Saltar a: navegación, buscar

Harén

Harén
Información sobre la plantilla
Indexbnmb.jpeg
Concepto:El término Harén deriva de la palabra harâm que sirve para designar todo aquello que es tabú, prohibido por la religión. Un harén es también por definición, un santuario o un recinto sagrado. Los lugares más sagrados y eminentes del mundo otomano del siglo XVI eran los harenes.

Harén. El Harén era en un principio un lugar organizado y arquitectónicamente estructurado. La mujer que lo habita se convierte en un objeto del placer sexual, aparece feliz en su encierro y se deleita con él. En el harén la mujer es mujer-objeto y la mayoría de las esclavas eligieron, con toda intención, perder su libertad a cambio de una vida de lujo. En él se reproduce la misma estructura social que en los rebaños: la totalidad de las hembras están bajo el dominio de un solo macho, el más poderoso. Comprendía los baños turcos y pequeñas mezquitas, bibliotecas, dormitorios, salas de música, de costura, las cocinas e incluso un hospital. En este lugar en el que junto a las ventanas de cristal rojo ahumado y azul convivían las familias del principado, casi quinientas personas, y todo estaba regido bajo una jerarquía muy estricta.

La mujer es encerrada, para poder ser controlada, pues vulnera y altera las emociones y los razonamientos masculinos. Las mujeres solo podían salir del harén ocasionalmente, y con el rostro cubierto por el velo. La entrada al harén estaba totalmente prohibida, se daba muerte a aquel que era sorprendido en su interior o intentando entrar. Muchas de las favoritas del harén consiguieron la confianza del señor, el cual les consultaba temas.

Significado

El término harén (harem) designa al mismo tiempo el conjunto de mujeres (concubinas o, simplemente, mujeres hermosas) que rodeaban a un personaje importante, así como el lugar en el que éstas residían. En algunas lenguas occidentales, el término se ha utilizado en un sentido más estricto, asociado a la mujer confinada. El sentido dado por los orientales es el de "prohibido a los hombres". El término harem deriva de la palabra harâm que sirve para designar todo aquello que es tabú, prohibido por la religión.

Algo de historia

Numerosas civilizaciones antiguas tuvieron harenes. En la cultura griega se los conocía como gineceos. Los últimos harenes, los que en realidad designan a este término, son los de los sultanes y pachás del Imperio otomano. El harén es básicamente un lugar destinado al placer, en el que residían las concubinas oficiales del señor, así como las mujeres que éste tenía a su servicio. La función de las concubinas era la de darle hijos al señor, mientras que las mujeres a su servicio estaban para divertirle, ofreciéndole música, danza o sexo. Los harenes estaban custodiados por los eunucos. Existieron harems o serrallos en el Antiguo Egipto, la Grecia clásica, el Imperio otomano, en la India musulmana, llamados zenanas, y en el reino del al-Ándalus, al sur de España. Muchas de las concubinas y odaliscas del harén imperial otomano tenían la reputación de ser las más hermosas mujeres del Imperio Otomano. Muchachas jóvenes de belleza extraordinaria eran enviadas a la corte del sultán. En su mayoría las mujeres del harén eran circasianas, georgianas, y abjazas… Todas las jóvenes que ingresaron en el harén desde su instauración hasta entrado el Siglo XX (hasta 1909 concretamente) se las llamaba odaliscas (del turco odalık, «mujeres de camara»), es decir criadas del harén, las cuales—contrario a la creencia—no mantenían relación sexual alguna con el sultan ya que no eran más que sirvientas. Otras culturas , no solamente cultura musulmán, ya los contenían entre sus leyes sociales. Los bizantinos disfrutaron de ellos, los egipcios y los propios romanos. Aunque estos últimos por diferencia no coartaban la libertad de los habitantes de estos lugares y las mujeres allí eran trabajadoras cortesanas. Las leyes del resto del mundo o de su propia religión allí dentro no tienen importancia. Las Normas las dicta el cabeza monacal o Amo. El único que tiene acceso a todo el emplazamiento.

