Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Cuba)

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Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La fundación del MINFAR y el nombramiento del entonces comandante Raúl Castro Ruz para encabezarlo, representó una de las más importantes decisiones adoptadas por el Gobierno Revolucionario en el Año de la Liberación. No fue una disposición improvisada.

Hasta la histórica fecha de su creación, el 16 de octubre de 1959, las instituciones militares cubanas habían funcionado con una estructura similar a la del ejército anterior. El andamiaje institucional heredado, que incluía la existencia del Ministerio de Defensa Nacional, no se correspondía con las nuevas tareas que reclamaba la Revolución Cubana.

Después de varios meses de estudio para crear un organismo que, desde el punto de vista político y revolucionario, propiciara la integración de los Cuerpos Armados, se logra instaurar unas Fuerzas Armadas cuyo ejército, pueblo uniformado defensor de los más puros intereses, es la garantía defensiva de la Patria.

Antecedentes

El 1ro. de enero de 1959, tras el derrocamiento de la tiranía y la entrada del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al frente del Ejército Rebelde, en Santiago de Cuba, se constituye el Gobierno Revolucionario con Manuel Urrutia Lleó al frente. Pocas horas después, al amanecer del 2 de enero, Urrutia hace pública su decisión de declinar “a favor del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz la jefatura de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, mando que, por la Constitución de 1940, correspondía al primer magistrado de la nación”.[1]

Al día siguiente, Fidel emite la primera orden militar. En una de sus partes expresaba: “POR CUANTO: Por el presidente provisional del Gobierno Revolucionario de la República de Cuba, se me han delegado facultades pertinentes para que como Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, proceda a la debida organización de las mismas. POR TANTO: En uso de las facultades que me han sido delegadas, RESUELVO: Aprobar y poner en vigor, la siguiente: ORDEN MILITAR No. 1. Primero: Se designa al comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, como jefe de todas las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire que radican en la provincia de La Habana. […]”[2]

El 5 de enero, por el Decreto Presidencial No. 22, se designa al ministro de Gobernación, Luis Orlando Rodríguez, como interino del Ministerio de Defensa Nacional y, el 20 de enero, el presidente Urrutia informa del nombramiento del comandante Augusto Martínez Sánchez al frente de dicho ministerio.

En los días sucesivos se dictan otras leyes que van amoldando las Fuerzas Armadas a la situación imperante. Por el Decreto No. 377, dictado el 2 de febrero, el comandante Raúl Castro es nombrado Segundo Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de la República de Cuba.

El 13 de febrero de 1959, ocasión en la que el Consejo de Ministros del Gobierno Revolucionario aprueba la propuesta de que Fidel asuma el cargo de Primer Ministro, se dicta el Decreto Presidencial No. 564 que concede a este una licencia en el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire y, a su vez, nombra a Raúl para sustituirlo. Sin embargo, a pesar de esa licencia, Fidel ha continuado siendo el Comandante en Jefe y, como ha ratificado el hoy general de ejército Raúl Castro, lo será siempre.

Diversos organismos del Estado son transformados por el Gobierno Revolucionario para alcanzar sus altos fines. Así, por ejemplo, mediante la Ley No. 100 del 23 de febrero de 1959, se crean siete departamentos adscritos al Ministerio de Defensa Nacional. Ellos fueron el de Asistencia Técnica, Material y Cultural al Campesinado; Construcción de Viviendas Campesinas; Repoblación Forestal; Construcción y organización de ciudades escolares; Asociaciones y Cooperativas de Consumo y Producción Agrícola, Comerciales e Industriales; Playas para el Pueblo; y Asistencia a las Víctimas de la Guerra y sus Familiares. Similares estructuras se desarrollaron en otros organismos del Estado para incorporarlos al proceso de las grandes realizaciones que la Revolución tenía por delante.

Sin embargo, las actividades del Ministerio de Defensa Nacional no respondían a las necesidades de la defensa armada del país, por lo cual se procedió a su desactivación. En su lugar, se dispuso la creación del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, encargado de la preparación defensiva de la nación.

Para esta fecha, el comandante Camilo Cienfuegos era el jefe del Ejército Rebelde; el comandante Juan Almeida Bosque, el de la Fuerza Aérea Rebelde; el capitán de fragata Juan Manuel Castiñeiras comandaba la Marina de Guerra Revolucionaria; y el comandante Raúl Castro fungía como jefe de estas tres armas.

Creación del MINFAR

En octubre de 1959 las condiciones están creadas para reestructurar la dirección de las Fuerzas Armadas. Por ello, en la reunión del Consejo de Ministros, del 16 de octubre, se aprueban la Ley 599, que establecía la disolución del Ministerio de Defensa Nacional, y la Ley 600, mediante la cual se creaba el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR). El comandante Raúl Castro Ruz es designado ministro, mientras que el comandante Martínez Sánchez pasa a ocupar la máxima dirección del Ministerio del Trabajo.

Determinado ya que el MINFAR tendría bajo su jurisdicción a todos los cuerpos armados, la ley dispuso un término de 60 días para que el comandante Raúl Castro propusiera un proyecto de Ley Orgánica para la nueva institución. Además, dictó la disolución del Ejército de Cuba, la Marina de Guerra, la Policía Nacional y el Estado Mayor Conjunto. En su lugar, la ley dejó constituidos el Ejército Rebelde, la Fuerza Aérea Rebelde, la Marina de Guerra Revolucionaria y la Policía Nacional Revolucionaria como integrantes del MINFAR.

