Tarquino Prisco

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Traquino Prisco
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NombreLucio Tarquino Prisco
Otros nombresTarquino el Antiguo o Lucumón
PredecesorAnco Marcio
SucesorServio Tulio
CónyugeTanaquil
PadresDemaratatos

Lucio Tarquino Prisco, conocido también como Tarquino el Antiguo o Lucumón en sus orígenes, es el quinto rey de Roma y el primero de origen etrusco. Subió al trono en el año 616 a.C. y perduró hasta el 578 a.C. reinando un total de treinta y ocho años.

Biografía

Lucio Tarquino Prisco, conocido también como Tarquino el Antiguo o Lucumón en sus orígenes, es el quinto rey de Roma y el primero de origen etrusco. Subió al trono en el año 616 a.C. y perduró hasta el 578 a.C. reinando un total de treinta y ocho años. Una tendencia historiográfica más científica y sustentada en las pruebas que proporciona la arqueología lo reconoce como el auténtico fundador de la ciudad de Roma en lugar del mítico rey Rómulo y sus primeros sucesores, los cuales son considerados personajes de dudosa historicidad para esta tendencia. Su padre, Demaratatos, era un exiliado de origen griego de la ciudad de Corinto que se estableció en la ciudad etrusca de Tarquinia, de ahí su nombre posterior. De buena familia su matrimonio con la etrusca Tanaquil no hizo más que aumentar sus bienes y convertirlo en un hombre poderoso y cercano a los centros de poder a su llegada a Roma. Cuenta la leyenda que una vez llegado a Roma junto a su mujer Tanaquil, paseaban por el Janículo cuando un águila descendió del cielo y le quitó el sombrero para al poco tiempo volvérselo a poner en su cabeza. Su mujer Tanaquil familiarizada con la interpretación de signos premonitorios le auguró un futuro lleno de privilegios y de grandezas. En Roma se cambió el nombre por el de Tarquino Prisco y su riquezas e influencia hicieron, pese a ser extranjero, que llegara a convertirse en tutor de los hijos del rey Anco Marcio. Ganada la confianza de una buena parte de la nobleza y del propio rey esperó a la muerte de éste para urdir la trama que lo convertiría en el quinto monarca de Roma. Se dice que a la Muerte de Anco Marcio, Tarquino Prisco se mostró favorable a que se convocasen con la mayor celeridad posible los comicios y se designara un rey. Un tiempo antes de la reunión se encargó de alejar a los hijos de Anco Marcio de la ciudad de Roma con el pretexto de una cacería. De este modo pudo reclamar para sí mismo el derecho al trono convenciendo a los ciudadanos de la ciudad de su idoneidad.

La Tradición y el Ascenso al Poder

Las líneas esenciales de la tradición referente a Tarquino Prisco están dadas por Dionisio[2] y Livio[3], quienes nos presentan versiones concordantes de los hechos. Lucio (Lucumón) Tarquino sería hijo de Demarato, un ciudadano corintio que se refugia en la ciudad etrusca Tarquines huyendo de ciertas revueltas políticas. Parte de la tradición[4] se preocupa de puntualizar que Demarato pertenecería a la familia real de los báquidas y que se habría autoexiliado durante la tiranía de Cipselo.

El segundo hijo de Demarato fue llamado Lucumón. Habría tenido un hermano mayor de nombre Arrunte que premurió a Demarato, por lo que Lucumón quedó como heredero y líder gentilicio.

Puesto que Lucumón no alcanzaba una posición de prestigio en la ciudad de Tarquines debido al origen extranjero de su padre, a sugerencia de su mujer Tanaquil (Gaya Cecilia[5] en algunas versiones), decide emigrar a Roma. De camino a la ciudad, en Fidenas, un águila le arrebata el sombrero y luego vuelve a ponérselo en la cabeza. Su mujer, que era versada en la adivinación, le predice que alcanzará la monarquía[6].

Al llegar es recibido en Roma como ciudadano; particularmente interesante es el relato de Dionisio, donde Tarquino Prisco se desplaza seguido de toda su gens[7] a Roma, mientras que al llegar Anco Marcio le asigna tribu, curia y un lote de tierra, lo que concuerda con la llegada de una nueva gens a la ciudad[8].

Finalmente, llega a ser tutor de los hijos del rey Anco Marcio y, al fallecer éste, se hace con el poder. En la versión de Cicerón[9] y Livio[10], por votación del pueblo, mientras que sólo en la versión de Dionisio tienen lugar el interregno, la votación del pueblo y nombramiento del Senado.

Gobernó durante muchos años, venció a los latinos, a los sabinos y a los etruscos. De estos últimos obtuvo los símbolos del imperium[11].

Siempre según la tradición, hizo los primeros intentos de desecar el foro, creó las tabernas en el mismo, estableció el circo máximo, aumentó el número de vestales y otras obras urbanísticas de importancia.

Finalmente fue asesinado por dos sicarios contratados por los herederos de Anco Marcio que esperaban recuperar el trono. Sin embargo, sus asesinos fueron burlados por su viuda Tanaquil y terminó por sucederlo Servio Tullio, un rey nacional romano.

Es difícil saber cuánto de verdad existe en este relato, aunque, podemos decir que hay algunos elementos estructurales verídicos en el mismo.

En primer término, está la existencia misma de una dinastía de reyes en Roma conocidos bajo el nombre de tarquinos. Que la Roma primitiva fuese una monarquía parece seguro por diversos factores, no sólo por la tradición unánime de la historiografía antigua, sino también por el calendario antiguo y por la existencia de un rex sacrorum entre los sacerdocios romanos e incluso por cierta evidencia arqueológica, como la lapis nigra[12]. Respecto a la posibilidad que alguna de las dinastías que gobernaron Roma bajo el sistema monárquico tuviese efectivamente el nombre de tarquina, es también un hecho que ha encontrado apoyo arqueológico.

