Campaña de Boyacá (Venezuela, 1817)
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Campaña de Boyaca
Sumario
- 1 Concepción de la Campaña.
- 2 Bolívar dispone la liberación de la Nueva Granada.
- 3 Unión de la [[Nueva Granada y Venezuela.
- 4 Instrucciones a Bermudez.
- 5 Santander Comandante General.
- 6 Disposiciones generales
- 7 Las sabanas inundadas. Marcha a Tame.
- 8 Travesía de la Cordillera.
- 9 El Paso por el Páramo de Pisba.
- 10 Combates Preliminares.
- 11 Batalla de Gámeza.
- 12 Receso forzoso.
- 13 Las pérdidas en el páramo.
- 14 Batalla del Pantano de Vargas.
- 15 Maniobras de Paipa y Toca sobre Tunja.
- 16 Batalla de Boyacá.
- 17 Verdaderos Principios del Arte Militar.
- 18 El teatro de la guerra.
- 19 Fuentes
Concepción de la Campaña.
A fines de 1817 vinieron a Angostura de comisionados de Casanare los patriotas Fray Ignacio Mariño, Antonio Arredondo y Agustín Rodríguez, a solicitar de Bolívar armamentos de guerra, su separación del gobierno de Páez, y el nombramiento de un jefe superior si lo tuviera por conveniente. En aquella provincia granadina mandaban guerrillas Juan Nepomuceno Moreno, Ramón Nonato Pérez y Fray Ignacio Mariño, libertadores del territorio (1). Páez había nombrado comandante general a Juan Galea.
Bolívar dispone la liberación de la Nueva Granada.
Por justa apreciación de los hechos, Bolívar no tomó una decisión definitiva hasta agosto de 1818, cuando pudo mandar a Casanare 1000 fusiles y otros elementos de guerra, y designó de comandante general de la provincia al coronel Francisco de Paula Santander, a quien con ese propósito ascendió a general de brigada. Si lo hubiera enviado en los meses anteriores con las manos vacías, probablemente no lo habrían reconocido los guerrilleros de la provincia. El general Santander llevó el encargo de formar una división con el carácter de Vanguardia del Ejército Libertador de la Nueva Granada, según lo expresa Bolívar en la proclama del 15 de agosto de 1818 (2), en la cual anuncia la futura campaña que dará la libertad al Virreinato antes del término de un año, predicción cumplida con exactitud en el campo de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Esta precisión de cálculo no es casual. El guerrero, y el matemático suelen apreciar factores inadvertidos por el vulgo. He aquí las palabras del Libertador: ¡ Granadinos! El día de la América ha llegado, y ningún poder humano puede retardar el curso de la naturaleza guiado por la mano de la Providencia. Reunid vuestros esfuerzos a los de vuestros hermanos: Venezuela conmigo marcha a libertaros, como vosotros conmigo en los años pasados libertásteis a Venezuela. Ya nuestra vanguardia cubre con el brillo de sus armas provincias de vuestro territorio, y esta misma vanguardia poderosamente auxiliada, ahogará en los mares a los destructores de la Nueva Granada. El sol no completará el curso de su actual período sin ver en todo vuestro territorio altares a la libertad"(3).
Unión de la [[Nueva Granada y Venezuela.
Bolívar procedía de acuerdo con su idea fija de reunir la Nueva Granada y Venezuela en una sola república. Ni los desastres pasados, ni las dificultades del medió racial y geográfico lo arredraban. Apreciando de una ojeada el inmenso teatro de las operaciones futuras tenía ya fijado en su mente el carácter de la campaña proyectada, y así dijo al atrabiliario comandante francés Maurice Persat, constante divulgador de las glorias de Napoleón, estas notables palabras: "En la última campaña tuvimos nuestro Novi (la derrota total de Francia, mientras Bonaparte estaba en Egipto), pero en la próxima tendremos un Marengo"'(4). Persat estuvo en Angostura a mediados de 1818.
Instrucciones a Bermudez.
En vísperas de partir el Libertador envió instrucciones detalladas a todos los jefes patriotas de Venezuela, expresando a cada uno la conducta que debía seguir de acuerdo con las circunstancias políticas o militares, durante su ausencia, a fin de obtener los mayores resultados en los diferentes casos que podían surgir.
