Hernán Díaz Arrieta

Para otros usos de este término, véase Alone (desambiguación).


Hernán Díaz Arrieta
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Influyente crítico literario chileno.
NombreHernán Díaz Arrieta
Nacimiento11 de mayo de 1891
Santiago de Chile, Bandera de Chile Chile
Fallecimiento24 de enero de 1984
OcupaciónEscritor
Conocido porAlone
PadresTeresa Arrieta Cañas y Francisco de Paula Díaz Rodríguez

Hernán Díaz Arrieta, más conocido como Alone es considerado como el más influyente crítico literario chileno, fue una personalidad imprescindible de la escena cultural chilena del siglo XX.

Síntesis biográfica

Nació el 11 de mayo de 1891 en Santiago de Chile. Fue el un décimo y penúltimo hijo del matrimonio entre Teresa Arrieta Cañas y Francisco de Paula Díaz Rodríguez. Ella era una tímida dueña de casa dedicada al cuidado de sus hijos, y él un agricultor de clase media que tenía a su cargo el fundo de un pariente en Campusano, Aculeo, donde Hernán vivió hasta los doce años.

La familia Díaz Arrieta se encontraba casi al borde la ruina, ya que, según contó después Alone, su padre huía de la riqueza tanto como la riqueza huía de él: "Todo provenía de la honradez, virtud muy castigada que engendra casi siempre la pobreza y de la cual la riqueza procede rara vez.

Alone no da cifras ni datos exactos sobre la magnitud de la precaria condición de su familia, pero con ironía relata: "In illo tempore, nuestra pobreza tocaba límites heroicos. Unos tras otros se habían ido cerrando los caminos que debían conducirnos a una maravillosa opulencia; pero la activa imaginación de mi padre no se desalentaba.

A diferencia de mi madre, más vasca y positiva, él se inclinaba del lado de los sueños. La declinación de nuestra fortuna había llegado a hacerse proverbial en la familia; pero la comentábamos sin acritud ni reproches, casi como un título y hasta una honra". En todo caso, los Díaz Arrieta ni siquiera tenían un fundo de su propiedad.

Pese a su pobreza, Alone no paraba de jactarse de que sólo sangre europea, vasca y castellana, corriera por sus venas. Vivió siempre con una obsesión casi patológica por la aristocracia, lo que lo llevó incluso a cegarse en sus juicios literarios. Hernán Díaz nunca asistió a la Escuela Primaria.

Su infancia estuvo llena de los pasatiempos campesinos, y en esa época su actividad preferida era montar a caballo. Sin que su familia fuera excepcionalmente culta, de todos modos sus padres eran aficionados a la literatura, especialmente a los libros de historia o de viajes y a los romances de Walter Scott, que traducían a sus hijos para entretenerlos. Todo cambió para Alone la primera vez que tomó un libro en sus manos: ese gesto se convirtió para él en un acontecimiento vital.

Su hermana mayor le enseñó a leer y desde entonces su vida estuvo consagrada a la literatura, que el crítico llamaba el "vicio impune", recordando el término usado por el escritor Valery Larbaud. Años después, Alone descubriría que la lectura no era un vicio libre de castigo, porque "fatiga los ojos, el espíritu se cansa y el lector convertido en una creatura aparte, en un solitario que huye de las muchedumbres, va poco a poco deslizándose del lado de los sueños" .

Desde entonces Alone se consagró a los libros de tiempo completo, primero como escritor y luego como crítico literario. Esto no fue muy bien visto por su familia: "Mi precoz tendencia a la lectura, aún sin prever su consecuencia, el amor a la escritura, inspiraba en mi casa ideas siniestras. De ahí, por esa senda, sólo podían venir en cortejo encadenado: la ruina, la irreligión, el descrédito, la pérdida de la fe y de las buenas costumbres y, como funesto corolario, la siutiquería.

Todos los medios imaginables se pusieron en obra para impedírmela: vigilancia, asechanzas, prohibiciones, persecuciones, amenazas, gritos, golpes. La palabra literato que se pronunciaba frunciendo mucho los labios, contraponíase con violencia a la de persona decente y hasta implicaba, junto con la ridiculez y cierto descuido, una indumentaria roñosa y el delito de pedir plata prestada o pegar sablazos. Yo no lo discutía. Pero, ¿quién escapa a su destino?”.