Se trata de la tumba François de Vulci, descubierta en 1857. Ahí aparece pintada una escena que tiene por protagonista a un Cneve Tarxunies rumax (Gneus Tarchinus Rumach o el Romano). Si ha de identificarse con este Gneo Tarquino con algún rey intermedio[13] entre Prisco (fundador de la dinastía) y el Soberbio (último rey romano) o no[14] es un asunto secundario, comparado con el hecho que esta tumba confirma la existencia de la dinastía[15], que es lo que de momento nos interesa.

En cuanto a su llegada y la manera exacta en que se hace con el trono, parece, hoy por hoy, innegable el hecho que las sociedades etrusca y latina de los siglos VII y VI a.C. eran sumamente porosas en cuanto a inmigración se refiere. En efecto, el estudio epigráfico de las ciudades y necrópolis etruscas ha entregado resultados sorprendentes[16]. En la ciudad de Orvieto, por ejemplo, para el siglo VI a.C. se ha encontrado que sólo un sesenta por ciento de los nombres de las tumbas son etruscos, mientras que el cuarenta por ciento restante corresponde a itálicos de diverso origen. Es más, en Caere[17] se encontró la inscripción de un Kalatur Phapenas (Calator Fabius), de fines del siglo VII, esto es, de un latino miembro de una gens conocida, los Fabios. Incluso hay testimonio de inmigrantes griegos en la zona, como es el caso de Rutile Hipucrates (griego Hipokrates con nomen latino de Rutilio) en un túmulo tarquinense[18].

Diremos también que existe la posibilidad que artesanos corintios hayan emigrado a Etruria hacia mediados del siglo VII a.C., esto es, en la época de la tiranía de Cipsalos, toda vez que se observa una imitación local de la cerámica griega en tal período[19], aunque esto último no es más que una especulación. La verdad es que, independientemente de la efectiva existencia de inmigrantes griegos de Corintio en Etruria, los orígenes griegos de los tarquinos parecen un subterfugio para resaltar la helenidad de los romanos, propósito expreso de Dionisio[20], aunque no exclusivo de él. Es posible que justamente por la efectiva existencia de algunos exiliados corintios en Etruria, se haya otorgado tal ascendencia a Tarquino Prisco, aunque esto es naturalmente indemostrable.

Lo que nos interesa resaltar mayormente es que existían fuertes lazos de migración entre las comunidades itálicas de la época, lo que concuerda con la tradición sobre la llegada de los Tarquinos a Roma.

Naturalmente, la crítica ha considerado como probables también otras posibilidades, especialmente la conquista militar. Esta idea, con distintas variantes, ha sido defendida por diversos autores, desde que Binder[21] postuló a los tarquinos como una dinastía de conquistadores etruscos que instauran una dictadura militar que sustituye al "Volkskönigtum" indogermánico. Esta idea de un despotismo militar etrusco representado por los tarquinos, como una etapa distinta a una monarquía original latina, menos poderosa, que gobierna con el consejo de ancianos es perfeccionada por Wenger[22]. Más adelante, Alföldy[23] postula que Roma fue gobernada por "condottieri" etruscos durante el siglo VI a.C. La ciudad habría caído sucesivamente bajo la influencia de Tarquines (Tarquinos), Vulci (Servio Tullio) y Clusium (Porsena).

En verdad, a pesar que es posible, e incluso probable, que Roma haya sido conquistada en alguna ocasión por los etruscos, no podemos afirmar que justamente los Tarquinos hayan sido un grupo de conquistadores. Aunque la cosa cambia cuando pensamos en Servio Tullio y se vuelve prácticamente segura con Lars Porsena, no hay nada en Tarquino Prisco que nos haga pensar en un "condottiero".

En primer término, la tradición no nos entrega ninguna versión que nos permita postularlo. Tarquino Prisco sigue un patrón similar al que los Claudios adoptarán más adelante, se moviliza con toda su gens, obtiene del rey Anco Marcio tierra, una tribu y una curia. La tradición es explícita en esto. Tarquino asume un praenomen romano, cambiando de Lucumón a Lucio (que siempre mantendrá el líder gentilicio), de manera similar a Atto Clauso que pasa a ser Apio Claudio y se presenta como un rey romano, no etrusco. En la tumba de Vulci, Cneve Tarxunies rumax (Gneo Tarquino el romano) tiene también un praenomen latino y es explícitamente calificado como romano[24]. El gentilicio Tarquino es latino, pudiendo apuntar a ciudad de Tarquinia, como quiere la tradición, o ser una latinización del nombre Tarcna, que se encuentra en varias tumbas de Caere[25].

En definitiva, nada impide identificar a los tarquinos con una gens inmigrada que se habría hecho con el poder por su propia superioridad cultural respecto a los grupos sabino-latinos de Roma[26].

El problema es que la toma del poder de Tarquino Prisco no parece completamente legítima en todas las versiones. En efecto, parte de la tradición lo muestra apelando al pueblo, como un tirano griego. Sólo Dionisio menciona el interregno y la intervención del Senado, pero ninguno le muestra tomando auspicios. En efecto, por toda toma de auspicios está el episodio del águila en el camino. Es más, según la tradición habría tenido conflictos con los augures, especialmente con un tal Nevius[27].

Algún disgusto existe en la tradición con Tarquino Prisco. Algo respecto a sus reformas, a su conflicto con los augures, que posiblemente tenga que ver con el potente cambio que la Roma de las gentes experimentó durante su gobierno, como veremos a continuación.

Terreno Militar

En el terreno militar y de las conquistas territoriales se puede considerar a Tarquino Prisco un digno sucesor de Anco Marcio. Se enfrentó a los latinos y tomó la ciudad de Apiola en el Lacio. Se cuenta que con el botín obtenido celebró unos grandes juegos (ludi romani) para conmemorar el triunfo obtenido. Motivado por algunos combates con los sabinos que pusieron en aprietos a su ejército decidió añadir nuevas centurias de caballería a las que en su momento había establecido Rómulo. Embarcándose en nuevos conflictos abatió el poderío de los sabinos y conquistó numerosas plazas dominadas por los latinos: Nomento, Ameriola, Cornículo, Crustumerio, Medulia y Cameria.

