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Género (Gramática)

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Género (Gramática)
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Concepto:El género en español es un morfema que afecta a adjetivo, artículo, sustantivo y pronombre. Se dan 2 géneros básicos: Masculino y Femenino.

Gramática. El género en español es un morfema que afecta a adjetivo, artículo, sustantivo y pronombre. Se dan 2 géneros básicos: Masculino y Femenino.

Género Gramatical

El género gramatical es una clasificación de los sustantivos, los cardinales, los nombres, los pronombres, los determinantes demostrativos, las coordinaciones copulativas y las frases nominales en masculinos y femeninos. A veces coinciden con las marcas morfemática de “o” para masculino y “a” para femenino. En el diccionario se determina a qué género gramatical pertenece cada sustantivo que figura en él;

  • p.ej., árbol, al masculino; planta, al femenino.

Los sustantivos del número plural heredan el género gramatical de sus correspondientes singulares; los sustantivos complejos y las frases nominales, el del sustantivo componente.

Exceptúanse de la regla anterior las frases nominales A S de N ( A, artículo; S, sustantivo fraccionario; N, frase nominal), que heredan el género gramatical de la frase nominal componente; p.ej.,

la mayoría de los hombres llegaban (...) asustad os (...). (G. García Márquez, Crónica de una muerte anunciada).

Géneros masculinos

1. los sustantivos que convienen a los machos - p.ej., hombre, león, maestro - y a los seres imaginarios representados como machos - p.ej. ángel, centauro, duende.

2. los cardinales del número singular que no terminan en a, como centenar, millón.

3. las fracciones terminadas en o, como (un) sexto, (un) milésimo.

4. los nombres propios de varón, como Horacio.

5. los pronombres él, lo, sí mismo, conmigo mismo, contigo mismo, consigo mismo, los.

6. los pronombres nosotros, vosotros y ellos, solos o seguidos de un cardinal.

7. alguien, algo, nadie, todo, nada.

8. los determinantes demostrativos esto, eso y aquello, y las frases nominales encabezadas por esto, eso y aquello.

9. los nombres propios encabezados por el artículo masculino, como el Paraná, El Cairo y Los Andes.

10. los nombres de hecho

11. Los nombres de cuestión; p.ej.,

Está documentad o quién comenzó la planificación. (Cortes Generales de España, Diario de sesiones del Senado, sesión del 25 de septiembre de 2002).

12. las coordinaciones copulativas compuestas por un nombre o frase nominal del género gramatical masculino; p.ej.,

Él y Old Sam eran los únic os a quienes el capitán pagaba con exactitud la soldada. (Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía)

Él y su hermana eran los únic os parientes que tenía mi madre en Madrid. (B. Pérez Galdós, El 19 de Marzo y el 2 de Mayo)

las alcarrazas y los cántaros, llenos de fresca agua (...). (Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo).

13. las frases nominales compuestas por un sustantivo masculino.

Géneros femeninos

1. los sustantivos que convienen a las hembras - p.ej., mujer, leona, maestra - y a los seres imaginarios representados como hembras - p.ej. hada, ninfa, sirena.

2. los cardinales terminados en a, como decena.

3. los fraccionarios no terminados en o, os, como mitad, (una) milésima.

4. los nombres propios de mujer, como Eva, Consuelo.

5. los pronombres ella, la, sí misma, conmigo misma, contigo misma, consigo misma, las.

6. los pronombres nosotras, vosotras y ellas, solos o seguidos de un cardinal.

7. los nombres propios encabezados por el artículo femenino, como la Patagonia y Las Vegas.

8. los nombres de las letras, como a, equis, omega.

9. las coordinaciones copulativas compuestas íntegramente por nombres o frases nominales del género gramatical femenino; p.ej.,

Ella y Monina (...), llen as de susto (...). (B. Pérez Galdós, La familia de León Roch).

10. las frases nominales compuestas por un sustantivo femenino.

