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Castillo

Castillo
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Obra Arquitectónica
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Descripción

Castillo. Del latín castellum, diminutivo de castrum. Es, según definición del Diccionario de la RAE, viviendas fortificadas más emblemáticas del feudalismo durante la Edad Media, perteneciente a los señores feudales y a los reyes; muy común en Europa, se les llama así por ser un lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones.

Origen

El origen de los castillos se produce a partir del siglo X y hasta el siglo XV, en ese periodo las guerras eran constantes de tal modo que era una necesidad de supervivencia la existencia de castillos capaces de resistir los frecuentes ataques y los asedios de fuerzas militares. Es por ello que se decide hacer sus reconstrucciones en piedra y a la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.

Muchos de ellos no están relacionados directamente con la defensa, a veces por una razón militar, para un monarca o simplemente para mostrar la grandeza de un reino, la mayoría pertenecían a reyes, condes, obispos, etc. En realidad estas consistían en una sucesión de asedios y unas pocas batallas más solemnes y sangrientas.

Los primeros castillos fueron simples torres rodeadas por empalizadas. En las fortificaciones había mucha madera que fue sustituyéndose por piedra a partir del siglo XII. Las murallas se fueron haciendo más gruesas y altas, reforzándose con taludes.

Construcción

Los constructores de esa época se adaptaban a las condiciones, medios y necesidades militares del momento era una tarea larga y costosa. Solo los señores muy ricos podían construir un castillo, elegían lugares que eran importantes conservar en tiempo de guerra, no pensaban solo en tiempo de guerra sino que servía también de residencia a los señores de la nobleza y a los propios reyes, llegando con el tiempo a ser un auténtico palacio fortificado en tiempos de paz.

Al construir los castillos se tenía que tener en cuenta sus cimientos para soportar el peso de sus fuertes muros, quizás lo más importante junto con las murallas era tener una fuente de agua limpia para abastecerse durante un asedio, además de comida y otras provisiones con facilidad, también eran el centro administrativo de los señores. La mayoría de las veces se construían cerca o a la orilla de un río; otras veces, la natural expugnabilidad de una roca en una colina; otras, aprovechando un cortante de un precipicio.

Posteriormente se fueron construyendo en piedra, en ladrillos de barro o de adobe, según la disponibilidad de materiales o las necesidades defensivas. Los romanos generalmente encontraban colinas fortificadas por sus enemigos llamadas oppidum. Aunque primitivas, estas eran efectivas y requerían el uso intensivo de Arma de asedio y otras tecnologías de asedio para superar las defensas, como en la batalla de Alesia.

Las propias fortificaciones romanas, los castrum, variaban de los simples trabajos temporales sobre la tierra levantados por los ejercitos sobre la marcha, hasta elaboradas construcciones permanentes en piedra, como la Muralla de Adriano en Inglaterra o los Limes en Alemania.

Las construcciones en planta de los fuertes romanos eran generalmente rectangulares con esquinas redondeadas. El ingeniero romano Marco Vitrubio fue el primero en notar las triples ventajas de las torres redondas: más eficiente uso de la piedra, una mejor defensa contra los arietes (al trabajar la muralla a compresión) y mejor campo de tiro. No fue hasta el siglo XIII que estas ventajas fueron redescubiertas.

Los primeros castillos

Entre los siglos VIII|VIII y XVI, su origen es más antiguo y tienen precedentes en la arquitectura militar de la Grecia clásica. En la Alta Edad Media se utilizaba como cerco defensivo una mera empalizada de madera, pero la evolución del armamento y de las técnicas militares hicieron inservible este procedimiento; más adelante, se confió en la solidez de las construcciones en piedra y en la altura de los muros que con este material podía alcanzarse.

Aunque los castillos proliferaron durante la Edad Media, el castillo no sólo cumplía funciones puramente castrenses, sino que servía también de residencia a los señores de la nobleza y a los propios reyes, derivando con el tiempo en un auténtico palacio fortificado. Si bien podía estar enclavado en los núcleos urbanos, lo común es que se situase en lugares estratégicos, normalmente en puntos elevados y próximos a un curso de agua para su abastecimiento, desde donde pudiera organizarse la propia defensa y la de las villas que de él dependían.

