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Vida

Vida
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Concepto:Es la dilación en la difusión o dispersión espontánea de la energía interna de las biomoléculas hacia más microestados potenciales.

Vida. El término ­­vida (latín: vita), desde el punto de vista de la biología, que es el más usado, hace alusión a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de manifestaciones de la naturaleza. Implica las capacidades de nacer, crecer, reproducirse y morir y a lo largo de sucesivas generaciones, evolucionar.

Explicación básica

  • Demora no es lo mismo que reversión. Muchos autores dicen que la vida consiste en invertir la Segunda Ley de la Termodinámica, lo cual es falso. La segunda ley de la termodinámica se refiere a que la energía siempre fluye desde un sistema o espacio con alta densidad de energía hacia otro sistema o espacio con una densidad de energía menor. Esto es lo que ocurre en la vida. El universo siempre tendrá una densidad de energía mayor que la de los biosistemas. Si fuese de otra forma, la vida no sería posible.
  • Estado se refiere a la posición, movimiento y densidad de la energía transportada por partículas, en este caso, de las partículas que establecen la función de distribución de la energía en intervalos de retardo en un biosistemas; por ejemplo, los fermiones y los bosones.

Cómo se originó la vida

La vida es una posibilidad energética en todo el Universo a partir del final del período inflacionario y después de la gran explosión. Los seres vivientes terrestres surgieron miles de millones de años después de la gran explosión (unos 9000 millones de años después). Los elementos se formaron en la nebulosa solar por efecto de la radiación emitida por las reacciones termonucleares en el sol primigenio.

El agua en la nebulosa solar permitió el enfriamiento del medio interestelar, propiciando la síntesis de compuestos orgánicos más complejos, por ejemplo carbohidratos, amoníaco, aminoácidos, gliceraldehídos, lípidos y tal vez globulinas, en las hosquedades y grietas de los granos de polvo interplanetario que contenían agua que sufría transiciones de fase sólida a fase líquida.

Debido a su baja resistencia a la radiación cósmica, no no era factible la auto-síntesis de polimerasa que pudieran promover la síntesis de nucleótidos. Por otra parte, la síntesis de moléculas de ácidos nucleicos no ocurre espontáneamente en la naturaleza. Por esta razón, los protobiontes formados no contenían ninguna forma de moléculas de ADN o ARN.

Qué nos hace estar vivos

Durante el origen de la vida, una nube de partículas, generadas por el Sol, pasó por un hueco electromagnético y fue remitido hacia una concurrencia de ondas en el punto de cooperación de éstas, no en el de su oclusión. Las partículas así atraídas colisionaron con todos los tipos de materia ordenada previamente por la fuerza electromagnética en todo el Sistema Solar. Esta colisión entre partículas-onda y la materia ordinaria causó en ésta diferentes macro-estados de acuerdo con la naturaleza de su organización.

Algunos arreglos de la materia constituían sistemas termodinámicos cuyos macro-estados no permitían que el estado cuántico fuese mantenido por ellos mismos, lo cual limitaba la propiedad de esos sistemas para escapar al aumento real en el número de micro-estados disponibles para ellos, adquiriendo espontáneamente un estado de equilibrio térmico.

Lo vivo

Lo vivo es el estado característico de la biomasa, manifestándose en forma de organismos uni o pluricelulares. Las propiedades comunes a los organismos conocidos que se encuentran en la Tierra (plantas, animales, fungi, protistas, arquea y bacteria) son que ellos están basados en el carbono y el agua, son conjuntos celulares con organizaciones complejas, capaces de mantener y sostener junto con el medio que les rodea, el proceso homeostático que les permite responder a estímulos, reproducirse y, a través de procesos de selección natural, adaptarse en generaciones sucesivas. En la biología, se considera vivo lo que tenga las características:

  • Organización: Formado por células.
  • Reproducción: Capaz de generar o crear copias de sí mismo.
  • Crecimiento: Capaz de aumentar en el número de células que lo componen y/o en el tamaño de las mismas.
  • Evolución: Capaz de modificar su estructura y conducta con el fin de adaptarse mejor al medio en el que se desarrolla.
  • Homeostasis: Utiliza energía para mantener un medio interno constante.
  • Movimiento: Desplazamiento mecánico de alguna o todas sus partes

componentes, Se entiende como movimiento a los tropismos de las plantas, e incluso al desplazamiento de distintas estructuras a lo largo del citoplasma.