Los nombres propios que no terminan en a y que no están encabezados por artículo pertenecen al género gramatical del sustantivo genérico más estricto conveniente al objeto nombrado; así, Buenos Aires y Cuzco, nombres de ciudades, son femeninos, como ciudad; y Abril, nombre de un mes, masculino, como mes.

No hay, propiamente hablando, otras reglas para la determinación del género gramatical de los nombres propios que las expuestas hasta aquí. Pero es notable la tendencia siguiente:

Casi todos los nombres de objetos inanimados terminados en a son femeninos; p.ej., Francia, Europa y el tango de G. Matos Rodríguez La Comparsita.

  • Advertencias.

Algunos sustantivos de géneros gramaticales diferentes son homónimos: orden, por ejemplo, es masculino cuando se usa como material, y femenino cuando se usa como genérico

Algunos sustantivos masculinos y algunos femeninos convienen, respectivamente, a machos y hembras de una misma especie - p.ej., gato y gata, león y leona, hombre y mujer - o a los primeros términos machos y hembras, respectivamente, de una misma relación - p.ej., amigo y amiga, padre y madre.

De modo similar forman pareja los pronombres conmigo mismo y conmigo misma, contigo mismo y contigo misma, él y ella, lo y la, sí mismo y sí misma, consigo mismo y consigo misma, nosotros y nosotras, vosotros y vosotras, ellos y ellas, los y las, y algunos nombres propios de persona, como Antonio y Antonia, Manuel y Manuela.

Algunos sustantivos masculinos y algunos sustantivos femeninos convienen en las generalizaciones a machos y a hembras por igual; p.ej.,

El hombre es un ser racional.

Las palomas tienen cabeza pequeña y cuello corto.

De igual modo, algunos sustantivos masculinos convienen en las generalizaciones a todos los individuos apareados en la relación; p.ej.,

los amigos se deben mutuo respeto y comprensión.

Así, frases como las palomas o los amigos de Juan son ambiguas: en la primera, palomas puede convenir tanto a las palomas hembras como a todas las palomas; y en la segunda, amigos puede convenir tanto a los varones amigos de Juan como a los amigos de Juan, varones o mujeres.

Algunos sustantivos, como colega, cómplice, mártir, pariente, patriota, representante, testigo, gorila, se usan como masculinos o como femeninos según que convengan a machos o a hembras. Así, mártir es masculino en el primer mártir cristiano; y femenino en la primera mártir cristiana. Se llaman comunes.

También son comunes los pronombres yo, me, mí, conmigo; tú, vos, usted, te, ti, contigo; le, se, sí, consigo; nos, os, ustedes, ustedes DOS [1], les.

Algunos sustantivos masculinos y algunos sustantivos femeninos, llamados epicenos, convienen a machos y a hembras por igual; p.ej., los masculinos buitre, guanaco y ñandú, y los femeninos liebre y vicuña.

Cuando se quiere distinguir entre machos y hembras, se componen frases nominales con el epiceno y el adjetivo macho (o hembra); p.ej., el buitre macho, algunas liebres macho.

Casi todos los sustantivos y nombres masculinos emparejados acaban en o, en e o en consonante; p.ej., niño, elefante, amigo, león, Antonio, Manuel.

Casi todos los sustantivos y nombres femeninos emparejados sustituyen en el correspondiente masculino la o y la e por a, o agregan a después de la consonante final; p.ej., niña, elefanta, amiga, leona, Antonia, Manuela.

Abad y abadesa, príncipe y princesa, profeta y profetisa, actor y actriz, rey y reina, gallo y gallina, ejemplifican diferencias análogas.

