Saltar a: navegación, buscar

Masonería y la independencia en Cuba

Masonería y la independencia en Cuba
Información sobre la plantilla
LogiaC.jpeg
Fecha:1865
País(es) involucrado(s)
Cuba

La masonería y la independencia en Cuba. La Masonería, o Francmasonería, como también se le conoce, es una asociación fraternal no secreta, aunque si selectiva, que existe en la mayoría de los países y que funciona con apego a las leyes vigentes en cada uno de ellos.

Generalidades de la masonería

Esta asociación persigue como fin la realización de uno de los más caros ideales de la civilización: la Fraternidad Universal. Es también un sistema de Filosofía Práctica que promueve el progreso, ejerce la beneficencia y tiende a mejorar las costumbres, a mantener la moral social. Los miembros de esta sociedad son hombres escogidos, que estén siempre dispuestos a sacrificar el bien personal por el colectivo y a obrar siempre con arreglo a los principios eternos de justicia y de derecho.

La masonería rechaza todo exclusivismo o privilegio social y su doctrina y principios son universales, puesto que en lo fundamental conviene con los dogmas, nociones y opiniones de todas las religiones, escuelas filosóficas y partidos políticos conocidos. Proclama la existencia del Gran Arquitecto del Universo, creador y sostenedor de toda realidad material y espiritual cognoscible, y causa eterna, ley primordial y suprema razón del Universo. Reconoce la doble naturaleza física y moral del hombre y establece que todos los hombres, sin distinción de raza, nacionalidad, religión, posición social o profesión, son hermanos.

Significado de la palabra Masonería

Las palabras Francmasonería o Francmasón, están formadas por las voces francesas “Franc” (“Franco”), esto es, libre y “Maçon” (Masón), que significa constructor. O sea, es la Sociedad de los Constructores Libres, quienes, guiados por el plan del Gran Arquitecto Universal, pondrán los cimientos y levantarán los muros del edificio de una nueva sociedad, donde el hombre será por siempre hermano del hombre y se acabarán la explotación y la discriminación social.

Antecedentes históricos de las Logias Masónicas en Cuba

A partir del año 1865 la situación general de la colonia española de Cuba se deterioró rápidamente, por la conjunción de diferentes factores externos e internos que agudizaron las contradicciones entre la colonia y su metrópoli hasta un punto tal en que era imposible su solución por vías pacíficas. Apareció en el escenario socio-político insular lo que los teóricos del marxismo llaman una “situación revolucionaria”, caracterizada por una “crisis de los de arriba”, entendiéndose por ello al aparato político-administrativo colonialista establecido desde inicios del Siglo XVI, que ya no podía mantenerse en el poder por los viejos métodos; y una “crisis de los de abajo”, o sea, de las clases explotadas, que no estaban tampoco dispuestas a seguir soportando por más tiempo el yugo español.

En este conflicto el punto de no retorno lo constituyó la farsa de la Junta de Información, convocada por las Cortes españolas a finales de 1866. Esta fue una especie de comisión o grupo de representantes de las colonias hispánicas del Caribe (Cuba y Puerto Rico), quienes deberían entregar al gobierno de Madrid un informe detallado acerca de la situación en dichos territorios y proponer reformas para mejorarla. La Junta fue un fracaso: ninguna de las reformas propuestas por los comisionados fue aceptada por el gobierno metropolitano; lejos de ello, se decretaron nuevas y abusivas medidas, como la de añadir un nuevo impuesto general del 10% sobre la renta líquida al ya exagerado número de contribuciones que los criollos debían pagar al fisco español. Como consecuencia, aumentó el descontento y el movimiento conspirativo se intensificó.

Desde 1859 detentaba el poder máximo en Cuba el general español Francisco Serrano, Duque de La Torre, quien era favorito de la reina Isabel II. Enfrentado a la agitación que vivía el país, Serrano tuvo que realizar necesarias concesiones a la clase criolla acaudalada, incluyendo una amnistía política que permitió, a partir de 1861, el retorno a Cuba de muchos de los exiliados políticos. Entre los que retornaron estaba el médico cubano Vicente Antonio de Castro, activo conspirador. De inmediato fundó un cuerpo irregular masónico, Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA). El carácter secreto de la organización y el proyecto patriótico, democrático, laico y republicano contenido en sus textos, que no eran los de las organizaciones masónicas, garantizó un medio para la generalización y cohesión del movimiento en toda la Isla.