Las funciones básicas de todos los seres vivos

Las funciones vitales básicas son aquellas que realizan los seres vivos, sin las cuales no se concibe la vida.

Cuando no referimos a un individuo, las funciones vitales básicas son: la respiración, la nutrición, la excreción, la circulación y la homeostasis.

Si nos referimos a funciones vitales en tanto supervivencia de una determinada especie, entonces estas funciones son la nutrición (que abarca la respiración y la excreción de los individuos), la relación y la reproducción. Se excluye de esta definición a los virus que únicamente se relacionan, no obstante, realizan la nutrición y la reproducción una vez que infectan a la célula objetivo y son capaces de manipular su maquinaria celular.

Las bases de lo vivo

Una estructura viva es una disposición de elementos químicos, dispuestos de tal forma que, en su estado más estable, se puede asemejar a un 'esquema energético' a la espera de ser 'leído'. Es en ese momento cuando se expresan las reacciones necesarias para obtener homeostasis. Dicha estructura, que comprende un organismo, es la base sobre la que pueden establecerse las estructuras materiales vivas. La acción de 'leer', no es otra que el evento que desencadena las reacciones necesarias para poner en marcha el programa genético, unidad en la que se condensa el 'esquema energético'.

Qué no es vida

No es vida cualquier otra estructura del tipo que sea (aunque contenga ADN o ARN) incapaz de establecer un equilibrio homeostático (virus, viriones, priones, células cancerígenas o cualquier otra forma de reproducción que no sea capaz de manifestar una forma estable retro-alimentaría sostenible con el medio, y provoque el colapso termodinámico). Así, se puede concluir que una célula está viva, pues posee una regulación homeostática relativa a ella misma, pero si no pertenece a un organismo homeostático, no forma parte de un [[organismo vivo]], consume recursos y pone en peligro la sostenibilidad del medio en el cual se manifiesta.

Pasado, presente, futuro

Conocer los acontecimientos futuros es algo que ha apasionado al [[Ser Humano]] desde siempre, el cual ha recurrido a todos los sistemas adivinatorios conocidos y experimentados con mayor o menor éxito por las Ciencias Ocultas; y la Numerología también nos da una clave que nos permite tener una idea general de la tendencia que seguirá el año que nos interesa, para que podamos organizar muestra vida de manera que siguiendo la corriente vibratoria, actuemos en consecuencia. Al decir "una tendencia", nos referimos a la inclinación que seguirán los acontecimientos, el rumbo general que seguirán los asuntos que nos conciernes.

Cada año universal responde a un ritmo vibratorio, a un número determinado y cada Vibración predispone a que ocurran los acontecimientos que la caracterizan. Esta tendencia se transforma al entrar en contacto con nuestra propia [[Vibración] personal, de ahí que un mismo año puede ser excelente para algunas personas y negativo para otras. En relación con los ciclos de vida debemos resaltar que hay años en que las predisposiciones se cumplen totalmente y otras en que se marca la tendencia general pero de forma más superficial, de manera que mientras un año 1 puede traer cambios trascendentales que trastornen totalmente nuestra vida, en otro ciclo el año 1 traerá cambios menores. Así también sucede con las predicciones que afectan a todas las Vibraciones en distintos ciclos.

Los elementos de la vida buena

La vida buena (que no la buena vida) era para los clásicos la que contiene y posee los bienes más preciados: la familia y los hijos en el hogar una moderada cantidad de riquezas, los buenos amigos, una moderada buena suerte o fortuna que aleje de nosotros la desgracia, la fama, el honor la buena salud, y, sobre todo, una vida nutrida en la contemplación de la verdad y la práctica de la virtud.

