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Ana Belén Montes

Ana Belén Montes
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Analista de inteligencia, enjuiciada y condenada por espionaje contra Estados Unidos
Nacimiento28 de febrero de 1957
Bandera de Alemania Alemania
ResidenciaEstados Unidos
NacionalidadPuertoriqueña
Otros nombresLa “Reina de Cuba”
PadresAlberto Montes y Emilia
FamiliaresLucy y Tony, hermanos

Ana Belén Montes. Ex analista superior de inteligencia en la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de los Estados Unidos. Arrestada el 21 de septiembre de 2001, diez días después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, y acusada del delito de “conspiración para cometer espionaje” a favor del gobierno cubano.

Condenada en el año 2002 por "entregar a Cuba información que le permitiera conocer los planes de agresión de Estados Unidos contra la isla", se declaró culpable de los cargos que se habían levantado contra ella, los cuales le podrían haber valido la pena de muerte, pero finalmente fue sentenciada a 25 años de prisión en octubre de ese año, luego de haber llegado a un acuerdo con la fiscalía[1].

Síntesis biográfica

Nació el 28 de febrero de 1957 en una base militar de la ex Alemania, en plena Guerra Fría. Nieta de asturianos que emigraron a Cuba y Puerto Rico, donde nació su padre, el psiquiatra militar Alberto Montes.

Pasó los primeros años de su vida en Europa. Más tarde su padre fue trasladado a Kansas, donde se formó en distintos colegios militares y selectos internados. En 1979 se graduó de la Universidad de Virginia, y en 1988 obtuvo una maestría en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.

Proveniente de una familia con fuertes credenciales conservadoras y conexiones dentro de la comunidad de contrainteligencia de los EE.UU. Su ex novio era un especialista en la inteligencia cubana para el Departamento de Defensa, su hermana (Lucy) quien fue premiada por el FBI por traducir informes de inteligencia de los cinco cubanos que fueron condenados por espionaje en 2001, en Miami y su hermano (Tony) eran agentes del FBI[2].

Trayectoria

Antes de trabajar como analista de inteligencia del Gobierno federal, la boricua era una fuerte crítica de la política estadounidense hacia Latinoamérica[3].

Comenzó su labor dentro del gobierno como una oficinista en el Departamento de Justicia, y rápidamente recibió autorización de alta seguridad. A partir de septiembre de 1985 comenzó a trabajar para la DIA, órgano de la inteligencia militar principal de Estados Unidos, como analista de información, lo que le facilitó, en 1992, un puesto en el Pentágono, donde se especializó en asuntos cubanos[4].

Durante su carrera, recibió gratificaciones y reconocimientos especiales a su labor, entre ellos un certificado especial que le entregó el entonces director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, en 1997[5].

Arresto

Fue arrestada el 20 de septiembre de 2001 mientras se encontraba en su oficina, en las instalaciones de la DIA en la Base Aérea de Bolling, en Washington D.C., por agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Montes fue llevada hacia una instalación carcelaria federal mientras el FBI registraba su casa, su automóvil y una caja de seguridad en un banco local.

Días después fue acusada de conspiración para cometer espionaje para el gobierno de Cuba. Se le sometió a juicio y la condena se mantuvo a la sombra de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Juicio

Declaración en el juicio sumario

Declaración de Ana Belén Montes durante el juicio sumario en su contra ante un tribunal federal de Washington DC, el 16 de octubre de 2002.[6].

"Existe un proverbio italiano que quizás sea el que describe de la mejor forma en lo que yo creo: Todo el Mundo es un solo país. En ese “país mundial” el principio de amar al prójimo tanto como se ama a uno mismo resulta una guía esencial para las relaciones armoniosas entre todos nuestros “países vecinos”.

Este principio implica tolerancia y entendimiento para las diferentes formas de actuar de los otros. El establece que nosotros tratemos a otras naciones en la forma en que deseamos ser tratados, con respeto y consideración. Es un principio que, desgraciadamente, yo considero nunca hemos aplicado a Cuba.

Honorable, yo me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada de ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político.

Nosotros hemos hecho gala de intolerancia y desprecio hacia Cuba durante cuatro décadas. Nosotros nunca hemos respetado el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de igualdad y justicia. Yo no entiendo cómo nosotros continuamos tratando de dictar como Cuba debe seleccionar sus líderes, quienes no deben ser sus dirigentes y que leyes son las más adecuadas para dicha nación. ¿Por qué no los dejamos decidir la forma en que desean conducir sus asuntos internos, como Estados Unidos ha estado haciendo durante más de dos siglos?

Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba. Espero que mi caso, en alguna manera, estimule a nuestro gobierno para que abandone su hostilidad en relación con Cuba y trabaje conjuntamente con La Habana, imbuido de un espíritu de tolerancia, respeto mutuo y entendimiento.

Hoy vemos más claro que nunca que la intolerancia y el odio –por individuos o gobiernos– lo único que disemina es dolor y sufrimiento. Yo espero que Estados Unidos desarrolle una política con Cuba fundamentada en el amor al vecino, una política que reconozca que Cuba, como cualquier otra nación quiere ser tratada con dignidad y no con desprecio.

Una política como esa llevaría nuevamente a nuestro gobierno a estar en armonía con la compasión y la generosidad del pueblo estadounidense. Ella permitiría a los cubanos y estadounidenses el aprender como compartir unos con los otros. Esto permitiría que Cuba abandone sus medidas defensivas y experimente cambios más fácilmente. Y esto permitiría que los dos vecinos trabajen conjuntamente y con otras naciones para promover la amistad y cooperación en nuestro “país mundial” y en nuestra única “patria mundial”."

Condena

La "Reina de Cuba", como la apodaban en la DIA por sus conocimientos sobre asuntos militares cubanos, fue condenada en el año 2002 por "entregar a Cuba información que le permitiera conocer los planes de agresión de Estados Unidos contra la isla", se declaró culpable de los cargos que se habían levantado contra ella, los cuales le podrían haber valido la pena de muerte, pero finalmente fue sentenciada a 25 años de prisión en octubre de ese año, luego de haber llegado a un acuerdo con la fiscalía al cambiar la condena de alta traición por la de espionaje.

Encarcelamiento

Montes se convirtió en el recluso 25037-016 de la cárcel de Carswell, situada dentro de las instalaciones militares de la Estación Aérea de la Marina estadounidense en Fort Worth, Texas, Estados Unidos[7] y su fecha tentativa de libertad se establece para julio de 2023.

Ana Belén no puede recibir visitas de amigos, solamente de su padre y hermano, no le está permitido hablar por teléfono ni puede recibir periódicos, revistas o ver televisión. No puede recibir paquetes, ni nadie puede indagar por su salud ni conocer porque está en un centro destinado a personas con problemas psíquicos, cuando ella no sufre de estos, y tampoco puede relacionarse con otros detenidos en esa cárcel.

Referencias