El 3 de junio desde Guasdualito, con su habitual claridad, daba estas acertadas instrucciones al general Bermúdez: "En primer lugar, debe V.S. tener presente que los enemigos confían más en su disciplina que en su valor: que más confían en las sorpresas que en los ataques regulares; y que ellos nos suponen incapaces de obrar según los principios de la táctica. Piensan que no sabemos movernos, porque no sabemos evoluciones. Es preciso, pues, que vean en el ejército de Oriente lo que en el de Occidente, valor, táctica y disciplina. El enemigo ataca siempre en columnas cerradas, porque anteriormente se les recibía siempre en batalla. Luego que lo recibamos en columnas también cerradas, es probable que despliegue en batalla y que cambie de frente para sorprendemos y aprovecharse de nuestra perplejidad. Regla General: si no hay obstáculos invencibles en el campo de batalla, o si nosotros no ocupamos posiciones ventajosísimas, debemos observarlo constantemente, y desde muy lejos para atacarlo en la misma formación en que venga marchando; más siempre prontos a seguir sus movimientos con la última celeridad, procurando muy cuidadosamente oponerle un frente igual, o poco mayor, aunque nuestro fondo sea un poco menos que el del enemigo. Una ala sobresaliente tiene mucho adelantado para flanquear al enemigo. Hará V.S. que las primeras compañías sean de hombres selectos, para ponerlas siempre al frente, porque las tres primeras filas deciden regularmente de la suerte de la columna y aun de la victoria. El resto de la columna sigue el impulso de su cabeza. "El enemigo no aleja jamás sus cuerpos avanzados de la masa de su ejército, lo que nos da una gran facilidad para observarlo de cerca y obrar según las circunstancias. Si V.S. observa diligentemente las tropas españolas, puede lograr destruirlas, sin aventurar una batalla que puede ser ruinosa"(5).
Santander Comandante General.
Al despachar Bolívar al jefe granadino escribió el 17 de agosto al coronel Juan Galea estas palabras: "He tenido a bien enviar de comandante general a esa provincia al señor general Santander con un parque de armas y municiones, bien provisto de cuanto es necesario por ahora, para libertar a la Nueva Granada. En consecuencia ordeno que Vd. y la división que se halla en esa provincia, queden bajo las órdenes y la disposición del general Santander, encargado de dirigir las operaciones de ella y facultado por mí para aumentarla, organizarla y darle movimiento conforme a instrucciones que ha recibido del gobierno, tomando para esto cuantas medidas crea necesarias"(6).
Disposiciones generales
"La operación que intento sobre la Nueva Granada, escribe a Páez, el 19 de agosto, debe necesariamente producir tanto para ella como para Venezuela incalculables ventajas"(7). Más tarde, desde Caicara, le dice a Santander el 25 de enero de 1819: "Debe V.S. esforzarse por crear cuanta infantería sea posible, disciplinarla e instruirla, de modo que el cuerpo de V.S. que es la vanguardia del ejército, no sea inferior a los demás que no tienen el honor de precederle en las marchas" (8). Mientras tanto Bolívar hacía frente a Morillo en las inmensas llanuras de Apure, durante todo el verano de dicho año de 1819. En esa campaña se dieron las acciones gloriosas de la Gamarra y Queseras del Medió y numerosos combates parciales.
Las sabanas inundadas. Marcha a Tame.
El ejército emprendió la marcha el 4 de junio del pueblo de Arauca, distante 50 kilómetros de Guasdualito. En aquel punto el Arauca tenía 190 metros de ancho y el ejército gasté dos días en atravesarlo. El terreno hacia adelante, como va dicho, se hallaba en parte inundado. Páez no le prestó al ejército ninguna cooperación. Lejos de eso en lugar de 300 caballos mansos que le pidiera el Libertador, sólo envió 200 yeguas sarnosas (9), sin embargo en su Autobiografía se atribuye la paternidad de la campaña. El ejército debía seguir al Sureste, a través de los ríos mencionados y de inmensas sabanas desiertas, cubiertas de paja y en gran parte por las aguas del invierno. Las lluvias habían empezado con rigor inusitado. Arroyos que apenas tenían agua en el verano innundaban la sabana. Para pasar los ríos y caños crecidos fué necesario construir botes de cuero para evitar la humedad al parque y trasladar la parte de tropa que no sabía nadar. Durante siete días, como se expresa enseguida, las tropas marcharon casi constantemente dentro del agua. El 5 de junio terminó el ejército de cruzar el río Arauca, el 6 entró en los derrames denominados Rabanales del Arauca, el 7 atravesé con gran trabajo el estero de Cachicamo de varias leguas de extensión totalmente anegado, el 8 cruzó sin dificultad por los vados el caño de la Bendición y el río Lipa, y al día siguiente tuvo que cruzar el río Ele muy crecido. El Cuiloto fué esguazado con facilidad el 10 y al siguiente día se pudo atravesar el río Cravo y el ejército acampé en la Macoya de Guasduas (10). Esta ruta denominada de Iguanitos (11), seguida por la expedición, cruza al Oeste y sigue por un gran banco de sabana hasta cerca de Tame. El ejército llegó el 12 al hato de Santo Domingo, el 13 a Betoyes, y el 14 a Tame, aldeas de escaso número de habitantes. El cambio de terreno fué un gran alivio para las tropas y su alegría estalló en vítores y aclamaciones cuando en Betoyes las racionaron con plátanos y un poco de sal para la carne, enviados por el general Santander. Desde Arauca el ejército había recorrido 200 kilómetros, sufriendo en los pasos de ríos mordeduras de los pececillos llamados caribes, ávidos de atacar al hombre. Desde el río Arauca en adelante las quebradas o torrentes de las montañas interrumpían frecuentemente la marcha. La caballería se encargaba de conducir las armas y útiles de los oficiales, y éstos tuvieron a veces que