Hoy todavía se puede mantener que la posesión pacífica de todos estos bienes constituye el tipo de vida que puede hacernos felices. La vida buena incluye en primer lugar el bienestar, es decir, unas condiciones materiales que permitan «estar bien», y en consecuencia tener «desahogo», «holgura» suficiente para pensar en bienes más altos: son las condiciones mínimas antes mencionadas, que permiten salir de la miseria. La forma actual de entender el bienestar se puede resumir en la expresión calidad de vida, que se presta desde luego a cienos equívocos. En ella podemos incluir en primer lugar la salud física y psíquica, el cuidado del cuerpo y de la mente, y la armonía del alma. En segundo lugar, la satisfacción de las diferentes necesidades

humanas, tanto primordiales como derivadas. En tercer lugar se ha de contar con las adecuadas condiciones naturales y técnicas en nuestro entorno, de modo que sean sanos y saludables, y tengan las comodidades normales de las que hoy nadie pensaría en prescindir. La adecuada instalación y conservación de la persona en estas circunstancias corporales, anímicas, naturales y técnicas constituyen la calidad de vida necesaria para la felicidad. Sin embargo, hoy en día tiene especial importancia insistir en que los bienes que hacen feliz al hombre no son sólo los útiles, los que dan el bienestar, sino aquellos otros que son dignos de ser amados por sí mismos, porque son de por sí valiosos y bellos, y enriquecen al hombre en un sentido más alto que el puramente material.

En primer lugar, hay que señalar el saber y la virtud, puesto que ambos son posesiones humanas, de conocimientos y hábitos, más altos y enriquecedores que lo puramente técnico y corporal. Hay que recordar que el saber y la virtud son algo que transforma al propio hombre, lo cual nos hace ver que la felicidad no está en el orden del tener sino en el del ser, lo cual es una verdad que no por ser muy repetida es menos verdadera'". Esta es la enseñanza básica de Sócrates: lo que hay que hacer para ser feliz es practicar las virtudes y, hacerse así virtuoso; esta es la mejor sabiduría". Ser virtuoso es el modo de crecer y llegar a la plenitud humana.

El modo de ser acorde con la persona es ser con otros, y el modo más intenso de vivir lo común es el amor, mediante el cual nuestra intimidad no es sólo conocida y amada, sino también amante y dadora. Luego buena parte de la felicidad radica en tener a quien amar y amarle efectivamente, hasta hacerle feliz, realizando los actos propios del amor, sobre todo en el hogar: la felicidad de una persona se mide por el hogar que tiene. «La felicidad está condicionada en su máxima parte por las relaciones personales», «lo decisivo son las formas de presencia y de trato» con los demás. La felicidad exige poner en juego mediante esas relaciones las dimensiones más profundas del hombre. Este es el cómo más profundo de la felicidad: la vida humana no merece la pena ser

vivida si queda inédita o truncada la radical capacidad de amar que el hombre tiene, pues en aquélla hay tanto de felicidad como haya de amor. Por último, hay que añadir que lo más profundo y lo más elevado del hombre está en su interior. En vano se buscará la felicidad en lo exterior si no se halla dentro de nosotros mismos: la plenitud humana lleva consigo riqueza de espíritu, paz y armonía del alma, serenidad. El camino de la felicidad está dentro de nosotros: es un camino interior. Es ahí donde encontramos el espíritu, y la profundidad de la libertad; el adecuado despliegue de ésta es lo que constituye la felicidad. Y así llegamos a la perspectiva «interior» y biográfica antes mencionada, y que ahora corresponde desarrollar.

La vida como tarea

El proyecto vital se perfila cuando se encuentra la verdad que va a inspirar los propios ideales. Corresponde más propiamente a la juventud el diseño de ese proyecto. Por eso es el tiempo de la esperanza y las expectativas. La madurez consiste en conocen asumir y recorrer la distancia que separa el ideal de su realización. En la madurez cabe: renunciar al ideal, porque está demasiado lejos de la realidad asequible, o seguir realizándolo, sin que la distancia que siempre hay de cualquier ideal a su puesta en práctica nos haga renunciar. Según se haga una cosa u otra se adoptará una postura pesimista y pasiva, u otra optimista y constructiva.

