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José Victoriano Betancourt

José Victoriano Betancourt
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NombreJosé Victoriano Betancourt Gallardo
Nacimiento9 de febrero de 1813
Guanajay, La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento16 de marzo de 1875
Bandera de los Estados Unidos Mexicanos México

José Victoriano Betancourt Gallardo (1813-1875). Relevante articulista cubano de costumbres. Fue uno de los mejores costumbristas que ha dado Cuba. Fue un hombre de plurales actividades como los más significativos cubanos de su época. La poesía no fue en él una vocación que prevaleciera sobre sus otras ocupaciones, pero sus dos poemas: "La rosa del Almendares" y "A las ninfas y genios de Almendares" tienen cierto encanto y una discreta fascinación. Ejerció la profesión de abogado.

Síntesis biográfica

Infancia

José Victoriano Betancourt nació en Guanajay, Pinar del Río, el 9 de febrero de 1813. Cursó la primera enseñanza en La Habana, en el real seminario de San Carlos, allí fueron sus maestros los notables educadores presbítero Domingo Pluma, el presbítero Morales y Dr. Francisco Javier de la Cruz, estudiando después Jurisprudencia con el célebre abogado Dr. José Agustín Govantes. Ya a los 13 años escribía versos como su poesía “La rosa del Almendares”

Bachiller y Trabajo

En 1832, se graduó de Bachiller en Derecho en el Seminario de San Carlos y fue primero en recibir el título de abogado (1839) cuando se estableció la Audiencia Pretorial de La Habana. Entonces comenzó a trabajar en el bufete del licenciado Anacleto Bermúdez. Fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) y frecuentó las tertulias literarias de Domingo del Monte, junto a los figuras como José Jacinto Milanés, Cirilo Villaverde, Anselmo Suárez y Romero, José Antonio Echeverría, Ramón de Palma, José María de Cárdenas y Rodríguez, los hermanos González del Valle, Pedro José Morillas. Fundó la revista La Siempreviva junto a Antonio Bachiller y Morales, Manuel Costales y José Quintín Suzarte. En 1840 se trasladó a Matanzas, donde editó la antología de poemas Aguinaldo matancero con Miguel Teurbe Tolón. En 1860, ya de nuevo en La Habana, continuó su trabajo como abogado en el bufete de José Valdés Fauly.

Ideales políticos

Sus ideas en contra del gobierno colonial español, lo señalaron como figura peligrosa y lo condujeron a abandonar el país. Se asentó con su familia en México (aunque dos de sus hijos luchaban en la guerra de independencia comenzada en 1868) y fungió como catedrático del Instituto de Veracruz y como juez de primera instancia en Tuxpan y Casamaluapa.  

Vida cultural

Como articulista de costumbres, se destacó con entregas diversas en El Almendares, Diario de La Habana, Cuba Literaria, entre otras publicaciones seriadas de la época.

En efecto, durante las décadas de 1830 a 1870 el articulismo de costumbres en Cuba alcanzó un cultivo notable entre los escritores, se llegó a madurez estilística y contó con el aprecio de los lectores. Dentro del articulismo cubano de costumbres se expresaron algunas de las líneas más avanzadas del pensamiento de los intelectuales de la época, quienes, a través de la presentación de las formas de vida, encaraban críticamente la sociedad colonial y esclavista, censuraban sus lacras y exponían sus programas de reforma social y modernidad. Así mismo, con ellos cristalizó en buena medida la conciencia de la nacionalidad. Para entender este fenómeno no puede desconocerse la importancia que tenía dentro de la literatura romántica el paisaje humano dentro del llamado “color local”, la influencia de los costumbristas españoles (especialmente Mariano José de Larra, Ramón de Mesonero Romanos y Serafín Estévanez Calderón), la aparición de múltiples publicaciones periodísticas que acogían con beneplácito estas colaboraciones.

En esta etapa de brillantez del articulismo cubano de costumbres, la obra de José Victoriano Betancourt (junto con la de José María de Cárdenas) ocupa un lugar destacado por la amplitud de su pensamiento, su acendrado patriotismo y su capacidad para observar y reconocer la gran complejidad del entramado social y para encarar la presentación de sus costumbres.