formar dos líneas agarrándose por las manos para vencer la fuérza de la corriente y seguían adelante para repetir lo mismo en otras quebradas crecidas. Bolívar pasaba y repasaba estos torrentes en varias ocasiones llevando en la grupa de su caballo soldados débiles o enfermos, o mujeres de algunos soldados útiles a la tropa (12). El Libertador en ocasiones ayudaba a los soldados en ciertos trabajos. En las madrugadas más penosas, por ejemplo, cuando los peones soñolientos se mostraban remisos o cansados, para animarlos, ayudaba personalmente a cargar las mulas del parque y en los pasos de río siempre estaba pronto a socorrer a los que no sabían nadar o a los más débiles. Nunca, dice O'Leary, se le oyó quejarse de fatiga, ni aun después de arduos trabajos y largas marchas. A Tame vino a esperarlo el general Santander. El 3 de junio le había escrito desde ese lugar: "Gloria inmortal al Protector de la Nueva Granada, al Benemérito hijo de la tierra de Colón! V.E. ha dado ya la salud a aquel infortunado país y ha preparado la de Venezuela por la cual tanto se ha fatigado. El proyecto de V.E. de que me ha impuesto el coronel Lara es el proyecto que arrancará a Femando el cetro de la parte de la América que posee" (13).
Travesía de la Cordillera.
El paso de los Andes presentó iguales y aun superiores obstáculos al de los llanos inundados. Existían dos caminos o vías principales, utilizadas por el escaso comercio local: el de la Salina de Chita y el de Labranza Grande. Ambos presentaban el inconveniente grave de que los patriotas aniquilados por las marchas podían encontrar en ellos fuérzas enemigas que les impidieran el paso. De lame a Pore el ejército fué faldeando la gran cordillera, luego tomó el camino de Labranza Grande, pero al llegar a Paya encontró un pequeño fuérte ocupado por el enemigo (14). Según el general Bolívar en su oficio al Vicepresidente del Estado el fuérte podía resistir con ventaja a un ejército vigoroso. Exageración calculada para impresionar favorablemente a los patriotas de ambos estados. Por fortuna, dominado el fuérte por un costado, al llegar por este lado la división Santander, los soldados que lo guarnecían tras corta resistencia, se retiraron hacia Labranza Grande, el camino real por excelencia de estos lugares. En ese momento se presentaba un grave problema al Libertador: siguiendo este camino podía encontrar fuérzas que lo detuvieran, y aunque las rechazara, reforzadas, podrían presentarle nueva resistencia, porque "en la guerra de montañas, como es sabido, tomada una posición, el vencido siempre puede encontrar otra más atrás donde presentar nueva y aun mayor resistencia, según las reservas de que disponga".
El Paso por el Páramo de Pisba.
Considerado este principio el Libertador no quiso seguir la vía de Labranza Grande, y tomó una resolución heroica, contra todas las opiniones de sus compañeros, y fué la de llevar el ejército por el sendero de indiós del Páramo de Pisba, aun cuando apenas podían seguirlo con comodidad hombres a pie, y con dificultad los caballos y el ganado. Eran tan grandes los obstáculos presentados por el terreno, que sólo Bolívar podía atreverse a tanto. Por esta circunstancia en carta escrita de Popayán al general Santander el 21 de febrero de 1822, le recuerda que siempre ha vencido personalmente todas las dificultades, así como atravesó el páramo de Pisba contra toda esperanza, es decir, contra la opinión de cuantos le acompañaban (15). El senador Hiram Bingham ha descrito este camino en una obra especial destinada a estudiar la marcha de Bolívar desde Venezuela hasta Santa Fe de Bogotá. Su descripción, aunque lo recorrió en estación seca, sorprende por las dificultades que presenta el terreno. El Profesor atravesó el sendero de Paya a las Quebradas, al otro lado del páramo, en cuatro jornadas,cortas por la extensión de cada una, pero de grandes dificultades, aun para el simple viajero, a causa de las asperezas del suelo: precipicios escarpados, enhiestos peñascales y torrentes impetuosos cortaban el camino a cada paso. A la Cumbre se le suponen 4000 metros de altura mas o menos, pues hasta el presente no se ha medido. Después de una bajada de cerca de 1000 metros, calculados al ojo, se llega al pueblecito de las Quebradas a 3355 metros de altura sobre el mar (16). La elección de la vía del Páramo de Pisba a la derecha del camino real de Labranza Grande, aseguró el éxito de la campaña. Siguiendo el camino real hubiera encontrado fuérzas españolas cuya resistencia quizás no habría podido vencer. La adopción de la vía del páramo de Pisba fué decisiva, porque condujo a Bolívar a una región donde no había enemigos y donde tuvo la suerte de encontrar apoyo inmediato y socorros en la población. Esta peligrosa maniobra es gloria exclusiva de Bolívar por su comprensión estratégica y la audacia necesaria para realizarla. Ni en la historia del antiguo mundo se encuentra nada que puede superarla. Como expresa O'Leary, testigo presencial, la caballería había llegado sin un solo caballo y las provisiones de guerra yacían en el tránsito por falta de acémilas en que trasportarlas; a duras penas conservó la infantería secos sus cartuchos, en medió de las lluvias, y las armas en su mayor parte estaban sucias y algunas descompuestas, y se hacía necesario arreglarlas pronto (17). A medida que las partidas de 10 a 20 hombres descendían juntos del páramo, Bolívar los felicitaba por el próximo término de la campaña y les decía que ya habían vencido los mayores obstáculos de la marcha. El 5 llegó Santander con la Vanguardia al pueblo de Socha, al otro lado del Páramo. El 6 llegó al mismo lugar la división de Anzoátegui. Los pueblos contribuyeron a prestar socorros desde los primeros momentos y facilitaron así la pronta reposición del ejército (18).