Roma Cambia

La tradición está conteste en ubicar el reinado de Tarquino Prisco hacia fines del siglo VII, específicamente se da la fecha convencional del 616 a.C. para su asunción al trono. Su gobierno dura 37 años[28], hasta el 579 a.C., siguiendo la cronología usual. Un reinado tan largo ha suscitado dudas entre la crítica, sospechándose que existirían otros reyes de la dinastía desconocidos para la tradición.

Curiosamente, el reinado de Lucio Tarquino Prisco coincide con un período donde la evidencia arqueológica denota un cambio fundamental en el desarrollo de las comunidades establecidas en lo que hoy denominamos Roma. Este, conocido como período IVB (630 hasta 580 a.C.), es probablemente el punto de inflexión en cuanto a la evolución de dichas comunidades en una ciudad unitaria.

Para comprender su importancia, conviene tener presente que durante el período inmediatamente anterior (IVA 730-630 a.C.), la estructura de la comunidad del Palatino ha cambiado muy poco. Es básicamente un conjunto de cabañas rodeadas por un pequeño muro, con un área de entierros en el valle del Foro que la vincula a las demás comunidades ubicadas en los montes y colinas circundantes.

Durante el período IVA hacen su aparición las "tumbas principescas", que concentran grandes cantidades de metales y cerámica de lujo en ritos funerarios de personajes de importancia, lo que atestigua una fuerte concentración de riqueza[29]. Esto se debe, probablemente, a la introducción de la arboricultura hacia el final del período, particularmente del olivo y de la vid[30].

Lo más destacable de dicho período IVA es el surgimiento de núcleos palaciales sobre promontorios elevados que parecen ejercer el control de áreas determinadas, donde se agrupan las gentes y ejercen su predominio como ejes de sociedades aristocráticas[31]. Las comunidades latinas parecen verdaderas federaciones de grupos gentilicios.

El período IVB, en cambio, constituye una verdadera revolución urbana. No es sólo que la casa de piedra y tejas hace su debut y desplaza a la cabaña como lugar de habitación[32], sino que nace un centro en torno al Foro que unifica el Palatino con el Quirinal y el Capitolio, esto es, la estructura urbana fundamental de Roma.

En este arco de tiempo[33] (625-580 a.C.) se inicia una importante serie de trabajos en este sentido. Así, el cementerio del Foro dejó de ser utilizado y se procedió a la desecación de la zona, hasta entonces frecuentemente inundada, mediante el relleno del área con más de dos metros de material[34].

Al mismo tiempo, se inicia la construcción de distintos templos de piedra, como la casa de las vestales, el comitium[35] y la Regia[36]. En la zona existen casas de piedra con pequeñas habitaciones de que pueden ser asociadas a la tarbernae veteres que Livio (1.35.10) atribuye a Tarquino Prisco[37].

Parte de la historiografía antigua conoce de esta labor de relleno artificial del Foro y su fijación como eje de la ciudad, pero la atribuye a Rómulo[38], lo que, como veremos, es una constante. Tal vez un recuerdo mitológico de tal actividad es la supuesta lucha de Rómulo contra Metio Curcio, héroe epónimo del lago que inundaba el Foro[39].

Al finalizar el período, el Foro se encuentra íntegramente pavimentado[40] y por primera vez, podemos afirmar que Roma tiene un verdadero centro urbano, eje de la actividad política de la ciudad[41]. En pocas palabras, las obras públicas que la tradición atribuye a Lucio Tarquino Prisco, en general, tienen un correlato arqueológico en qué apoyarse. Si la tradición le atribuye obras de desecación del valle del Foro y distintas obras de embellecimiento del mismo[42], la arqueología confirma que en esa misma época se iniciaron trabajos de importancia en el lugar. Si la tradición nos indica que reformó el culto de las vestales[43], la arqueología nos indica que en torno al 600 a.C. se comenzó la construcción de la casa de las vestales. Si la tradición nos indica una reforma en el número de senadores que trasluce una reforma a las curias[44], la arqueología nos muestra que hacia esa época se construyeron la Curia y el comitium.

Paralelamente, en un sector aledaño a la isla Tiberina se desarrolla el Forum Boarium[45]. Este, como su nombre lo indica, constituyó un mercado de animales próximo al puerto sobre el río Tíber y fue el eje comercial de la ciudad. Aquí se ubicaba un nudo de caminos de importancia para el intercambio entre el área Lacial y Etruria. Roma se encuentra en una encrucijada de caminos que conduce las exportaciones etruscas de hierro de la isla de Elba a las ciudades de Magna Grecia evitando los riesgos del mar[46]. Así el Forum Boarium era un gran mercado al aire libre por donde transitaban caravanas de carros llevando el metal hacia el sur[47].

Por otro lado, al ser el Tíber navegable, el Portus Tiberino permitía el contacto directo entre Roma y el comercio marítimo, posibilitando la importación de mercaderías a través de su curso. La importancia de este comercio queda confirmada por el tratado romano-cartagines del 509[48].

Esto se ve reforzado por el comercio de la sal, llevado al Forum Boarium a través de la via Salaria, cuyo control parece estar definitivamente en manos romanas para este período[49].

En otras palabras, el desarrollo del Forum Boarium equivale a una fuerte explosión comercial que alteró la economía agropastoral de la zona. La producción de artesanía a gran escala y el auge del comercio permitieron el surgimiento de toda una nueva clase de sujetos cuya subsistencia no está directamente vinculada al campo. Es muy posible que un buen número de ellos fuesen inmigrantes, dada la porosidad de las sociedades latinas y etruscas en la época, y sobre todo por el surgimiento de un barrio etrusco (vicus Tuscus) aledaño al Forum Boarium en esta época asociado a Tarquino Prisco[50], al menos por parte de la tradición[51].

El surgimiento de un grupo humano independiente de la agricultura y centrado en la economía propiamente urbana es un hecho de particular importancia, toda vez que el campo parece dominado por los grupos gentilicios; seguramente este hecho marca un primer declinar de los mismos[52]. En efecto, coherentemente con esta idea, puede observarse que la estructura de los asentamientos gentilicios cambia, disminuyendo su tamaño y ubicándose en la llanura, dentro de los núcleos urbanos[53]. Llega incluso a desaparecer el ajuar funerario[54], notándose poca diferenciación entre las tumbas.