A partir del siglo XVI, con el ocaso del feudalismo y la consolidación de las monarquías absolutistas, la nobleza propietaria de los castillos los fue abandonando a cambio de mansiones palaciegas en la corte. Por este motivo, y porque quedaron obsoletos en su función militar, los castillos perdieron todo interés y decayeron hasta la actual ruina de la mayor parte de ellos.

Elementos del castillo

Muros gruesos: que podían tener unos sus 2,5 metros de ancho y los de las torres podían ser todavía más anchos.

Foso: gran zanja llena de agua que rodeaba al castillo por los lados que no estaban protegidos por el precipicio. Los peces y aves del foso servían de alimento.

Puente levadizo: en su posición normal él punte se extendía sobre el foso lleno de agua, cuando el peligro acechaba la guardia lo levantaba.

Murallas: rodeaban al castillo. Eran altas y desde sus torres los defensores podían ver si alguien se aproximaba para dispararle con los arcos o las máquinas de asedio.

Puertas: por lo general era el primer sitio por donde atacar, era fuerte y tenía trampas crueles que esperaban los intrusos.

Rastrillo: protegía a la puerta de los ataques invasores. Tenía forma de reja y estaba hecho con madera de roble, recubierto con láminas de hierro para prevenir que fuera incendiado.

Aspilleras: abertura por las que disparaban los arqueros, se ensanchaban hacía el interior para que el arquero pudiera disparar sin exponerse a que le disparasen, también servían para dejar pasar la luz y el aire.

Torre del homenaje: en ella vivían el señor y su familia situada en corazón del castillo, si el castillo era atacado los defensores se retiraban a ella y luchaban hasta el final.

Pozo o Aljibe: Se trata del depósito para almacenar el agua casi siempre obtenida con aportaciones de acarreo; a veces el sistema permitía almacenar también el agua de lluvia. Generalmente estaba construido bajo tierra.

Con el ocaso del feudalismo y la consolidación de las monarquías absolutistas a partir del siglo XVI, la nobleza propietaria de los castillos los fue abandonando a cambio de mansiones en la corte. Por este motivo, y porque quedaron obsoletos en su función militar, los castillos perdieron todo interés y decayeron hasta la actual ruina de la mayor parte de ellos.

Patio de armas y de castigos

Para entrar a un castillo se hace a través del patio de armas; desde él se accede al resto de las dependencias como pasillos de acceso a las mazmorras o incluso a pasadizos secretos de huida, que suelen estar reservados a los señores, la sala de recepciones, las naves para acuartelamiento de la tropa, la armería, etc. En tiempos de paz los castillos eran un centro administrativo, un hogar, un mercado, pero cuando la guerra perdía esos disfraces, se convertía en una fortaleza. Cuando la guarnición no practicaba sus habilidades guerreras estaba ocupada instalando almacenes y municiones, o reparando sus armas, ejemplo de algunas de ellas:

El trabuquete era una máquina de asedio, que lanzaba proyectiles a gran altura y podía sobrepasar las murallas desde una distancia de trescientos metros.

El almajaneque también era una máquina de asedio que disparaba proyectiles en trayectoria baja.

El mantelete era una empalizada portátil que protegía a los arqueros o zapadores que estaban al alcance del defensor.

Las vasijas incendiarias llenas de líquidos inflamables, como la brea, prendían fuego a todo lo que había debajo cuando se rompían.

Las ballestas eran para traspasar las placas de la armadura, el ballestero ponía un poco de cera de abeja en la punta, si la saeta llegaba en ángulo, la cera ayudaba a la punta a ceñirse a las placas y penetrar mejor en la armadura.

El arco largo necesitaba de gran habilidad para dispararlo. En manos de un buen arquero era tan potente que podía traspasar un panel de roble. Era rápido de disparar, en él mismo tiempo que un arquero empleaba en disparar hasta cuatro flechas el ballestero solo disparaba una saeta

La marca de fuego en el cuerpo de un criminal era la pena de algunos delitos. Un malhechor marcado con una M no podía esconder su culpa, la sentencia se ejecutaba inmediatamente.