Combates Preliminares.
Sorprendidos los enemigos al tener las primeras noticias de estos movimientos, abandonaron sus antiguas posiciones, y se dirigieron hacia la región invadida del Sogamoso. Al otro día 9 de julio el general Barreiro reuniendo cuantas tropas tenía a su alcance, presentó dos columnas de 800 hombres cada una, en Corrales y Gámeza, a ambos lados del río Sogamoso, y a cuarenta kilómetros de Socha. En el primer punto el coronel Justo Briceño rechazó y en parte destruyó un cuerpo de vanguardia, pero al mismo tiempo el teniente Franco con una compañía de Fusileros se vio obligado a retroceder hasta encontrar el primero de Cazadores Granadinos guiados por Santander. Los enemigos al ver el refuérzo replegaron a la peña de Tópaga. Allí reunió Barreiro sus avanzadas y pernoctó. Los destacamentos patriotas se retiraron al Cuartel General situado en los Aposentos de Tasco, a mitad de camino de Socha a Gámeza. Los movimientos de Barreiro indicaban el propósito de no empeñar acción hasta reunir mayores fuérzas. Escritores e historiadores nuestros, guiándose por los partes realistas cometen el error de calificar estos combates como perdidos para los patriotas.
Batalla de Gámeza.
Grave era la situación de Bolívar: le faltába la mayor parte de la caballería, la Legión Británica y muchos soldados de otros cuerpos, todavía en Socha y Socotá reponiéndose. El parque venía atrasado. Mantenerse a la defensiva era mostrar al enemigo la propia debilidad. En circunstancias tan apuradas el alma del guerrero se reveló en toda su fuérza.
Al amanecer del 11 el Libertador marchó a grandes pasos con la división Anzoátegui, puso en movimiento la de Santander y avanzó resueltamente a encontrar al enemigo, en marcha también desde el alba en busca de los patriotas. Este movimiento de Bolívar sabio y atrevido, uno de los más bellos y gloriosos de la campaña, desconcertó al jefe español, le infundió temor y al observarlo replegó con rapidez, repasó ci río Gámeza y volvió a la posición fuérte de la Peña de Tópaga. Revelada con este movimiento retrógrado la situación moral de los adversarios, Bolívar sin vacilar ordenó inmediatamente el ataque. Para enardecer a sus hombres les decía: "No pudiendo retirarnos por el páramo debemos vencer o morir". Las tropas avanzaron con ímpetu irresistible. El Número 1 de la Nueva Granada y tres compañías de Rifles, Barcelona y Bravos de Páez pasaron el puente al paso de carga, bajo el fuégo cruzado de los españoles. Dueñas estas tropas del terreno del otro lado, rechazaron de nuevo a los enemigos, y reforzadas por el resto de los batallones de Anzoátegui avanzaron de bayoneta calada. Los realistas se retiraron a los Molinos de Tópaga, y los independientes dueños del campo y fatigados de ocho horas de combate retrocedieron a Gámeza. Habían tenido 12 muertos y 76 heridos, mientras los españoles habían perdido 800 hombres entre muertos, heridos y prisioneros. Barreiro se limitó a cubrir la parte alta del Valle de Sogamoso y a esperar sus refuérzos (19). En esta acción se jugó la suerte de la campaña. Si los españoles la ganan, como eran superiores en numero hubieran impedido la reconstrucción y concentración de las fuérzas del Libertador, y causado su ruina completa. En una empresa tan atrevida, por la desproporción de la resistencia de los obstáculos, y la fuérza destinada a combatirlos, cualquier tropiezo podía producir la ruina. Desde Tasco el 14 de julio Bolívar exige de nuevo a Páez, esta vez también sin éxito, su cooperación a la campaña aun en escala reducida, pues sólo le pide una demostración hacia Pedraza para estorbar a los españoles cualquier intento sobre la Nueva Granada (20). El movimiento atrevido de Bolívar tiene precedentes gloriosos en la historia. El Mariscal Turena sorprendido por fuérzas superiores en Mont Saint Quintin, durante la campaña de 1653, mereció de Bonaparte los más grandes elogios, en su análisis de las campañas del célebre Mariscal. "Un general ordinario, dice Napoleón, habría procurado cubrirse con un obstáculo natural, pero Turena, con inaudita audacia, marchó al encuentro de los enemigos, seguro de desconcertarlos por este movimiento" (21). Explicando maniobras análogas añade lo siguiente: "Operaciones como ésta se dirá que no valen nada, pero estos nadas constituyen el genio de la guerra" (22).