Un buen proyecto vital y una vida bien planteada son aquellos que se articulan desde convicciones que articulan la conducta a largo plazo, con vistas al fin que se pretende, y que orientan la dirección de la vida, dándole sentido. Las convicciones crecen en el humus de la propia experiencia de trato con las cosas, el mundo y las personas. Son como el depósito de esa experiencia, una coherencia y constancia de propósitos en el modo de encarar la realidad y decidir la conducta. Las convicciones contienen las verdades inspiradoras de mi proyecto vital. Con ellas se perfecciona el arte de vivir, que tiene carácter moral.

La realización de las pretensiones y de los proyectos vitales que nos harán felices asume la forma de una tarea o trabajo que hay que realizar. La propia vida humana puede concebirse como la tarea de alcanzar la felicidad. Tiene la estructura de la esperanza, pues ésta se funda en la expectativa de alcanzar en el futuro el bien amado arduo. El sentido de la vida aparece entonces como la tarea que hay que realizar para alcanzar ese bien. En esa tarea se distinguen varios elementos fundamentales:

  • El primer elemento es la ilusión, que podemos definir como la realización anticipada de nuestros deseos y proyectos. La ilusión proporciona optimismo, y nos impulsa hacia adelante. Su ausencia provoca pesimismo y parálisis en la acción, pues suprime la esperanza de alcanzar lo que se busca al declarar que no es posible, que no hay nada que hacer. Por el contrario, la ilusión produce alegría: nos induce a querer ser más de lo que somos, es el requisito para el verdadero crecimiento humano. La ilusión se nutre de esperanza y gozo, da vitalidad, energía o «ganas» para emprender la acción. Es una motivación para actuar. La motivación se nutre de la ilusión, y nos da una percepción positiva, activa y gustosa del futuro inmediato que nos espera.
  • Toda tarea necesita un encargo inicial, una petición de que la llevemos a cabo, una orden que nos ponga en marcha, una misión que nos sea encomendada. En realidad quien encarga es la verdad encontrada, puesta en boca de aquel que la tiene. Cuando nadie encarga, no hay ninguna tarea ni misión que llevar a cabo: faltan los objetivos y viene la desorientación. Pocas veces sucede que el hombre se auto encarga la tarea y la misión que le corresponde en la vida: otras muchas aparece como oportunidad ofrecida. Los proyectos vitales son muchas veces fruto de una llamada que alguien nos hace para que los asumamos, puesto que la vida humana no se construye en solitario. En el inicio de toda tarea se da una ayuda originaria, que es el acto de asignamos esa tarea, algo propio de la autoridad política. De ella depende la organización del trabajo y la puesta en marcha hacia los fines del grupo o de la persona que recibe esa asignación.
  • La ayuda originaria suele ir acompañada de la entrega de recursos, casi siempre insuficientes, para llevar a cabo lo encargado.La realización de los ideales es trabajosa y esforzada. Exige una creatividad, una inventiva para encontrar el camino. Partimos de los recursos iniciales, pero necesitamos más. Los recursos siempre resultan escasos para la tarea que queremos llevar a cabo. Esto es una constante en la vida humana: hay que administrarlos bien, y atender con buena economía a su conservación e incremento. Surge así la necesidad de una ayuda acompañante que proporcione nuevos recursos para atender a las necesidades que van surgiendo al llevar adelante la tarea. Se trata de evitar que se paralice. La ayuda acompañante adviene en forma de amistad y compañía en el camino, de enseñanza y orientación acerca de cómo superar determinados obstáculos y así ganar tiempo, de diálogo que nos sostiene en los momentos duros, de préstamos de instrumentos necesarios, de subvenciones y dotaciones económicas, etc.
  • Toda tarea humana encuentra dificultades y conlleva riesgos. La libertad misma es arriesgada. Lo más normal es que encuentre adversarios, es decir, personas que se oponen a ella, o que de hecho la paralizan o dificultan, aun sin proponérselo. Las dificultades de la tarea son connaturales a ella: hay que contar con eso, porque casi todas provienen de la escasez de los recursos y de las propias limitaciones. Toda tarea humana concita amores y odios. Cuanto más alta es la empresa que estamos llevando a cabo, mayores son esas reacciones. Sabemos que hay muchas formas de rechazar la verdad, y aquí se experimentan.
  • Arrostrar todas las dificultades, eludir a los adversarios y perseverar en el esfuerzo se justifica. El fin de la tarea es llegar adonde queríamos, conseguir el fruto, el resultado. Pero la esperanza es incompatible con la soledad: en toda tarea hay un beneficiario, una persona, distinta al sujeto que la realiza, que recibe los beneficios que produce. A él se le otorga el fruto de nuestros esfuerzos. Alguien sale ganando. Si no hay un beneficiario, alguien a quien dar, la tarea se vuelve insolidaria y, a la postre, aburrida y sin sentido. La plenitud de la tarea es que su fruto repercuta en otros, que mi esfuerzo se perpetúe en forma de don y beneficio para los demás, para las instituciones y la sociedad.