La riqueza gentilicia parece ser absorbida por el núcleo urbano, redistribuyéndose en beneficio de la ciudad lo que antes se atesoraba en las tumbas. La riqueza sale de la muerte para favorecer a la comunidad de los vivos. La ciudad nace y con ella los plebeyos[55], qui gentes non habent.

Constitución de Tarquino

La crítica está dispuesta a reconocer en el instaurador de la dinastía etrusca grandes obras urbanísticas en la ciudad. Se lo estima fundador de la urbs[56] y reformador de su aspecto externo, pero no como un organizador de la misma.

Sin embargo, debe reconocerse que el ascenso al trono de Lucio Tarquino Prisco inaugura una nueva fase de la monarquía en Roma, donde la centralización del poder en el rey termina por sobreponerse a los clanes gentilicios que hasta entonces tienen primacía[57]. A través de la introducción del imperium será que transforme una aglomeración de clanes en una auténtica ciudad, brindando protección a los plebeyos al arbitrar sus diferencias con los viejos clanes gentilicios[58].

No creemos que fue ésta una etapa de despotismo militar a la manera que Binder[59] o Wenger[60] suponen, esencialmente porque damos fe a la tradición en cuanto a la asunción pacífica del poder por parte de Tarquino Prisco.

No obstante, y a pesar de la opinión de Coli[61], encontramos una diferencia fundamental entre la villa sobre el Palatino y la ciudad centralizada en el Foro que construyó este rey.

Es bastante poco usual que se hable de una constitución de Tarquino Prisco, pero creemos estar en posición de demostrar que los cambios introducidos por este rey son bastante más que meras reformas urbanísticas. La desecación del Foro, la construcción del Comitium y de la Regia se corresponden con la creación de un centro cívico, mientras que la fundación del Forum Boarium es la aparición de un corazón económico en la ciudad. Estas mejoras espaciales son el reflejo de cambios ideológicos y jurídicos que se manifiestan físicamente en la constitución de tales centros neurálgicos. Un centro cívico supone la existencia de ciudadanos que lo necesitan. En este sentido, la labor de Tarquino se asemeja a un fundador, a un constituyente, más que a un mero constructor. Las líneas que siguen intentarán demostrar esta tesis.

El "imperium"

La historiografía antigua es algo contradictoria en lo que se refiere al imperium. En el relato tradicional, Rómulo toma los símbolos del imperium y es acompañado en sus actos por doce lictores con fasces y segures, esto es, con varas y hachas[62]. En efecto, Rómulo aparece como un gobernante dotado de imperium y autocrático[63], donde el Senado opera como un mero consejo privado del rey.

Sin embargo, otra parte de la tradición nos indica que los lictores, como los demás símbolos del imperium, habrían sido introducidos por Tarquino Prisco[64]. Este rey, en la versión de Dionisio, luego de derrotar a una liga de ciudades etruscas, habría recibido los símbolos del imperium de ellas mismas. Dionisio incluso llama la atención del lector sobre esta contradicción y, reconociendo el origen etrusco de los lictores, dice que nada impediría que Rómulo hubiese sido el primero en usarlos, cuestión que denota la alambicada manera de pensar y conciliar que tiene este historiador[65].

Respecto al origen etrusco de los símbolos del imperium, hoy por hoy caben muy pocas dudas[66], sobre todo desde el espectacular descubrimiento en 1898 de la llamada "Tumba del lictor" en Vetulonia. Se conservan de Silo Itálico[67] algunos versos en que atribuyen directamente a Vetulonia el origen de la costumbre de hacer preceder a los magistrados por doce lictores con sus características hachas (secures). Singularmente, en la misma ciudad se descubrió una tumba que contenía un hacha doble y las varas propias de los lictores. Una coincidencia sorprendente que confirma el origen etrusco de dichos símbolos. Resulta bastante razonable pensar que si los símbolos que representan al poder son etruscos, el poder mismo también lo sea, y, por tanto, el imperium haya sido introducido durante la monarquía etrusca[68].

Puesto que en la etapa republicana sólo tienen imperium las magistraturas superiores, aquellas que poseen mando militar, y las demás (como los ediles, por ejemplo), se encuentran privadas de él, parece claro que el imperium está íntimamente ligado a la dirección de los ejércitos. En todo caso, el término no es exclusivo del mando militar, pues se denomina imperium a todo el poder del magistrado y no sólo su capacidad para comandar legiones.

Aparentemente, dentro de la etapa republicana el imperium habría recibido alguna moderación[69], pues dentro de la ciudad (dentro de los límites del pomerium) los lictores no llevaban hachas en sus fasces y consecuentemente el magistrado no podía ordenar que mataran ciudadanos, mientras que fuera de la ciudad, en campaña militar, sí.

El carácter absoluto y militar del imperium ha sugerido diversas teorías acerca del carácter de la monarquía etrusca. En primer término, está la teoría de Wenger[70], quien ha sostenido que el imperium sería propio de la monarquía militar y conquistadora etrusca que acabó con el reino latino-sabino. El rex habría impuesto a la sociedad su poder despótico, que es el mismo que el pater tiene en virtud de la patria potestas al interior de la familia, el derecho de vida y muerte.

Sin embargo, esta teoría, a pesar de su popularidad, no parece demasiado convincente. En efecto, no tenemos bases suficientes para suponer que los Tarquinos conquistaron violentamente el poder en Roma. Incluso, como indica Coli[71], el relato tradicional[72] nos habla justamente de lo contrario, de una victoria de Tarquino Prisco sobre los etruscos. Como hemos insistido más arriba, la tradición se muestra bastante coherente con la migración.

