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Congo (gentilicio)

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Congo
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Concepto:Congoleño y congolés son gentilicios adecuados para los naturales tanto del Congo como de la República Democrática del Congo (anteriormente Zaire), tal y como recoge el Diccionario académico.[1]

Prensa

Congo. Fue el término común por el cual se designaba a los esclavos provenientes de la región Occidental del África subsahariana, en particular de los actuales territorios de las repúblicas del Congo, (anteriormente Zaire) y Angola, no haciendo distinción de sus diferencias étnicas, por lo cual sus manifestaciones culturales poseen gran diversidad, teniendo como centro común la cultura bantú. Junto con la yoruba y la carabalí, es uno de los componentes culturales de origen africano con mayor peso en Cuba.

Algunas de sus danzas recreacionales laicas tienen inicios religiosos y se han incorporado al ritual afrocubano, como el palo, la makuta, o el garabato. Estas danzas se caracterizan por la pantomima, el movimiento fuerte, la gestualidad brusca; son de difícil ejecución, sobre todo en cuanto a los brazos y el torso. Saltos, giros, vueltas y un gran trabajo de pies, junto a eróticos movimientos pélvicos y de cintura, cierran la tipología de las danzas de origen congo.

Presencia en América

Congo es una cultura, género musical y baile Afro-colonial. Son ritmos africanos que fueron traídos por los negros esclavos; es un resultado del sincretismo de los negros africanos con los colonizadores españoles. Predomina actualmente en áreas de varios países latioamericanos. En Cuba, se puede encontrar mayor influencia de su cultura en la región del Occidente, en provincias como Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus.

También en Panamá, posee un gran dominio de estos escenarios culturales negros en toda la costa arriba de Colón, siendo su principal bastión Portobelo, teniendo además presencia en las ciudades de Chilibre, Chepo, Panamá y Chorrera.[2]

Desde la época de la colonia, cuando los europeos trajeron los primeros esclavos al nuevo continente, "con ellos llegó una nueva estructura cultural llena de ritmo y sensualidad, pues llevaban la música del tambor en la sangre y la utilizaban como medio de expresión", dice Acosta.[3]

A mediados del siglo XV algunos negros, provenientes en su mayoría de las naciones africanas de Guinea y Congo, se sublevaron y se refugiaron en la selva caribeña. Se les conoció como cimarrones[4] y desde sus emplazamientos o aldeas utilizaban el tambor para poder comunicarse con sus hermanos en cautiverio. "Otro medio de expresión utilizado por los negros de aquella época y que aún practican los grupos congos es el saludo con los pies y el hablar en revecina, una mezcla del francés, portugués y castellano o hablar al revés".[5]

Danza

Durante la colonia, tanto el negro esclavo como el cimarrón se reunían en los palenques para realizar su danza o juego congo, allí recordaba a través de la música y el baile sus orígenes, exteriorizaban su solidaridad, su nostalgia y su odio hacia el español. "También era una manera de burlarse de la estructura eclesial de la época que les decía que si no obedecían al amo, se los llevaba el diablo. Por eso, la personificación de las ánimas y el diablo en el bautizo congo".[3]

Se caracterizan por una expresión violenta y erótica al bailar, y además asocian casi siempre una especie de representación mímica y teatral, que tiene como temática episodios históricos del infame comercio negro, de la esclavitud y las consiguientes rebeliones negras durante los tiempos de la conquista y del colonialismo. El congo baila descalzo, por la relación del negro con la tierra.[2]

La danza, una mezcla de movimientos, percusión y sonidos fuertes, colores, vestidos, mitos, magia y cantos. El baile congo es un conjunto de movimientos que no tienen un orden específico, más bien son intrínsecos en cada persona que desarrolla el baile; algunos lo hacen con sensualidad, otros con sentimiento, con expresiones muy particulares, con mensajes de vida, rememorando situaciones, con religiosidad, con alegría, con tristeza, con dolor, llenos de vida, con pesar, en forma de juego, de manera espontánea, con naturalidad, con ritmo.[6]