La vida humana tiene de ordinario los elementos que se acaban de describir: es, básicamente, el trabajo de realizar una tarea. Cuando falta alguno de esos ingredientes, se vuelve incompleta; entonces el sentido de la vida disminuye, e incluso se pierde, y con él la felicidad. Si no hay un encargo inicial, no sabemos qué hacer, y la determinación de «por donde tirar» nos lleva un tiempo grande, hay vacilaciones, cambios de dirección, actitudes de perplejidad, etc., en especial cuando falta ilusión. Sin encargo inicial el proyecto y la ilusión por él no se consolidan. Si no hay ayuda, la tarea naufraga por falta de recursos, por dificultades y por ataques de los adversarios. Si no hay beneficiarios, ni siquiera tiene sentido empezar y arrostrar el esfuerzo de llevarla a cabo: es mejor quedarse en casa cómodamente y ser uno mismo el único beneficiario. Es lo que tiene menos riesgo, pero es lo que menos multiplica la riqueza.

La estructura que se acaba de explicar puede reconocerse en tareas grandes, como la conquista de México por Hernán Cortés o el primer viaje de Colón, o en tareas normales, como entrar a trabajar como enfermera en un hospital, ingresar en una orquesta o hacer una tesis doctoral. Los ejemplos pueden multiplicarse cuanto se quiera. La vida es una tarea, un conjunto de tareas con estos ingredientes. Importa mucho captarlo. La felicidad aparece ya al inicio, cuando hay ilusión y una labor por delante que da sentido al futuro.- hay que construirlo. Pero también aparece después, a lo largo de ella, y en especial cuando la hemos concluido. Nada más feliz que ¡por fin! haber terminado, llegar a casa, poder descansar después del esfuerzo. Entonces surge una nueva forma de felicidad.

Estilos de vida sostenibles

La globalización ha convertido a los consumidores en agentes poderosos de la economía mundial. Nuestras elecciones diarias como consumidores afectan a la vida de trabajadores en lugares lejanos y la manera en que las personas viven. El consumo sostenible significa comprar bienes y servicios que no dañen el medio ambiente, la sociedad y la economía. Aunque esto concierne principalmente a los países de altos ingresos o de economías emergentes, el consumo es una buena introducción a la enseñanza del Desarrollo Sostenible. La educación del consumidor es algo práctico que afecta a la vida de personas cerca y lejos. Las acciones de los consumidores locales pueden tener un impacto social, económico y ambiental a nivel internacional tanto hoy como en el mañana.

Por tanto, la educación es importante para los consumidores en términos de:

  • Aprender a conocer los productos que compramos, fomentar la curiosidad sobre cómo y dónde se producen nuestros bienes al igual que las condiciones de trabajo del país de origen. ¿Cuánto viajan los productos para llegar hasta las estanterías del supermercado? ¿Cuál es la huella ecológica de la producción y el transporte de ciertos bienes?
  • Aprender a cambiar el comportamiento y los hábitos de consumo utilizando el conocimiento sobre el impacto de nuestras decisiones económicas. Sin embargo, el conocimiento no es suficiente. La EDS promueve el aprendizaje transformador con el objetivo de cambiar la manera en que las personas interactúan con el mundo.

