Guerra colombo-peruana

Guerra colombo-peruana de 1932 y 1933
Información sobre la plantilla
Gerra colombo-peruana.jpg
Fecha:1 de septiembre de 193225 de mayo de 1933
Lugar:Frontera entre Colombia y Perú, Río Putumayo y afluentes. Ciudad de Leticia (Departamento del Amazonas)
Resultado:
Ratificación del Tratado Salomón-Lozano de 1922
País(es) involucrado(s)
Bandera de Colombia Colombia; Bandera de Perú Perú
Guerra colombo–peruana se le denomina al conflicto armado ocurrido entre las repúblicas de Colombia y Perú, iniciado el 1 de septiembre de 1932 y que duró hasta 1933, según cuenta la historia. Tuvo lugar en las afluencias del Río Putumayo y la ciudad de Leticia, perteneciente al actual departamento del Amazonas. El mayor resultado obtenido a raíz de este enfrentamiento, fue la ratificación del Tratado Salomón-Lozano de 1932.

Antecedentes

Muchos son los antecedentes históricos que presumiblemente desencadenaron, el 1ro de septiembre del 1932, la llamada guerra colombo-peruana. Sin embargo, el más sólido hasta hoy demostrado, se remonta a la época colonial, con la creación, por la entonces Corona Española, del Virreinato de Nueva Granada independiente del Virreinato del Perú, el único hasta el momento en Sudamérica. Con esta división, entraron en disputa varios territorios limítrofes, como fue el caso de Maynas, el cual se convertiría años después en el principal impulsor de los enfrentamientos entre ambos países, dado el interés del Perú por adjudicarse este territorio así como el de Jaén.

La falta de una clara política de fronteras de Colombia, permitió que la región selvática del sur, hasta el Caquetá, fuera considerada peruana a pesar de los títulos jurídicos que poseía Colombia. Con los diferentes gobiernos de turnos que sucedieron entonces, estas regiones fueron entregadas sin más compasión para su explotación, sin que mediara presencia alguna de los estados implicados.

Las selvas colombianas de Putumayo y Caquetá, fueron escenario de las atrocidades perpetradas por la Casa Arana (explotadora de caucho), ubicada en territorio peruano. Los límites fronterizos entre las dos naciones no estaban plenamente definidos, situación que despertó las aspiraciones territoriales del vecino país hasta el río Caquetá, generando a su vez varios incidentes fronterizos. El más agudo de ellos fue registrado en julio de 1911 en la base militar colombiana de "La Pedrera" cuando las tropas peruanas derrocaron a la guarnición colombiana, confirmando su superioridad sobre la zona.

Once años después, el 24 de marzo de 1922 y luego de un sin numero de infructuosas negociaciones entre ambas naciones, se firmó el Tratado Lozano-Salomón. A nombre de los entonces ministros de relaciones exteriores Alberto Salomón y Fabio Lozano, de Perú y Colombia respectivamente. El acuerdo fijaba los límites entre cada región de la siguiente forma:

‘’[…] La línea de frontera entre la República Peruana y la República de Colombia queda acordada, convenida y fijada en los términos que enseguida se expresan: Desde el punto en que el meridiano de la boca del río Cuhimbe en el Putumayo corta al río San Miguel o Sucumbíos, sube por ese mismo meridiano hasta dicha boca del Cuhimbe, de allí por el río Putumayo hasta la confluencia del río Yaguas, sigue por una línea recta que de esta confluencia va al río Atacuari en el Amazonas y de allí por el rio Amazonas hasta el límite entre Perú y Brasil establecido en el Tratado Perú-brasileño de 23 de octubre de 1851””

Una vez firmado, el acuerdo fue enviado a los congresos de cada país para su posterior ratificación, la cual se reconoció primero en Colombia (1925) y años más tarde y producto de una serie de controversias, en Perú (1928). Precisamente las polémicas suscitadas en la parte peruana, las cuales veían en peligro sus intereses económicos, desencadenaron la nombrada guerra colombo-peruana de 1932-1933.

La Guerra

Para 1932, Colombia poseía un pie de fuerza conformado por 6.200 hombres, sin incluir a la policía. Contaba con una flotilla aérea de once aeronaves y una naval y fluvial. El armamento con contaba eran fusiles Máuser, algunos cañones y pocas ametralladoras.
Tropas Colombianas bombardeando posiciones peruanas.

Por su parte los peruanos tenían 17.027 efectivos, distribuidos en: 8.955 hombres del ejército, 1.755 de la marina, 280 de la aviación y 6.037 policías; contaban, además con submarinos, cañoneros y lanchas; su aviación estaba conformada por cuatro aviones y seis hidroaviones.