Receso forzoso.
El cansancio de las tropas y el atraso de muchos que no habían llegado, indujeron a Bolívar a suspender por cortos días la ofensiva aun cuando los españoles aprovecharon este receso para reunir algunos destacamentos. Era la detención de rigor, frecuente siempre en la guerra, como descanso después de violenta actividad.
Las pérdidas en el páramo.
La mayor atención de los patriotas por el momento era recoger todo lo abandonado en el camino del páramo. La caballería llegó a Socha con la Legión Británica. El coronel Salom fué el último en pasar el páramo con sus hombres de la artillería y los jinetes del comandante Véjar. Comisiones dirigidas por Lara iban y venían del Pisba transportando cargas abandonadas.
Los contendientes permanecieron unos frente a otros varios días, aprovechados por los españoles para incorporar algunos destacamentos distantes y por los patriotas en terminar la reconstitución de su ejército. Numerosos convalecientes se incorporaron a las filas.
Batalla del Pantano de Vargas.
El Libertador para obligar a los españoles a abandonar sus posiciones en Tópaga, llevó rápidamente sus tropas de Este a Oeste a través de hermosos valles cultivados y acampó en el de Santa Rosa cerca del pueblo de este nombre. Los españoles a su vez para cubrir a Tunja hicieron un movimiento paralelo y se establecieron en los Molinos de Bonza. Bolívar los provocó a una batalla por medió de diversos movimientos y ligeros combates, sin lograr su objeto. El 25 de julio llevó sus tropas por el camino del Salitre de Paipa, a dar un rodeo para atacar al enemigo por su espalda o forzarlo a abandonar sus parapetos. A las doce del día, cuando marchaba al Este del Pantano de Vargas se presentó el enemigo en unas alturas a cerrarle el paso. En la ardiente batalla librada enseguida, las tropas criollas al igual de la Legión Británica, se batieron con valor, sin embargo los enemigos llevaban la ventaja después de prolongadas embestidas, cuando Bolívar les arrebató la victoria, por medió de la carga de caballería heroicamente conducida por el comandante Rondón, con los jinetes del Alto Llano de Caracas y los Guías de la Guardia al mando de Carvajal. El ejército real desalojado de sus principales posiciones, se retiró al obscurecer, bajo una lluvia torrencial, por el camino que había traído. Esta fué una de las acciones más sangrientas y heroicas de la guerra. Los españoles volvieron a sus primitivas posiciones sensiblemente quebrantados. Los jefes de caballería Rondón, Infante y Carvajal, fuéron los principales héroes de la jornada, así como el coronel Rooke jefe de la Legión Británica, herido gravemente y muerto tres días después. Los independientes perdieron 104 entre muertos y heridos. Los españoles tuvieron cerca de 500.
Maniobras de Paipa y Toca sobre Tunja.
La batalla había cambiado la situación relativa de unos y otros, aumentando la fuérza moral de los independientes a costa de sus adversarios; pero estos se sostenían firmes por sus convicciones y disciplina. Luego en los Molinos de Bonza se dieron ligeros combates de Vanguardia. Enseguida Bolívar ocupó a Paipa, pero en la noche atravesó el puente y acampó en la orilla derecha del río Sogamoso. Este movimiento indicaba la intención de flanquear a los españoles y amenazar a Tunja. El 4 permanecieron los dos ejércitos casi a la vista de sus respectivos campos. Por la tarde, para despistar a Barreiro, la infantería republicana repasó el puente de Paipa y a las ocho de la noche contramarchó, lo volvió a cruzar, y el ejército se dirigió a marchas forzadas por el camino de Toca que conduce a Tunja, dando un rodeo, pero a poco andar cruzó a la derecha y a marchas forzadas siguió el camino directo de dicha ciudad. Andando toda la noche recorrió 6 leguas, y a las 9 de la mañana del 5 entró al pueblo de Chibatá. El Libertador siguió adelante con la caballería y a las once ocupó a Tunja, hizo prisionera a la guarnición y obtuvo valioso botín (23).