Ciudad-prisión

Solimán el Magnifico

Un harén es una ciclópea ciudad-prisión donde conviven mudos eunucos, mujeres, concubinas, esposas y niños. Todos pertenecen a un señor o varios. El dueño de sus vidas y destinos para quienes se adiestran en esta vida. Sus horas se determinan según las leyes que el amo impone y la única fórmula de subsistencia es ser grato a los ojos del hombre-dueño. Lo que en ellos sucedía era secreto. Algunas confidencias de viajeros, que tuvieron la oportunidad de verlos desde el interior mostraron al mundo un terrible, aunque fastuoso, mundo protegido por triples murallas sin ventanas al exterior. Los ilustrados del siglo XVII Jean-Jacques Rousseau, Charles-Louis de Secondat, Baron de Montesquieu y François-Marie Arouet “Voltaire” fueron de los primeros en interesarse por ellos. No tardaron en describirlos y en darlos a conocer como ejemplos de despotismo oriental. Los artistas plásticos también se interesaron por ellos en más de una ocasión, siendo Eugène Delacroix uno de los que intentó plasmarlos en sus creaciones artísticas. Incluido los lugares prohibidos que son un tercio de las amuralladas edificaciones. Por general, todo el que lo deseara podía cruzar la primera muralla llamada refugio de afligidos, es la puerta única. Los que tuvieran un privilegio del sultán o príncipe del harén podría disfrutar de una segunda fase de las murallas, al atravesar las puertas de la justicia, un umbral llamado martirio o de la obediencia, y allí podían gozar de unos salones llamados Diván, algo así como una sala de recepción, rodeada de cojines y cómodos lugares para comensales y visitantes. En ocasiones éstos eran deleitados con ricos manjares y excelentes vinos, así como con la lujosa presencia de enjoyadas danzarinas. Un tercer cerco o espacio interno del harén, el más desconocido y cuya entrada estaba prohibida bajo cualquier circunstancia, pudiéndose aplicar la pena de muerte, se dejaba ver después de atravesar el umbral de la felicidad. Hasta allí sólo entraban los cuerpos del sultán y los eunucos elegidos. En esa parte interna y protegida estaban las habitaciones de las mujeres, el autentico harén al que se llama serrallo. Un templo edificado para la obediencia al sultán, donde gobierna la madre del primer hijo varón del príncipe del harén. Y si por motivos excepcionales alguien es invitado a ver ese lugar interior debe callar sus secretos, pues describirlo o hablar de él puede ser causa suficiente para obtener la pena capital. El serrallo es el lugar más majestuoso, un oasis de mármol y agua brotando de magníficas fuentes en los jardines donde pasean las mujeres y niños. Rodeada por recintos herméticos decorados con sublime lujo y ornamentación, como si de un micro-paraíso se tratase. Un pequeño cielo visual donde todo resulta agradable y relajante para el espíritu del que mira. Enormes piscinas de mosaicos colorido, casi con predominio de los turquesas y cielos. Una vegetación esplendorosa y entradas de sol por los ojos del techo. Columnas que inspiran confianza y estructura al lugar, dando sensación de seguridad, a la vez que de recogimiento. Allí abundan las alfombras, las pinturas de desnudo femeninos, los recintos de espejos, los sillones, lo arcos y paseos, las ornamentaciones, la orfebrería decorativa. Pero igual que todo está estructurado para aplicar un orden al servicio del gran señor del lugar, los habitantes, desde que nacen, están destinados a satisfacer todas sus necesidades y a deberle eterna adoración. Adiestrados según su condición dentro del harén los niños aprenden el modo de vida que les impone la cuna de su nacimiento o su dote física, para en el futuro ocuparse de sus funciones y roles dentro del Serranillo. Una disciplina absolutista piramidal a modo de la medieval europea se vislumbra en los harenes. Mudos, mutilados, eunucos, concubinas, mujeres, esposas, niños, jenízaros y adiestradores persiguen conseguir la felicidad del amo, que es el único motivo de la existencia de ese lugar. Un único señor al que no se puede ver la cara, ni mirar sosteniéndole la mirada. Las mujeres del harén son adquiridas como ganado en el mercado de esclavos. Éstas por norma nunca terminan siendo esposas, sino concubinas. Los tratos comerciales con otros ricos son los que proporcionan al sultán o príncipe esposas con las que engendrar hijos reconocidos. Uno de los más famosos harenes de este siglo pasado era el de la Meca y sobre todo algunos en Marruecos.