Difusión de las doctrinas masónicas del GOCA como antecedente de la guerra revolucionaria

Entre 1862 y 1868, el GOCA se extendió en toda la Isla. En las principales ciudades, pueblos y villas surgió una logia. Se conoce de la existencia, por lo menos, de 22 logias relacionadas con el movimiento del GOCA. La costumbre de agregar al nombre de las logias un número, que reflejaba el orden consecutivo de su creación, permite formarse una idea de cómo se incubó este proceso. Todo parece indicar que resiguió una estrategia, lógica y bien concebida, que perseguía penetrar todo el territorio insular. De esta manera, la irradiación en la región occidental se inició en la Habana, donde se crearon las tres primeras. A ellas se añadieron prontamente las de Trinidad, Cienfuegos y Matanzas. En la primera de estas ciudades funcionó la “Logia del Sur”, que agrupó a los revolucionarios de la zona y cuyo Venerable Maestro era el destacado jefe militar de la “Guerra de los 10 Años” Federico Cavada. La logia de Cienfuegos estaba bajo la dirección del hermano de Cavada, Adolfo. A las anteriores se sumaron las de Santa Clara, Remedios y Sagua la Grande.

Con posterioridad se fundaron la “Tínima”, de Puerto Príncipe, y las dos logias de Santiago de Cuba. Un proceso más tardío y sin embargo más dinámico, es el del surgimiento del grupo interior de la antigua región oriental. La primera logia fue la de Bayamo, “Estrella Tropical” No. 19, constituida en Agosto de 1866, en casa de Perucho Figueredo. Su Venerable Maestro fue Francisco Vicente Aguilera. No se conoce suficientemente el surgimiento de algunas de las logias, como la de Las Tunas, creada por Francisco Muñoz Rubalcava y Vicente García, y la de Jiguaní, en la que se encontraban Donato Mármol y Máximo Gómez. Sin embargo, hay constancia del modo en que se constituyeron las de Holguín y Manzanillo. En la primera de estas dos ciudades, se fundó la logia “Sol de Oriente”, que pocos días después cambió de nombre por el de “Hijos de la Viuda”. Recayó la responsabilidad de Venerable Maestro en Belisario Álvarez Céspedes.

La logia “Buena Fe”

La más notable de las logias surgidas en la región oriental fue la Buena Fe de Manzanillo. Su constitución se llevó a cabo en el mes de Abril de 1868, y su Venerable Maestro fue Carlos Manuel de Céspedes. Sus 37 miembros formaban de un modo u otro parte del proceso conspirativo. Para iniciarla fue enviado desde Santiago de Cuba, como delegado del doctor Vicente Antonio de Castro, Gran Maestro del Gran Oriente Cubano, el masón Manuel Ramón Fernández, quien había dirigido también la organización de la de Bayamo. En la sesión inaugural estuvieron presentes, además del hermano de Manuel R. Fernández, Francisco V. Aguilera, Carlos Manuel y Francisco Javier de Céspedes, Bartolomé Masó, Juan Hall, Manuel Anastasio Aguilera (primo de don Francisco) y otros propietarios, hasta completar 37. Entre estos se encontraban también dos importantes funcionarios españoles, el teniente Pedro Nuño Gonzalo, Jefe del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, y Germán González de las Peñas, que ocupaba nada más y nada menos que el cargo de Comisario de Policía.

Como puede constatarse, en la “Buena Fe” estaban agrupados todos los conspiradores independentistas de la región del Guacanayabo, lo que se confirmó con la participación de ellos en el alzamiento del 10 de octubre. Incluso, la pertenencia de los dos funcionarios españoles al grupo permitió atraerlos a la causa independentista y comprometerlos en el plan de levantamiento (se supone que ellos facilitarían la entrada de los insurrectos a la ciudad, les suministrarían armas e informaciones sobre los planes del ejército español y adiestrarían a los combatientes revolucionarios en la táctica militar). En cualquier caso, ellos no podrían revelar las intenciones de los patriotas, pues estaban atados por el juramento de hermandad y discreción de los masones.

La historia del movimiento masónico como vehículo para expresar y debatir ideales revolucionarios no culminó con el alzamiento de “La Demajagua” y la subsiguiente década de cruenta guerra. Es conocido que muchos de los soldados y oficiales del Ejército Libertador fueron masones militantes hasta su muerte; que en la “manigua” se creó, por Carlos Manuel de Céspedes, una sui géneris logia itinerante, bautizada “Independencia”; y que muchas veces el reconocimiento mutuo de la militancia masónica por contendientes de los dos bandos (cubanos y españoles) permitió que se salvara la vida y la honra de militares o civiles tomados prisioneros durante el conflicto.

Fuentes

  • Historia de Cuba. 1492-1898. Dr. Eduardo Torres Cuevas y Dr. Oscar Loyola Sánchez. Editorial Ciencias Sociales, La Habana 2002.
  • La Masonería en Cuba. Dr. Eduardo Torres Cuevas, Instituto de Historia de Cuba. La Habana 2005.
  • Guerra de los Diez Años. Ramiro Guerra Sánchez (II reimpresión). Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1978.