Dos días después, el 18 de octubre, en vísperas de que Raúl jurara su cargo de Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ante el Presidente de la república, los capturaron al criminal de guerra Luis Lara, más conocido como el cabo Lara.

Esa patrulla de campesinos, creada por el Comandante en Jefe durante uno de sus viajes a Pinar del Río y adiestrada bajo su dirección en el campamento de Managua, liquidó en pocos días al "terrible ejército” de la contrarrevolución, cuyo jefe, el cabo Lara, había sido ascendido a comandante el día anterior por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Invitados por el Comandante en Jefe, cerca de las cuatro de la tarde del 19 de octubre, Los Malagones llegaron al edificio de la revista BOHEMIA acompañados por los comandantes Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Augusto Martínez Sánchez, entre otros oficiales. Poco después arribó Fidel. Todos, con alegría desbordante, escucharon las anécdotas de la acción.

Raúl Castro, precisado a salir rumbo a Palacio para la juramentación de su cargo, con su jovialidad habitual, se despidió de los reunidos diciéndoles: “Ya Lara puede mandar un cable a Trujillo en estos términos: ‘Misión cumplida, me rendí’.”

Minutos más tarde, en el Palacio Presidencial, el doctor Osvaldo Dorticós, como presidente de la República tras la renuncia de Urrutia, toma juramento a los nuevos ministros. Concluida la firma de los documentos, el presidente de la República expresó: “En realidad no es necesario decir un discurso porque en definitiva esto no es más que un trámite en nuestro gran proceso revolucionario. La incorporación del comandante Raúl Castro al Gobierno, jerarquiza aún más su contenido revolucionario. Huelga destacar su labor revolucionaria y al frente de la jefatura de las Fuerzas Armadas. Y en la rectoría del Ministerio es, sin lugar a duda, una garantía de éxito para nuestra Revolución”.[3]

Horas más tarde, en Ciudad Libertad, con la presencia del Comandante en Jefe, el comandante Raúl Castro Ruz toma posesión de su nuevo cargo y pronuncia un breve y emotivo discurso:

“No es precisamente con este acto de tipo legal, con el que empezaremos a desarrollar nuestras tareas en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. No es que desde hace tiempo concibiéramos esta idea pero sí desde hace muchos meses, concebimos la idea de una nueva reestructuración en la organización de los Institutos Armados y del máximo organismo que los representa, o sea, el Ministerio de Defensa. Múltiples reuniones llevamos a cabo, precisamente aquí en esta misma sala desde hace meses, adentrándonos primero en las cuestiones típicas y difíciles de estos organismos armados, hasta que ya con conocimientos suficientes, con la experiencia que muchos errores nos han proporcionado, y la experiencia que extraíamos asimismo de la guerra civil, nos dedicamos por entero a esta transformación.

“Muchos millones de pesos cuestan al pueblo los Institutos de las Fuerzas Armadas, la dispersión existente, como consecuencia de organizaciones militares copiadas de otros países, que si bien es cierto que son muy útiles y necesarias para esos países, la nueva reorganización se lleva a cabo, solo teniendo en cuenta los intereses y las características propias de nuestra patria.

“Saben de sobra todo el proceso de la guerra civil en que un ejército del pueblo, enfrentado contra un moderno equipo militar, contando con el apoyo y el asesoramiento de otras potencias extranjeras, fue totalmente derrotado. No necesitamos, pues, de ningún tipo de asesoramiento, ni mucho menos copiar al carbón otras organizaciones.

“(…) sirvan solo estas breves palabras, para dejar inaugurado de forma legal, este nuevo Ministerio de las Fuerzas Armadas, sustituyendo al antiguo y solo burocrático Ministerio de Defensa.

Nuestro empeño y nuestra meta definitiva será poner los Institutos de las Fuerzas Armadas, en un grado tan avanzado, como aquel en que se encontraba incluso la diminuta Suiza, allá por los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, que cuando el Estado Mayor Alemán, de la Alemania nazi, decidió atacar ese país como hizo con todos los de Europa, calculó que un millón y medio o dos millones de alemanes o soldados alemanes iba a costarle tal empresa. No estaremos jamás satisfechos, hasta que por nuestra organización y contando siempre con la insustituible colaboración del pueblo de Cuba, nuestro país esté en condiciones de hacerse respetar militarmente por pequeños y poderosos. Jamás prepararemos ni instruiremos nuestras Fuerzas Armadas con ánimo de agresiones hacia otros países. Respetamos los derechos de otros países, sean grandes o pequeños. Somos máximos defensores del principio de no intervención dentro de los problemas internos de otros países y con esa misma fuerza y esa misma razón, somos decididos partidarios de oponernos a cualquier tipo de interferencia en las cuestiones cubanas.

“No descansaremos hasta que nuestro país, en el orden militar, se haga respetar de grandes y pequeños. Porque a grandes y pequeños por igual respetaremos. No descansaremos hasta poner nuestro país en el orden militar, en condiciones que aquel que intente apoderarse de nosotros, sepa que más de dos millones, le va a costar cuatro millones de soldados y aquí solo encontraría un desierto, porque nuestra máxima será la de Antonio Maceo: quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre”.[4]

Y ese es el principio que durante estos 50 años se ha mantenido, y siempre se mantendrá, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Una semana después, el 26 de octubre, se crean las Milicias Nacionales Revolucionarias y el MINFAR asume, como primera gran misión, la organización y preparación de esta fuerza popular.

Referencias

Fuentes

CREACIÓN DEL MINFAR