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Iguanodonte

Iguanodonte
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Iguanadon.jpg
Clasificación Científica
Reino:Animalia
Filo:Chordata
Clase:Sauropsida
Orden:Ornithischia
Familia:Iguanodontidae

Iguanodonte. Su nombre significa Diente de Iguana. Vivió a principios del Cretácico. Media diez metros de longitud y pesaba aproximadamente cinco toneladas. Era herbívoro y su dieta probablemente consistía de cicadas y otras plantas prehistóricas. Los restos fósiles encontrados en Bélgica indican que el Iguanodonte probablemente vivía en manadas. En la mano tenia cuatro dedos largos y un pulgar en forma de púa, que tal vez usaba como arma. Se han encontrado restos fósiles en Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Inglaterra y el Norte de África.

Historia

El descubrimiento de Iguanodon ha sido acompañado a lo largo del tiempo por una popular leyenda. El primer rastro de un Iguanodon fue un diente fosilizado encontrado por la esposa de Gideon Mantell, Mary Ann Mantell, en los estratos del Bosque Tilgate (Cuckfield, Inglaterra), mientras su marido revisaba un paciente. Sin embargo, no hay evidencia de que Mantell llevara a su esposa con él mientras veía a sus pacientes. Además, admitió en 1851 que él mismo había encontrado los dientes. Ninguno afirma que la otra historia es falsa. Sin importar las circunstancias exactas, inspeccionó el área en busca de más fósiles, y consultó a los expertos sobre fósiles de su tiempo en cuanto a qué clase de animal pudieron pertenecer los huesos.

La mayor parte de los científicos, por ejemplo William Buckland y Georges Cuvier, pensaron que los dientes eran de pez o mamífero. Sin embargo, Samuel Stutchbury, un naturalista del Real Colegio de Cirujanos, reconoció que se asemejaban a los de una iguana, no obstante veinte veces de más grande. Mantell no describió sus descubrimientos hasta 1825, cuando presentara un trabajo en la Royal Society de Londres. En el reconocimiento de la semejanza de los dientes a los de la iguana, Mantell nombró su nuevo género Iguanodon o "dientes de iguana", a partir de iguana y del griego odontos ("diente").

Basándose en una escala isométrica, estimó que la criatura habría alcanzado los 12 metros de largo. La idea inicial fue llamarlo Iguanasaurus ("lagarto iguana "), pero su amigo William Daniel Conybeare le sugirió que ese nombre era más aplicable a la misma iguana y que mejor seria llamarlo Iguanoides ("como una iguana ") o Iguanodon. Tuvo el descuido de no asignar nombre a la especie para formar la apropiada nomenclatura binomial, así que el nombre fue suministrado en 1829 por Friedrich Holl: I. anglicum, que fue enmendado más adelante como I. anglicus.

Años después se encontró un espécimen más completo de Iguanodon en una cantera de Maidstone, que Mantell adquirió e identificó basado en el diente que tenía. La losa de Maidstone permitió las primeras reconstrucciones esqueléticas e interpretaciones artísticas de un iguanodonte. El error más famoso fue la adición de un cuerno, también descubierto por la esposa de Mantell, sobre la nariz del dinosaurio. El descubrimiento de muchos mejores especímenes de I. bernissartensis en 1878 reveló que el cuerno era en realidad un pulgar modificado, quizás usado para la defensa, a modo de puñal contra los depredadores de su ambiente.

Dicho error puede observarse en las esculturas preparadas para la gran exposición de 1851 del Palacio de Cristal de Londres, conservadas actualmente como testimonio histórico. Para conmemorar el descubrimiento el distrito de Maidstone incorporó un Iguanodon como soporte en su escudo de armas en 1949. Este espécimen se ha ligado al nombre I. mantelli, una especie nombrada en 1832 por von Meyer en lugar de I. anglicus, solamente porque procedía de una formación rocosa diferente que el material original de I. anglicus.

Al mismo tiempo, la tensión comenzó a crecer entre Mantell y Richard Owen, un científico ambicioso con una mayor financiación y mejores conexiones sociales en los turbulentos mundos de la ciencia y la política británicas de la era del Acta de la Reforma de 1832. Owen, un firme creacionista, se oponía al "transmutacionismo", una versión primitiva de la evolución, que entonces estaba siendo discutida y utilizó a los dinosaurios —el nombre lo acuñaría él mismo algo más tarde— como arma en este conflicto.

Con la definición de Dinosauria redujo las dimensiones de los dinosaurios desde los excesivos más de 61 metros, y determinó que no eran simplemente lagartos gigantes, proponiendo que eran tan avanzados como los mamíferos, características dadas por Dios, y según la comprensión de su tiempo, no habrían podido ser "transmutados" desde reptiles a criaturas como los mamíferos.