Batalla de Boyacá.
Los españoles quedaron burlados. Violentamente retrocedieron hacia Tunja por el camino principal de Paipa y luego trataron de recuperar sus comunicaciones con Bogotá. Al efecto el 7 de agosto en la mañana desfilaron a corta distancia al sur de Tunja. Bolívar desde el amanecer desesperaba por atacarlos y cuando aparecieron a su vista dejó pasar la vanguardia demasiado adelantada del cuerpo principal donde iba Barreiro. En el momento apresuró la marcha de sus cuerpos y con gran sorpresa de los enemigos el ejército independiente se presentó en columna sobre una altura donde era fácil dominar la posición de los españoles. El batallón Cazadores atacó a un cuerpo de la vanguardia de éstos y lo obligó a retirarse. Unas compañías pasaron el puente y tomaron posición del otro lado, mientras las restantes presentaban alguna resistencia. La masa principal de los enemigos se encontraba en una extensa loma de corta altura, a menos de un cuarto de legua del puente e intentó extenderse hacia este último para apoyar a su vanguardia, pero el batallón Rifles y una compañía de la Legión Británica, rechazaron la columna enemiga, mientras los batallones No 1 de Barcelona y Bravos de Páez y el escuadrón del Alto Llano, al mando de Rondón marchaban por el centro y atacaban con vigor a los enemigos. Desde los primeros momentos se empeñó la acción en todos los puntos de la línea con igual vigor. El Libertador dirigía el ataque y animaba a los batallones con frases adecuadas. Anzoátegui tenía a su cargo las operaciones del centro y la derecha. De este lado destruyó un batallón del enemigo que trató de establecerse arriba de una cañada. En el centro se realizaron combates semejantes. El Libertador logró que los cuerpos principales envolvieran a los enemigos establecidos en el centro y los arrojaran hacia atrás. Los escuadrones del Alto Llano, de Rondón e infante, cargaron con su acostumbrado valor y desde aquel momento los esfuérzos del general español fuéron infructuosos. Perdió su posición y sus tropas no pudieron oponer desde ese instante ninguna resistencia. La infantería trató de rehacerse en la altura inmediata, pero fué destruida después de una corta lucha. La caballería de los enemigos, cargada por los llaneros, desapareció del campo de batalla. El ejército español ya sin cohesión y dislocado rindió las armas y se entregó prisionero. Casi simultáneamente el general Santander, encargado de las operaciones de la izquierda cargó con una compañía del batallón de Línea y los Guías de retaguardia, pasó el puente y completó la victoria (24). Todo el ejército quedó prisionero, incluyendo al general Barreiro. El Libertador dirigía el ataque y animaba a los batallones con frases adecuadas. Anzoátegui tenía a su cargo las operaciones del centro y la derecha. De este lado destruyó un batallón del enemigo que trató de establecerse arriba de una cañada. En el centro se realizaron combates semejantes. El Libertador logró que los cuerpos principales envolvieran a los enemigos establecidos en el centro y los arrojaran hacia atrás. Los escuadrones del Alto Llano, de Rondón e infante, cargaron con su acostumbrado valor y desde aquel momento los esfuérzos del general español fuéron infructuosos. Perdió su posición y sus tropas no pudieron oponer desde ese instante ninguna resistencia. La infantería trató de rehacerse en la altura inmediata, pero fué destruida después de una corta lucha. La caballería de los enemigos, cargada por los llaneros, desapareció del campo de batalla. El ejército español ya sin cohesión y dislocado rindió las armas y se entregó prisionero. Casi simultáneamente el general Santander, encargado de las operaciones de la izquierda cargó con una compañía del batallón de Línea y los Guías de retaguardia, pasó el puente y completó la victoria (24). Todo el ejército quedó prisionero, incluyendo al general Barreiro. Tal fué la jornada de Boyacá, coronamiento de la marcha militar más atrevida; obra de genio y de audacia imponderables, y cumplimiento de una profecía dada en la proclama de 10 de agosto de 1818 de libertar la Nueva Granada antes de un año (25). Mientras tanto sus enemigos y envidiósos esperaban en Angostura la noticia de una derrota para satisfacer el odió que les inspiraba y aniquilarlo. Los vencidos perdieron sus mejores jefes y oficiales. Tuvieron 210 muertos y heridos y quedaron en poder de los patriotas 1600 soldados no heridos. Las pérdidas de los patriotas se estimaron en el parte en 13 muertos y 53 heridos, pero seguramente fuéron mayores (26). La persecución se hizo con actividad extraordinaria. Bogotá fué libertada el 8 por el propio Libertador. De esta ilustre capital, sin pérdida de tiempo partieron columnas con instrucciones de no perder momento, hacia el Norte, al Magdalena, en dirección Noroeste hacia Antioquia y al Chocó y al Sur a Popayán. En pocos días quedaron libres estas provincias. El Virrey y los principales funcionarios del Gobierno huyeron precipitadamente a Honda, camino de Cartagena, con la Guardia de Alabarderos de 200 infantes y jinetes, mientras Calzada llevaba corriendo a Popayán 450 soldados del Regimiento de Aragón. Por su parte el venezolano Nicolás López, uno de los tenientes de Boyes, reunió en su fuga al Sur 683 hombres escapados del campo de Boyacá; el español Antonio Plá, el mismo del Rincón de los Toros acompañado de 300 hombres huía de los Valles de Tenza hacia Popayán, y el gobernador Loño y el jefe de estado mayor Esteban Díaz, escapados de Boyacá con 266 huyeron hacia el Magdalena. Los gobernadores del Socorro y Pamplona aterrados corrieron rumbo a Venezuela. En la persecución de tropas se distinguieron el general Anzoátegui y los coroneles Ambrosio Plaza y José María Córdova. La mayor parte de la Nueva Granada quedó libre y unida a Venezuela formó la república de Colombia, creada bajo la inspiración de Bolívar en el Congreso de Angostura, el 17 de diciembre de 1819.