El estilo del baile es básicamente improvisado, aunque ciertos pasos y posturas del cuerpo caracterizan la coreografía. Sin embargo, no hay ninguna secuencia fija o predecible. Intuitivamente, las parejas se responden, componiéndose en un baile, que resulta en movimientos perfectamente sincronizados y los gestos no planificados. La interacción ocurre con una velocidad y coordinación asombrosa. El juego de amor masculino – femenino es abierto, franco, erótico y enlazado con un espíritu de juego y exageración.[6]

Las bailarinas congo se mueven tranquilas y serenas al son de los tambores, que son ejecutados con maestría y acompañados de los cantares y demás voces, seduciendo al hombre mientras dibuja con sus pies formas enigmáticas en el suelo. Sus hombros, brazos y cabeza quedan casi sin movimiento. Solo los movimientos de las caderas son claramente observables, con los dobles de la falda invita a su pareja a acercarse. Si él acepta el reto y se le acerca, ella lo aleja y lo empuja como invitándolo, como deseando de espaldas la mirada del negro que arde y se estremece. Ella lo deja y él se acerca mientras los tambores gritan salvajes las antiguas lenguas africanas.

La impresionante muestra de bailes se ve además complementada por una exposición viviente de personajes que encarnan a los espíritus milenarios y a la realeza Congo bajo la forma de una reina y un rey,[2] junto a otros personajes que llevan coloridos disfraces y las tradicionales vestimentas.

Música y coreografía

La danza de Congo es una danza guerrera y se compone de una o varias cuadrillas de negros disfrazados con trajes multicolores, adornados con profusión de flores de papel, arandelas, cintas, encajes, lentejuelas, espejos y cascabeles, por lo cual todo el conjunto resulta muy llamativo.

Su organología es menos compleja que en otras danzas y está compuesta por el tambor cónico alegre, que va desarrollando una base rítmica permanente mientras se van interpretando versos alusivos a las fiestas, acompañados por una guacharaca.[7] El instrumento protagónico es la voz desarrollando una línea melódica igual para todos los grupos de congos, verseando sobre temas alegóricos a los mismos congos, a las reinas del carnaval, a sucesos o anécdotas de las fiestas y se acompaña de un coro responsorial cuyas voces normalmente repiten la última parte de cada verso varias veces, hasta que es interrumpido nuevamente por el solista para terminar su fraseo musical. Otra de las características de estos verseadores es la expresión de júbilo ¡Que Viva! que suele utilizarse en medio o al final de los versos para elogiar a la reina, a ellos mismos y a personajes importantes de la vida cotidiana del momento. En esta danza por lo general participan hombres de edad adulta.[8]

El orden jerárquico -musicalmente- parte desde el cantador y sigue con tamboreros, guacharaqueros y respondedores. La estructura del canto es una llamada y su respuesta, donde hay un solista que guía el canto y le contestan los respondedores. Hay un golpe de llamada, utilizado para convocar a reunirse, igual que sucedía en las sociedades tribales del África. También están: el golpe de baile (uno callejero, otro del baile de casa) y un golpe de retirada. Los danzantes marchan al ritmo de la música con movimientos de marcación acentuados, cuatro tiempos hacia la derecha y hacia la izquierda alternativamente, balanceándose en forma cadenciosa. En actitud guerrera, los brazos pueden llevarse levantados o blandiendo el machete o la garrocha. Las mujeres bailan desplazándose hacia la derecha y hacia la izquierda, moviendo los hombros y con la falda sujeta con las manos para poder batirla. En ocasiones, tanto la mujer como el hombre dan vuelta sobre sí mismos. La fauna (los disfrazados de animales) retoza, haciendo la mímica que corresponda. Existen dos figuras fundamentales en la danza: el paso de marcha, cuando se desplazan formando una columna de parejas de hombres enganchados por los brazos en una fila y van describiendo movimientos en forma de culebreo, de caracol o mariposa. La otra figura es el baile de casa, que se realiza entre parejas, danzando en un sitio estacionario y rodeado de los otros miembros del grupo, que hacen palmas.

El baile congo conserva el orgullo del ser negro. La cultura Congo sobrevivió gracias al uso del "doble sentido" que los africanos esclavizados utilizaron como arma de resistencia. Este lenguaje les permitió comunicarse los unos con los otros mientras confundían a los españoles. Al distorsionar el significado, la realidad se tornaba ambigua convirtiendo a los africanos en maestros en el intercambio de información.