Pero hay sustantivos emparejados en las que el masculino y el femenino son palabras totalmente diferentes; p.ej., hombre y mujer, toro y vaca, carnero y oveja, caballo y yegua. Conservamos un resto del género neutro latino que sólo se encuentra en singular y nada más en el artículo y algunos pronombres. · Se habla de Género Común para referirnos a aquellas palabras cuya marca genérica se encuentra en los determinantes o adjetivos que acompañan al sustantivo (El periodista / La periodista). · El Género Epiceno para referirnos a aquellos sustantivos que casi siempre son nombres de animales que no marcan el sexo de ninguna forma. (Perdiz). · Heteronímia: necesitan un lexema distinto para marcar femenino o masculino. (Madre / Padre) El género gramatical es un sistema de clasificación nominal que poseen algunas lenguas en que los elementos nominales de las lenguas son clasificados dentro de un número finito de clases, para las cuales generalmente hay reglas de concordancia. En las lenguas indoeuropeas típicamente el número de géneros varía entre dos y tres, normalmente masculino, femenino o neutro de manera que concierta con una determinada flexión. Otras lenguas como las lenguas bantúes el número de clases nominales supera la decena, para el protobantú las clases principales en el singular son al 1 = para personas, la 3 = para objetos alargados y también árboles, la 5 = objetos que aparecen en pares o grupos, la 7 = para instrumentos o medios y la 9 = para ciertos animales (las clases 2, 4, 6 y 8 son formas de plural de las clases 1, 3, 5 y 7). El género es una propiedad lingüística en un idioma y no indica el sexo biológico, aunque en un cierto número de lenguas uno o varios de los géneros se usen mayoritariamente para uno de los sexos biológicos, seguramente en ninguna lengua del mundo para seres sexuados hay relación necesaria sexo biológico y el género de la palabra para designar al ser animado.

El género en castellano

En castellano es una discriminación formal que posee capacidades contrastivas diversas. Tanto el sustantivo, el adjetivo como el artículo (así como algunos pronombres) llevan marcas de género. Sirve para establecer concordancia entre un adjetivo y el sustantivo al que califica y entre un artículo y el Sustantivo al que actualiza. La concordancia es algo más flexible cuando se trata de sujeto y atributo. El género masculino es la forma no marcada o inclusiva: si digo "los alumnos de esta clase", me refiero a alumnos de sexo masculino y femenino; el género gramatical femenino es la forma marcada y por tanto resulta la exclusiva o excluyente: si digo "las alumnas de esta clase", no me refiero también a los de sexo masculino, sino solamente a los de sexo femenino. Se expresa por medio de morfemas constitutivos:

  • -o o nada para el masculino: camarero.
  • -a, -esa, -isa, ina, -iz para el femenino: leona, abadesa, poetisa, gallina, actriz.

De ahí que se pueda considerar que, en castellano, un sustantivo puede estar marcado [+femenino] y la ausencia de la marca femenina, [-femenina], es el masculino, que no está marcado para femenino pero aun así puede incluir elementos femeninos. Indica generalmente, cuando se refiere a seres animados, sexo masculino o femenino, entre otras nociones. Existe además el género neutro entre los artículos (lo, que sirve para sustantivar adjetivos y señalar conceptos abstractos: "lo profundo", "lo externo"), los pronombres personales en tercera persona del singular (ello, lo), los demostrativos (esto, eso, aquello), algunos pronombres indefinidos (algo, nada) y los adverbios cuantificadores (cuanto, cuánto, tanto). Los adjetivos con ellos deben concordarse en masculino singular, dado que no tienen marcas específicas para el género neutro. Entre las otras capacidades contrastivas del género gramatical español figuran las siguientes:

  • Masculino pequeño (anillo, cubo) - Femenino grande (anilla, cuba)
  • Masculino humano (cosechador, impresor) - Femenino cosa (cosechadora, impresora)
  • Masculino elogioso (gallo, zorro) - Femenino despectivo (gallina, zorra)
  • Masculino individual (leño) - Femenino colectivo (leña)

El género en castellano puede ser vacilante: el mar, la mar. Algunas palabras, sobre todo denominaciones de animales, necesitan marcar el femenino sexual o el masculino sexual con las palabras macho o hembra: "águila macho", "águila hembra". Otras veces, la evolución de una palabra ha provocado su "cambio de género": la puente es ahora el puente, la reuma, el reuma, etc...