La mujer la gran dañada

De joven se la exhiben virgen en los mercados. Allí la examinan como carne, controlan sus rasgos físicos, pelo, uñas, dentadura, etc. Una vez la virgen es comprada por un harén se le lleva al serrallo. Allí pasara sus primeros meses aprendiendo a conocer las leyes internas que debe cumplir, los gustos de su señor que debe acatar y a mejorar lo que se espera de ella.encierro La mayoría será carnaza sexual. Se adoctrinará en las artes de la seducción y el placer al hombre. Aprenderá sobre el vestir. Conocerá la magia de los perfumes y aromas. Los secretos de las ablaciones a su señor. Las ablaciones rituales. Dos meses después será probada por el amo. Si es satisfactoria su velada y resulta del agrado del príncipe será tatuada en azul y se convertirá en odalisca (concubina), el paso previo a ser esposa o preferida. Si las mujeres no son del gusto el amo no serán devueltas, sino que formaran parte del servicio del harén aprendiendo los quehaceres de la limpieza o cocina, los lavaderos, ropas o el cuidado de los jardines. Las concubinas se llaman Ikbal y su número puede ser ilimitado, su traducción significa “felicidad”, reciben trato privilegiado por parte del servicio. Las mujeres del amo son cuatro oficiales como establece el Corán y nunca más. Aunque pueden ser repudiadas o sustituidas. Las Kalfas o camareras y las danzarinas o cantantes son las otras féminas de la ciudad prisión. Son objetos que dan prestigio a su señor, cuantas más tiene un príncipe más alto erige su poder y más hijos le engendrarán, lo que también le hacen más admirado. Pero en la antigüedad también se daba el caso contrario, de que las concubinas inteligentes y las madres de los sultanes se hacían con el poder real del lugar. Mujeres que portaban el título de sultanas y que llevan como símbolo un fetiche viril, una daga en la cintura.

Las odaliscas

La danza del harén

Las odaliscas, por lo general, no eran presentadas ante el Sultán, pero a aquellas que eran de extraordinaria belleza y talento se las consideraba como concubinas en potencia, y se las adiestraban en consecuencia. Aprendían a bailar, recitar poesía, tocar instrumentos musicales, y demás conocimientos dirigidos a deleitar al Sultán. Sólo las odaliscas más dotadas fueron presentadas al Sultán como su personal gedikli (criadas en espera), en número reducido. Generalmente, las odaliscas serían adjudicadas como criadas a la oda (o Habitación/cámara de palacio) de una mujer de categoría superior que habitaba en dichas dependencias. Era posible para estas odaliscas escalaran posiciones en la jerarquía de harén y disfrutaron de la seguridad por su poder y posición.

Los niños

Mujeres del harén.

Nacen hijos de fastuosas prisiones y algunos jamás conocen la libertad. Dentro de las murallas es muy difícil que una esclava o concubina tenga un hijo, pues recurren a miles de trucos para no engendrar o provocarse abortos, en espera de que sus descendientes no sean carne de mercado en los harenes. Normalmente los niños de las esposas oficiales, o concubinas preferidas si nacen, ya que ellos reciben un trato especial y es extraño que un sultán venda o comercie con esa descendencia. A veces eran los propios amos ayudados por sus mutilados mudos los que provocaban las masacres de los niños hijos de esclavas o servicio. Dándose también las ocasiones en las que el dictador, ha mandado matar, mutilar o martirizar a sus propios sucesores, por celos o miedo a ser derrocados. Y todo esto siendo niños.

Mujeres del harén.