Poco antes su muerte en 1852, Mantell argumentó que Iguanodon no era un pesado animal similar a un paquidermo como Owen proponía, pero no fue invitado a participar en la reconstrucción de los dinosaurios de The Crystal Palace, que impusieron la imagen de los dinosaurios de Owen en la imaginación popular. Junto a Benjamin Waterhouse Hawkins, crearon casi dos docenas de esculturas de tamaño natural de varios animales prehistóricos, construidos en hormigón sobre una estructura de acero y ladrillo. Incluyeron dos Iguanodon, uno erguido y otro a cuatro patas y, antes que este último fuera terminado, se llevó a cabo un banquete en su interior para veinte selectos comensales.

Los Iguanodontes

Tras el descubrimiento de los primeros restos fósiles, otros esqueletos más o menos completos de Iguanodonte o de género similares salieron a la luz. Se clasificó así la familia de los Iguanodóntidos, animales de grandes dimensiones (entre 5 y 9 metros de longitud), con cuerpos que podían alcanzar e incluso superar las 4 toneladas de peso.

Al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, eran esencialmente cuadrúpedos, si bien podían erguirse sobre las extremidades posteriores, más desarrolladas que las anteriores, para buscar alimento en las ramas más altas de los árboles. Eran dinosaurios Ornitisquios, con la cintura pelviana semejante a la de las aves.

Las extremidades anteriores eran pentadáctilas; el primer dedo, o pulgar, se había transformado en un fuerte espolón, que sobresalía por el costado de la mano. La cabeza de los iguanodóntidos era relativamente grande, con boca desprovista de dientes en la parte anterior, pero dotada de piezas molariformes en la posterior.

Según algunos paleontólogos, es probable que a partir de algunos géneros de iguanodóntidos se desarrollaran los Hadrosaurios o dinosaurios de pico de pato.

Rompecabezas anatómico

Los primeros huesos de iguanodonte que se encontraron no estaban en conexión anatómica, lo que creó algunas confusiones durante la reconstrucción de los esqueletos. Además, cuando Mantell mostró sus hallazgos a los más insignes zoólogos y anatomistas de la época, ninguno mencionó la posibilidad de que se tratara de un gran reptil.

Sólo la comparación con los dientes de la iguana permitió al paleontólogo establecer el parentesco con los reptiles. La pertenencia del iguanodonte a esa clase fue confirmada posteriormente por otros estudiosos, que sobre la base de los conocimientos de anatomía de la época atribuyeron al animal dimensiones colosales (¡35 metros de longitud!). Hoy se sabe que los iguanodontes podían llegar a medir más de 9 metros de longitud.

Entre las particularidades anatómicas destacaban las mandíbulas articuladas, que se movían como cizallas. Otra singularidad anatómica del iguanodonte era la presencia de un gran espolón que había sustituido al primer dedo de la mano.

En las primeras reconstrucciones, dicho espolón se interpretó erróneamente como un cuerno y se situó en la cabeza, cuando en realidad correspondía a las extremidades anteriores.

Herbívoro gregario

Las dudas sobre la anatomía favorecieron también la concepción de teorías erróneas sobre el comportamiento del iguanodonte. Por ejemplo, los naturalistas del siglo XIX le atribuían una dieta carnívora, pero hoy se sabe que era vegetariano. Se alimentaba de equisetos y de los [[helechos arborescentes que crecían en las zonas pantanosas.

Para llegar a las hojas más altas, el animal se erguía sobre las robustas patas traseras, utilizando la cola como apoyo. Durante el Cretácico inferior, la separación de los continentes impidió el intercambio de material genético, lo cual favoreció la aparición de especies vegetales diferenciadas y en consecuencia la diversificación de la dieta de los dinosaurios vegetarianos, entre ellos los iguanodóntidos.

Entre los nuevos recursos alimentarlos hay que mencionar las plantas de flor (angiospermas) y la hierba, que se difundió rápidamente. Como todos los herbívoros, los iguanodontes tenían que dedicar muchas horas al día a la búsqueda y el consumo de la gran cantidad de vegetales que necesitaban (probablemente unos 300 kilos al día), bajo la constante amenaza de los grandes carnívoros, como el Megalosaurio.

Para comprender el estilo de vida de estos dinosaurios, han resultado muy útiles los rastros de huellas fósiles descubiertos en Inglaterra y en América del Sur, que han demostrado que los iguanodontes se desplazaban en grupos. Eran por tanto animales gregarios, que se reunían en manadas para protegerse de los depredadores. En este sentido podía resultarles útil el espolón de las extremidades anteriores, que tal vez empleaban como una especie de puñal, aunque puede que les sirviera para escarbar el suelo o la corteza de los árboles.

Algunos paleontólogo sostienen en cambio que era un reclamo sexual o que los machos la empleaban en las luchas por las hembras.

Fuentes