Respecto a la equiparación del imperium y la patria potestas, lo único que tienen ambos en común es el hecho de ser absolutos, pero esto no es suficiente para atribuirles la misma naturaleza. Esta tesis está construida sobre la teoría política de la familia[73], donde el pater sería un rex dotado de un poder idéntico al imperium, el consilium domesticum su pequeño Senado y los mores familiares la normativa jurídica del núcleo familiar. Verdaderamente, no tenemos confirmación alguna de esto en las fuentes, sino más bien al contrario, pues el consilium no parece tener tal carácter y ni siquiera existen los llamados mores familiares[74]. Al respecto ya nos hemos pronunciado en otro lugar[75].

A mayor abundamiento, la potestas parece tener una dimensión posesoria, pues Gayo vincula la posesión de una persona al hecho de ejercer potestas sobre ella[76]. Así, el pater puede poseer a través de quienes están bajo su potestas (esclavos de su propiedad e hijos)[77], pero no a través de quienes están in manu manquipioque pues a dichas personas no las posee directamente[78].

En otras palabras, el pater posee a las personas que están bajo su potestas. ¿Podemos decir lo mismo del magistrado republicano? ¿Poseen acaso el cónsul o el pretor a los ciudadanos? Evidentemente la respuesta es negativa.

Si aceptamos que el imperium de los magistrados es el mismo que aquel detentado por el rex etrusco, sólo que dotado de los límites de anualidad y colegialidad[79], entonces no podemos decir que el imperium del rex tenga una naturaleza análoga a la patria potestas del paterfamilias.

Por otro lado, el imperium requiere cierta aprobación popular, pues se origina en la lex curiata de imperio[80]. Esto concuerda mal con la tesis de la conquista. Dicha institución estaba vigente para la época republicana, aunque resultaba un mero formalismo durante la misma. Una vez electo un magistrado cum imperio, treinta lictores, en representación de las treinta curias, promulgaban una ley que le otorgaba el imperium.

Coli, contra Wenger, plantea una tesis alternativa. Para él, no existe una distinción entre la etapa sabino-latina y de los reyes etruscos[81]. El regnum completo se caracteriza por el poder total del rey sobre la comunidad. El poder del rey era, en verdad, la potestas y no el imperium, pues el primero resulta un poder más amplio y absoluto que el imperium[82].

Para este autor, el imperium tendría un proceso de formación distinta, vendría del campo de las relaciones internacionales. En efecto, el imperium sería el poder de mando que tiene el líder de la liga latina respecto al ejército común. Luego, en época republicana, habría sido introducido como poder de mando para el magistrado al interior de Roma. Así, a imitación de las treinta ciudades latinas con un dictator, Roma tiene treinta curias que le otorgan el imperium a un magistrado mediante los comicios curiados. Por esto el imperium estaría relacionado con la fides, no con la potestas, pues requiere de la entrega del mismo por parte del pueblo mediante la lex curiata de imperio. El imperium, en este sentido, sería propio de la República, mas no del regnum[83].

Evidentemente la tesis de Coli presenta problemas de diversa naturaleza. Para empezar, la tradición asocia específicamente los símbolos de la monarquía con el imperium, mientras que la potestas no tiene símbolos propios. Por otro lado, como ya hemos puesto de manifiesto, la potestas tiene una dimensión patrimonial de la que difícilmente podemos encontrar trazas en lo que sabemos de la monarquía etrusca.

Por lo demás, ¿para qué se querría el magistrado, en época republicana, revestirse de los símbolos de los reyes de Etruria si los reyes de origen etrusco de Roma no lo hubieran hecho previamente para simbolizar su propio poder? ¿Por qué elegir los símbolos etruscos y no los de algún otro pueblo o crear los propios?

Verdaderamente resulta improbable el origen latino que Coli otorga al imperium y mucho más improbable parece el nacimiento de la lex curiata de imperio en época republicana, cuando la asamblea centuriada está en pleno funcionamiento. Si los magistrados en etapa republicana eran elegidos por las centurias, ¿por qué crear paralelamente la lex curiata de imperio si no reflejase una situación que ya se producía en la monarquía?

Este mismo inconveniente lo presenta la tesis de Lübtow[84], según la cual la lex curiata de imperium sería propia de la República y tendría por finalidad otorgar al magistrado un poder que era inmanente al rex.

La tesis de Coli, en todo caso, tiene el mérito de poner de relieve la artificialidad de la organización curial y la conexión existente entre el poder real y las relaciones internacionales. En efecto, los líderes de las ligas etruscas, al igual que el rex romano, llevaban doce lictores, uno por cada ciudad[85] que las conformaba. Otro tanto respecto a la organización en treinta curias de Roma y su reflejo en las treinta ciudades latinas, o el hecho que cada curia sea representada por un lictor en tiempos históricos.

Así, es probable que la lex curiata de imperio estuviese ligada a las funciones militares del comicio y sirviese para imprimir obediencia de los soldados al comandante. Recordemos que la Roma preetrusca era un confederación de gentes de la misma manera que la liga latina era una confederación de ciudades. La lex curiata de imperio le otorgaría, en este contexto, un poder al rex diferente de aquel que le otorga la investidura por el Senado, pues sería un poder superior al simplemente emanado de los líderes de las gentes. Su respaldo estaría en la ciudadanía, no en la atribución gentilicia[86]. Para reforzarlo, se habría rodeado de los atributos de los reyes etruscos e incluso no es improbable que dichos atributos le hayan sido enviados desde Etruria en reconocimiento, no del liderazgo romano como postula la tradición, sino de la condición de rex de Tarquino Prisco.

El imperium sería un nuevo poder incorporado a la vida intraciudadana por los reyes etruscos a imitación de las relaciones internacionales para alcanzar una posición hegemónica respecto de las gentes, cuyo órgano representativo, el Senado, se vería marginado de tal poder. El imperium fue el elemento que permitió efectivamente al rex alcanzar la supremacía, y la tradición es consciente de ello cuando propone a Rómulo como un autócrata dotado de imperium, adelantando la existencia del mismo para no reconocer a los reyes etruscos el mérito de su introducción.

Evidentemente, la introducción de la lex curiata de imperio supone la división racional de las tribus y curias, pues estas, tal como aparecen históricamente, no son sólo una representación de la liga latina o una división del pueblo, sino que son también una unidad de reclutamiento, cuestión que trataremos más abajo.