En español, el género gramatical es, junto al número, uno de los dos morfemas flexivos (aquellos que no cambian la categoría de la palabra y exigen la concordancia con los elementos adyacentes). La razón última de ser del género es la concordancia gramatical. En las lenguas románicas se dice que el género tiene una refracción morfológica, una determinada forma en la palabra.

Origen del género

Atendiendo al origen del género, Rodolfo Lenz trata el carácter típicamente femenino de la -a y el carácter incoloro de la terminación -o. Según él, existirían unas voces típicas indoeuropeas que designarían a hembra y acabarían en -a tales como *mama,* gena y *vaca. Propone que a partir de estos seres propiamente femeninos se habría contagiado al resto el uso de esa terminación, inclusive al demostrativo indoeuropeo que de *-so pasaría a *-sa.

La atribución del género se entiende hoy día como arbitraria (para los entes no sexuados y para aquellos en los que la distinción macho/hembra no tiene relevancia) lo que no evita que Jakob Grimm propusiera que el género de los nombres tendría su origen en una interpretación sexual de los objetos que pasaría por su personificación. Por ello, la tierra sería de género femenino en la mayoría de los idiomas. En esa misma línea, Leo Spitzer cree que el género femenino iría asociado a palabras con significado de continente, mientras que el masculino iría asociado a los contenidos.

Estudio del género en español

Recorrido por el enfoque de la categoría del género en algunas gramáticas:

  • En 1455,Antonio de Nebrija ya defiende la arbitrariedad de la categoría (influido por Protágoras), siendo aún así el género “aquello por lo que se distingue macho de hembra”. No debe nunca perderse de vista que hablar de macho y hembra no equivale al masculino y femenino, siendo la primera división estrictamentezoológica, mientras que la segunda es una clasificación gramatical
  • En 1555, en el Anónimo de Lovaina se ofrece un criterio de apariencia formal pero insuficiente: -a femenino, -o/e género confuso.
  • En su Minerva(Minerva sive de causis linguae latinae), el Brocense no escapa a la identificación de género y sexo, atribuyendo el género como rasgo inherente al sustantivo, no así al adjetivo.
  • En la Gramática de 1771, se incide en la idea del género como manifestado a través del artículo. Parece continuar así la tradición gramatical latina en la cual los escolares declinaban cada palabra acompañada del demostrativo hic, haec, hoc, para explicitar el género.
  • Ya en 1931, en la Gramática de la RAE, se da una definición problemática al considerar el género como accidente gramatical, cuando si es algo inherente a la palabra no puede ser un accidente.
  • El Esbozo, por su parte, propone como criterios para explicar el género la significación, el criterio etimológico y la terminación.
  • Por otro lado, en la Gramática Española de Alcina y Blecua se define el género como toda una clase de morfemas que sirven para actualizar un determinado morfema lexemático como nombre sustantivo o adjetivo, o bien para juntamente con el número marcar la concordancia con los elementos sintácticos adyacentes. Añaden que el género sirve para en algunas realizaciones aportar información sobre el sexo y otros aspectos de la realidad.
  • La idea del género de los nombres como efecto de su capacidad de concordancia había llevado tanto al Brocense como a Andrés Bello a defender que si los adjetivos tuviesen una sola terminación (al modo de “excelente”) no existiría el género en nuestra lengua. Parece claro que si en un momento del español todos los adjetivos tuvieran una sola terminación seguiríamos hablando de la categoría de género en casos tales como tuvo siempre amigos / amigas vulgares.

Masculino y femenino

Respecto a la gramática del español existen dos géneros, el masculino y el femenino. El género neutro, perdido a excepción de demostrativos(esto eso aquello)y lo, tiene una procedencia indoeuropea y vitalidad plena en el latín o alemán. Su origen último podría estar en una oposición que no ha pervivido, animado frente a inanimado, propia de una concepción animista de la naturaleza. Debido también a la concepción animista de la naturaleza, en latín, por ejemplo, el nombre del árbol es femenino y el fruto es neutro. Desde un momento muy temprano se toma en cuenta que el masculino, por su parte, desempeña un mayor número de funciones y así tiene más extensión semántica y consecuentemente más indeterminación que el femenino. Como contraejemplo, se puede observar en la oposición banco/banca el femenino es el más extenso y menos caracterizado, aunque en este caso se trate de una de esas nociones básicas, aparte de la sexual, que expresa el género. De hecho atendiendo al DRAE entre cesto y cesta la menor caracterización estaría en cesta pues no incluye alusión a la noción de tamaño.