Estudios

Al llegar a Santiago de Chile, Alone entró al Seminario de Santiago con una beca que don Blas Caña había dejado para su familia. De su paso por ese colegio guarda los peores recuerdos, incluso una vez dijo: "Dentro de un siglo, en quién sabe qué planeta o qué reencarnación, todavía respiraré, porque `No estoy en el Seminario'. Gran felicidad".

Al parecer, fue demasiado el contraste entre su vida campesina y ese lugar que Alone describía como una cárcel que, contrario a él, la mayoría visitaba con la intención de convertirse en sacerdote. Para su fortuna sólo cursó hasta Primero de Humanidades, porque luego ingresó al Instituto Comercial, donde estuvo apenas un año, y más tarde a la Escuela Dental por seis meses.

Un verdadero rito iniciático es el que describe a propósito de su primera visita a la Biblioteca Nacional, que quedaba en Compañía esquina Bandera, cuando tenía apenas trece años. Alone no tenía plata para ir a teatros ni a paseos, tampoco para comprarse libros, por lo que decidió ir a ese lugar en el que, según le habían contado, con sólo pronunciar una palabra se recibía un libro prestado.

Su vértigo fue inmenso cuando dijo: "Las treces noches de Juanita", de Paul de Kock, y el funcionario le entregó el libro de sus sueños. Cuenta que se sintió como Aladino, que con sólo frotar su lámpara cumplía todos sus deseos.

Desde entonces las visitas a la Biblioteca Nacional se hicieron frecuentes y también los libros que pedía prestados para llevarse a casa gracias a la sección "Lectura a Domicilio". Después de todo lo leído se quedó con los tres grandes amores de su infancia: Taine, Renan y Saint-Beuve.

Si a Alone los libros no le "secaron el cerebro" como al Quijote de Cervantes, sí se convirtieron en la droga más poderosa que podría haber consumido: "Mirar fijamente un papel surcado por hileras de signos, parecidos a arañas; quedarse inmóvil, ajeno a las circunstancias exteriores, como absorto y, sin mayor motivo, oír que extrañas voces suenan, ver desfilar figuras, aquí una pareja abrazándose, allá otra que también parece luchar; divisar un fondo de calles, de campos, de avenidas y árboles lejanos y sonreír al espectáculo, estremecerse contemplándolo, sentir furia, terror, o los más dulces y tiernos sentimientos, he ahí algo que, sin estar advertido, podría tomarse como un rapto de locura, una operación de magia o el efecto de las drogas alucinantes. Pero le aplican un nombre: leer".

Alone combinaba los estudios con esta obsesión por los libros y, desde muy joven, con el trabajo. A los catorce años un primo político que era Subsecretario de Justicia le consiguió un empleo público, para que trabajara en las tardes, dos horas diarias. Alone aceptó por el sueldo de 66 pesos y 60 centavos que iba a recibir, y entonces se convirtió en el Escribiente Tercero de la Segunda Inspección del Registro Civil.

Él, que toda su vida fue un solterón empedernido, se dedicó durante veinticinco años a casar parejas, hasta que jubiló en 1931 cuando se había convertido en el Director del Registro y trabaja jornadas completas en su puesto.

El destino quiso que, justo con su entrada a la institución, las actas se empezaran a escribir a máquina, por lo que Alone se familiarizó con las famosas "Underwood". Otra jugada del destino fue que su jefe, don Carlos Luis Hübner, era un escritor e ilustre periodista que motivó a Alone a escribir.

Además, su hijo Jorge Hübner había sido amigo de Alone en el Seminario, y luego mantuvo con él una relación epistolar. Entre carta y carta Jorge, que seguía en el Seminario, le enseñó las primeras reglas de la escritura.

La primera novela de Alone fue una melosa historia de dos amantes desdichados, que cuando estuvo terminada le pareció tan siútica a su autor, que terminó quemándola. Entonces Alone pensó en la crítica, y empezó a llevar una cuenta de los espectáculos que veía.

Con todo, Alone le fue dedicando cada vez menos tiempo a los estudios, hasta que fue expulsado del Instituto Comercial. Su salida se produjo cuando, en un examen de contabilidad, Alone dio una respuesta inapropiada, que al escribir sus memorias no pudo recordar. Lo que sí recuerda es lo que le contestó el examinador: "Yo también tengo un tío que toca la flauta”. Su suerte no fue muy distinta en la Escuela Dental, a la que entró presionado por sus padres. Cuando apenas llevaba un semestre estudiando, sus aspiraciones de convertirse en dentista se vieron sepultadas en una escena dantesca.

