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Marilope

Marilope
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Personaje de Ficción
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Marilope. Hermosa mujer que a todos cautivaba con los dones que la sabia naturaleza le dió; casta y pura solo amaba a Dios, negaba así su corazón a cualquiera que la cortejara. Sin saber que el fin de sus días estaba en manos de un apasionado pretendiente rechazado.

Origen

Un español de apellido Lope cuyo nombre se ignora, se estableció hacia 1572 cerca del terreno que ocupa el Yact Club hoy convertido en el Palacio de los Deportes Náuticos de esta Ciudad de Cienfuegos, capital de la náutica del país.

Lope se unió a una india y tuvo con ella una niña bellísima, la que, con su desarrollo se convirtió en la joven más hermosa y codiciada por los hombres de Jagua, su nombre era Mari-Lope.

Descripción

Mari tierna y hermosa mestiza heredó de su padre las facciones caucásicas y de su madre el tinto dorado de la piel, la negrura del pelo y de los ojos, la mirada ingenua y el natural sencillo.

Era de genio vivo y alegre, hacendosa, enamorada de las flores y apasionada al canto. Con el mismo cariño con que cultivaba sus silvestres flores, cuidaba de las palomas y pájaros con mimo domesticados.

Nadie como ella cantaba con más unción, los areitos religiosos, ni con más ardor los cantos Guerreros, ni con más dulzura las historias amorosas de Siboneyes y Piratas.

A todos sonreía con ingenua pureza, a ninguno despreciaba por baja que fuera su condición, pero a nadie mostraba predilección especial, como no fuera a los que le dieron el ser.

Educada por un padre profundamente piadoso, había germinado en ella y florecido lozano el místico amor por lo divino. Su espíritu iluminado se recreaba en las cosas y figuras celestiales; su alma flotaba siempre entre las Nubes y reflejos de la gloria y su más ardiente aspiración era ir al eterno Paraíso celestial ofrecido por Cristo a sus adeptos.

Tal era Mari-Lope, la tierna y hermosa doncella. De más está decir que la admiraban y requerían de amores todos los jóvenes siboneyes de la comarca, de los que siempre rondó alguno por las cercanías del bohío de Mari-Lope.

Ella, casta y pura, consagrada a sus flores y a las avecillas repartía los tesoros de su amor entre los que le había dado el ser y Dios. Como en el caso de Azurina, hubo de penetrar en la Bahía de Jagua una nave filibustera, en busca de reparación.

Leyenda

Cuentan que Jean el Temerario, pirata feroz, de mala entraña y peores instintos, joven todavía y de arrogante figura. Desfiguraban su rostro atezado, la dureza de la mirada y enorme cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda.

Al ver a Mari-Lope, concibió por ella ardiente pasión, y sintió el deseo de poseerla; pero cuantas veces se acercó para hablarle de amores, otras tantas fue cortésmente rechazado.

El pirata que siempre obtenía lo que quería comprándolo o a la fuerza, persiguió a la joven en varias ocasiones, sin lograr nada y lleno de celos ante Dios se abalanzó sobre Mari pero esta se escapó, cuentan que la detuvieron algunos hombres del pirata y cuando este se trataba de acercarse un relámpago hizo arder a una tuna que milagrosamente broto entre ellos dos y se quemó pero antes hirió en la frente a la docenilla.

En el lugar que éste ocupara, surge una rústica cruz, hecha de añoso tronco de cují, y se forma la peana de la cruz y aparecen hermosas flores color de azufre.

Fantasía popular

Siempre representa a Mari vestida con larga túnica amarilla, con una tosca cruz de madera al pecho, y tocada de largo y flotante cendal, coronada de flores de cují, lleva en la mano una cesta llena de las flores que lleva su nombre: Mari-Lope; por ser estas las flores que brotaron donde cayó muerta, estas de un intenso y hermoso color amarillo, que hoy recuerdan el nombre de aquella mestiza que prefirió morir a entregarse a quien no la merecía.

Fuentes