificada.
Futuro y alternativas
Si bien la práctica persiste, surgen movimientos regulatorios y de consumo que la confrontan:
- Economía circular: Diseño de productos duraderos, reutilizables y reciclables para reducir residuos.[11]
- Derecho a reparar: Leyes que obligan a los fabricantes a facilitar repuestos, manuales y herramientas para extender la vida útil de los productos.[12][13]
- Consumo responsable: Optar por productos con garantía extendida, soporte técnico y de empresas con ética demostrada.
Véase también
Referencias
- ↑ Endesa – Definición, beneficios y riesgos
- ↑ Repsol – Qué es, ejemplos y tipos
- ↑ La Brújula Verde – Cártel Phoebus
- ↑ Brook Stevens, Conferencia sobre publicidad (1954)
- ↑ Ecointeligencia – Tipos y formas
- ↑ Ejemplos.net – Ejemplos prácticos
- ↑ Ecología Verde – Qué es y ejemplos
- ↑ Fundación Aquae – Impacto ambiental
- ↑ FasterCapital – Impacto ambiental
- ↑ ZysPlanet – Impacto y soluciones
- ↑ Aclima – Ecodiseño y derecho a reparar
- ↑ Consilium – Derecho a reparar
- ↑ Fundación UCLM – Ley de Consumo Sostenible


