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Eclesiastés

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Libro de Eclesiastés
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Eclesiastés
Autor(es):Indeterminado
Categoría:Libros Sapienciales, o de enseñanzas
Idioma:Hebreo
Origen:935 a.n.e.

Eclesiastés. Conocido como el "Libro del Predicador", es un libro del Antiguo Testamento de la Biblia, y también del Tanaj, perteneciente al grupo de los denominados Libros Sapienciales, o de enseñanzas. Este libro da la oportunidad a los cristianos de ver al mundo a través de los ojos de una persona que, aunque muy sabia, está tratando de encontrar el sentido de la vida en las cosas humanas y temporales.

Generalidades

Eclesiastés es el más breve de los escritos sapienciales. Tiene un tono marcadamente existencial. La conclusión principal del Eclesiastés refleja el conocido precepto del carpe diem: disfruta del día, disfruta del momento, aprovecha lo que la vida te ofrece. Más que un discurso pronunciado ante una asamblea, este libro parece un soliloquio. Es una especie de discusión del autor consigo mismo, interna, en la que frecuentemente considera realidades opuestas entre sí: la vida y la muerte, la sabiduría y la necedad, la riqueza y la pobreza. En esta contraposición de conceptos, los aspectos negativos de la realidad aparecen subrayados y como teñidos de un tono de hondo pesimismo. Sin embargo, en ningún momento llega Eclesiastés al extremo de menospreciar o negar cuanto de valioso tiene la vida; nunca deja de reconocer los aspectos positivos que forman parte de la existencia y la experiencia del ser humano; trabajo, placer, familia, hacienda o sabiduría (2.11, 13). Pero tienen un valor relativo, de modo que ninguno de ellos (ni cada uno de por sí, ni todos juntos) llega a satisfacer los anhelos más profundos del corazón. Se interroga el Predicador por el sentido de la vida. Con absoluta sinceridad se plantea la cuestión que más le preocupa y que él reduce a términos concretos preguntándose: «¿Qué provecho obtiene el hombre de todo el trabajo con que se afana debajo del sol?» (1.3). Lo que equivale a: ¿Qué debe conocer, saber y hacer el ser humano para vivir de manera plenamente satisfactoria? Eclesiastés trata de descifrar el enigma de la existencia y de penetrar el sentido de las cosas apoyándose tan solo en su experiencia personal y en sus propios razonamientos.

Titulo

Eclesiastés es el título que en la Septuaginta recibe el libro llamado Qohelet en el texto hebreo de la Biblia. Ambos vocablos, el griego y el hebreo, significan prácticamente lo mismo: "predicador", "orador", "persona encargada de convocar un auditorio y dirigirle la palabra".

Autor

Su autor fue probablemente un sabio judío de Palestina del período en que la cultura helenística se hallaba en pleno proceso de expansión por todo el Oriente próximo. Sus esfuerzos estaban presididos por su amor a la verdad y por comunicarla de forma idónea, con las palabras más adecuadas (12.9–10). Fue un pensador original y crítico, que no se conformaba con repetir ideas ajenas o aceptar sin examen los postulados que la tradición daba por irrebatibles. Sin nombrar expresamente a Salomón, el autor se refiere a él cuando alude al «hijo de David, rey en Jerusalén» (1.1, 12) y cuando enumera (en primera persona) sus obras y riquezas (2.4–9). Tales alusiones contribuyeron, sin duda, a dar carta de autoridad a Eclesiastés y a que fuera atribuido a Salomón, el rey sabio por excelencia. Sin embargo, el hebreo característico de su redacción, así como las ideas en él expuestas, corresponden a una época posterior.

Argumento

El tono dominante del Eclesiastés es más bien sombrío y pesimista. En él se van exponiendo las reflexiones y las actitudes de un hombre a partir de su experiencia personal. Esa experiencia le ha hecho descubrir la caducidad de la vida y la aparente inutilidad de todas las cosas, llevándolo a una amarga convicción, repetida incansablemente a lo largo del Libro: "¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?"(1. 2-3).

Propósito

Eclesiastés es un libro de perspectiva. La narrativa de “el Predicador”, o “el Maestro” revela la depresión que inevitablemente resulta de buscar la felicidad en las cosas del mundo. La mayor parte de los placeres mundanos son explorados por el Predicador, y ninguno le proporciona un sentido significativo a la vida.

Al final, el Predicador llega a aceptar que la fe en Dios es la única manera de encontrar el significado personal. Él decide aceptar el hecho de que la vida es breve y a última instancia inútil sin Dios. El Predicador aconseja al lector enfocarse en un Dios eterno, en vez de en el placer temporal.

Aplicación práctica

Eclesiastés ofrece al cristiano una oportunidad de entender el vacío y la desesperación con la que luchan aquellos que no conocen a Dios. Aquellos que no tienen una fe salvadora en Cristo, se enfrentan con una vida que a última instancia terminará y se volverá irrelevante. Si no hay salvación, y no hay Dios, entonces no solo la vida no tiene caso, sino que tampoco hay un propósito o dirección para ella. El mundo “bajo el sol,” aparte de Dios, es frustrante, cruel, injusto, breve, y “carente de sentido.” Pero con Cristo, la vida no es sino una sombra de las glorias por venir en un cielo que solo es accesible a través de Él.

Fuentes