El 1 de septiembre de 1932 un grupo de 48 ciudadanos peruanos (iquiteños y pucallpinos), al mando del Ingeniero y músico Oscar Ordóñez de la Haza y del Alférez del Ejército Peruano, Juan Francisco La Rosa Guevara junto con alrededor de 200 soldados peruanos de la guarnición de Chimbote, irrumpieron en Leticia para reclamarla como territorio peruano, capturando a las Autoridades y a la Guarnición colombianas allí destacadas, de 18 policías comandados por el Coronel Luís Acevedo y que tenían como segundo jefe al Mayor Jorge Pinzón. Las tropas colombianas fueron desarmadas y, junto a las autoridades de ese país, conminadas a abandonar Leticia lo cual efectúan siendo ellos expulsados hacia el Brasil. El entonces presidente de Perú, Luis Miguel Sánchez Cerro, sorprendido con la noticia y creyendo que se trataba de un complot enemigo, decidió entonces respaldar a los peruanos y envió sus tropas a tomar las zonas de Leticia y Tarapacá.

La operación estratégica diseñada por Colombia para recuperar el territorio de Leticia, se contempló en tres tiempos:

  1. El primero, iniciado el 14 de febrero de 1933, cuando el General Vázquez Cobo intimó a los civiles peruanos armados que ocupaban Tarapacá (puerto sobre el río Putumayo).
  2. El segundo, un mes y medio después, en marzo del propio año cuando el ejército colombiano atacó la guarnición peruana acantonada en Güepí; trayendo como resultado la captura de algunos soldados peruanos y la toma del territorio que vaticinaba una victoria colombiana.
  3. El tercer y último paso fue en el propio mes de marzo, cuando las tropas colombianas atacaron las posiciones peruanas en Puca-Urco y realizaron dos intentos fallidos por bombardear la base peruana de hidroaviones. Además la flota colombiana, a través del Destacamento Amazonas, desembarcó en la base del río Algodón sin encontrar mucha resistencia (aunque fueron capturados algunos soldados peruanos que quedaron dispersos y recopilaron un número importante de armamento bélico y de logística).

Cabe aclarar que aunque la guerra con Perú llegó en un verdadero momento de inestabilidad económica para la nación colombiana (debido entre muchos factores, a la pérdida de créditos y los bajos precios del café y petróleo , los principales productos de exportación del país), este ataque no hizo más que aunar las fuerzas de todo el país y salir en defensa de su soberanía. En poco tiempo, la armada colombiana se artilló con los mejores recursos para enfrentar la ofensiva peruana, recibiendo un gran apoyo del gobierno francés en aquel momento, aunque no fueron utilizadas en un primer momento pues el presidente del país, Olaya Herrera intentaba solucionar el conflicto por vías diplomáticas. Entre los países que se implicaron en las negociaciones, cabe resaltar los gobiernos de Brasil (que intervino activamente proponiendo soluciones pacíficas) así como el de Chile (que en un primer momento había permanecido neutral) e incluso los propios Estados Unidos; todos fracasados ante la negativa del Perú de devolver el territorio de Leticia.

Acuerdo

Finalmente y después de la muerte del presidente peruano Luis Miguel Sánchez Cerro en abril de 1933, su sucesor en el cargo, el general Óscar Benavides, aceptó reunirse con el presidente colombiano para entregar el territorio de Leticia a una comisión de la Sociedad de Naciones. Dicha comisión permaneció alrededor de un año estudiando las posibles soluciones al conflicto y Colombia accedió a devolver al Perú, la guarnición de Güepí, un mes después del cese de las hostilidades.

Meses después, los gobiernos de ambos países se reunieron en Río de Janeiro, Brasil, para pactar la paz entre las naciones y ratificar el Tratado de 1922 que aún hoy día permanece vigente.

Resultados

La guerra colombo-peruana no propició el choque de grandes unidades, ni gran cantidad de muertos, heridos y prisioneros de combate, pero si permitió despertar el patriotismo de los colombianos y el progreso del Ejército y la reactivación de la Armada (uno de cuyos dignos representantes en la contienda fue Juan Lozano y Lozano, capitán y ayudante de la flotilla fluvial durante el combate de Güepí y de quien se conserva una hermosa crónica periodística sobre el combate).

Este conflicto resaltó en los nacionales de ambos países la importancia de una frontera, cómo implementar armamentos y elementos que las fuerzas no tenían; así como la recuperación para Colombia de aquellas propiedades que un cuarto de siglo atrás, había obsequiado el presidente Rafael Reyes a Casa Arana. A los días de hoy, el Comando del Ejército recuerda con orgullo a los oficiales, suboficiales, soldados, marinos aviadores y civiles que estuvieron en aquella contienda, defendiendo la soberanía colombiana.

Fuentes