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Perfecto Lacoste

Perfecto Lacoste
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Alcalde habanero
Alcalde de La Habana
14 de enero de 1899 - 1 de julio de 1900
PredecesorSr. Marqués de Esteban
SucesorAlejandro Rodríguez Velasco
Datos Personales
NombrePedro Perfecto Pascual Lacoste y Grave de Peralta
NacimientoJunio de 1861
Holguín, Bandera de Cuba Cuba
FallecimientoDesconocida
Bandera de Cuba Cuba

Pedro Perfecto Pascual Lacoste y Grave de Peralta. El primer revolucionario en llegar al puesto de Alcalde de la Ciudad de La Habana.

No fue Perfecto Lacoste el primer alcalde habanero producto de la voluntad de sus convecinos, pero sí el primero de los revolucionarios en llegar al cargo, designado por el gobernador americano. Fue el sustituto, en los primeros días de enero de 1909, de Don Pedro Esteban y González, Marqués de Esteban, el último alcalde de la época colonial.

Síntesis biográfica

Hijo del matrimonio formado por Pascual Lacoste Labat, natural de Santa María de Navarra, España, y Rafaela Grave de Peralta y Zayas, de Holguín, nace como primogénito en junio de 1861.

La familia Lacoste Labat deja la jurisdicción de Holguín y se traslada a La Habana, en los primeros años de la década de 1870, huyendo de la guerra. Se establecen en los límites entre las provincias La Habana y Pinar del Río (municipio), donde compran un ingenio, al que bautizan como Lucía, el nombre de la madre.

Rasgos de su personalidad

Don Perfecto Lacoste era un cubano chapado a la antigua, virtuoso, recto y caballeroso en todos sus actos y bastante rico. Delegado de la Junta Revolucionaria de La Habana, sus servicios fueron inapreciables para la causa de la independencia. Nadie puede explicarse como sus actividades patrióticas no le llevaron ante un pelotón de soldados españoles en el foso de los Laureles.

Otra etapa de su vida

En 1878, tras firmarse la Paz del Zanjón, son puestos en libertad los cubanos que la corona tenía presos o deportados en España o sus dependencias, e incluso en la propia isla de Cuba. El holguinero Pedro Vázquez Hidalgo, había alcanzado en la guerra el grado de Teniente Coronel en las filas del Ejército Libertador, pero el 15 de abril de 1878 había caído prisionero y enviado hacia La Habana. Tras ser liberado no regresa a Holguín, sino se queda como administrador del ingenio Lucía, y de inmediato es uno de los creadores de los clubes secretos que en La Habana preparaban de nuevo la guerra. El 18 de marzo de 1879 participa en una reunión convocada por Martínez Freire, en la cual también se encontraba José Martí.

De estos hechos se deduce que a las familias de Pedro Vázquez Hidalgo y de Perfecto Lacoste las unían estrechos vínculos de amistad, y que los Lacoste, aunque no eran cubanos, apoyaban la lucha por la independencia de la Isla.

La Guerra de 1895 comenzó de nuevo por Oriente, pero esta vez la invasión, para llevarla hasta el Occidente, no se quedó en Las Villas. Los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo llegaron hasta La Habana en los primeros días de 1896, y allí encontraron el apoyo de Pedro Perfecto Pascual Lacoste y Grave de Peralta, quién estaba casado con su prima Lucila Lacoste Laviolett.

El 6 de enero de 1896, llega el general Antonio Maceo y Grajales al ingenio Lucía. Durante dos días -6 y 7 de enero- se producirían allí hechos que demuestran el apoyo de Lacoste a la insurrección y sus relaciones con Maceo.

Entrevista de Lacoste con Antonio Maceo

Maceo y Lacoste, que eran amigos desde la primera visita del Titán a La Habana en 1890, tuvieron una cordial y larga conversación sobre el estado revolucionario de la población habanera.