Verdaderos Principios del Arte Militar.
En diversas épocas han corrido principios de escuelas militares amaneradas, según las cuales ocupando en el teatro de la guerra ciertos puntos y determinadas líneas, lográbase dominar al enemigo y obtener la victoria, mientras el verdadero arte consiste en buscar por todos los mediós la destrucción de las fuérzas del adversario. Esas ideas equivocadas tuvieron auge a fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX, a pesar de que de las guerras del Imperio se desprendían enunciados admirables de los principios verdaderos del arte militar, pero éstos no fuéron divulgados sino después de publicadas las obras de Bonaparte y del célebre escritor alemán Clausewitz. Durante nuestra guerra de independencia el redactor de la Gaceta, José Domingo Díaz, difundió la especie de que Bolívar habla perdido la campaña de [[1818 por su empeño de tomar a Caracas, creyendo terminar la guerra a su favor por este medió. Los realistas acogían estas ideas para engañarse a sí mismos, sobre la capacidad de Bolívar, y de aquí que la conseja se divulgara rápidamente y es muy curioso que, después de haber servido a los realistas, la emplearan dos jefes patriotas para descalificar a Bolívar ante la historia. El primero que echó mano de la especie con este fin fué el general Páez al adoptarla en su descripción de las Guerras de Apure, para justificar su torpe rebeldía contra Bolívar en el Rastro el 15 de febrero de 1818, causa del fracaso de la campaña, y pretende hacernos creer que Bolívar no le daba importancia a la magnitud ni a la dirección que tomaran las tropas del enemigo, regidas nada menos que por Morillo, y sólo trataba de persuadirlo de "las ventajas de tomar la capital de un territorio", es decir a Caracas (27). Todo mentira, de espíritu irreflexivo. El general Santander, por su parte, se empeña en probar que el Libertador en vísperas de subir al páramo de Pisba "desanimado por el cansancio de los hombres, la pérdida de los caballos y la escasez de mediós de subsistencia, estaba muy indinado a contramarchar otra vez hasta el Apure, y limitar sus operaciones a una irrupción al Valle de Cúcuta, mientras el invierno daba tiempo de emprender otra vez la campaña de Caracas que siempre había ocupado todo su anhelo" (28). Juicio sandió, producto del rencor y la envidia, formulado con el objeto de atribuirse el mérito de la continuación de la campaña. Concepto tan inverosímil parece imposible en el hombre de las facultades mentales del Vice-Presidente de la Gran Colombia. Sin embargo así lo expresó. Pero no hay tal cosa: Bolívar no cometió nunca esos errores que le atribuyen los ingratos y vanidosos Páez y Santander. Cuando marchó sobre el centro en dirección a Caracas, en 1818, fué con el propósito de destruir el ejército de Morillo; y su marcha a la Nueva Granada en 1819 tuvo por mira destruir el ejército del Virreinato, como único medió de libertar el país. El sabía que "la destrucción de las fuérzas armadas del adversario es el principio capital de la guerra, y constituye el medió de acción más eficaz para llegar al fin propuesto" (29). Y así lo expone magistralmente cada vez que la ocasión lo indicaba, como en los dos documentos que extractamos a continuación: El 15 de diciembre de 1817, dirigió de Angostura un oficio a Páez en que le dice lo siguiente: "He concebido el proyecto de levantar un ejército de 7 u 8000 hombres de todas armas, buscar al enemigo donde quiera que se encuentre, marchar sobre él, destruirlo y terminar para siempre la guerra que desuela a Venezuela" (30). Poco después, antes de caer sobre el enemigo, cuando ya había incorporado a Páez, le escribe al Consejo de Gobierno desde Payara, el 5 de febrero estas palabras: "Las noticias que comuniqué a V.E. en mis últimas comunicaciones con respecto al enemigo, han sido confirmadas por los espías que han regresado y por algunos pasados. Todos unánimemente afirman que Morillo ha