El Senado y las curias

El Senado de la monarquía latina era una verdadera asamblea de reyes. Cada uno de sus miembros era, potencialmente, capaz de detentar el poder regio[87]. La prueba más contundente de ello es el interregno. En virtud de esta institución, al morir el rey, los auspicia volvían a los senadores (ad patres redeunt[88]). Entonces los miembros del Senado ejercían el poder real por turnos en calidad de interreges por períodos de cinco días.

Volvían a los senadores los poderes de mando, porque originariamente les correspondían, y no era necesaria ninguna ley especial para que los detentaran[89]. Sólo mediante el interregno se podía llegar a la creación de un nuevo rex, que sería inaugurado como tal. El rey primitivo debió ser una suerte de primus inter pares[90]. Los senadores, como líderes de los grupos gentilicios, seguramente organizados por curias, tenían el poder religioso original, los auspicia, que otorgaban al rey su posición de tal.

El número de senadores parece poco claro en la tradición hasta Tarquino Prisco, quien lo fija en trescientos[91]. Antes de Tarquino, la historiografía antigua asigna a Rómulo[92] la creación de un Senado original de cien senadores y luego su posterior duplicación al unir la ciudad latina del Palatino con la sabina Cures, sobre el Quirinal[93].

La tradición está conteste en que Tarquino Prisco también habría aumentado el número de senadores, aunque no es claro en cuántos. Así, Cicerón y Eutropio hablan de una duplicación del número de senadores[94], mientras que Livio[95] y Dionisio[96] señalan que sólo habría aumentado el número en cien. Zonaras, en cambio habla de un aumento en doscientos miembros[97], mientras que el resto de la tradición no da cifras[98].

Aparentemente el aumento que recibió el Senado fue, en alguna medida, traumático, pues las gentes de los senadores que resultaron electos fueron denominadas minores gentes[99], en contraste con las antiguas maiores gentes del Senado romuleo. Sin embargo, la tradición no es del todo uniforme en este punto, pues Tácito atribuye la creación de las minores gentes a Bruto[100] y Dionisio a Rómulo[101].

El significado exacto de la expresión minores ha dado lugar a dudas respecto a la calidad de patricios de estos senadores y de las gentes que representan. Especialmente problemático resulta el hecho que tanto Dionisio como Zonaras declaren que fueron elegidos entre los plebeyos. Momigliano[102], al respecto, puso en relación las gentes minores con los conscriptii del Senado. En efecto, los senadores eran llamados patres conscriptii. De conformidad al autor, esto se correspondería con una composición doble del mismo, de patricios (patres) por una parte, y de plebeyos (conscriptii) por otra. Alföldy opta por estimar a los conscriptii como un grupo de plebeyos sin voto en el Senado, integrados a él sólo en etapa republicana[103].

Otra parte de la tradición estima que la expresión patres conscriptii se refiere a todos los senadores significando padres electos[104], pues serían aquellos seleccionados por el rey de entre las gentes para ocupar un asiento en el Senado.

En verdad, para referirnos a la reforma de Tarquino no tenemos necesidad de resolver este problema, pues contra lo que cree Momigliano, no hay nada en la tradición que nos permita ligar la expresión conscriptii con las minores gentes.

Independientemente de si es que los conscriptii son un grupo plebeyo aparte de los patres que serían patricios, parece indiscutible que las minores gentes son patricias[105], pues así lo afirma expresamente Cicerón[106]. El resultado del aumento de miembros del Senado llevado a cabo por Tarquino no es la integración de plebeyos en el mismo, sino la creación de las minores gentes, que son patricias. En efecto, como Franciosi[107] postula, la calificación de minores parece referirse a nuevas, jóvenes, como Cato Maior y Cato Minor. Esta lectura parece confirmada por Dionisio quien reputa la formación de las minores gentes a la ampliación hecha por Rómulo[108], traduciendo minores por newte/rouj, más nuevos, jóvenes.

Es posible que haya tomado grupos antes considerados plebeyos y les haya dado una organización gentilicia. El problema, a este respecto, consistiría en determinar qué grado de movilidad horizontal tenía la sociedad romana bajo el regnum[109]. ¿Podía el rex crear patricios? ¿Cuál sería el aspecto que determina que un grupo sea una gens patricia? ¿Es su inserción en el senado, cómo plantea Capogrossi[110]? En efecto, el ser adlectus in patres o in senatum, equivalía a ser adlectus inter patricios[111]. El testimonio más elocuente es el de Suetonio, v. Aug. 2,1, respecto a los Octavios: "ea gens a Tarquinio Prisco rege inter minores gentis adlecta in senatum, mox a Seru[il]io Tullio in patricias traducta, procedente tempore ad plebem se contulit ac rursus magno interuallo per Diuum Iulium in patriciatum redit".

Según dicho testimonio, la gens Octavia habría sido una de las que Tarquino Prisco introdujo en el Senado[112], con lo cual habría adquirido la calidad de patricia con Servio Tulio. Luego, por propia decisión, habría perdido esta calidad y se habría mantenido entre los plebeyos hasta la época de César.

El hacer entrar a un grupo entre los patricios no parece ser una prerrogativa exclusiva de los reyes, como cree parte de la crítica que los estima dispensadores exclusivos de la nobleza[113]. En efecto, los Claudios también fueron recibidos entre los patricios, a pesar de llegar cuando ya no había reyes. Veamos el relato de Livio 2,16,4: "namque Attius Clausus, cui postea Appio Claudio fuit Romae nomen, cum pacis ipse auctor a turbatoribus belli premeretur nec par factioni esset, ab Inregillo, magna clientium comitatus manu, Romam transfugit. [5]. his ciuitas data agerque trans Anienem; Uetus Claudia tribus-additis postea nouis tribulibus-qui ex eo uenirent agro appellati. [6] Appius inter patres lectus, haud ita multo post in principum dignationem peruenit".