Incluso se han dado veces en que han sido vendidos a otros harenes después de la circuncisión para ser juguetes de perversión de las esposas y luego de los eunucos. Si tiene suerte de superar este miedo a la continuidad y sucesión de sus progenitores serán desde la infancia dirigidos a la decisión de futuro que haya tomado su padre (como sucedía antiguamente en el pueblo faraónico): oficiales del ejército, militares de alto rango, ministro de un monarca musulmán o heredero. Los niños no reconocidos o de servicio terminan siendo de todo, pero sin responsabilidad ninguna. Serán adiestrados según su fortaleza física en azamoglans: marineros, carpinteros, orfebres. El primer grupo, azamoglans, resultará analfabeto. Se le potenciarán sus fuerzas físicas y se les adiestrarán en la obediencia y las leyes. Los icoglans pasarán épocas de martirio, ayunos, pero tendrán la oportunidad de no ser analfabetos pues se les enseñara a leer y a estudiar religión. También se les adiestrará físicamente pero para potenciar la lucha y la agilidad, mientras se les instruye en los idiomas: turco, árabe y persa fundamentalmente. Los cuatro últimos años serán enseñanzas explícitas según el cargo que deban desempeñar en el futuro. El día de su fin de carrera se trasladan a la habitación de los cuarenta pajes, la Hozada, allí esperarán a que su señor les de el cargo que deben desempeñar. Doce de ellos serán elegidos para desempeñar papeles importantes dentro del harén, y si son fuera, les eligen y aleccionan a representar a su amo. Comida, armarios, despensa, compra, caballerías, así doce jefes saldrán de esa habitación. Las escuelas son salones llamados Odas. Los maestros son eunucos blancos. Los alumnos no pueden tener vida social con sus compañeros. Deben vigilar su silencio y no provocar habla o la comunicación entre sus compañeros. Los niños duermen en largas salas donde nunca se apagan las luces y donde son controlados por eunucos en grupos de cinco o seis. Sin embargo, lo más sorprendente de los harenes son sus mutilados y deformes habitantes: eunucos, mudos, sordos y ciegos, así como enanos, son miembros de rango del servicio del único (señor del harén).

Eunucos

Los Eunucos

Ellos son las personas de más confianza y los que tienen a su cargo la custodia del resto de los miembros de habitantes de esos paraísos amurallados. Respetados por las mujeres y niños, entre quienes provocan miedo y autoridad. Controlan cada movimiento y dan cuenta al sultán de los intentos de subversión o los comportamientos fuera de ley. Los eunucos son castrados desde infantes para ocupar este puesto de vigías. Con esta mutilación física sus amos eliminan su posible rebelión o las ideas adversas que pudieran provocarles sus deseos sexuales o sentimentales. También reducen sus hormonas estas castraciones lo que les hace personas pacíficas. Después de muchas disputas los estudiosos de las costumbres islámicas y de los harenes pensaron que los eunucos se dividían en cuatro bloques. Los que nacían mutilados, los que eran esterilizados, los castrados y los que no eran fértiles. Y según fuera el color de su piel eran distribuidos en sus cargos. Los blancos se hacían parte del servicio alto, a ellos se le daba la custodia y la vigilancia de los miembros importantes. Ellos eran los maestros y los instructores de los niños. Y son la escolta del propio príncipe. El jefe de los eunucos blancos era el brazo derecho de los sultanes, mostrando a veces más poder dentro del gobierno que el gran visir del lugar. Ellos decidían quienes franqueaban las murallas y hasta donde podían hacerlo. Los eunucos negros eran los custodios del harén femenino, protectores de las puertas interiores. Sombras diurnas y nocturnas de las esposas, cuanto más feos son más valor ostentan en el mercado. Controlan desde la comida hasta las ropas de las esposas y concubinas. La idea de su fealdad da valor a la belleza de su señor, por el único por el que las mujeres del amo deben suspirar. Los enanos ejercen de bufones y charlatanes, produciendo las risas de las horas de ocio de su señor. Y los mudos o los sordo-mudos tienen las misiones más tenebrosas, pues son los brazos ejecutores de las iras de su señor. Los mudos se encargan de las ejecuciones de las mujeres promiscuas, de los parricidios y de otras salvajes ideas de esa ley interna de los harenes.


Cotidianidad en un harén Imperial otomano siglo XIX

La vida cotidiana dentro de un Serrallo (haren)ha pasado a la historia como eventos situados en aposentos ajenos y anómalos a la vida Occidental visto como un componente subdesarrollado omprendido por otros pueblos que consideran a la mujer como un elemento inane dentro de la herencia patriarcal islámica. El Imperio Otomano conocido hasta ahora como el más grande y poderoso estado musulmán de todos los tiempos, logró adentrarse a las murallas de Constantinopla (Estambusl en la actualidad) en 1453, proseguido por constantes hazañas territoriales logradas por las siguientes generaciones de sultanes, quienes manifestaban su fe completamente a la rama suni del Islam, por lo que su vida fue regida por la hanafi, leyes del Corán, consideradas como las leyes más abiertas del Islam. En la conclusión lógica del sultanato otomano, la formación de la familia es completamente diferente a la idea de marido y esposa, sino a una figura patriarcal, por lo tanto, el sultán era la cabeza única de la familia dinástica, y también esta era la razón, por la que la idea de una reina oficialmente reconocida era tan ajena al Imperio Otomano como a las otras formas de gobierno islámicas.