establecido su cuartel general en Calabozo y ha concentrado allí sus fuérzas. Batidas éstas San Fernando, Barinas y toda la provincia de Caracas caerán en nuestras manos sin otra operación que marchar. Mi dirección, pues, es a buscarlo y confío en que obtendremos la victoria si logro la fortuna de encontrarlo" (31). Tales fuéron sus palabras en esos documentos: los grandes maestros de la guerra no han formulado mejor los principios fundamentales del arte. Por otra parte, Páez en su Autobiografía se atribuye la idea original de realizar la campaña de Boyacá, error ridículo, porque cuando él escribió no debía ignorar que el 15 de agosto de 1818, Bolívar dió una proclama en la cual anuncia su proyecto de libertar a la Nueva Granada, el nombramiento de Santander de comandante de la Vanguardia, y el plazo de un año justo para realizar la gloriosa empresa, como lo cumplió con exactitud entrando vencedor a Bogotá el 10 de agosto de 1819. Esta simpleza de Páez y la de Santander al atribuirse el paso de la cordillera, dieron motivo a la siguiente observación de Baralt en su Historia de Venezuela: "El empeño insensato de atribuirse glorias ajenas ha hecho decir a algunos hombres, ora que habían sugerido al Libertador el pensamiento de esta operación, ora que ya en Casanare queda éste variar de plan y a ellos se debió que siguiese el primitivo. Miserias todas de la vanidad, hijas en mucha parte de la destreza con que aquel hombre singular hacía obrar a sus agentes, persuadiéndoles que ejecutaban sus propias ideas, cuando sólo se movían por las que él les inspiraba" (32).
El teatro de la guerra.
Cambiar el teatro de la guerra es siempre operación muy delicada. El efectuado en 1819 trasladando la guerra de los llanos de Venezuela a los altos Valles de la Cordillera andina de la Nueva Granada, a pesar de sus inmensas dimensiones, fué preparado con habilidad y fortuna. Iniciado durante un corto receso de las operaciones en Apure, pudo realizarse con éxito por la audacia y la dirección acertada de su ejecución.
Fuentes
(1)Representación de Fray Ignacio Mariño, Antonio Arredondo y Agustín R. Rodríguez, el 17 de diciembre de 1817. Boletín de la Academia de la Historia N0 82, pag. 231. Lecuna. Crónica Razonada de las Guerras de Bolívar, tomo II, pags. 67 y 232. (2)Lecuna. Proclamas y Discursos del Libertador, Caracas, 1939, pag. 189. (3)Proclama citada, pag. 190. (4)Mémoires du Commandant Persat, París, 1910, pag. 41. (5)O'Leary XVI, pags. 888 y 389. (6)Archivo de Santander, Volumen 1, 1792-1818. Editorial Cromos. Bogotá, pag. 144. (7)O'Leary XVI, pag. 86. (8)O'Leary XVI, pag.201. (9)El Libertador a Páez. Arauca, 5 de junio de 1819. O'Leary, XVI. pag. 395. (10)Expedición Gloriosa sobre Nueva Granada. Diario de la marcha de Rincón Hondo a Paya. Blanco y Azpurua, tomo VI, pag. 681. (11)Carlos Cortés Vargas. Ruta del ejército libertador en la Campaña de Boyacá. Boletín de la Academia de la Historia N' 90, pag. 235. (12)Campagnes et Croisiéres, París, 1837, pags. 168 a 170. Obra del oficial inglés Vowell, de la Legión Británica. (13)Lecuna. Cartas de Santander, tomo 1, pag. 41. (14)O'Leary XVI, pags. 405 y 408. Oficio al Vice-Presidente del Estado, Paya, 30 de junio de 1819. (15)Lecuna. Cartas del Libertador, tomo III, pag. 28. (16)The Journal of an Expedition Across Venezuela and Colombia, 1906-1907. Yale Publishing Association, 1909. Pag. 199 (17)O'Leary, Narración, tomo 1, pag. 566. (18)Santander. El General Bolívar en la campaña de la Nueva Granada, Archivo de Santander, tomo II, pags. 45 y 46. (19)Boletín del ejército libertador, 12 de julio de 1819. O'Leary, tomo XVI, pags. 411 y 412. (20)O'Leary, Documentos, tomo XVI, pag. 414. (21)Précis des Guerres du Marechal de Turenne. Mémoires de Napoleón, Liskenne et Sauvan, París, pag. 822. (22) Mémoires de Napoleón, citada, pag. 818.
(23)Resumen de la Historia de Venezuela, por Rafael María Baralt, Edición de Brujas, 1939, tomo 1, pags. 457 y 458.