Tanto los seres vivos como los inanimados comparten la propiedad gramatical del género, mientras que los seres vivos tienen añadida una propiedad léxica de macho y hembra. Se ha propuesto que el género puede estar incluso en el lexema, sin necesidad de manifestarse en los morfemas. Por ejemplo, en el caso de harina o mesa, dado que no se podría conmutar su terminación por la propia del género contrario, masculino en este caso. Igualmente se debe tratar el caso de los heterónimos en cuanto al género, que emplean diferentes palabras para la distinción de géneros. Sobre estos heterónimos opina Th. Ambadiang que en algunas parejas del tipo caballo/yegua o yerno/nuera existiría una doble marca léxica y morfológica. Se viene considerando que la oposición de géneros está marcada por la terminación -a/no -a. Sería por tanto una oposición no regular en la que, por ejemplo, -e no sería un morfema flexivo sino que quizás podría tomarse como alomorfo(varación en la manifestación formal) de -o pese a no sentirse ligado a un género (como prueba padre / madre). El femenino, por su parte, presenta también variaciones de la -a como pueden ser -esa, -isa o -triz que pueden acabar regularizándose como es el caso de embajatriz que pasó a embajadora.

Algunos gramáticos, cito a Alsina y Blecua, consideran que, cuando el género se manifiesta por moción, el masculino se realiza mediante los alomorfos -o, -e - Ø y el femenino por el morfo -a. Por ejemplo, en el caso de león, el masculino lo indicaría el conjunto vacío junto al lexema. Argumentan que en casod de que admitan diminutivo se facilitará la identificación de la marca -o. León: león+ Ø / león+cit+o. La idea del monema con significante cero es criticada por J. A. Martínez pese a reconocer su utilidad metodológica. Este autor indica acertadamente que podrían añadirse infinitos monemas con significado cero; por tanto, en coche (ejemplo de Alsina y Blecua) tendríamos las marcas de singular y masculino representadas por Ø, como también podrían estar representados todos los morfemas derivativos aplicables a esa palabra: cochera, cochazo, etc. Así, como observa Bussynes, un hombre soltero no es, desde luego, un hombre casado con una mujer cero.

Masculino y femenino, variaciones semánticas

Lo cierto es que en español la oposición morfológica -o/-a puede utilizarse en ocasiones con valor semántico, como sería el caso de el cesto/la cesta, el cubo/la cuba, aportando, por ejemplo, noción de tamaño o de árbol/fruto en manzano/manzana, castaño/ castaña. Además existirían nociones menos claras como las expresadas por el punto/la punta, el suelo/la suela o algunas derivadas del neutro plural latino: leño/leña o fruto/ fruta. En estas derivadas del neutro plural latino el género predominante para designar colectividades es el femenino surgido como tal por analogía con el plural neutro latíno; tal es el caso de hoja en frases tales como la caída de la hoja que da idea de plural y que se opone sin variación genérica a una hoja. En la misma línea es ejemplo muy citado el de brazo frente a braza. Donde la idea de individualidad frente a conjunto se expresa con variación genérica.

Igualmente para la expresión del género, además de la moción flexiva, se puede recurrir a la moción de artículo que, como ya observa Alarcos, no deja de ser un morfema externo concordado. Son ejemplos de esto el/la testigo, el/la camarada, el/la cónyuge. Caso paralelo pero de muy escasa difusión es el de los nombres de género epiceno como venían llamándose en la gramática tradicional. Abarcan un escaso número de realidades sexuadas donde el interés de la distinción sexual es escaso para la intención comunicativa. Tales son multitud, persona, etc., y nombres de animales como sardina o cigüeña junto a los que puede aplicarse macho o hembra si fuera necesario precisar.