En la producción de este autor destacan rasgos estilísticos que lo consagraron como uno de los mejores exponentes de esta modalidad literaria y como el escritor que más agudamente abordó la heterogeneidad de los sectores sociales de su época y, particularmente, la creciente marginalización de algunos de ellos. Esto último lo convirtió en precursor de expresiones temáticas en la literatura que solo aparecerían con fuerza en la narrativa cubana en los finales del siglo XIX. Francisco Calcagno lo llamó “el primer costumbrista de su tiempo”.

José Victoriano Betancourt publicó en 1831, en las páginas del Diario de la Habana, su narración medieval “El castillo de Kantin”, especie de intento romántico-legendario, que aunque le valió críticas por la ingenuidad demostrada, permitió llamar la atención de sus contemporáneos. En 1934 aparece su “Cuadro romántico”, prosa poética con elementos narrativos. En estos textos bisoños ya aparecen elementos de una poética que encontrará mejor cauce a través del costumbrismo.

Algunos críticos han señalado, sin embargo, que las mejores páginas de Betancourt son aquellas en que recrea tipos universales (en la mejor tradición de la literatura española de los Siglos de Oro, a lo Quevedo) como el “picapleitos”, el “médico pedante”, las “viejas curanderas”, las “solteronas”, el “usurero”… porque hace gala de su dominio del idioma a través de los epítetos que utiliza, de recursos satíricos y grotescos. Así, el médico pedante es el “licenciado Sanguijuela”; la solterona, “arsenal de malos pensamientos, veedora perpetua de amantes, valija de chismes, archivo de malos testimonios, tormento de sobrinos”. Así, se acerca burlón a “Don Tragalón”, a “Don Crispín, el gran guagüero”, a “Chucho Malatobo” (este último, un mataperro, holgazán y jugador profesional).

Con mucha frecuencia, José Victoriano Betancourt deja rastros de variantes locales del idioma. Es notable su gusto por reproducir el habla de guajiros y negros libertos y esclavos, el habla popular. Al negro José del Rosario, por ejemplo, le deja decir en versos: “Nasí de Jesú María / en el famoso Manglai / fui Perico no hay dudai, / y a ningún ‘cheche’ temía / conmigo no había tu tía; / cuando en cabido o guateque / entraba medio peneque / y metía la mano al quimbo, / hata lo niño del limbo / cantaban el turuleque.”

Indiscutiblemente, el más importante de los artículos de costumbres de Betancourt que aborda la presencia de sectores marginales de la sociedad es el conocido “Los curros del manglar”, publicado en El Artista en 1848. Es muy significativo el tratamiento que dispensa a la presencia negra en la sociedad en este momento histórico en que acababa de producirse (1844) el traumático proceso judicial a la denominada Conspiración de la Escalera, en el que notables personalidades cubanas (desde blancos hacendados hasta mulatos o negros libres) estuvieron involucradas; una causa en la que fueron arrancadas falsas confesiones sobre una extensa conspiración sublevadora de dotaciones de esclavos. La mirada sobre la población negra de la sociedad cubana resultaba muy comprometedora ante los ojos de la oficialidad española.

Escribió además, poesía, fábula y teatro (Las apariencias engañan, de 1847, obra homenaje a francisco-covarrubias). Colaboró en la Aureola poética en honor de Francisco Martínez de la Rosa y en la Corona fúnebre en homenaje al obispo Espada. José Lezama Lima consideraba que su poesía, aunque no fue vocación que prevaleciera en él, tenía encanto y fascinación; por esa razón incorporó dos de sus textos, “La rosa del Almendares” y “Las ninfas y genios del Almendares”, a su Antología de la poesía cubana.

Otras inclinaciones

Amigo de Felipe Poey Aloy y Álvaro Reynoso, se interesó asimismo por las Ciencias Naturales; lo que explíca su trabajo "Descripción de las Cuevas de Bellamar" en Matanzas, publicado como libro en 1863. Utilizó en algunos trabajos el seudónimo Escolástico Gallardo.

Muerte

Fue desterrado a México en 1969, donde permaneció hasta su muerte en el país vecino el 16 de marzo de 1875.

Fuentes