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Actividades congénitas del niño

Las actividades congénitas del niño
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Concepto:Es el establecimiento de normas para regular la participación de los niños.

Las actividades congénitas del niño es el establecimiento de normas para regular la participación de los niños. Se estructuran de forma natural y espontánea.

Clasificación

En los primeros años de vida, las actividades infantiles son en extremo obscuras e indiferenciadas. El niño, en efecto, se manifiesta con todo su ser en cada reacción, y sus actividades espontáneas son eminentemente motrices y emotivas. Las actividades infantiles son de dos clases, congénitas y adquiridas. En las primeras, el fin de la actividad es inconsciente para el niño o por lo menos la conciencia del fin no provoca la actividad ni la dirige. No resulta lo mismo con las adquiridas, las cuales persiguen conscientemente un fin predeterminado. Ejemplos de aquéllas son los instintos de combate y de coleccionar, y de las últimas el trabajo escolar.

Las actividades congénitas

Estas actividades pueden dividirse, según el estímulo que la provoca, en reflejos, impulsos e instintos. El reflejo, es toda respuesta motriz definida que sigue inmediatamente a un estímulo exterior también definido. Esta clase de movimientos no es, como algunos creen, necesariamente inconsciente. Podemos darnos cuenta de la actividad durante el curso de la misma o después de su realización; pero la conciencia no interviene allí para provocar o dirigir los movimientos. Ejemplo de reflejos es el movimiento violento de la mano cuando tocamos un cuerpo incandescente. Según estudios muy recientes, los reflejos no interesan sólo a un músculo o a un grupo de músculos. Los llamados reflejos simples, el pupilar y el rotular, son abreviaciones o simplificaciones de reflejos compuestos. Llamamos impulsos los movimientos provocados inmediatamente por estímulos internos. Tales son el llanto y los movimientos de brazos y piernas del recién nacido. Los impulsos pueden ser conscientes, pero la conciencia no los prevé ni los dirige. A diferencia de todo lo anterior, los intintos son ocacionados por un estímulo; desde la perspectiva de la vida social del niño esta se ve entramada con la cultura y la forma de producción y dependencia mutua, y el instinto de supervivencia es nulo. Por los que los intintos se ven reflejados de forma inconsiente.

Los instintos

En cuanto al instinto, es una actividad más compleja y coordinada que las del impulso y del reflejo. Por una parte, responde siempre a un estímulo exterior, y por otra, a una necesidad o solicitud interna. Se le puede definir diciendo que es una tendencia a percibir con atención cierta clase de objetos, a experimentar un estado efectivo peculiar y a actuar de cierto modo en relación con dichos objeto. El instinto no es, por consiguiente, una actividad ciega e inconsciente, si bien ocupa un nivel muy bajo en la vida mental y la conciencia, aunque no dirige en él la actividad, interviene con frecuencia para cuidar de los detalles de la ejecución. Ejemplos de instintos son el de succión del recién nacido, el de coleccionar, el de fuga y ocultación.

Los instintos son resultado de una adaptación de la especie al medio circunstante; pero esta adaptación, o es siempre útil, o exige condiciones más o menos indefinidas o variables. En el primer caso se dice que el instinto es fijo; en el segundo se trata de un instinto plástico.

Lo mismo que el reflejo y el impulso, los instintos fijos disponen de mecanismos motores (células nerviosas y músculos encargados de provocar y realizar un movimiento determinado), que se transmiten por herencia. Lo contrario ocurre con los instintos imperfectos y plásticos. Los aparatos motores que les sirven son muy incompletos y no pueden perfeccionarse sino por medio de la educación. El instinto de succión es un instinto fijo; el del juego pertenece al grupo de los plásticos.

Es muy probable que los instintos se hayan formado del mismo modo que se forman las actividades adquiridas: utilizando los reflejos ya formados y completándolos por medio de la inteligencia. El animal, cuando creó un instinto, no tuvo que formar los reflejos en que este último se descompone. Los encontró ya formados, y no necesitó sino reunirlos, coordinarlos y completarlos con la inteligencia, hasta que el sistema nervioso se hizo capaz de desempeñar la función de un modo automático. Entonces se fijó el instinto.

Fuente

  • Aguayo, A.M. Pedagogía. Imprenta:"La Moderna Poesía". La Habana, 1924.

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