Paula Jaraquemada Alquízar
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Paula Jaraquemada Alquízar. Nació en Santiago de Chile en junio de 1768. Sus padres fueron Domingo de Jaraquemada y Cecilia de Alquízar, fue uno de los personajes femeninos más importantes en la lucha por la independencia de Chile.
Sumario
Síntesis biográfica
Su niñez y adolescencia deben haber transcurrido como la de todas las mujeres de fines del siglo XVIII; es decir, debió haber aprendido las primeras letras y recibido una educación sólida en aspectos morales, y práctica en asuntos domésticos.
Su figuración pública se la debe a la Guerra de la Independencia. En 1818, enterada de la Sorpresa de Cancha Rayada (19 de marzo), organizó militarmente a los inquilinos de su hacienda de Paine y, poniendo a su propio hijo al frente de esa milicia, le ofreció estas fuerzas al general José de San Martín.
Apoyo a la Independencia
Junto a sus hombres -transformados en soldados-, concurrió a entrevistarse con San Martín, a quien proporcionó además otros elementos que eran necesarios, tales como caballos, alimentos y pertrechos. Su hacienda se transformó en hospital de sangre, pues allí fueron remitidos los heridos de Cancha Rayada, y también sirvió de cuartel general para San Martín.
La visita de los realistas
Era conocida por su carácter decidido y altivo. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió una vez que las tropas revolucionarias habían salido de su hacienda; inesperadamente, recibió la visita de una avanzada de las fuerzas realistas. Su posición política era conocida y, por ello, no le extrañó que los maturrangos aparecieran por esos parajes. Según dice la tradición, se habría producido la siguiente conversación entre el oficial al mando y ella: –Oficial: –Las llaves de la bodega. –Doña Paula: – ¿Necesita usted víveres? Los tendrá en abundancia. –Oficial: –Las llaves pido. –Doña Paula: –Las llaves no se las entregaré jamás. Nadie sino yo manda en mi casa. Molesto, el oficial habría ordenado a sus hombres hacer fuego y Paula, entretanto, habría avanzado hacia la tropa, desafiándola. Los soldados, desorientados, no habrían sabido qué hacer, al igual que su comandante quien, entonces, ordenó incendiar la casa. Ante esto, la dueña habría partido en busca de un brasero y lo habría hecho rodar por el suelo, exclamando: ¡Allí tenéis fuego! Nuevamente impresionado, el oficial, sin saber cómo proceder, decidió partir. Estas experiencias y la situación de su patria la indujeron a dedicarse a hacer obras de caridad y de misericordia, entregando especial atención a los presos en las cárceles. A dichos recintos ella tenía acceso especial.
Después de la Independencia
Concluida la guerra de la independencia, esta noble matrona se consagró al ejercicio de la caridad. Abandonó el ambiente de alta sociedad donde había vivido y recorrió las viviendas de los pobres llevándoles sus recursos. También visitaba las cárceles, los hospitales y los asilos, consolando las desventuras de los más humildes. Hasta poco antes de su muerte, rigió una prescripción oficial que le permitía el libre acceso a las prisiones, donde iba a socorrer a los reos con ayuda humanitaria y más de una vez salvó condenados de la pena capital. La casa correccional de mujeres de Santiago le debió la introducción de considerables mejoras en beneficio de las detenidas.
Se cuenta que en una oportunidad llegó a salvar del cadalso a una mujer conocida como la Caroca, que había sido condenada a la pena de muerte por sus crímenes.
Muerte
Murió en Santiago de Chile, en septiembre de 1851.
Fuentes
- “Diccionario histórico de Chile”, Jordi Fuentes y Lía Cortés.
- literatura
- Biografía
- Paula Jaraquemada