Necesitaba una cabeza humana para practicar, por lo que, junto a su amigo Félix Sanfuentes, se consiguió el cadáver de un anciano. Era un muerto completo, de arriba a abajo, pero ellos sólo necesitaban la cabeza. Se citaron un día para decapitarlo, mediante serrucho y bisturí. Pero la tarea no fue fácil.

El viejo resistió obstinadamente, hasta que Félix Sanfuentes puso una rodilla sobre el pecho del muerto y lo tiró de la cabeza, con lo que se cortaron las últimas cuerdas cervicales. La misión no terminó con el viejo degollado, después hubo que partirlo en dos: media mandíbula para cada alumno. Tras horas de trabajo Alone se percató de que el anciano no era el único decapitado: junto a él se había partido su obediencia y la posibilidad de dedicarse a cualquier cosa que no fuera la literatura.

Años más tarde dijo: "Casarse por interés con una mujer desagradable es tan absurdo como seguir, por razones económicas, una vocación que no se ama: se vende, para conseguir la dicha, la misma dicha que se quería conseguir”. Sus experiencias educacionales llevaron a Alone a tener el firme convencimiento de que lo mejor es ser autodidacto, como de hecho lo fue. Cuando niño había soñado con una escuela superior de "bellas letras", con una academia o instituto donde un escritor pudiera formarse.

Después se dio cuenta de que, a pesar del tiempo perdido en lecturas inútiles, aprender solo tenía la ventaja de jamás padecer la "deformación profesional del pedagogo": "Como nunca he tenido un título de nada y ningún certificado de sabiduría me ha inspirado la ilusión de conocer completamente algo, siempre me siento aprendiz y estoy empezando a estudiar; las cosas, por tanto, me interesan prodigiosamente, todas las cosas, y me toman de nuevo, me sorprenden, me atraen".

Esta profunda inquietud que le producían las cosas lo llevó incluso a hacer un curso de hipnotismo por correspondencia desde los Estados Unidos, en el "New York Institute of Science", del profesor Le Sage, que le significó la obtención del diploma de "Doctor en Ciencias Hipnóticas".

Trayectoria literatura

En 1909 apareció la primera publicación de Alone: un cuento en la revista "Corre-Vuela", hija secundaria de "Zig-Zag". Ese mismo año publicó su primer libro, escrito junto a Jorge Hübner. Se llamó "Prosa y verso", la prosa a cargo de Díaz y el verso a cargo de Hübner. Se imprimieron mil ejemplares; sólo nueve fueron vendidos. Alone se convirtió en colaborador de "Corre-Vuela" y, cuando su director Roberto Alarcón fue ascendido a la dirección de "Zig-Zag", él ascendió también. También colaboró en otras revistas como "Selecta", dirigida por Luis Orrego Luco, el autor de "Casa Grande", además de trabajar esporádicamente en otras publicaciones.

Por este mismo tiempo ingresó a la redacción de "El Diario Ilustrado", donde sus escritos consistían en sueltos de redacción, a diez pesos cada uno, y en reportajes a quince pesos. Escribía sobre asilos, monjas e Instituciones de Beneficencia.

En 1912, en una excursión a Las Cruces con el propósito de conocer el mar, Alone entró a una casa que era una especie de castillo. Ahí conoció a don Alfredo Barros Erráruriz, y cuando terminó su visita Hernán Díaz ya se había convertido en el secretario de redacción de "La Unión", un diario eclesiástico. Alone -católico y anticomunista- no tuvo problemas con trabajar en una publicación de iglesia.

Ahí consiguió una página semanal, íntegra y sin avisos, para escribir de literatura, como lo hacía Omer Emeth, su admirado crítico de "El Mercurio". Los lunes, un día "muerto" de noticias, aparecían los artículos de Alone sobre Joaquín Edwards Bello, Pedro Prado, Vicente Huidobro, y los otros intelectuales de la época, y recibía por este trabajo 150 pesos al mes: "No eran críticas literarias; lo declaré desde el primer instante; eran simples impresiones del lector, comentarios como los que puede hacer cualquiera a propósito de una obra que le ha gustado o disgustado cuando conversa con un amigo".

Pero la pluma de Alone ya en esa época estaba cargada de ironía. Una sarcástica alusión a Josefa Smith y su hija María, dos aristócratas damas, hizo que el arzobispo González Eyzaguirre lo echara del diario en 1913. Desde entonces el clero se convirtió en una de las víctimas de Alone, quien no perdía oportunidad para subrayar los defectos de la Iglesia.