El harén fue un tipo de reino miniatura con su propia organización de leyes y políticas internas elaboradas. A principios del siglo XIX el harén estaba ubicado en los aposentos del Palacio Topkapı que fue la primera residencia oficial en Constantinopla (Estambul) dictaminado por Mehmet II el conquistador en 1465 y se continuaron los aposentos del Serrallo hasta 1853, cuando el Sultán Abdulmecid I, el trigésimo primer sultán del Imperio mandó a construir el palacio Dolmabaçe en 1842, donde pasarían los aposentos del harén. Y finalmente el palacio de Çiragan terminado de construir en 1867, edificio suntuoso de mármol blanco construido durante el periodo de Abdul-Aziz Sultan. Este último sería el último palacio otomano antes de la revolución de los jóvenes turcos en 1908.

El propio sistema jerárquico del harén cambiaba de acuerdo al sultán y a la época. En el siglo XIX, las mujeres que atendían las necesidades del sultán tenían su propia jerarquía; en la cabeza se encontraba la Reina Madre o la Sultana Valide que era la madre del sultán que reinaba en ese momento, y soberana del harén. Si el sultán llegaba al poder en la niñez, era la sultana-Valide la que aseguraba la regencia en el Imperio hasta su mayoría de edad, pero a la muerte del sultán, esta quedaba totalmente fuera del harén.

En el nivel siguiente estaba la Haseki que era la favorita, porque dentro de las Ikbales que eran las mujeres oficiales del Sultán, la Haseki es la que le daba el primer hijo varón, el heredero al trono. Entonces los demás hijos de las Hikbales eran considerados como príncipes o princesas y en el siglo XIX a estas princesas se les denominaba sultanas por tener sangre directa del sultán, eran educadas y vivían dentro de Serrallo, pero no formaban parte del harén de las mujeres del sultán y normalmente eran casadas con chás o beys del Imperio.

El siguiente grupo era la Gedikli Kadın que eran las esclavas privadas del sultán, con funciones de limpieza directa hacia él.. Siguiendo las Odalicas, conocidas en el mundo occidental como Odaliscas o concubinas, que eran mujeres jóvenes que formaban parte de las actividades artísticas dentro del harén y que ocupaban la cama del Sultán.

El siguiente grupo eran las Gözde que eran jóvenes esclavas del harén, que habiendo llamado la atención del sultán, compartían su cama. Ya en el siglo XIX las pequeñas sultanas (las hijas del Sultán), la Haseki, y las Ikbales tenían sus propias esclavas que a veces podían ser negras o jóvenes caucasianas, conocidas como Cariye. A las sultanas y favoritas del sultán se les fomentaba varias actividades artísticas, como el canto, pero principalmente a tocar instrumentos como el arpa, violín, tamboril, el salterio y la citara.

Leyla Hanım, hija del doctor Imperial Ismail Paça, quién llegó al puesto de cirujano jefe del sultán Mahmud en 1839 fue una de las pocas privilegiadas al poder vivir dentro del haren imperial durante el reinado de Abdul Aziz en el Palacio de Çiragan.

«La estancia principal del Harén era el gran vestíbulo del primer piso, los aposentos de la Valida-Sultana se componían de cuatro habitaciones y se encontraba del lado del pabellón del sultán, las esposas del Sultán Kadinas e Ikbals, tenían dos habitaciones cada una. Mientras que las habitaciones de las grandes Calfas (esclavas que ungían como educadoras) daban inmediatamente a la habitación de su dueña. A través del Mabeyn, que es el lugar intermedio entre el harén y el Serrallo, era parte del jardín imperial ocupado por el personal masculino, y era por este sitio donde el sultán subía a un puente y de un pasadizo entraba del Serrallo al jardín del Harén».