Estudiaron juntos la posibilidad, en no lejano porvenir, de realizar un ataque coordinado con un levantamiento popular dentro de la capital –cuya idea la sugirió el coronel Zayas muy vinculado a los centros habaneros de agitación revolucionaria—y, además, dejar organizado definitivamente el servicio de correspondencia, recaudación de fondos y giros al exterior, así como el de compras y envíos al Ejército Libertador de armas y municiones, que ya había intentado Francisco Chenard con bastantes buenos resultados.

Lacoste informó detalladamente de la situación política, y de las gestiones que se hacían para sustituir al derrotado Martínez Campos por Weyler, anunciándose con ello una campaña de represión y exterminio.

La debilidad autonomista, abandonado este partido por las masas que ahora formaban filas en el campo de la Revolución, y dividida su dirección por la labor que realizaba la Junta Revolucionaria entre aquellos individuos que aún permanecían indecisos, fue detenidamente expuesta por Lacoste.

La entrevista tuvo un positivo resultado, quedando Maceo muy complacido por la eficaz colaboración que ofrecía Lacoste.

Apoyo a la lucha independentista

Fue secundado Lacoste por un grupo de concejales, que por sus grandes prestigios y cultura nunca después ha sido igualado. Alfredo Zayas, que llegaría a la Presidencia de la República; Manuel María Coronado, coronel de la revolución, director de La Discusión, el periódico que con La Lucha y el Diario de la Marina fueron las mejores publicaciones de su clase al final del pasado siglo y comienzos del actual. El Diario, con más de cien años de vida, sigue publicándose y es uno de los mejores periódicos de América. Emiliano Núñez, Raimundo Menocal, José Varela Zequeira, Julio San Martín, Teodoro Zaldo, Ángel Cowley y Antonio Fernández Criado, llegaron al Ayuntamiento sus sólidos prestigios.

Labor desempeñada

Perfecto Lacoste ocupó la Alcaldía poco más de un año. Otros cubanos la desempeñarían interinamente, hasta ser elegido por el voto popular el General Alejandro Rodríguez, veterano de las guerras del 1868 y el 1895.

Entre los héroes anónimos de la Patria que forjaron con sus actos los servicios secretos revolucionarios, también cabría destacar su figura, pues a riesgo de su vida, hace llegar al general Antonio Maceo, el 6 de junio de 1896 los planos militares de la provincia de Pinar del Río (municipio). Maceo se encontraba en la comarca de Vuelta Abajo sosteniendo una de sus más difíciles campañas, cuando recibe los planos del Estado Mayor del Ejército Español, sustraídos de las oficinas del Palacio de los Capitanes Generales de La Habana por otro héroe del silencio, el joven Emilio Carrera Peñarredonda.

Fructífera resultó la administración del Alcalde Lacoste. Dentro de las facultades de que se hallaba investido, atendió los servicios públicos con solicitud extremada. Llegó a imponer en todo, la distinción exquisita y notoria de sus modales. Gestiones practicadas juiciosamente, a fines de 1899, lograron que los servicios de sanidad y beneficencia volvieran al gobierno local. Las Casas de Socorro, el Necrocomio municipal, el hospital Número Uno y el de Las Animas fueron objeto de mejoras que pronto se tradujeron en provecho del vecindario. El cuerpo de bomberos también experimentó algunos progresos. Al ornato público se dedicó atención preferente. Todo, positivamente, respondía a la tendencia dominante de ajustar las cosas a la tarea al Ayuntamiento encomendada en aquellos días de reconstrucción.

Pero los excelentes, los insuperables propósitos de Perfecto Lacoste, tropezaron al cabo con inconvenientes abrumadores. Tantos y tales fueron, que, un año después de tornar posesión del cargo, se sintió cansado y vencido, más que por achaques de salud, por las absurdas exigencias con que le asediaban de continuo. Solicitó al fin, en busca de sosiego, una licencia, de la que comenzó a usar el 1 de marzo de 1900, para no volver ya más a la dirección de los destinos de la ciudad cuyos intereses supo defender con celo ejemplar. Sustituyeron a Lacoste, y siempre con carácter provisional, y sucesivamente, Nicasio Estrada Mora, Tomás B. Mederos y Antonio Rodríguez Parra.

Muerte

La fuente desconoce la fecha de su fallecimiento.

Fuentes