Las costumbres de los Congos consisten en actuaciones tradicionales no escritas, con personajes mitológicos, rituales, disfraces, arquitectura, música, gastronomía y danza. La interpretación de la danza Congo rememora metafóricamente la era de sus ancestros y describe la victoria del bien sobre el mal.

Vestidos de la Corte

La belleza de la naturaleza se muestra en la mezcla de colores de su vestuario. Se maquillan la cara con carbón (la parte externa del coco, quemada) para que no se les reconozca por las arrugas o cicatrices.

Las mujeres llevan una pollera montuna colorida de dos piezas, camisa con arandina y un pollerón hecho de retazos, además de flores en su cabello y collares de cuencas o caracoles. La reina, entretanto, se diferencia con una corona hecha de latón y otros materiales llamativos.

Los hombres utilizan la ropa al revés y vieja, dando un efecto paródico. Además, se complementa la vestimenta con bastón y sombrero cónico de estopa de coco adornado con plumas, conchas, espejos o cuencas, y se pintan la cara con carbón en símbolo de rebeldía. Las cuerdas y listones aluden a las cadenas de la esclavitud y los objetos queridos se guardan con bolsas grandes que se usaban para períodos de fuga de los españoles. El rey o Juan de Dios usa una corona más pequeña que la de la reina.[9]

El pajarito, pintado con carbón, usa sombrero de estopa de coco y plumas, lleva una muñeca a la espalda y suena incansablemente un pito que a todos ensordece. El diablo, por su lado, aparece cuando cantan la tonada del diablo Tun Tun. Es cazado por los ángeles para ser bautizado, lo que causa un gran alboroto entre el público.

Los protagonistas de este drama cantan y bailan al compás de melódicos tambores que sobrepasan con la fuerza de sus ancestros, el contenido del texto y que incitan al movimiento, si es posible a la extenuación, siempre enfocando la crudeza de los actos a los que por varios siglos fueron sometidos los negros.

La instrumentación del baile Congo pueden estar compuestos por dos tambores, un bajo y un requinto. Son cilíndricos, atados con cuerdas y cuñas de madera que le dan tensión al cuero, generalmente de piel de venado.

Personajes principales

  • Reina: es la autoridad más alta. Sale durante la fiesta vestida con una falda amplia o pollera sencilla, una blusa parecida a la de la pollera, y lleva sus pies descalzos como todos los demás personajes del drama. Representa a la mujer fuerte que guio al éxodo y administró el gobierno y la justicia en el establecimiento fugitivo o palenques en la selva.
  • Rey: esposo de la reina. Lleva una corona vistosa, bastón de mando y faja de color con insignias. Viste pantalón negro con una pernera remangada, camisa blanca y corbata con el nudo hacia atrás. Representa al señor de la guerra, de la estrategia y de la economía.
  • Mininas: son dos niñas, con vestidos distinguidos y coronas, grandes bailarinas, personajes de adorno en el séquito real, además de atender a la reina.
  • Pajarito: es el príncipe, viste una túnica corta amarrada en la cintura, con mangas rojas y oscuras. Como pajarito lleva una pluma simbólica de color vino, y como príncipe, una corona. Representa al negro arriesgado que explora el campo, descubría al adversario, atisbaba sus movimientos y señalaba a los fugitivos el lugar más seguro para establecer sus palenques. El pajarito es el mensajero del grupo, que usa su silbato para avisar a los demás sobre la llegada del diablo.

