Reportaje al pie de la horca

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Reportaje al pie de la horca
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Adquirió gran resonancia mundial y fue traducido a ochenta idiomas
Autor(a)(es)(as)Julius Fucik
Primera edición1945

Reportaje al pie de la horca. Obra póstuma de Julius Fusik, compuesta por tres capítulos perturbadores sobre la tortura de un ser humano, escrita tiritas de papel higiénico desde la cárcel y publicado en 1945. Adquirió gran resonancia mundial y traducido a ochenta idiomas.

Estructura

Reportaje al pie de la horca tiene 3 capítulos con contenidos inquietantes y perturbadores: 24 Horas, La Agonía, Celda 267. Y son la desgarradora historia de este periodista quien mantiene sus principios hasta las últimas consecuencias, la muerte.

Valoración

Esta obra por los valores que trasmite aún en la actualidad, su vigencia es impresionante, pues nos habla de ética, de fidelidad a causas justas, y si en el año 1945, cuando salió a la luz por vez primera el impacto fue mundial, hoy debemos tener muy en cuenta esta obra literaria que sin duda alguna inmortaliza a su autor: Julius Fucik.

La obra

Julius Fucik, combatiente contra el pacto Munich, defensor inquebrantable del primer estado de obreros, campesinos y soldados de la gran revolucion de octubre, vencedor de la tortura y la muerte, uno de los más altos ejemplos de revolucionario.

Fue tomado prisionero en el año 1942, cuando participaba en la lucha contra la ocupación fascista alemana, su libro Reportaje al pie de la horca es un testimonio de la falacia del fascismo y los principios inquebrantables de este periodista que aún hoy es un ejemplo para los profesionales de la palabra y para todo aquel que lucha por una causa justa.

Lo condujeron a la cárcel Pankrac, de la Gestapo, espacio donde inició su obra póstuma: “Reportaje al pie de la horca”; empezó por aquella noche de captura y por la primera sesión de torturas. Hizo un contraste de la vida mientras un hombre, resistía las vejaciones criminales. El reportero sabía que creaba un hecho de entrega ilimitada al mundo que seguía su curso.

Una mañana, uno de los guardias que lo custodian entra en su celda a hacer una inspección de rutina. Tiene una manera de comportarse diferente a los demás nazis. Fucik lo describiría así luego: «A primera vista, una persona enigmática. Marchaba por los pasillos solo, tranquilo, reservado, observador, alerta… Jamás se le oyó gritar. Jamás se le vio pegar».

Casi en un susurro, le pregunta al prisionero que si necesita algo, «…por si acaso, si quiere usted enviar un recado para alguien… o si quiere escribir… No para ahora, ¿comprende? Sino para el futuro: cómo ha llegado aquí, si alguien le ha traicionado, qué conducta observaba de éste o de aquél… Para que todo lo que usted sabe no se marche con usted…».

Fucik recela y calla. Le parece un ardid de sus captores para obtener de él información escrita. Pero, con los días, cambia de parecer. Su instinto de conspirador lo induce a confiar. A la postre, el guardia —llamado Afolf Kolínsky— resulta ser un compatriota suyo. Se ha hecho pasar por alemán para ayudar en todo lo posible a los prisioneros checos en Pankrác.

Sin parar mientes en el peligro al que se expone, Kolínsky se encarga de hacerle llegar a Fucik, con suma cautela, un lápiz y 167 tiritas de papel higiénico. Con tan precario material el prisionero tal vez pueda redactar su crónica póstuma. También asume la vigilancia para que no sea descubierto.

Fucik escribiría después en su mazmorra: «Era demasiado hermoso encontrar aquí, en esta casa sombría, a un amigo que, con el mismo uniforme de aquéllos que no tienen para ti más que gritos y golpes, te da la mano para que no perezcas sin dejar huellas, para que puedas dejar un mensaje a los hombres del futuro, para que puedas hablar, al menos por un instante, con los que sobrevivirán y alcanzarán la liberación».

Fuentes