La salida de "La Unión" provocó una disminución en sus ingresos económicos, pero siguió como colaborador de "Zig-Zag", "El Diario Ilustrado", "Sucesos" y "Pluma y Lápiz", en las que escribía de literatura y también de temas misceláneos. En 1914 continúa su labor de crítica literaria en la revista "Pacífico Magazine", de Alberto Edwards.

En 1921, gracias a la ayuda de su gran amiga Iris - Inés Echeverría Larraín- se convirtió en el crítico literario de "La Nación", cargó que ocuparía hasta 1938, cuando fue expulsado por el gobierno del Frente Popular, contrario a sus ideas políticas. También había comenzado a colaborar, desde 1924, en la revista "Atenea", de la Universidad de Concepción. "El Mercurio" no tardó en llamarlo para que ingresara a sus filas luego de su expulsión de "La Nación", de las que fue miembro hasta su retiro, poco años antes de morir en 1984, enfermo pero totalmente lúcido.

Otro hito importante de su carrera fue la obtención, en 1959, del Premio Nacional de Literatura, hecho que causó polémica por ser otorgado a un crítico y no a un creador puro. Por ejemplo, inmediatamente después de su nombramiento apareció en la revista literaria de la Sociedad de Escritores un artículo diciendo: "Señor Alone: ahora escribirá usted algo".

Como Hernán no solía quedarse indiferente frente a los ataques, contestó: "El crítico, según el juicio de una vasta mayoría, no es un escritor sino algo así como un subproducto de los escritores, una excrecencia que les sale al margen, especie de parásito que se alimenta de los grandes árboles, sin desdeñar las pequeñas flores... Y lo grave, lo serio, también lo cómico, lo ridículo, es que en el fondo no les falta cierta dosis de razón".

Esta quieta repuesta deriva de que a Alone no le interesaban los reconocimientos, y además tenía una pésima opinión del Premio Nacional de Literatura. Años antes de recibirlo, y cuando ya se daba su nombre entre los posibles candidatos, había dicho: "Desearía eliminarme de este concurso anual y obligatorio. No me gusta. Lo hallo desagradable y un poco deprimente. ¿Qué significa esa carrera de animales en la cancha?”.

Otros reconocimientos recibidos por Alone fueron ingresar, en 1976, a la Academia Chilena de la Lengua y a la de Historia, y recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Chile. En resumen, se había convertido en el sucesor de su maestro Omer Emeth y lo había superado con creces.

Muerte

Muere el 24 de enero de 1984.

Misiones y distinciones

  • En 1951 deviene miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua (correspondiente de la Real Academia Española), ocupando el sillón n°7 (sucediendo a Miguel Cruchaga Tocornal).
  • En 1953 se incorpora como miembro de número a la Academia Chilena de la Historia, bajo la medalla número 11 (en reemplazo de don Guillermo Edwards Matte).
  • En 1957 la Fundación Rockefeller lo invitó a Nueva York para ordenar los escritos inéditos de Gabriela Mistral.
  • Es distinguido en 1959 con el Premio Nacional de Literatura.
  • La Universidad de Chile le otorga el grado de Doctor Honoris Causa en 1976 (por medio de la Facultad de Filosofía y Letras), notable reconocimiento de la calidad académica de un autodidacto.

Principales escritos

Al margen de sus crónicas, Alone escribió los siguientes libros:

  • Prosa y Verso, 1909 (con Jorge Hübner padre)
  • La Sombra Inquieta, 1915 (su única novela)
  • Historia de una obra pía víctima de una obra impía, 1927
  • Portales Íntimo, 1930
  • El Lincoln de Ludwig
  • Panorama de la Literatura Chilena, 1931
  • Las Mejores Páginas de Marcel Proust, 1933
  • Las Cien Mejores Poesías Chilenas.
  • Don Alberto Blest Gana, 1940
  • Gabriela Mistral, 1946
  • El Congreso de las Academias, 1951
  • Historia Personal de la Literatura Chilena, 1954 (tal vez su obra más influyente)
  • La Tentación de Morir, 1954
  • Aprender a Escribir, 1956
  • Historia de la Biografía, 1959
  • Memorialistas Chilenos, 1960
  • Leer y escribir, 1962
  • Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena, 1963
  • Bello en Caracas, 1963
  • Antología del Árbol, 1966
  • Literatura Francesa, 1971
  • En la Batalla Política, 1974
  • Pretérito Imperfecto, 1976 (sus memorias)

Fuente