El relato conserva el mismo orden que ya observamos a la llegada de la gens Tarquina. Al llegar, a los Claudios con sus clientes se les da ciudadanía, luego se les asigna un territorio y por último el líder gentilicio es lectus inter patres.

Dada la porosidad de la sociedad gentilicia durante los siglos VII y VI, este procedimiento no parece haber sido excepcional para los grupos inmigrantes, y se practicó profusamente, al menos hasta el 486 a.C.[114] La pregunta más inquietante es si Tarquino Prisco habría realizado algo similar respecto a grupos previamente plebeyos. En verdad, nada obsta para que así lo haya realizado y del relato de Suetonio esto mismo se desprende.

Tarquino Prisco necesitaba afirmar su poder respecto al primitivo Senado gentilicio a fin de obtener una completa hegemonía sobre esa asamblea de reyes, de manera que, junto con introducir un poder nuevo procedente de las relaciones internacionales como es el imperium, aumentó el número de senadores introduciendo en él a sus propios partidarios, tal como la tradición postula. Lo verdaderamente relevante es que para llevarlo a cabo debió reformar la composición de las curias, pues ellas, como uniones de gentes, eran la clave para la formación del Senado, ya que sus miembros se elegían por curias[115].

En efecto, la tradición está conteste en que la cantidad de senadores quedará fijada en trescientos a partir de Tarquino Prisco, cifra que no variará hasta la crisis de la República en el siglo I a.C.[116].

Esta cantidad está en íntima conexión con el número de curias, pues los senadores son diez por cada curia, totalizando 30 curias. Incluso en época imperial se llama decuriones a los integrantes de los senados municipales y esta proporción de diez por curia parece fijada según rituales etruscos, como lo dice Festus 285,25: "Rituales nominantur Etruscorum libri, in quibus perscribtum est, quo ritu condantur urbes, arae, aedes sacrentur, qua sanctitate muri, quo iure portae, quomodo tribus, curiae, centuriae distribuantur, exercitus constituant<ur>, ordinentur, ceteraque eiusmodi ad bellum ac pacem pertinentia".

A pesar del carácter precívico de las curias[117], verdaderamente hay una fuerte artificialidad en la vinculación de tres tribus, treinta curias y trescientas decurias[118].

Aunque la tradición lo atribuye a Rómulo[119] la división de la ciudad en tres tribus y treinta curias, es también evidente que la cantidad de curias varió durante la monarquía, pues se distinguía entre curias antiguas (veteres) y nuevas (novae)[120]. Un número original de treinta es sumamente improbable, y sólo se llega a él sumando a las curias antiguas las nuevas. Lo cierto es que su número final fue de treinta. Algunos[121] estiman que tal cifra sólo se habría alcanzado en la primera República, aunque nosotros tenemos razones para apuntar al período etrusco de la monarquía. En efecto, la cantidad de senadores compatible con la existencia de 30 curias (300, diez por cada curia o uno por cada decuria) sólo se alcanza a partir de Tarquino Prisco. Por otro lado, ya hemos comprobado que es bastante frecuente que la tradición atribuya a Rómulo acciones que con seguridad son de la monarquía Tarquina.

Amén de lo anterior, las treinta curias están construidas a imitación de la liga latina, donde imitan las 30 ciudades de la liga y el rex es el líder federal[122]. Así, el imperium que Tarquino Prisco introduce desde las relaciones internacionales para afirmar su poder sobre los patres, se ve reforzado.

En fin, creemos que Tarquino Prisco efectivamente aumentó el número de senadores sustancialmente, pero no como una medida aislada, sino que como consecuencia de un aumento correlativo en el número de curias estableciendo definitivamente la proporción treinta curias por trescientos senadores, que se mantendrá como elemento fundamental de la institucionalidad romana a lo largo de la República. No es casualidad, que tanto la construcción de la Curia, como del Comitium, puedan reputarse al 600 a.C., es decir, al gobierno de Lucio Tarquino Prisco.

La estructura triádica de la constitución "romulea" agrupa también las treinta curias en tres tribus, que tienen íntima conexión con los efectivos militares. Las reformas llevadas a cabo en esta cuestión serán la materia de nuestra próxima sección

3. Las tribus y el ejército.

Es un hecho indiscutido que la táctica hoplítica entró en el Lacio desde Etruria[123]. El más antiguo ejército romano parece estar representado por los colegios de los salios, agrupaciones de sacerdotes guerreros dotados de armamento propio de la edad del bronce[124].

Había dos colegios, uno, propio del Palatino, establecido en honor a Marte y atribuido a Numa[125] y otro, en honor a Quirino y ubicado sobre el Quirinal, atribuido a Tulo Hostilio[126]. La tradición sobre ambos, por su ubicación en la geografía religiosa de la ciudad y por ser su establecimiento sucesivo en el tiempo, concuerda con la unificación entre el asentamiento establecido sobre el Palatino y la comunidad del Quirinal[127].

Tanto los Salii Pallatini como los Salii Collini eran exclusivamente patricios, provenientes de los grupos gentilicios, y probablemente constituían el nervio de un ejército prehistórico, presidido por un rex que marchaba a la guerra sobre un carro[128]. Al ejército primitivo es necesario añadir (siglo VII a.C.) una caballería de hoplitas montados que lucha junto al rex y que representa los estratos superiores de los grupos gentilicios. Este ejército es la unión de las milicias que cada gens individual aporta, constituyendo la expresión armada de la confederación gentilicia de Roma preestrusca.

La táctica hoplítica constituye una revolución militar para la antigüedad. En efecto, los hoplitas no son guerreros individuales que se enfrentan en duelos heroicos al enemigo, sino más bien soldados ordenadamente formados y pesadamente armados.

Su poder reside en la disciplina de hierro y en la perfecta coordinación para llevar adelante estrategias. Mientras la formación se mantenga el escuadrón hoplita tiene gran poder ofensivo y escasa vulnerabilidad, pero si su línea es rota, la batalla puede darse inmediatamente por perdida y la carnicería es inminente. En efecto, desde la introducción del hoplitismo, la batalla consistirá, básicamente, en un ordenado intento de romper la línea contraria.