Otro aspecto que se puede conocer gracias a los relatos de Leyla Hanim y de otras hijas de grandes dignatarios del Imperio o parientes cercanos de los Damads (maridos de las Sultanas) es que el harén era un lugar privado para las mujeres, sin embargo, el harén Imperial Otomano, estaba bajo el control de los eunucos. El imán (guía ritual de la oración) se encargada de su instrucción, les enseñaba la oración, lectura y escritura. Según la tradición, los eunucos tenían su propio sistema jerárquico, y el Kizlar-Aghasi es quién tenía la función de los asuntos del harén. La sultana Madre y así como las esposas del sultán y las grandes princesas, todas tenían un primer y segundo eunuco a su merced. Llas esposas del sultán no se podían mostrar a los eunucos. Los Aghasi ancianos y de elevado rango podían permanecer en las habitaciones de las Calfas, los demás aguardaban las órdenes de pie. Los Aghasi tenían estrictas órdenes de salir al momento en que se cierran las puertas, tres horas después de la puesta del sol y ninguno de ellos podía permanecer allí durante la noche. Los eunucos de guardia vigilaban la entrada y salida de los empleados que hacían la limpieza del harén y los eunucos del halvet son los que acompañaban si era necesario al médico, carpintero, profesores de danza y música, llamados al harén.

Durante las clases de música y danza en los palacios de Çiragan y de Dolmabaçe , la parte a lado de los aposentos dentro del Serrallo estaba destinada a la clase de música. Los profesores eran hombres, las bailarinas acudían sin velo ya que estaba permitido a las esclavas mostrarse a los hombres sin velo, pero iban acompañadas de los eunucos. En las fiestas imperiales, los grupos musicales y las orquestas femeninas del harén tocaban por turno junto con la orquesta del Sultán. Sin embargo, las salas donde se llevaban a cabo las clases de música no eran accesibles a todo el mundo; ya que los personajes importantes del Serrallo podían escuchar las lecciones colocándose afuera de las puertas. Las sultanas tenían sus propios grupos de baile, tanto de danzas europeas como turcas y de igual forma el Sultán, tenía su propio séquito de bailarinas, no obstante las órdenes del Sultán se comunicaban por medio de las Haznedar, que eran las mujeres que ocupaban el rango más alto en la jerarquía del personal femenino artístico y de gran influencia.

Leyla Hanim, nos relata que:

«Los pequeños príncipes, durante sus primeros años habitaban dentro del Serrallo; cada uno tenía una nodriza y una criada, elegidas entre las esclavas del Palacio Imperial. La nodriza amamantaba y la criada cuidaba al niño que crecía bajo la vigilancia de la madre. nadie podía tomar en sus brazos ni besarle a un pequeño príncipe excepto su nodriza y su criada».

Los príncipes imperiales de mayor edad evitaban cuidadosamente mantenerse en los vestíbulos del Serrallo. Las esposas de los príncipes eran designadas con sus nombres seguidas del prefijo khanım (en turco significa señora), ya que no obtenían el titulo de sultana, que es sólo reservado a las princesas de sangre imperial.

Las mujeres del harén se les tenían prohibido salir el Sultán autorizaba la salida de todas las mujeres del Haren. Las jefas de la Ceremonia avisan a las sultanas y a las esposas del Sultán del esperado “paseo en común”, cada una acompañada con su respectivo eunuco y a los costados con los lacayos del haren, quienes vestían una túnica negra manteniéndose alineados mientras caminan a lado del coche de las sultanas, el personal destinado a cada princesa seguía a su dueña y así, en grupos sucesivos el harén Imperial se diseminaba por los lugares de paseo. Incluso se realizaban las compras en el Gran Bazar de Estambul, pero no consideraban conveniente detenerse ante las tiendas o entrar a ellas, así que se instalaban en la mezquita de Nuruosmaniye en la parte reservada para el Sultán y allí los tenderos avisaban y llevaban sus mercancías.