La pena para los prisioneros que no querían confesar era ser aplastados hasta morir. Era una muerte lenta, agonizante y muchos pedían que se saltara encima para morir antes.

En los delitos más triviales, como las borracheras y las peleas, el prisionero era enviado a un cepo para dedos.

Las ejecuciones en la horca, estaban reservadas para crímenes importantes. Era una muerte lenta, por lo que los condenados pedían a sus amigos en el camino hacia ella que tiraran de sus piernas.

La pena para los crímenes menores, como vender bienes con peso escaso, era permanecer un tiempo en el cepo. Estructura de madera con orificios para coger la cabeza y las manos del condenado. La pena para la traición era colgar, arrastrar y descuartizar al traidor. Cuando la víctima estaba medio muerta, el verdugo le bajaba y le arrancaba las entrañas, cogía el corazón, la cabeza y decoraban las puertas de la ciudad avisando a los que quisieran conspirar contra el rey.

Otro castigo era zambullir al prisionero en el foso o en la alberca de la villa. Se le sentaba en un taburete y se le bajaba al agua. Para algunos criminales el castigo no acababa en la condena. El herrero remachaba cadenas en el cadáver que se exponía para que otros no cometieran delito. Otras veces el viento y la climatología podían reducir el cuerpo a los huesos. Los pájaros anidaban en la calavera.

Castillos Medievales

En la Edad Media se construyeron abundantes castillos medievales por todo el mundo, con diferentes motivos, a veces por una razón militar, a veces para un monarca o sencillamente para revelar la grandeza de un reino. A continuación realizaremos un recorrido por los 10 mejores castillos medievales del mundo que aún siguen en pie, y que son algunos de los lugares más visitados en el mundo.

Castillo de Warwick

Cuenta con más de 1000 años de historia, fue fortificado en 1068 por Guillermo el conquistador, es uno de los principales encantos del Reino Unido. Durante siglos fue hogar de los más poderosos condes de Inglaterra. Las colecciones de muebles, tapices, armaduras y pinturas son atractivos adicionales que llegan a atraer a cerca de 1 millón de personas cada año.

Castillo Puymartin

Se encuentra en la frontera entre Francia e Inglaterra construido en el siglo XIII, y fue una de las fortalezas clave durante la guerra de los 100 años, sobre todo por su ubicación estratégica.

Castillo de Praga

De estilo gótico más grande del mundo. Tiene unos 570 metros de largo y 130 metros de ancho, es considerada la mayor fortaleza medieval del mundo, construido en el siglo IX, ha sido la residencia de los reyes de Bohemia y presidentes tanto de Checoslovaquia como de la República Checa.

Castillo de Windsor

Es uno de los más grandes y antiguos del mundo que aún se usan como residencia, ocupado por Su Majestad la Reina de Inglaterra. Actualmente hay más de 500 personas que viven y trabajan en este castillo.

Castillo de Bran

En la actualidad es un museo, conocido como el castillo de Drácula. En la parte inferior de la colina hay un pequeño parque museo al aire libre que muestra las estructuras tradicionales de los campesinos rumanos (casas, graneros, etc) de todo el país.

Castillo Hardegg

Situado cerca de Hollabrunn, en Baja Austria en la ciudad de Hardeeg. La ciudad está ubicada en el río Thaya en la frontera con la República Checa, construido en el siglo 11.

Castillo Blair

Este majestuoso castillo está situado en una de las zonas más bellas de Escocia, justo en el corazón de la pintoresca Perthshire cerca del pueblo de Blair Atholl, construido en 1236.

Castillo Ashford

Castillo irlandés convertido en un hotel de lujo, estilo y servicio de primera clase.

Castillo Heeswijk

Situado cerca de la ciudad holandesa del mismo nombre. Actualmente alberga un interesante museo que narra la vida y las tradiciones del siglo XIX.

Castillo Sully

Particularmente conocido como Castillo de Sully-sur-Loire, es otro de los castillos reformados en hoteles de lujo, a unos 130 kilómetros de París, fortificado durante la época galo-romana y el siglo 11.

Galería

Fuente

  • Artículo Castillo. Disponible en "www. urbipedia.org”. Consultado: 25 de julio del 2011.
  • [1]