Personajes secundarios

  • Arcángel: es uno de los personajes irreales o imaginativos con el cual se halagaba a los esclavos, asegurándoles su protección contra el temido lucifer si eran sumisos. Es el espíritu benévolo que protege a los congos de los diablos.
  • Diablo: con una presencia muy realista, vestido de malla roja, con cuernos y uñas, cola, alas y disfraz, trata de llenar su cometido que es aterrorizar a la gente y ayudar a mantenerla sometida. Fue el gran auxiliar del amo y del catequizante. En la tradición Congo el diablo no representa a Satanás, sino al mal representado a su vez por los españoles que capturaron y vendían a sus ancestros como esclavos. En el juego de Congo, al bautizar y vender al Diablo Mayor, se parodia este trato.
  • Cazador: con atuendo significativo, simboliza la inteligencia de las milicias y el verdugo, especializado en la caza y acusación de espías y traidores.
  • Matuanga: es el nombre que se le dio a un capitán de congo; cuando los congos entran en disputas llaman a su jefe o matuanga.
  • Cucamba: se viste como un atún y lleva una máscara con pico.
  • Horasquín: es un insecto vestido totalmente con hojas de palmeras. Hace el mimo de Juan de Diosito, es hermano de pajarito, también príncipe, es el edecán o guardaespaldas de la reina, viste igual que el pajarito y es como él un furioso bailarín.
  • Esclavo: es un negro desarrapado, representa el último grado de miseria física y moral a que llega un esclavo. Lo lleva un amo encadenado y le da latigazos constantes.
  • Agarrado: es un personaje que se distingue por llevar una soga en la mano y se hace acompañar de uno o dos esbirros, con ganchos en las manos, llevando delante a algún prisionero. Representa a la temible autoridad policiva.
  • Filibustero: se usa para designar el sujeto extranjero o turista.
  • Barrecontó: es un personaje que siempre va cargando objetos en las manos o prendidos en la cintura. Representa al piquete de negros encargados de aprovisionar a la hueste de útiles y abastecerla de alimentos, hurtando, asaltando y arrasando a los pueblos no congos durante la lucha.
  • Letrado: es un personaje que pocas veces parece. Representa al negro entendido en las leyes congas y sirve de consejero al rey. Es él quien conoce los secretos del reino.
  • Turba Raza: representada por mujeres y hombres negros. Los hombres visten de mamarrachos, semidesnudos, con palos, ramas, oriflamas, máscaras, rostros pintarrajeados de negro y blanco. Las mujeres por su parte, visten decentemente, con telas brillantes y van todas curiosamente tocadas con bellos racimos de flores que llaman canitolenda. Todos, tanto hombres como mujeres, llevan nombres de animales.
  • Holandés: es uno de los pocos personajes blancos, representa al amo, al negrero y perseguidor, quien aparece atacando al negro.
  • Padre o Sacerdote: representa al catequizador.

Congos en Cuba

Entre los grupos africanos que mayor influencia ha tenido la nación cubana se encuentra el congo, este comparte con otras danzas folclóricas el movimiento de la cadera, la utilización del torso y los músculos de la espalda, el pecho, los hombros y la región abdominal; así como, el cuello y la cabeza, el salto, el pateo, los giros, el vaivén y el balanceo. Es frecuente la improvisación y el uso de la danza convulsiva y el éxtasis.

Los esclavos congos bantúes trajeron a Cuba un complejo de creencias animistas en las que consideraban a todos los elementos de la naturaleza como habitados por espíritus o fuerzas; que en casi todas sus ceremonias giran en torno a la adoración de la ganga, receptáculo mágico donde se concentran las distintas fuerzas adoradas. Los cantos con que se acompañan los ritos congos son antifonales, se alternan frases cantadas por el solista o gallo con otras repetidas por los vasallos o coros. La finalidad de su cultura era atraer la protección de las fuerzas benéficas y evitar las maléficas.

Los congos desarrollaron un complejo ceremonial que gira en torno a la adoración de la nganga.[10] En las ceremonias se ejecutan una serie de cantos y bailes de gran variedad melódica y rítmica, así como sacrificios de los animales. Los bailes de los congos pueden tener carácter religioso, como la Makuta, los bailes de Palo, o carácter profano, como el baile de la Yuka y el baile de Maní, estos dos últimos procedentes del Bantú. Todas estas danzas tienen características similares a base de hileras o círculos, aunque algunas con el tiempo han evolucionado y adquirido novedosas coreografías.

Notas y referencias

Bibliografía

Fuente

  • Infanzón Ibañez, Lianet R. Elementos culturales de antecedentes en las expresiones danzarias cubanas. Lic. Estudio Socioculturales, Universidad de Holguín, 2016.