Durante el Ramadan acudían los hafiz ( los que conocen de memoria el Corán) a recitar en el palacio imperial como en las mezquitas, En el palacio, se hacía en las estancias contiguas al harén, donde podían acudir las kadinas y sultanas a escuchar a los predicadores detrás de de rejillas. Asimismo las sultanas y las esposas del sultán junto con sus calfas, podían salir a visitar las tumbas de los sultanes y de los santos, a hacer oración a las mezquitas, exclusivamente en los palcos enrejados del Sultán. En el decimoquinto día del Ramadán se hacía la ceremonia del Hirka-i-Shefir, que se celebraba en el palacio de Topkapi, donde se conservaban las reliquias del Profeta y de los primeros calfas.

¿De dónde se escogen a las mujeres para pertenecer a un harén imperial?

Desde tiempos remotos el harén otomano se componía sólo de jóvenes esclavas circasianas o georgianas que entraban al Palacio desde muy pequeñas y eran instruidas por las veteranas. Mientras que las rebeldes o poco dotadas eran inmediatamente descartadas y sólo se conservaban las más hermosas e inteligentes. Estas jóvenes circasianas o georgianas eran a menudo raptadas o incluso ellas mismas buscaban voluntariamente la esclavitud con la esperanza de elevar su situación.

Las muchachas circasianas eran llevadas a Constantinopla y pasaban a manos de vendedoras de esclavas turcas. Muchas de estas esclavas eran de origen aristocrático con parientes ricos, sin embargo, la razón que lleva a ellas mismas a escoger la esclavitud procede a menudo a que se niegan a aceptar un matrimonio indeseable y escapan en busca de un esposo que consideren digno de ellas, y sólo se dejan vender a gente que les conviene y muchas de ellas se negaban a convertirse en Odalicas o concubinas.

El precio de una esclava variaba según la edad, belleza, gracia, cualidades o defectos. Las esclavas que ya no son vírgenes pierden la mitad de su valor, las que ya están amamantando eran muy buscadas para convertirlas en nodrizas. El hombre que compra una esclava tiene derecho a verle previamente el rostro y examinarle, pero sólo hasta las rodillas. La mayoría de las mujeres que entran al Serrallo son las que desde pequeñas, elegidas entre las más bonitas, fueron educadas con el mayor cuidado, apartadas de los servicios que marchitan el cuerpo y las manos; se les instruyó en música y buenas maneras y eran vendidas al mejor postor, que normalmente eran pretendientes de Egipto, de la India, Bagdad o incluso por la misma Sultana Madre con la intención de regalarla al Sultán.

Los famosos hammam (baño) turcos

Lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador inglés quién a finales del siglo XVIII describe sus visitas al palacio Topkapi donde conoció a Hafise la viuda del Sultán Mustafá II, describe como mantuvo una amistad con Fatima, la segunda hija de Ahmet III, asi como su visitas al haman turco o baño turco. Lady Mary nos cuenta en su libro Cartas desde Estambul

«Si, estamos propensos a creer que la libertad es felicidad, entonces las mujeres turcas son las más felices, porque ciertamente son los individuos más libres del Imperio».

Tambien nos dice

«Todas iban como vinieron al mundo, sin ocultar bellezas ni defectos. Sin embargo, entre ellas no advertí la menor sonrisa desvergonzada ni el menor gesto de modestia. Había entre ellas algunas tan bien proporcionadas como cualquiera de las diosas dibujadas por Tiziano… Inventaban escándalos, corrían chismes y se contaban las últimas novedades, igual que en un salón de té en Inglaterra. Las damas estaban sobre almohadones, ocultos entre sus cuellos recibiéndose, yo me quedé impresionada de la belleza de la sultana, quien tenía ojos profundos de color azul y cabellos dorados, siendo muy diferente a lo que yo esperaba de un harén otomano ».

Actualidad

Hoy en día la practica de los harenes está prohibida y la de la castración desde 1922 abolida en Turquía por Kemal Taturk, personaje que también abolió en su momento el uso de velo en la mujer, pero las investigaciones demuestran que son prácticas que todavía perduran entre los pueblos musulmanes. Prueba de ello es el uso de las leyes islámicas en Afganistán por parte de los integristas. Sigue también viva, aunque penada por las leyes humanitarias mundiales está la práctica de la esclavitud. Las ideas integristas de algunos países de religión islámica como ha sucedido en Afganistán, ha hecho retroceder en el tiempo a los habitantes de estos países, dónde no sólo han resurgido los harenes y los velos en los rostros de las mujeres, sino las leyes de ejecución a los que no las cumplan.

Fuentes