El sentido de la vida

Apenas hemos dicho nada hasta ahora del sentido de la vida. Podemos describirlo como la percepción de la trayectoria satisfactoria o insatisfactoria de nuestra vida. Descubrir el sentido de la propia vida es, pues, alcanzar a ver a dónde lleva, tener una percepción de su orientación general y de su destino final. Si se ven las cosas a largo plazo, lo importante es el final, el destino. Pero normalmente, como se ha dicho antes, la vida tiene sentido cuando tenemos una tarea que cumplir en ella. Eso es lo que, al despertarnos, introduce un elemento de estabilidad, de ilusión, de expectativa concreta, y por tanto de una cierta felicidad para el día que comienza.

«Cuando hay felicidad se despierta al día, que puede no ser muy grato, con un previo sí. Si uno se despierta con un sí a la vida, con el deseo de que siga, de que pueda continuar indefinidamente, eso es la felicidad. En cambio, si esa cotidianidad se ha roto o se ha perdido, si uno despierta a la infelicidad que está esperando al pie de la cama, no hay más remedio que intentar recomponerla, buscarle un sentido a ese día que va a empezar, ver si puede esperar de él algo que valga la pena, que justifique seguir viviendo». Esto quiere decir que el sentido a la vida «no se identifica con la felicidad, pero es condición de ella», pues cuando falta, cuando los proyectos se han roto, o no han llegado a existir nunca, comienza la penosa tarea de encontrar un motivo para afrontar la dura tarea de vivir. Por tanto, la pregunta por el sentido de la vida y del mundo surge cuando se ha perdido el sentido de orientación y de uso de la propia libertad, cuando no se tiene una idea clara de adonde conducen las tareas que la vida a todos nos impone, y sobre todo cuando disminuye el nivel medio de felicidad de una sociedad.

Hoy ese sentido aparece muchas veces como algo problemático y de ninguna manera evidente, pues hay una fuerte crisis de los proyectos vitales, de los ideales y valores: faltan convicciones, no hay verdades grandes ni valores fuertes en los que inspirarse de una manera natural, sobreviene la falta de motivación y la desgana, no se percibe ninguna orientación definida, decae la magnanimidad en los fines, el proyecto vital está constantemente en revisión, los ideales no son suficientemente valiosos para justificar el aguantar las dificultades que conlleva ponerlos en práctica, etc. La ausencia de motivación y de ilusión es el comienzo de la pérdida del sentido de la vida. Puede llegar a constituir una patología psíquica, y ocasionar sentimientos de inutilidad, de vacío, frustraciones e incluso depresiones. Cuando no se encuentra el sentido del propio vivir, sólo hay dos soluciones: «una posibilidad es la atomización de la vida, la equivalencia, siempre fraudulenta,de los placeres o los éxitos con la felicidad; y esto conduce a la inautenticidad, a la vida en hueco; la persona que no encuentra sentido a su vida y la llena de placeres o de éxitos como equivalentes, hace trampa y deja introducirse la falsedad en su vida». Es lo que veremos enseguida. La otra posibilidad es reconocer con sinceridad la pérdida de sentido: esto es el nihilismo.

Responder de una manera convincente a la pregunta por el sentido de la vida exige dos cosas: tener una tarea que nos ilusione y enfrentarse con las verdades grandes, con los grandes interrogantes de nuestra existencia. Quien sabe responderlos, encuentra una dirección satisfactoria para su vivir e incrementa tremendamente su expectativa de felicidad en la realización de sus tareas ordinarias, pues sabe lo que verdaderamente le importa, lo que se toma en sedo: Es el camino para la pregunta por el sentido de la vida». Dicho de otro modo: saber cuáles son los valores verdaderamente importantes para mí es lo que hace posible emprender la tarea de realizarlos. Dicho crudamente: se es hombre cuando se tiene saber teórico y capacidad práctica para responder a estas tres preguntas: ¿ Por qué estoy aquí? ¿ Por qué existo? ¿Qué debo hacer? Encontrar la respuesta es uno de los empeños de este estudio.

Frases de vida

"La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla." Jorge Santayana (1863-1952) Filósofo y escritor español.
"La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy." Lucio Anneo Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.
"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único." Agatha Christie (1891-1976) Novelista inglesa.
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes." John Lennon (1940-1980) Cantante y compositor británico.
"Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años." Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense.
"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa." Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.
"Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir." Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español.

Fuentes