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José Portal Nodal

José Portal Nodal
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Músico aficionado
NombreJosé Portal Nodal
Nacimiento14 de febrero de 1908
San Antonio de las Vueltas, Villa Clara, Bandera de Cuba Cuba
ResidenciaCamajuaní
NacionalidadCubana
Otros nombresCheo
José Portal Nodal. También conocido por Cheo fue un músico aficionado con una inteligencia especial para tocar música con una pita y una lata. Con estos instrumentos tocaba de todo.

Infancia

Nació en Frescura, Vueltas, el 14 de febrero de 1908. Luego su padre compró un sitio aquí, en Fusté y se mudaron para acá. Cuando eso tendría nueve o diez años, pero trabajaba duro en el campo, como un hombre. Cuando iba a guataquear o hacer otra cosa, llevaba siempre una latica de leche condensada vacía y, en mis ratos de descanso, cinco o diez minutos, buscaba unas fibritas de espartillo y se ponía a tocar con ellas y con la latica. Se metía una de las fibritas de espartillo en la boca y la montaba, sujetándola con el índice de la mano izquierda, sobre uno de los bordes. La latica le servía de caja de resonancia, como la de una guitarra, y con el dedo índice de la mano derecha tocaba el espartillo. Así sacaba tonadas y canciones. El espartillo no resistía mucho. Se partía y cogía otra fibrita. Y los compañeros de trabajo, los que siempre le estaban mirando cuando tocaba, se decían bajito: « ¡Qué lástima de muchachito: está loco!» No recuerda el primer día en que tocó de esa forma, pero sé que todo le salió de la mente: nunca vio a nadie haciendo algo igual, ni lo ha visto nunca.

El Tres

Cuando fue mayor quiso comprarse un tres. Se lo compró a un primo de él que vivía en El Rincón, en 25 pesos. Pensaba que si con una latica y una fibra de espartillo tocaba, el tres le sería fácil aprenderlo a tocar. Las noches enteras se las pasaba dentro de un rancho queriendo sacarle algo, pero no sacaba nada. Sus manos eran muy torpes. Se aburrió y le regaló a su primo el tres que antes le había comprado.

Otras Ocupaciones

Luego se metió a tumbero en el conjunto campesino Poponda, de Vega Alta. Dos años estuvo tocando allí. Después pasó al conjunto La Fe. Pero no dejaba su lata y su pita de corojo, porque el espartillo y la latica de leche condensada, con el tiempo, los sustituyó por una lata grande de aceite de comer, de las de cinco galones, y una pita de corojo.

La Pita y la Lata

Nunca se había puesto a pensar si lo que él hacía era fácil o no; pero un día, estando en la tienda del Central “Carmita”, hablando con Chichí, el dependiente, se apareció Guillermo, el dueño del conjunto Poponda. Guillermo no sabía que él tocaba con la lata y la pita, porque en el tiempo que estuvo tocando con él, nunca le dijo nada. Se saludaron, y Chichí le dijo: «Mira, Guillermo, aquí tenemos a Cheo, que con una pita y una lata toca lo que le pidan, ¡lo que tú quieras!» Guillermo se interesó y Chichí cogió una lata de aceite que tenía para agua; de un rollo grande de pita de nylon picó un pedazo, y le entregó las dos cosas. Entonces le dijo a Guillermo que le pidiera lo que él quisiera. Y comenzó a tocar. Estuvo tocando allí como una hora: él pidiéndole y el otro tocando. Cuando terminó, él comenzó a tocar; pero no le salía nada, y los chorros de sudor le caían dentro de la lata. Le tiró una mano por los hombros y le dijo: «Eso es así, Guillermo, a ti te dieron inteligencia para tocar el tres y la guitarra, y a mí para tocar una lata y una pita.» La gente le pide que le explique cómo se produce la música con la pita y la lata, porque viéndolo tocar no sabe todavía cómo es la cosa. Muerde entre los dientes la pita, la pone tensa y la pega al borde de la lata, al borde que le queda afuera. Cuando quiere lograr un registro va llevando la cabeza hacia abajo y halando la pita con la mano izquierda, también hacia abajo, rozando siempre la pita con el borde de la lata. Alargándola y acortándola, porque el sube y baja de la cuerda le hace un diapasón. La acústica la da el vacío de la lata. La lata hay que procurar que esté limpia, sin grasa, sin pintura, sin polvo, para que dé un sonido limpio. Con la pita y la lata toca de todo.

Repertorio que más le gustaba

Las cosas que más le gustan son: El presidiario, La casita, En las tinieblas, La cachimba de San Juan, El cadete constitucional, Suavecito, La mujer de Antonio, Mi tinajita, Allá en el año 95, El mambí, Me gusta el campo, La caringa, El buey suelto, La vaca brava..., y una guaracha muy antigua que le enseñó un amigo de su padre: La guabina, la toca mucho, la gente la pide y goza con ella, es muy linda:

La mulata Celestina
le ha cogido miedo al mar,
porque una vez fue a nadar
y la mordió una guabina.
Entra, entra, guabina,
por la puerta de la cocina.
Dice doña Severina
que le gusta el mazapán,
pero más el catalán
cuando canta La guabina.
Entra, entra, guabina,
por la puerta de la cocina.
Ayer mandé a Catalina
a la plaza del mercado
que me trajera dorado
y me le dieron guabina.
Entra, entra, guabina,
por la puerta de la cocina.

Otra forma de tocar

También toca de otra manera, pero es con la lata solamente. Mete la boca dentro de la lata y hace con la boca de piano, de guitarra, de violín, de trompeta, de flauta. Sostiene la lata con la palma de las manos, inclinándola un poco hacia abajo, y con los dedos hace el acompañamiento de tumbadoras y bongoes. Él de esa manera ha tocado mucho en velorios y la gente se ha puesto a bailar, porque tocando así se produce una música más rítmica, es como si fuera un conjunto o una orquesta, y se oye mejor.

Los Portales

Sus hijos y él tenían un conjunto. Pidieron los instrumentos prestados por ahí y salieron a tocar por la zona. Sus cinco hijos tocan de oído, tocan tres, guitarra, marímbula, maracas, laúd, claves, y cantan. Ya el conjuntico tiene su fama. La gente misma le ha puesto Los Portales. El administrador de la Forestal de aquí los va a ayudar, le va a buscar los instrumentos para organizar en forma el conjunto, para dar actividades en la zona, donde haya que darlas. ÉL está muy embullado, porque en ese conjunto va a tocar tumbadora, bongoes, o la marímbula. De esos instrumentos cualquiera toca, en eso está; pero no deja su pita y su lata: ya son parte de su vida.

Fuente

Batista, René (2002). “Ese palo tiene jutía”. Editorial Capiro, Santa Clara, Villa clara, Cuba.