Cabe señalar el caso de el mar, la mar, que ha sido objeto de discretos estudios. Antes de nada debe tenerse en cuenta que se trata de un monosílabo y que éstos, como indica Rosemblant tienen historia aparte. Actualmente se entiende que los habitantes de tierra adentro prefieren el masculino frente a los marineros y al lenguaje técnico (mar gruesa) que emplean el femenino.

Se ha señalado también que para el plural es exclusivo el uso del masculino. Igualmente existe un intento de explicación de su uso como término metafórico que emplea el masculino con determinante un mar de espigas y el femenino cuando se usa el artículo, la mar de tiempo. Parece claro que la oposición de género en castellano es una de las más productivas por la cantidad de pares que abarca y por la facilidad de formación de nuevos ejemplos. Es por ello que surgen a menudo formaciones irónicas ni concilios ni concilias(en Los Pazos De Ulloa) o el famoso Melibeo soy en La Celestina que pretende mostrar el extremo amoroso de Calisto teniendo muy presente la parodia del amor cortés. También en el lenguaje infantil aparece idioto o desobedienta por un provecho excesivo de la recursividad de la concordancia regular.

En Sudamérica se oye, por el mismo motivo, hipócrito, media dormida o pianisto. Igualmente suelen aplicarse, con diverso éxito, terminaciones femeninas para nombres que en principio quedaban fuera, y así se sentían, de la distinción genérica; tal es el caso de figuranta, bachillera, rea, testiga o huéspeda (algunas de estas aperacidad desde un momento muy temprano, probando así la gran productividad de esta oposición).

Sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica

Los artículos femeninos la y una toman obligatoriamente la forma el y un respectivamente cuando se anteponen a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (gráficamente a- o ha-); así, decimos el águila, el aula o el hacha. Sin embargo, no debe olvidarse que estas palabras suelen ser de género femenino, por lo que todos los demás determinantes y palabras relacionadas con ellas deben escribirse siempre en femenino (p. ej., La principal arma de Indiana Jones es el látigo); además, si la y una no se encuentran inmediatamente antes de esas palabras, sino que hay otras en medio, vuelven obligatoriamente a su forma normal (p. ej., Me bebí toda la fresca agua del vaso). En la Edad Media se empleaban artículos masculinos no solo ante a tónica sino también ante a átona e incluso ante cualquier vocal el espada.

Fuentes

  • http://www.scribd.com/doc/6631411/ANONIMO-de-LOVAINA-Gramatica-de-La-Lengua-Vulgar-de-Espana
  • http://www.scribd.com/doc/18735150/Gramatica-Real-Academia-1771
  • Varios Autores,Esbozo de una Gramática,edición de 1985.RAE ISBN 978-84-502-0189-5
  • Jouan ALcina Franch,José Manuel Blecua Gramática Española,Ariel pp.513 y sigs
  • DRAE Vigesimo Primera edición
  • Théophile Ambadiang Omengele Localización: Gramática descriptiva de la lengua española / coord. por Violeta Demonte Barreto, Ignacio Bosque, Vol. 3, 1999 (Entre la oración y el discurso. Morfología ), ISBN 84-239-7920-2 , pags. 4843-4914
  • Martínez, J.A. Los elementos de la gramática y el género en castellano. Estudios ofrecidos a Emilio Alarcos Llorach.
  • Alarcos Llorach, E. Gramática de la lengua española.
  • Rosenblat, Angel. Género de los sustantivos en -e y en consonante. En EDMP.
  • F de Rojas, La Celestina,edición de Dorthy S Severin para Catedra ISBN 843707000
  • Lapesa, R. Historia de la lengua española
  • Estoria de España, Alfonso X
  • England, J. New femenine forms in old Spanish... The Fourteenth and Fifteenth Centuries, BHS.
  • RAE
  • Arias Barredo, Aníbal. Feminismo, machismo y género gramatical.
  • http://buscon.rae.es/dpdI/ (2.2)