La disciplina interna es esencial para mantener la formación; el mando unificado y absoluto en batalla es completamente indispensable. En este sentido, cuando la tradición presenta a Tarquino Prisco como introductor de los símbolos del imperium, lo convierte también en posibilitador de la táctica hoplítica, pues pone al ejército bajo un mando unificado[129].

La tradición, en el ámbito de la milicia, le reconoce un papel más bien modesto a Tarquino Prisco. Al respecto, habría intentado añadir a las antiguas centurias de caballería otras nuevas y llamarlas con su nombre, pero ante la oposición del augur Atto Navio, debió simplemente conformarse con duplicar las ya existentes[130]. El episodio es extraño, pues aquí las tres centurias de caballería se identifican con las tribus "romuleas"[131] en que el mítico fundador de la ciudad habría dividido la población.

Sabemos que en etapa histórica, entre las dieciocho centurias de caballeros existían seis llamadas sex suffragia por ser las primeras en votar dentro de la constitución centuriada. Estas centurias se dividían en priores y posteriores, dos Ramnes, dos Tities y dos Luceres[132]. Esto debe entenderse como centurias de vanguardia y de retaguardia[133].

El pueblo se encontraría igualmente dividido en esta manera[134], existiendo seis vestales, una para cada centuria sea anterior o posterior.

El número triádico de vestales (seis) sólo se alcanza con Tarquino Prisco[135], pues con anterioridad serían sólo cuatro las vírgenes.

Estas centurias dobles están asociadas a Tarquino Prisco, quien habría reformado la caballería y aumentado su número[136]. La tripartición es artificial[137] y debe ser atribuida al rex. La tradición, con elevar de cien a trescientos los senadores demuestra que la ciudad no nace con esta división triádica, sino que es obra de los reyes[138].

El origen etrusco de los nombres de las tribus está atestado en las fuentes antiguas. La única explicación natural para tales nombres es que dicha división en tribus sea obra de los mismos etruscos. Además, la división en tribus de las ciudades está asociada a los rituales etruscos[139], de igual manera que las curias y centurias.

Buena parte de la doctrina estima que la división en tribus sería preetrusca, sea según criterios étnicos, sea una división propia de los latinos. Sin embargo esto parece difícil de justificar.

En nuestra opinión, tanto por el origen etrusco de los nombres de las tribus, como por su sentido artificial y su conexión con la repartición en treinta curias de las gentes de Roma, debe estimarse que las tribus son coetáneas a la racionalización de Roma en treinta curias. Hay tradiciones que vinculan a Tarquino Prisco con dichas tribus y es probable que a él debamos atribuir su autoría.

Tarquino El Fundador

A lo largo de estas líneas hemos conseguido detallar algunos puntos interesantes sobre la obra de Lucio Tarquino Prisco, el primero de los personajes propiamente históricos que nos ofrece la tradición romana.

Su rol de constructor de los espacios comunes aparece ratificado por la fundación de las primeras instituciones de la comunidad. Las obras más importantes a nivel topográfico, como la desecación del Foro o la construcción del Comitium y de la Curia, encuentran un paralelo jurídico en la introducción del imperium y la división triádica de la sociedad en tres tribus y treinta curias, que fijan en trescientos a los senadores miembros de la Curia.

Bajo su gobierno, el rex adquirirá una independencia jurídica del Senado, pues su poder deja de estar basado en los auspicia que de los líderes gentilicios recibe, sino que se funda en el imperium, un poder de mando colectivo obtenido de las treinta curias, como de las treinta ciudades el líder de los latinos obtenía el suyo en las relaciones internacionales.

Antes, el rex latino era nombrado por un Senado gentilicio cuyo poder, los auspicia, era patrimonio reservado de los patricios. Con Tarquino Prisco el rex, dotado de imperium, se superpone al poder religioso de las gentes y sienta las bases de la primera religión ciudadana, el culto a Júpiter sobre el Capitolio.

Tal vez por ello es que la tradición nos muestra a este rey enfrentado a los augures. En efecto, Tarquino es el primero de los reyes que omite tomar auspicios y el único que, en su intento de introducir reformas, debe enfrentar oposición de un augur. Incluso la tradición imputa al rey el asesinato del augur[140].

Muchas de las obras de Tarquino Prisco aparecen luego atribuidas a un personaje mitológico denominado Rómulo, héroe epónimo fundador de la ciudad. Desde la desecación del Foro, a la introducción del imperium o la división triádica, la tradición lo lleva todo a Rómulo. Incluso la fundación del primer templo a Júpiter en el Capitolio[141] es entregada a este héroe.

A diferencia de Tarquino, Rómulo es presentado como augur[142] y dotado de auspicios. Es un héroe latino, descendiente de Eneas y como tal representa lo que la ciudad quiere ser y a lo que aspira a convertirse. Tarquino, en cambio, es etrusco y fundador de la dinastía que será expulsada en una revolución conservadora para crear la República. Su sólo nombre es incómodo y la mutilación de su recuerdo para construir al mítico Rómulo fue un sacrificio necesario.

Sin embargo, a la sombra de Rómulo sobreviven no sólo algunas duplicaciones que hacen sospechar la verdadera magnitud de la obra de Tarquino, sino que incluso debe ser ayudado por un etrusco Lucumón (como Lucumón Tarquino) en la lucha por la unidad ciudadana[143] contra los sabinos.

Es más, Caele Vibenna, héroe etrusco que la tradición tirrena liga a la muerte de Tarquino y el ascenso de Servio Tullio, aparece también asociado a Rómulo[144].

Tarquino debe morir para que viva Rómulo. Es el destino de la semilla del fundador: ser destruida para florecer.

Muerte

Murió asesinado por dos pastores escogidos por los dos hijos de Anco Marcio como venganza a la infamia que Tarquino el Antiguo había promovido para alejarlos del trono. Fue sustituido por Servio Tulio también de origen etrusco el cual su nominación como rey estuvo envuelta en la leyenda y en los presuntos presagios que le acompañaron desde su infancia.

Fuentes